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miércoles, 19 de agosto de 2020

Marcos Ordoñez / Me acuerdo de Bernard Frank


Bernard Frank. La sélection : extrait de 'Un siècle débordé'
Bernard Frank

Me acuerdo de Bernard Frank




Marcos Ordoñez
12 de noviembre de 2014



El pasado día 3 se cumplieron ocho años (aniversario imperfecto) de la muerte de Bernard Frank, al que sigo echando muchísimo de menos. Joan de Sagarra me lo descubrió, inyectándome una adicción muy poderosa: gracias a él leí toda su obra (y todo sobre él) con pasión maníaca. Devoraba cada semana su crónica en el Nouvel Observateur, rastreaba sus primeros libros, sus textos más arcanos. Durante años intenté copiarle. No me preocupaba porque tenía la sensación de que únicamente lo leíamos Sagarra y yo, pero rogaba a los dioses que nadie lo tradujera al castellano: Bernard Frank era mío y solo mío.

lunes, 19 de enero de 2015

Michel Houellebecq / Plateforme / El sueño de los talibán



Michel Houellebecq
PLATEFORME

El sueño de los talibán


'Nous abordions le survol de l'Afghanistan. Par le hublot, on ne distinguait évidemment qu'un noir total. De toute façon les talibans devaient être couchés, et mariner dans leur crasse. 'Bonne nuit, les talibans, bonne nuit... Faites de beaux rêves...', murmurai-je avant d'avaler un deuxième somnifère'. (Plateforme, de Michel Houellebecq. Flammarion, 2001. 370 pàgs. 131,20 francos).
Plateforme, la tercera novela de Michel Houellebecq, salió a la venta en Francia el 24 de agosto. A la semana siguiente, los papeles se cebaban con el autor: petenista, sionista, polígamo, pedófilo, estalinista, reaccionario. Éstos y otros no menos cariñosos sanbenitos le endilgaron. Flammarion, el editor, debe de estar encantado, porque sin gastarse cuatro perras en la promoción del libro lleva ya vendidos, en tan sólo un mes, cerca de 300.000 ejemplares. El sábado por la noche, encerrado en un hotel de las afueras de Vicenza (¡Viva la patria delbaccalà!) me lo leí de un tirón.

Acaba de salir en Francia 'Plateforme', la última novela de Houellebecq. El mundo de los talibán es el escenario de fondo
El protagonista se llama Michel, como el autor, tiene más o menos su misma edad (43 años) y es funcionario del Ministerio de Cultura francés, sección artes plásticas. Cuando comienza la novela, el padre del protagonista acaba de morir asesinado por un árabe musulmán hermano de Aïcha, la moza que iba a limpiarle la casa al viejo y con el que fornicaba, sin mediar presión alguna. O sea que, nada más empezar la novela, nos encontramos ya con 'un horrible brute arabo-musulmane' (el hermano de Aïcha). Michel hereda un pastón, y en vez de sentar cabeza -'je ne crois pas à cette théorie selon laquelle on devient réellement adulte', dice Michel-, se toma unas vacaciones y se sube a un avión con destino Bangkok. Michel se va a Bangkok a follar con las jóvenes putas tailandesas, a que se la chupen las putillas tailandesas, las cuales, a diferencia de las mujeres francesas, gozan de una 'sexualité intacte', de una generosidad en las relaciones sexuales de la que, al parecer, carecen sus compatriotas.

domingo, 18 de enero de 2015

Lectores / Más madera

León Werth

¡Más madera! ¡Es la 'rentrée'!

JOAN DE SAGARRA 26 SEP 2002

'Je lis comme un automate. Je pense à cette fille qui avait toujours un livre à la main et qui, pour s'en excuser, disait: 'je lis pour m'abrutir', escribe Léon Werth en su diario el 1 de junio de 1942. Pocos días después, el 20, insiste: 'J'ignorais la manie de la lecture. Je lis maintenant, par fatigue, par paresse, pour donner à mon esprit une contennance. Pire: je lis comme on se ronge les ongles'.
¿Quién es o, mejor, quién fue Léon Werth? Ensayista, novelista, crítico de arte, gran reportero, analista político, cronista de los tribunales..., en pocas palabras: uno de los periodistas más inteligentes y brillantes de la Francia de la primera mitad del siglo XX. Pero no busquéis su nombre en los diccionarios y enciclopedias al uso (Larousse, Robert, Universalis...). No sale. Si alguno de mis colegas treintañeros o cuarentones y cincuentones de Le Monde, de Libé o del Nouvel Obs.tiene alguna noticia de Werth, seguro que ésta no va más allá de su amistad con Saint-Exupéry: Le Petit Prince está dedicado a él.

En los cincuenta, la 'rentrée' suponía la llegada a casa de mis padres de las novedades editoriales de París
Entre finales de julio de 1940 y el 26 de agosto de 1944, Werth escribe su diario, diario de un periodista, de un intelectual judío, que vive la guerra escondido en el Jura, en la Francia profunda, tomando nota de cuanto ocurre en aquel pueblo, de las noticias y los rumores que llegan a él y de los comentarios que éstos suscitan. Extraordinario documento de más de 700 páginas que Grasset edita en 1946 bajo el título Déposition.Pese a ser acogido por Lucien Febvre con un entusiasta artículo en Les Annales, el libro de Werth pasa por el París de Sartre y de la señora De Beauvoir sin pena ni gloria. El Saint-Germain-des-Prés de la inmediata posguerra no está, al parecer, para ese tipo de literatura (en 1992, Viviane Hamy reeditará Déposition y otras obras de Werth, sin demasiada fortuna). 'Je lis comme un automate... Je lis comme on se ronge les ongles'. Cuando Werth escribe esto en su diario tiene 62 años -más o menos mi edad- y aún le quedan 13 de vida (murió en 1955). Werth lee a Saint-Simon. Lee para matar el tiempo, como solemos decir: 'La solitude a fair que j'en suis au tome XXV de Saint-Simon. Le duc m'a pris par la main. Il m'a emmené à la cour. Il serait discourtois de le quitter brusquement'.

martes, 4 de noviembre de 2008

Juan Marsé: / "Todas las adaptaciones de mis libros son malas"


Juan Marsé
Ilustración de Triunfo Arciniegas
Juan Marsé: "Todas las adaptaciones de mis libros son malas"

El novelista barcelonés avanza que en su nueva novela hablará de su adopción y ajustará cuentas con directores y guionistas

Barcelona, 4 de noviembre de 2008

El escritor Juan Marsé ha avanzado hoy que su nueva novela incluirá un "pequeño ajuste de cuentas" con los guionistas y directores de cine que han adaptado sus obras al séptimo arte, porque "todas las películas son muy malas", y ha agregado que de forma enmascarada también tratará sobre su adopción. El barcelonés ha realizado estas aseveraciones durante la presentación de Ronda Marsé (Candaya), un recorrido por los casi 50 años de indagación crítica de su obra, concebido por su autora, la profesora universitaria Ana Rodríguez Fischer, como un libro plural y poliédrico -que incluye un DVD- en el que se subraya la influencia del autor de Últimas tardes con Teresa en otros muchos novelistas.



Aunque Juan Marsé ha advertido de que no le gusta nada hablar de la tarea literaria en la que está enfrascado, ha indicado que tiene ya escritos más de 200 folios de su nuevo relato, que por primera vez a lo largo de su trayectoria, "trabajo capítulo a capítulo hasta que no lo termino". Preguntado por este hecho, el narrador ha señalado que con la edad desconfía más que antes y se ha vuelto "muy quisquilloso", aunque ha reconocido, que en esta ocasión, tiene "la historia muy completa en la cabeza".

Afirmando que le gusta más "escribir que publicar", ha dado a conocer que todavía no tiene el título pensado, pero sí que se trata de un libro con una estructura "muy compleja", con historias que se van trazando entre ellas, y que transcurren, algunas de ellas, entre 1948 y mitades de los cincuenta y otras suceden de "los años ochenta y tantos hasta hoy, donde hay la referencia a los peliculeros".

"Pero -ha subrayado- no voy a explicar más, porque es muy complejo todo y si lo cuento mal, lo estropeo. Tengo que escribirlo para contarlo", ha apostillado. Pidiendo que incidiera más en sus opiniones contrarias a las adaptaciones cinematográficas que se han hecho de sus novelas, Juan Marsé ha precisado que espera que el ajuste de cuentas que incluirá "sea divertido", aunque ha añadido que le "tienen bastante harto", confiesa.


Todas son "malas"

A su juicio, todas las adaptaciones, desde El embrujo de Shangai, de Fernando Trueba, a Últimas tardes con Teresa, de Gonzalo Herralde, son "malas, y es inútil que hayan sido fieles al texto original". Para Marsé, la razón de que haya ocurrido esto es muy simple: "el cineasta en cuestión tiene escaso talento". Durante una rueda de prensa en la que en ningún momento se ha mordido la lengua, el escritor no ha dudado en preferir a Dickens antes que a Joyce, porque "los libros como el Ulises, que son grandiosos, no creo que sean buenas novelas".

Por otra parte, ha dado a conocer que se está trabajando en una biografía suya, en la que colabora cuando le consultan, y que podría desvelar nuevos datos respecto a su proceso de adopción, en los años treinta. A Marsé no le ha importado rememorar, de nuevo, la historia que le había contado su madre adoptiva cuando era pequeño en el sentido de que fue adoptado por ella y su marido cuando subieron a un taxi, después de perder a un hijo y de saber que nunca más podrían tener otros, y coincidir con su padre biológico, un taxista que acababa de perder a su mujer en un parto, del que nació él.

"Mi historia -ha proseguido- explicada por mi madre era tan mágica que me quedé con ella, y aunque ahora parece que no fue así, a mí me da lo mismo". De todas maneras, no ha descartado tratar sobre el tema en otra novela y, de hecho, ha adelantado: "algo de ello habrá en la novela que estoy escribiendo, aunque muy enmascarado".

Cuando los periodistas ya habían cerrado sus cuadernos y apagado sus grabadoras, el también escritor y amigo, Joan de Sagarra, presente en el acto, ha empezado a reflexionar sobre el carácter no mediático de Marsé y sus negativas a asistir a la televisión. Juan Marsé, que dice que sólo acudirá a un programa en este medio el día que dimitan los actuales directores generales y jefes de programas, ha concluido que "podrían suprimir el Ministerio de Cultura, porque la televisión es el auténtico Ministerio".


jueves, 15 de noviembre de 2001

Balthus / El rey de los gatos


Balthus

El rey de los gatos

JOAN DE SAGARRA
15 NOV 2001

Venecia, 4 de noviembre, 10.30 horas. Es domingo, un domingo soleado. Me voy al palacio Grassi a ver la exposición Balthus. Doscientas obras provenientes de museos y colecciones privadas de 10 países. La mayor retrospectiva jamás realizada de la obra del pintor, fallecido el 18 de febrero de este año, cuando se disponía a cumplir 23 años (Balthus nació el 29 de febrero de 1908, en año bisiesto, así que sólo celebraba su aniversario cada cuatro años).
Están la casi totalidad de las grandes telas, salvo La montagne, del Metropolitan de Nueva York. Está La leçon de guitarreLa chambre, el Nu de profilLa Phalène, el Passage du Commerce-Saint-André, el retrato de Joan Miró con su hija Dolores... Está incluso la Jeune fille à la mandoline, su última tela, inacabada. Un montón de telas soberbias, ante las que se apiña un público mayoritariamente de turistas extranjeros. Pero yo no he venido al palacio Grassi a recibir codazos y abrir la boca o santiguarme ante el coño de la joven Alice mientras ésta se arregla el pelo ante un espejo. Yo he venido al palacio Grassi a ver al rey de los gatos, a ver al rey gato Balthus y a su enigmática e inquietante corte.
The Cat of the Mediterranean, 1949
Balthus





A Balthus en el colegio le llamaban 'el niño de los gatos'. Sus cuadros con gatos y casi todas sus grandes telas se exhiben ahora en Venecia

Al niño Balthus sus compañeros de colegio le llamaban 'el niño de los gatos'. A los siete u ocho años, durante las vacaciones del estío, se hizo amigo de un gato al que se llevó consigo a Ginebra, a casa de sus padres. El gato, al que puso de nombre Mitsou, era muy rebelde y aprovechaba cualquier ocasión para escaparse, pero el niño Balthus siempre acababa dando con él. Hasta que un buen día el gato se escapó y el niño no supo encontrarlo. El niño Balthus intentó consolarse dibujando un cómic, como decimos ahora, de 40 viñetas en el que contaba, sin palabras, los días felices que había vivido con Mitsou. Realizado con tinta china, aquel cómic entusiasmó al poeta Rilke, que a la sazón tenía un cuento con la madre de Balthus. Tanto le entusiasmó que lo hizo imprimir por una editorial de Zúrich con un prólogo del propio Rilke. Allí, en el palacio Grassi, está expuesta la historia del gato Mitsou.
En el París de los años treinta, Balthus se hizo amigo de Antonin Artaud. Eran muy parecidos, hasta tal punto que a Balthus le llamaban 'el doble de Artaud'. A través de éste, Balthus conoció a una chica, Sheila, a la que le dio por llamarle 'el rey de los gatos'. Parece ser que a Balthus le hizo gracia aquel calificativo, pues pintó a Sheila como La princesa de los gatos (desconozco el paradero de este cuadro) y, por las mismas fechas (1935), pintó su célebre autorretrato El rey de los gatos, que se exhibe en el palacio Grassi. Un Balthus aristocrático, byroniano, rematadamente dandi, con un gato -el temible Frightener- frotándose en su pierna derecha. La expresión del gato y la del rostro de Balthus ponen de relieve el secreto pero indiscutible parentesco que existe entre ambas criaturas.
En sus conversaciones con Alain Vircondelet, Balthus afirma que la debilidad, debilidad compartida, que los gatos sienten por él se debe a su condición de pintor almizclero, que desprende un fuerte olor a almizcle, el cual atrae a los gatos. También cuenta que en el ojo izquierdo tiene una red de pequeñas venas rojas que forma la cifra 13. 'En rassemblant les deux chiffres', dice el pintor, 'cela fait... Balthus!'. La verdad, me resulta un tanto confuso, lo cual no es obstáculo para que el conde Balthus Klossowski de Rola se autoproclame el trigésimo rey de los gatos.
La chambreLe lever, La patience, Un au chatLes poissons rougesLe chat au miroir, en sus tres versiones, toda la retrospectiva del pintor está repleta de gatos. 'Gatos a veces feroces, pero nunca vulgares', como decía Balthus. Y entre esos gatos me llama la atención uno: Le chat de la Méditerranée, un óleo de 127 por 185 centímetros, fechado en 1947.
Hacía 40 años que no había vuelto a ver este cuadro. El título hace referencia al mar Mediterráneo, ciertamente, pero en realidad este cuadro fue pintado, encargado, para decorar un restaurante que había -y allí sigue- en la plaza del Odéon de París (hoy plaza de Paul Claudel), frente al Théâtre de l'Odéon: La Méditerranée, un restaurante de pescado, famoso por su marisco y su bullabesa.
La Méditerranée debió de inaugurarse a principios de los años cuarenta. En la decoración del mismo intervinieron Cocteau, Bérard, Vortès... y Balthus, el cual pintó dos cuadros, Le chat y una langosta. Según confiesa Balthus, el encargo le vino a través de la vizcondesa de Noailles, que era asidua del Café Voltaire, el café que en los años veinte ocupaba el espacio de La Méditerranée, frecuentado por Hemingway, Scott Fitzgerald, Bérard, Cocteau...
En aquellos años, Balthus estaba liado con Laurence Bataille, una chica de 17 años, hija de Georges y Sylvia Bataille (la actriz de Renoir). La había conocido en la Costa Azul, en casa de Picasso. La tarde en que se conocieron, la chica, harta de la conversación de los mayores, se subió a una barca y estuvo remando unas horas, sola. Pues bien, en Le chat de la Méditerranée, Laurence es la chica de la barca y Balthus el gato entre achulado y terrible que se zampa los peces del arco iris. Aunque cabe preguntarse si lo que se zampa el gato no es otra cosa que la joven Laurence, a la que apuntan las antenas de la langosta. ¿La langosta Balthus?
Este cuadro estaba a la entrada de La Méditerranée, a mano izquierda. Yo lo ví varias veces en 1962 (vivía al lado). A finales de los sesenta, Jean Gubrenat, el propietario del restaurante, lo vendió y jamás volví a verlo, hasta el pasado domingo en que visité la exposición veneciana. En cuanto a Laurence Bataille, en la exposición figura un retrato espléndido que le hizo Balthus por aquellos años. Era guapísima (como su madre). Hizo algo de teatro y luego se consagró al lacanismo (su madre, después de estar casada con Bataille, se casó con Lacan). La pillaron con armas durante la guerra de Argelia, era compañera de viaje del FLN. Una chica un tanto extraña, como el propio Balthus, el rey de los gatos.
P. S. En la terraza del Florian, la orquestina dirigida por el primer violín, el rumano Virgil Iuriciuc, no se cansa de interpretar New York, New York, aplaudido a rabiar por los turistas, mientras un estúpido gato veneciano intenta vanamente atrapar una paloma.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 15 de noviembre de 2001

sábado, 31 de marzo de 2001

Joan de Sagarra / Escritores



Escritores


JOAN DE SAGARRA
31 MAY 2001

- Viajes. Recibo una postal de Enrique Vila-Matas y Paula de Parma desde Budapest. 'Viaje al Danubio y Budapest (todo maravilloso), viaje tan relámpago que el sello lo pondremos en Barcelona'. Antaño los escritores viajaban para luego escribir un libro en el que nos contaban su viaje, lo que habían visto, lo que habían comido, las mujeres que habían amado... Hoy, los escritores viajan para promocionar sus libros en las ferias de libros. Como haría un podólogo en un congreso de podólogos o un fabricante de chorizos en una feria alimentaria. Viajes relámpago, dos, tres, máximo cinco días. Del aeropuerto al hotel, del hotel a la feria, y vuelta a empezar. Ruedas de prensa, una copa en la embajada, cenas con los colegas...


Escritores: Vila-Matas en Budapest, Esther Tusquets se confiesa, Camilleri y el pulpo de Andratx, Simenon y sus 10.000 mujeres...

Eso no es viajar; eso es venderse, promocionarse. 'Mais les vrais voyageurs sont ceux-là qui partent/pour partir', escribía Baudelaire en un célebre poema. Pero hoy ya nadie, o apenas nadie, parte por partir, en especial los escritores. Todo tiene un itinerario previamente establecido, unos horarios y un destino.
¿Qué destino? Esta semana releo Venises, de Paul Morand, publicado en 1971, cinco años antes de su muerte. El gran viajero que fue Morand escribe: 'Je reste insensible au ridicule d'écrire sur Venise, à l'heure où même la primauté de Londres et de Paris n'est plus qu'un souvenir, où les centres nerveux du monde sont des lieux sauvages: Djakarta, Quemoy, Saigon, Katanga, où seul compte l'Asie...'. Y uno agradece esa insensibilidad al ridículo del escritor francés al tiempo que saborea una de las viejas descripciones que se han hecho de Venecia en el siglo pasado.
Transcurridos 25 años, aquellos lugares salvajes de que hablaba Morand ya no nos resultan tan salvajes. El exotismo en sí puede resultar hoy tan ridículo como la pretensión, en 1971, de escribir algo nuevo sobre Venecia. Lo que cuenta es el ojo, el oído, el olfato, el tacto del escritor, un escritor que conserva aquella devoción por los mapas y las láminas del niño del célebre poema de Baudelaire, para el que 'L'univers est égal à son vaste appétit'.
Volviendo a mi primo Enrique y a su telegráfica postal de Budapest, estoy convencido de que este relámpago danubiano habrá de reflejarse en su próxima novela. Mi primo es así: en medio de una feria de libros, de una muchedumbre de escritores y editores, es capaz de vislumbrar al fantasma de Sandor Márai bailando el vals con una princesita montenegrina de verdes ojazos. Mi primo Enrique, escritor de raza, hace honor a aquel dicho de Cocteau: 'He visto un lince que no me ha visto'. El escritor-lince, el escritor-sombra, el cual, mientras bebíamos nuestro Jameson en el bar de Peter's, en Horta, en las Azores, y Bryan Ferry cantaba As time goes by, me decía estar viendo al mismísimo Humphrey Bogart tomándose una copa en la barra con Antonio Tabucchi. Hoy, Tabucchi le devuelve el cumplido en su último y precioso libro, Si sta facendo sempre più tardi (Feltrinelli), en el que le escribe una carta en la que partiendo de un viejo fado de Amália Rodriguez esboza un 'omaggio a Enrique Vila-Matas e alla genialità antropofagica della sua opera'.
- Mamá. Esther Tusquets, pija irremediable, jugadora de póker, amante de los perros y vagamente sentimental, acaba de regalarnos con un estupendo libro: Correspondencia privada. Destaca en él el retrato que la escritora hace de su madre: 'Eres la más alta , la más rubia, la más inteligente...'. Lo que en principio parecía iba a ser un ajuste de cuentas termina en una apasionada declaración de amor, o de amor-odio, si lo prefieren. De haber sido Esther un chico podría haberle dicho a su madre lo que un muchacho de una pieza teatral de Marius von Mayenburg le dice a la suya: 'No bastaba con que fueras mi madre, ¡encima tenías que ser una mujer!'.
Hacía tiempo que no leía, disfrutaba con un retrato tan potente de una señora de la burguesía catalana. 'La más brillante, la más ocurrente, la más ingeniosa'. Tan sólo un par de objeciones. 'Tus sombreros', escribe Tusquets, 'los confeccionaba una exiliada de algún país del Este, de nombre tan difícil de pronunciar e imposible de recordar'. ¿No sería Katona? Segunda objeción. Dice la autora que en los escenarios españoles de la década de 1950 triunfaban La herida luminosa,El divino impaciente y En Flandes se ha puesto el sol: 'Ma cosa stai dicendo, Esther? Dove hai fatto gli studi?'. Me sorprende que una chica aficionada al teatro, que incluso se matriculó en el Instituto del Teatro, ignore que los grandes éxitos teatrales de los cincuenta fueron, amén de La herida luminosa, La murallaDónde vas Alfonso XII. El divino impaciente era una pieza de repertorio -la llevaba Ulloa en el suyo-, raras veces representada, en cuanto a En Flandes se ha puesto el sol, ni siquiera alcancé a verla.
La mafia. Al Pulpo de Andratx parece ser que no le entusiasman las 'novelitas' de Andrea Camilleri. Opina que son sainetes con divertidos diálogos, para diversión de los italianos, como les divierte Berlusconi, al que también admiran. Pues bien, para los que piensen que las 'novelitas' de Camilleri son algo más, que Sciascia no está lejos, me es grato hacerles saber que el Instituto Italiano, en colaboración con la filmoteca, ha montado una retrospectiva del realizador Giuseppe Ferrara, autor de títulos tan significativos como Il sasso in bocca, Il caso Moro, Giovanni Falcone, Donne di mafia... Coincidí el lunes con Ferrara en el Instituto Italiano. Un tipo simpático. Dice que no le teme a la mafia: 'Matar a un hombre es una operación que sale cara y yo no valgo semejante cantidad'. Cine duro, honesto, inteligente. El próximo jueves, en el Instituto Italiano, conferencia de la profesora Maria Falcone, hermana del juez asesinado: 'Impegno civile a difesa della cultura della legalità nella lotta alla criminalità organizzata'. Y el 26 de junio, si nada lo impide, en el mismo Instituto podremos ver Il ladro di merendine, el primer episodio de la serie Montalbano que retransmitió la RAI. Una gozada (por confirmar).
- Simenon. El pasado domingo, en este periódico, Mario Vargas Llosa publicó un artículo, El sexo frío, en el que hacía una referencia a Georges Simenon y a aquel 'millar de mujeres que, en su autobiografía, se jactaba de haberse llevado a la cama'. ¿Y qué hacemos, Mario, con las 9.000 restantes? Georges Simenon, 'l'homme aux 400 livres et aux 10.000 femmes!'.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 31 de mayo de 2001


martes, 21 de noviembre de 2000

Per Olov Enquist y el último Bergman


Ingmar Bergman

El último Bergman

Joan de Sagarra
21 NOV 1999

En Estrasburgo tuvimos la suerte de ver el último montaje de Ingmar Bergman, el cual mucho me temo que no lo vamos a ver aquí. Era el montaje de una obra de Olov Enquist, Bildmakarna, que los franceses del Théâtre National de Strasbourg tradujeron por Les faiseurs d"images, unos artesanos, unos fabricantes de imágenes que no son nuestros imagineros, sino otra clase de artesanos: los del cine mudo.Olov Enquist (Estocolmo, 1923) es conocido aquí principalmente por una obra suya en torno al personaje de August Strindberg, La nit de les tríbades, uno de los espléndidos montajes de Fabià Puigserver, en los primeros años del Lliure, concretamente a finales del mes de octubre de 1978. Al parecer, a Enquist le van los personajes literarios, porque después de La nit de les tríbades, que es de 1975, estrenó otra pieza sobre Andersen, el celebérrimo escritor danés Hans Christian Andersen, y hará cosa de tres años escribió y publicó un texto, Hamsun (otro celebérrimo escritor, el noruego Knut Hamsun), el cual sirvió de guión para un filme de Jan Troell sobre dicho escritor, interpretado por Max von Sydow (y que no he visto). Pues bien, entre la pieza sobre Andersen y el filme sobre Hamsun, Enquist escribió esos Faiseurs d"images, en donde hace su aparición otro monstruo de las letras nórdicas: la escritora sueca Selma Lagerlöf.
La acción se desarrolla en Estocolmo, en 1920. Victor Sjöström (interpretado por el actor del Dramaten Lennart Hjulström) acaba de realizar una adaptación cinematográfica de Körkarlen (El cochero de la muerte o El carro fantasma, entre otras traducciones que corren por ahí), de Selma Lagerlöf. En 1920, la escritora sueca (interpretada por Anita Björk, otra extraordinaria actriz del Damaten) es una mujer de 62 años que ya ha recibido el Premio Nobel, que es miembro de la Academia sueca, doctora honoris causa por la Universidad de Uppsala, etcétera, etcétera. Sjöström, el director de la película -muda, necesariamente-, y el director de fotografía Julius Jaenzon (Carl-Magnus Dellow, otro del Dramaten) aguardan a que la escritora llegue al estudio para asistir a una proyección privada del filme. Y, la verdad, están algo acojonados, sobre todo el joven Julius. Ambos temen que la gran dama de la literatura sueca se burle de esos "fabricantes de imágenes", artesanos de un medio bisoño, torpe, en comparación con la nobleza y la complejidad del medio literario.
Pero antes de que llegue la gran escritora, hace su aparición -nunca mejor dicho- una criatura impresionante, Tora Teje (interpretada por otra joya, en todos los sentidos, del Dramaten: Elin Klinga), una actriz joven que era hasta hace poco la amante de Sjöström, y que se siente dolida porque éste, desde que ha vuelto con su mujer, por mala conciencia, por miedo o por lo que sea, le ha negado un papel en Körkarlen, en la película de marras.
La Teje/Klinga -guapísima, metro ochenta, como mínimo; piernas interminables, cabellera trigueña hasta las caderas- es un felino de mucho cuidado que acosa al pobre Sjöström/Hjulström, quien deja al descubierto la dependencia que todavía siente por la moza y el pánico que se apodera de él de derrumbarse como un pelele cada vez que ésta lo azuza. Pobre Sjöström, pobre artesano, fabricante de imágenes cinematográficas, enfrentado con ese soberbio animal de carne y de sangre.
Y llega el Premio Nobel, llega la Lagerlöf, disfrazada de Lagerlöf, y Tora Teje, que podría ser su nieta, con toda la mala educación, con toda la falta de tacto, con todo el desparpajo y también con toda la limpieza y la desnudez, espiritual y corporal, se gana al tótem literario, se hace suya a la Lagerlöf. La joven le devuelve la juventud a la vieja, ante la mirada perpleja y más acojonada que nunca de los fabricantes de imágenes.
¿Se imaginan lo que da de sí una historia semejante -con madres castradoras, padres y amantes impresentables y akuavit a palo seco y unos litros de schnaps a morro-; una historia con esos personajes y esos actores como la copa de un pino, en las manos del solitario de Fårö, a sus 81 años cumplidos? ¿Se imaginan esa historia a lomos de la memoria teatral, cinematográfica, literaria, emocional, carnal de Bergman? ¿Se imaginan al fantasma del viejo Sjöström de Fresas salvajes azuzado por la última e imposible amante de Bergman, un Bergman que se funde con ella, como en un cuento de niños, cómplices, en la persona de Selma Lagerlöf? ¿Se imaginan un espacio prácticamente desnudo, con cuatro criaturas bañadas en las imágenes de la versión original, amputada, de Körkarlen; teatro y cine juntos en la mano de un maestro?
Me pregunto qué pecado (original, supongo) habremos cometido los catalanes para que, siendo un pueblo chico, con buenos escritores, como el sueco, no hayamos tenido nunca un buen artesano, como Enquist, ni un genio, como Bergman -los actores sí los tenemos, y buenos, incluso muy buenos-, para disfrutar de un Mossèn Cinto o de un Comte Arnau mínimamente decentes, y encima ahora nos castiguen con un Pla -Homenots, en TV-2- ligeramente brechtiano, por no decir descaradamente pastoreutizado. Òmnium cultural es, claro está, el Dimoni.
P. S. Il pleut sur Nantes/ Donne-moi la main/ Le ciel de Nantes/ Rend mon coeur chagrin. El jueves 25, en Luz de Gas, Ana Cristina Werring canta a Barbara.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de noviembre de 1999
EL PAÍS



DE OTROS MUNDOS
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