Robert Crumb, toda una vida contra la indigencia ética y estética de la sociedad contemporánea
Desde hace décadas, Robert Crumb es un personaje recurrente en sus propias historietas y en aquellas otras realizadas a cuatro manos con la que fuera su esposa, la ilustradora Aline Kominsky, fallecida en 2022. En todas ellas, el artista estadounidense se ríe de sí mismo mientras comparte con los lectores sus filias, sus fobias y analiza la indigencia ética y estética de la sociedad que le ha tocado vivir. Sin embargo, a pesar de esa aparente exposición pública, lo cierto es que hay pocas personas más retraídas y celosas de su intimidad que Robert Crumb.
Ni siquiera cuando, en 1994, su amigo Terry Zwigoff le convenció para rodar Crumb —documental biográfico de culto en el que participaban varios miembros de su familia, los cuales exponían sin demasiados tapujos sus rarezas, sus conflictos personales y sus problemas emocionales—, Crumb quedó satisfecho con la experiencia. Que el trabajo obtuviera casi una veintena de reconocimientos, entre los que se encontraban el Gran Premio del Jurado del Festival de Sundance 1995, el Premio de la Asociación Nacional de Críticos Cinematográficos de Estados Unidos a la mejor película de no ficción o el Premio de la Crítica de 1996, tampoco fue un consuelo para él, que tardó años en animarse a ver la película y, cuando lo hizo, no le gustó.
Por todo ello, resultaba prácticamente imposible que el dibujante volviera a aceptar involucrarse en cualquier nuevo proyecto destinado a repasar su intensa vida y su obra. No obstante, en 2018 el periodista, comisario de arte y conservador del Museo Whitney de Arte Americano, Dan Nadel, decidió probar suerte. Contactó con Crumb, le propuso escribir biografía y, para sorpresa del propio Nadel, el artista no solo le dio su beneplácito, sino que fue más allá. En un inusual gesto de intimidad y confianza, aceptó hablar con él, le abrió las puertas de su casa en Sauve—el pueblecito en el sur de Francia al que se había trasladado a vivir en 1991— y puso a su disposición todo su archivo: decenas de cuadernos de bocetos, miles de originales, fanzines infantiles realizados junto a sus hermanos y otros objetos personales como antiguos cómics pre-Comics Code Authority, viejos juguetes y hasta su vasta colección de discos de pizarra.
La única condición que puso fue que Nadel fuese completamente sincero respecto a sus defectos, que escrutara sus compulsiones y que examinase los aspectos raciales y sexuales más polémicos de su obra. Según el escritor, el artista “prefería arriesgarse a ser presentado honestamente con la esperanza de que alguien pueda llegar a comprenderlo que cooperar con una hagiografía”.
El resultado es Crumb. Vida de historietista, un libro fruto de siete años de trabajo que acaba de ser publicado en España por EsPop ediciones y que es, sin lugar a dudas, la biografía definitiva del creador de personajes como Mr. Natural, El Gato Fritz, Huevos Ackley y fundador de Zap o Weirdo, cabeceras que, desde su aparición, se convirtieron en referentes de la contracultura del siglo XX. A continuación, el propio Dan Nadel desgrana algunos detalles de su magnífico trabajo.
Dan Nadel: En primer lugar, andaba buscando un tema que me permitiera desarrollar un texto largo centrado en el cómic como medio, me encanta leer biografías y llevaba décadas siguiendo con interés el trabajo de Robert. Ese fue el germen. Sin embargo, luego me di cuenta de que, a través de Crumb, podía contar una historia más amplia sobre la evolución de la historia del arte y la cultura estadounidenses. Después de todo, él asimiló numerosos referentes gráficos anteriores y los sintetizó en forma de tebeo, añadiendo disyuntivas de la posguerra como el desconcierto y la nostalgia, el capitalismo y la conformidad, la búsqueda de un punto de encuentro entre la naturalidad del trazo y la composición formal. Supe que su vida y su obra darían para todo un libro.
Dan Nadel: Robert confió en que yo conocía su medio, la historieta, y que tendría los mimbres necesarios para, al menos, entender correctamente su trabajo. En ciertos aspectos, fue así de simple: los tebeos son increíblemente importantes para él, y en última instancia, desea que la obra a la que ha dedicado su vida sea comprendida en el contexto adecuado.
Dan Nadel: Hasta cierto punto, sí. Pero también hace todo eso como un modo de comprenderse a sí mismo y de afianzar su personalidad ante tiempos cambiantes, asegurándose de que su sentido del yo sigue siendo consistente a pesar del paso de los años. Vive profundamente inmerso en su creatividad, continuamente la está explorando y poniendo a prueba, por lo que contar con todo ese material le resulta útil como artista.
Dan Nadel: Varias cosas. Básicamente, adoptó el formato del tebeo para todos los públicos y lo empleó, por primera vez, para explorar desde una perspectiva adulta la conciencia, la religión, el sexo, el capitalismo, la poesía, la filosofía, la autobiografía. Convirtió el tebeo en un vehículo sin restricciones para el arte de vanguardia. Y lo hizo de manera premeditada, con la intención de desarrollar el medio, de convertirlo en un espacio en el que tuviera cabida cualquier tipo de expresión. No se trataba simplemente de dibujar historietas «para adultos», sino de abrir el medio a todo tipo de contenidos. Lo hizo, además, y esto es importante, empleando un lenguaje narrativo lo más accesible posible, arraigado en Disney y en el caricaturista Thomas Nast, algo que le volvía instantáneamente reconocible y familiar para diferentes generaciones. Ese lenguaje, aparte de las formas redondeadas y la legibilidad, también está arraigado en la estructura, en una claridad absoluta para que el lector pueda seguir sus historias. Al margen de lo disparatados o sobrados que puedan ser, sus tebeos se leen prácticamente solos. Esto es muy raro en los cómics en general.
Dan Nadel: El LSD le abrió a narraciones no lineales y a una sensibilidad visual menos arraigada en el realismo.
Dan Nadel: Buena pregunta. Creo que esos intereses se han visto eclipsados por los intereses más grotescos o escandalosos de sus seguidores y editores. Siempre han estado ahí, pero resultan menos «accesibles» de manera inmediata que el sexo y la música. Me encantaría ver un nuevo enfoque sobre la obra de Crumb que ahonde en su innata sofisticación.
Dan Nadel: En mi opinión, sigue siendo un artista completamente adscrito al underground, o lo que queda de él. De hecho, su principal vehículo para publicar en la actualidad es el fanzine Mineshaft.
Dan Nadel: A Robert le fascinaba la idea de crear un «quiosco mental», un espacio en el que todos los tebeos tenían cabeceras distintas pero todos estaban creados por él. Y le encantaba burlar las expectativas de los lectores que buscaban consistencia o más de lo mismo. En ese sentido, también se estaba revolviendo contra las exigencias del mercado y su tendencia a las respuestas fáciles.
Dan Nadel: No. Robert es un artista genial y un superviviente. Habría encontrado algo en cualquier caso.


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