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miércoles, 13 de diciembre de 2023

Herralde on the Road

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Fotografía: Alberto Gamazo.

Herralde on the Road

En agosto de 1988, Jorge Herralde, que había estado editando en Anagrama a docenas de escritores norteamericanos, llegó a Estados Unidos dispuesto a conocer a muchos de ellos en persona. El viaje duraría tres semanas y alternaría coche y avión. En el aeropuerto de Washington DC, en el que aterrizó en compañía de Lali Gubern, traductora y editora, y también pareja, los aguardaban representantes de la Meridian House Internacional, una institución de liderazgo diplomático y global dedicada a los programas de intercambio de líderes, ideas y cultura. A través de una suerte de beca esta financiaba el viaje «por la atención que Anagrama había prestado a la literatura norteamericana» desde sus inicios, explica Herralde en Un día en la vida del editor, libro con el que celebra los cincuenta años de la fundación de la editorial.




La primera etapa lo condujo a Tethford, en Vermont. «Fuimos en coche, para visitar a Grace Paley, de quien habíamos publicado sus tres libros de cuentos». Batallas de amor, centrado en las relaciones amor-odio entre hombre y mujeres, fue el primero. Herralde había oído hablar de ella «en los setenta, en una visita a Barcelona del gran cuentista Donald Barthelme», al que ya había publicado. En un almuerzo «entre vodkas y vodkas y más vodkas (antes de empezar a comer), me recomendó a una autora y un título, espléndido, que me apuntó en un papalito: Enormous Changes at the Last Minute».

Paley vivía en una cabaña en medio de un bosque con su esposo, el poeta Robert Nichols. Entre los dos prepararon una cena con las verduras y lechugas de su huerto, «que se limpiaron relativamente». Después fueron a conocer a las ovejas (docenas y docenas), atraídas por los estrepitosos alaridos del poeta, y tras juegos y revolcones con las demasiado amistosas bestias «nos pusimos a comer, beber, fumar, orinar en el campo (en suma, la vida sencilla, mientras hablábamos de política, feminismo, y de sus amigos los beatniks», recuerda Herralde.

John Kennedhy Toole
La conjura de los necios


Cuando dejaron Vermont se dirigieron a Nueva Orleans, donde la Meridian House Internacional les asignó un guía, profesor de literatura, llamado Kenneth Holditch, que presumía de no haber salido jamás de la ciudad. Suya había sido la primera crítica mundial de La conjura de los necios, de John Kennedy Toole, el mayor longseller de Anagrama, a la que dio equilibrio económico tras pasar por serias dificultades económicas. La primera noticia que había tenido Herralde de la novela fue a través de un catálogo de la Louisiana University Press, en el que se reproducía el prólogo del libro, del escritor y editor Walker Percy, donde contaba que un día entró en su despacho una señora con el manuscrito de su hijo, John Kennedy Toole, que se había suicidado al no lograr que el libro se publicase. «Ese texto de presentación era muy excitante, por lo que decidí pedir una opción», confiesa Herralde, que pasó una oferta de mil dólares. En la primavera de 1982 salió el libro traducido, en una tirada de cuatro mil ejemplares. Al regreso de las vacaciones se había agotado, y a partir de ese momento se convirtió en un superventas. «En aquel verano, en las playas españolas se podía observar un fenómeno curioso: gente agitándose espasmódicamente sobre sus tumbonas y toallas; si uno se acercaba, veía que estaban leyendo un libro a carcajadas: La conjura de los necios».


Casa de Eudora Welty


El editor no se fue de Nueva Orleans sin hacerse algunas fotos fetiches, como una debajo del reloj de los grandes almacenes D. H. Holmes que figura en la primera página de la novela. Después emprendió viaje a Jackson, Mississippi, para ver a Eudora Welty, de la que había publicado Una cortina de follajeEl corazón de los Ponder y Las manzanas doradas. La misma semana que la visitaron Herralde y Lali Gobern, lo hicieron un equipo de televisión de Nueva York y un periodista francés. «¿Qué pasa con usted, Miss Welty? ¿Le van a dar el Nobel?», le preguntaban sus vecinos. Fue Welty quien le habló de Richard Ford, al que conoció de niño, cuando era vecino suyo en Jackson. Dos años después Anagrama publicó Rock Springs y El periodista deportivo, solo para abrir boca.

Charles Bukowski


En San Francisco visitó a su amigo Lawrence Ferlinghetti, poeta, editor y propietario de la mítica librería City Lights Books, que en su día había se había hecho famoso con motivo del juicio por obscenidad al que fue sometido por publicar Aullido de Allen Ginsberg, más tarde también en el catálogo de Anagrama. Herralde había contado ya en Por orden alfabético que en agosto de 1976 estuvo en City Lights Books, y en esa ocasión Nancy J. Peters, mano derecha de Ferlinghetti, «me recomendó vivamente dos libros de Bukowski que habían publicado hacía poco: Escritos de un viajero indecente y Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones. Empecé a leerlos en el viaje de vuelta y ya no pude soltarlos».


Tom Wolfe


En Nueva York lo esperaba el plato fuerte del viaje. Entre conciertos, museos y paseos, se reservó varias citas literarias y editoriales. La primera fue para conocer a Tom Wolfe, su gran fichaje norteamericano de los años setenta. Cuando Herralde y Lali Gubern llamaron a la puerta de su casa, abrió Wolfe en persona, «con su uniforme de Tom Wolfe». Bebieron vino blanco, hablaron de literatura, del nuevo periodismo y de la pasión del escritor por Zola, y su obsesión por la exactitud.

En 1972 Anagrama había publicado La Izquierda Exquisita & Mau-mauando al parachoques, que presentó en Bocaccio Manuel Vázquez Montalbán. Los anticipos «respondían al interés que entonces despertaba el autor en España, o sea prácticamente nulo: los de los cuatro primeros libros oscilaban entre ciento cincuenta y trescientos dólares… Con La hoguera de las vanidades las cosas cambiaron, dentro de un orden: veinticinco mil dólares. Rápidamente recuperados».

Bret Easton Ellis

 La siguiente cita fue una tarde en casa del matrimonio Gita y Sonny Mehta, el editor inglés que el año anterior había fichado por Alfred A. Knopf, tras destacar por su labor en Pan Books y sobre todo en Picador, sello en el que editó a comienzos de los ochenta a Ian McEwanSalman RushdieEdmund WhiteJulian BarnesGraham Swift o Michael Herr, muchos de los cuales llegarían a España de manos de Anagrama. «Después de tomar unas copas», cuenta Herralde, «nos fuimos Lali y yo, con ellos y su chófer, al piso de Bret Easton Ellis, que daba una party en honor de su gran amigo Jay McInerney, que acababa de publicar Story of My Life». Solo eran veinteañeros, pero McInerney, Easton Ellis, Tama Janowitz, también en la fiesta, y David Leavitt, «eran posiblemente el cuarteto de jóvenes más prometedores del momento». Anagrama acababa de publicar por entonces Esclavos de Nueva York, de Janowitz, y Menos que cero, de Ellis. La fiesta era, sin embargo, lo suficientemente grande para que también acudiesen George Plimpton, fundador de The Paris Review, o Harold Brodkey.

Kurt Vonnegut


Parecía un final de ruta por Norteamérica perfecto, pero horas antes de tomar el vuelo de regreso a España, Herralde cumplió un último sueño, en el restaurante del famoso Hotel Algonquin. Allí lo esperaba Kurt Vonnegut, del que Anagrama había publicado cuatro libros de una tacada, incluido Matadero Cinco. «Empezamos a beber, y de entre las barbas de Vonnegut empezaron a salir historias inesperadas y entrecortadas, acompañadas de sonoras carcajadas. Nosotros sonreíamos con falsa complicidad, aventurábamos algún tema y rápidamente nuestro jovial amigo arremetía con nuevos chistes, risas y bromas crípticas sobre escritores». Herralde y Gubern no entendieron demasiado. «Nos despedimos con grandes abrazos, pero bastante deprimidos, sic transit gloria mundi, etc.», y sin más regresaron a España.

JOT DOWN

jueves, 26 de septiembre de 2019

Manuel Vilas / Formentor



La escritora francesa Annie Ernaux, en julio de 2016.
La escritora francesa Annie Ernaux, en julio de 2016.  GETTY IMAGES

Formentor

La celebración de la literatura que se lleva a cabo en la isla tiene algo de reconstrucción de una época pasada, en donde la literatura mostraba glamur y belleza


BIOGRAFÍA

Manuel Vilas
23 de septiembre de 2019

El cabo de Formentor, en la isla de Mallorca, necesita un adjetivo que tal vez no esté aún en mi inteligencia. Allí se celebran todos los años las conversaciones literarias junto a la entrega del Premio Formentor, que este año ha recaído en la escritora francesa Annie Ernaux. El hotel Formentor se convierte en un hervidero de escritores nacionales e internacionales. Me da apuro bajar a la playa porque me voy a encontrar en ella a un montón de novelistas, editores, periodistas. No es lo mismo leer a un escritor que contemplarlo mientras se da un chapuzón. El bañador tiene un efecto igualitario y desmitificador.

viernes, 5 de julio de 2019

El negocio editorial del envejecer

El negocio editorial del envejecer

Los sellos aprovechan sus aniversarios para rentabilizar el fondo. Este año es el turno de Tusquets y Anagrama (50), Planeta (70), y Acantilado y Minúscula (20)


LAURA FERNÁNDEZ
Barcelona 1 JUL 2019 - 16:01 COT
La cultura española no recuerda, pero anda loca por conmemorar, escribió Rafael Sánchez Ferlosio hace casi tres décadas, y su improvisado aforismo le viene como un guante a este 2019 en el que todo son aniversarios editoriales. Cumplen años Tusquets y Anagrama (50), Planeta (70), Acantilado y Minúscula (20), pero también lo hacen ciertos títulos, como El tiempo entre costuras, de María Dueñas (10), y El primer hombre, de Albert Camus (25), por citar algunos ejemplos. ¿Y qué ocurre cuando una editorial, o cierto título, cumplen años? Que, entre sus celebraciones se incluye una nueva apuesta por el título en cuestión, cuando la efeméride es de un libro, o el relanzamiento de la parte de su catálogo que puede resultar más rentable, cuando es de un sello. Las operaciones son recurrentes e inducen a pensar que, a diferencia de, pongamos, en la danza clásica, envejecer resulta rentable en el mundo editorial.

Jorge Herralde / “Leer como editor es lo más sexi del mundo”

Jorge Herralde

Jorge Herralde: “Leer como editor es lo más sexi del mundo”

La Feria del Libro rinde homenaje al medio siglo de vida de Tusquets y Anagrama, editoriales que nunca compitieron porque sus responsables eran “amigos hasta la muerte”


Laura Fernández
Madrid, 9 de junio de 2019

Hubo un tiempo en que Tusquets se comunicaba con sus autores por telegrama. De eso hace casi los mismos años que acaba de cumplir: 50. Escribían los editores de Tusquets cosas como: “Encantados conocerte. Stop”. Y: “Más tiempo considerar novela. Stop”. Lo explicó el viernes uno de los autores que los recibía: Fernando Aramburu. Lo hizo en la Feria del Libro de Madrid, a buen recaudo de sus muchos lectores en el pabellón Bankia, durante el acto de homenaje que abre la celebración del medio siglo de la editorial que comandó Beatriz de Moura.

domingo, 31 de marzo de 2019

Jorge Herralde / En la cueva del tesoro de Anagrama

Jorge Herralde

Jorge Herralde

En la cueva del tesoro de Anagrama

Las cartas que se conservan en el archivo de la editorial permiten reconstruir los 50 años de dedicación de Jorge Herralde a los libros







Jorge Herralde lee 'Escritos de un viejo indecente', de Charles Bukowski, en una imagen de finales de los setenta.Ampliar foto
Jorge Herralde lee 'Escritos de un viejo indecente', de Charles Bukowski, en una imagen de finales de los setenta. LALI GUBERN

Creo que es totalmente seguro afirmar que estaré con vosotros el 27 de septiembre”, escribió en abril de 1988 Raymond Carver en respuesta a la invitación a Barcelona de su editor en español, Jorge Herralde. Fue poco antes de que el cáncer precipitara ese verano el final con un golpe seco, como en uno de los lacónicos cuentos que hicieron de él un maestro de las letras estadounidenses. La muerte, como los impuestos y otros hechos inevitables, emerge con cierta frecuencia en el océano de papeles del archivo de la editorial Anagrama, que este abril cumple medio siglo. Como en esa misiva de Alberto Méndez, de junio de 2003. “Hago votos por que esto no cueste dinero”, dice sobre la inminente publicación de su único título, Los girasoles ciegos. Méndez, a quien Herralde había frecuentado durante décadas como parte del paisanaje del mundo de los libros, se reveló como un brillante escritor tardío y como un pésimo adivino: murió en 2004, sin saber que ganaría los premios Nacional y de la Crítica y que su debut, que ha superado los 380.000 ejemplares vendidos, sería ciertamente rentable.

Jorge Herralde / Una voz propia

Herralde, una ‘voz’ propia

El fundador de Anagrama repasa los 50 años de su editorial en los 44 textos de ‘Un día en la vida de un editor’


CARLES GELI
29 MAR 2019 - 12:02 COT



Jorge Herralde, con Carmen Martín Gaite, en la Feria del Libro de MadridAmpliar foto
Jorge Herralde, con Carmen Martín Gaite, en la Feria del Libro de Madrid MARIO MUCHNIK

En medio siglo como editor —“el único oficio posible para mí”, dice—, Jorge Herralde solo ha tenido un único momento de desánimo. Fue una semana de 1980, acuciado por una epidemia de desencanto general que hizo tambalear el futuro de Anagrama. Lo solventó reorientando su catálogo de la política a la literatura, pero también desprendiéndose de su participación en Bocaccio, discoteca fetiche de la gauche divine barcelonesa, de éxito indescriptible por su sótano, donde era posible “el desmadre más explícito”. Le vendió las acciones a José Manuel Lara Bosch, hijo mayor del fundador del imperio Planeta, por la friolera de 1.200.000 pesetas. En principio, se hicieron un favor mutuo, pero hoy se antoja que hubo un solo ganador...

Jorge Herralde ‘gana’, tras 50 años, el “premio Herralde”

Jorge Herralde


Jorge Herralde ‘gana’, tras 50 años, el “premio Herralde”

El fundador de Anagrama repasa el medio siglo de su sello en ‘Un día en la vida de un editor’


CARLOS GELI
Barcelona, 26 de marzo de 2016






El editor Jorge Herralde, en Barcelona.
El editor Jorge Herralde, en Barcelona. MARTA PÉREZ (EFE)

En los indicadores rezaba “premio Herralde”, pero en la mesa estaba ayer solo el editor y fundador, Jorge Herralde, junto a la actual editora, Silvia Sesé. Y de algún modo, el obvio error no era tal y podía leerse como que el propio Herralde recibía ayer en Barcelona su premio homónimo en forma del libro que presentaba, Un día en la vida de un editor, que ha escrito y publicado él mismo, repaso a los 50 años de vida de su Anagrama, sello que lanzara el primer título el 23 de abril de 1969.

Cuatro editores legendarios rinden sus legados al Cervantes






Desde la izquierda, Luis García Montero, Jesús Munarriz, Chus Visor, Jorge Herralde y Beatriz de Moura, este jueves.
Desde la izquierda, Luis García Montero, Jesús Munarriz, Chus Visor, Jorge Herralde y Beatriz de Moura, este jueves.  EFE

Cuatro editores legendarios rinden sus legados al Cervantes

La institución recibe los depósitos históricos de Beatriz de Moura, Jorge Herralde, Chus Visor y Jesús Munárriz


Jesús Ruiz Mantilla
Madrid, 14 de febrero de 2019

Beatriz de Moura dejará, entre otros detalles, una pipa que le regaló George Simenon. Chus Visor, unas gafas y un cenicero junto a los números uno y 1.000 de su colección de poesía. Jorge Herralde se ha decidido por un ejemplar de Los tupamaros: estrategia y acción, de Antonio Mercader, el primer libro que censuraron a su editorial, Anagrama, además de una carta de su colega italiano Carlo Feltrinelli cuando decidieron unir fuerzas en 2010. Jesús Munárriz, dueño de Hiperión, prefiere no desvelar el secreto. “Hasta 2040, nada”, comenta.Veinte años en su caso, no supone apenas tiempo. Tampoco en el de los otros tres editores que este jueves depositaron ese legado en la sede del Instituto Cervantes de Madrid. Porque tanto De Moura al frente de Tusquets, como Herralde, impulsor de Anagrama o Visor y Munárriz, dos de los grandes editores de poesía hispana en el mundo, pueden presumir de, al menos, cinco décadas de trabajo en su campo. Cuatro verdaderas leyendas con historia y muchos títulos a la espalda.

Jorge Herralde / Cuatro libros singulares



Alejandro Zambra

Jorge Herralde

Cuatro libros singulares

Tanto Alejandro Zambra (1975) como Juan Pablo Villalobos (1973) son ya mucho más que dos jóvenes promesas


28 de septiembre de 2018

En la fiesta ritual de la Feria del Libro de Madrid en 1986, en casa de Miguel y Mari Paz (es decir, Antonio Machado Libros), estábamos sentados Carmen Martín Gaite, Lali y yo con Adelaida García Morales y, si bien recuerdo, Víctor Erice, cuando Carmiña, ya autora de excelentes novelas y magníficas obras de indagación histórica, empezó a hablar con gran entusiasmo de su futuro libro, Usos amorosos de la postguerra española, que me había ofrecido para publicarlo. Yo acogí la noticia con entusiasmo algo impostado: pensé que el tema quedaba ya muy remoto para los más jóvenes y poco interesante para los de la época. Y, claro está, me equivoqué rotundamente: el libro, además de ser excelente, resultó un best seller extraordinario que se convirtió en long seller y ganó el Premio Anagrama de Ensayo y también el Premio de la Crítica.

sábado, 8 de septiembre de 2018

Anagrama / Mil historias de amistad, celos, disputas, quejas y elogios



Jorge Herralde

Mil historias de amistad, celos, disputas, quejas y elogios

Anagrama clasifica su archivo editorial con vistas a su 50º aniversario



Barcelona 7 SEP 2018 - 16:21 COT
En abril de 2019 se cumplirán los 50 años del nacimiento de Anagrama y para celebrarlo la editorial ha empezado a clasificar, ordenar y revisar su inmenso archivo. Según el editor Jorge Herralde, “a medio plazo” decidirán, él y el nuevo propietario del sello, Carlo Feltrinelli, a qué biblioteca entregarlo. De momento, compiten la Biblioteca Nacional de España, cuya directora, Ana Santos, es una antigua conocida, y la Biblioteca Nacional de Catalunya.

domingo, 8 de octubre de 2017

Kazuo Ishiguro / Ish para los amigos

Fiesta de los 30 años de Anagrama en Londres en el jardín de la casa de Christopher y Koukla MacLehose en 1999. Desde la izquierda, Jimmy Burns, Martin Amis, Julian Barnes, Graham Swift, Laurence Worfolk, David Lodge, Russell Lucas, Pankaj Mishra y Hanif Kureishi. Agachados, Kazuo Ishiguro, Jorge Herralde y Vikran Seth.

Kazuo Ishiguro

Ish para los amigos

¡Qué inesperada y enorme alegría! El premio distingue a un autor apartado de los circuitos literarios, que nos pilla con sus obras a contrapié


JORGE HERRALDE
5 OCT 2017 - 16:55 COT



¡Qué inesperada y enorme alegría! El premio a un escritor tan singular, tan apartado de los circuitos literarios de modas y tendencias, que había tardado siete años en publicar su última novela, El gigante enterrado, acogida con una admiración algo estupefacta: de nuevo Ishiguro, cambiando de registro, nos había pillado a contrapié.

domingo, 1 de octubre de 2017

Juan Cruz / El equipo de Jorge Herralde


Jorge Herralde


El equipo de Jorge Herralde

Decir que deja la conducción de premios que hizo a su mano, y que hicieron la editorial, no ha debido ser fácil, porque nació para hacerlo todo

JUAN CRUZ
Madrid 14 SEP 2017 - 16:34 COT

Jorge Herralde hizo ayer el comunicado más simbólico de la vida de un editor de su clase: se despidió de dos criaturas que prolongaron su visión de la jugada (que dura más de medio siglo) y, a la vez, de un equipo fabuloso con el que jugó la Champions de los premios literarios.

viernes, 4 de agosto de 2017

Editores en verano / El caso de la isla de Herralde







El editor Jorge Herralde, retratado en 2015.
El editor Jorge Herralde, retratado en 2015. GIANLUCA BATISTA

El caso de la isla de Herralde

¿A dónde van los editores en verano? ¿Leen libros de la competencia? ¿Coinciden en resorts de lujo con escritores?


Laura Fernández
3 de agosto de 2018

Durante mucho tiempo circuló el rumor en el sector, esto es, entre escritores, editores y periodistas literarios, de que Jorge Herralde, el legendario editor de Anagrama, pasaba sus veranos en una especie de isla desierta junto a su mujer, Lali Gubern. La isla desierta no era en realidad una isla desierta, sino una isla de alquiler. Se decía que la fortuna del último mohicano de la edición española era tal que podía permitírselo. Pero ¿era cierto? “¡La isla existe!”, me asegura Silvia Sesé, desde Anagrama. ¿Tiene ella una isla desierta a la que mudarse en verano? No. Sus veranos son, “en esencia, breves”, tan breves que ni siquiera tiene tiempo de leer a la competencia. Este año piensa viajar con un único libro: Le lambeau, la novela que Philippe Lançon escribió tras sobrevivir a la matanza en la redacción de Charlie Hebdo.
Pero la isla existe. Seguro que Claudio López Lamadrid sabe de su existencia, pero no habla de ella. Habla, en cambio, de los libros que piensa leer este verano. “Mi ambición no tiene límites”, dice el editor al frente de la división literaria de Penguin Random House. Claudio no tiene una isla, tiene una casa en Comillas, en la que se instala cada verano. Pasa allí las cuatro semanas porque “con tanto viaje al año, pasarme casi un mes sin moverme no tiene precio”. ¿Y lee mucho? Demasiado. “Ya un par de meses antes empiezo a acumular sobre una mesa los libros que me propongo leer en verano y este año, cuando me puse a hacer las maletas, había más de 20”, dice. “Un auténtico disparate que se repite cada año”, añade. Es metódico. Intenta leer cada verano un clásico, un libro de poesía y una biografía, además de novelas, pero todo debe estar “interconectado”. ¿Algún libro de la competencia? “Me tiran mucho El libro del mar, que acaba de publicar Salamandra, y Pura vida, de Patrick Deville, en Anagrama”.
Con Pura vida en la maleta ha viajado Enrique Redel, de Impedimenta, al sur de Portugal, a un lugar cerca del cabo de San Vicente. “Hace poco coincidí en Lugo con los hijos del poeta gallego Uxío Novoneyra y estuvimos hablando de la generación de su padre, autores que había leído mucho cuando tenía 20 años y que me apetecía recuperar. Así que me he traído Bretaña, Esmeraldina y Arrianos, de Méndez Ferrín, y Galván en Saor, de Darío Xohán Cabana. Estoy releyendo también La saga/fuga de J. B., de Gonzalo Torrente Ballester, un libro increíble y creo que injustísimamente olvidado”, relata. “Leer es la actividad principal cada verano, de ahí que no elijamos destinos muy activos, sino sitios que ya conocemos y nos permiten desconectar”, admite. Esto parece una constante entre editores. Luis Solano, de Libros del Asteroide, también viaja cada año a Canido, al sur de Vigo, para no hacer otra cosa que leer, pasear y dormitar. ¿Y qué piensa leer este verano? Casi de todo. Desde La pastoral americana, de Philip Roth, hasta los Apegos feroces, de Vivian Gornick, pasando por La penúltima bondad, de Josep Maria Esquirol, en Acantilado. Hablando de Acantilado, Sandra Ollo, su editora, también viaja cada año a los mismos sitios: Navarra y el valle de Arán, y este verano lo hará con Creer que se cree, de Vattimo, “y el último libro de Muñoz Molina”. Subamos la apuesta, en lo que a veranear en los mismos sitios se refiere. La agente Mónica Carmona lo hace en una casa junto al mar, en Mallorca, que fue propiedad de un pintor inglés de origen sevillano que resultó ser un espía del MI5. Casi nada.
En cualquier caso, todos coinciden en que en verano se lee por placer, no por trabajo. Elena Ramírez (Seix Barral) viaja con el iPad cargado hasta los topes —“horror vacui o vicio lector”, dice— y un buen puñado de libros en papel. Este año, además de todos los del monje budista Thich Nhat Hanh (que lee cada mañana, “siempre después de 20 minutos de meditación”, especifica), sale de casa con los Grandes éxitos de Antonio Orejudo —“un autor infalible”—; La vida en tiempo de paz, de Francesco Pecoraro —“una recomendación”—, y Denuncia inmediata, de Jeffrey Eugenides —“una perdición”—, entre otros. “No hay mayor placer que despertarse por la mañana muy temprano y leer en la cama”, dice Ramírez.
¿Se despierta también temprano Herralde en su isla y lee en la cama? No lo sabemos, lo que sabemos es que este año leerá a la vez por placer y por trabajo “los extensos diarios de Chirbes”. Viene siendo habitual que sus lecturas de verano sean “manuscritos de la editorial o libros en francés, inglés o italiano con previsible destino en Anagrama”, dice. “Un año se produjo una ruptura de stockpero me acompañaban, como precaución, dos tomos de la Recherche de Proust en la edición de La Pléiade”, añade. Pero acabemos de una vez con la leyenda, ¿tendrán las lecturas lugar en una isla de alquiler? Le imagino sonriendo. Dice: “Las lecturas tendrán lugar en el resort de una diminuta islita caribeña”, en cuya “larguísima” playa, informa, “Lali y yo vimos a veces chapoteando a Ken Follett y a su tribu: esposa, hijas, familiares y amigos”. Vaya, así que la isla existe e incluye a Ken Follett. Maravilloso.