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martes, 29 de noviembre de 2022

Katherine Mansfield / El barón

Ilustración de Triunfo Arciniegas

Katherine Mansfield
EL BARÓN
Traducción de Clara Janés Nadal
The Baron by Katherine Mansfield

-¿Quién es? -pregunté-. ¿Y por qué se sienta siempre solo, dándonos la espalda?
-¡Ah! -susurró la esposa del consejero superior del gobierno-. Es un barón.
Me miró solemnemente y con algo de desdén, con esa expresión de "que-curioso-no-haber-advertido-eso-a-simple-vista".

lunes, 1 de julio de 2019

Katherine Mansfield / La señorita Brill



Katherine Mansfield
La señorita Brill
(“Miss Brill”)
          Aunque hacía un tiempo maravilloso el azul del firmamento estaba salpicado de oro y grandes focos de luz como uvas blancas bañaban los Jardins Publiques. La señorita Brill se alegró de haber cogido las pieles. El aire permanecía inmóvil, pero cuando una abría la boca se notaba una ligera brisa helada, como el frío que nos llega de un vaso de agua helada antes de sorber, y de vez en cuando caía revoloteando una hoja —no se sabía de dónde, tal vez del cielo—. La señorita Brill levantó la mano y acarició la piel. ¡Qué suave maravilla! Era agradable volver a sentir su tacto. La había sacado de la caja aquella misma tarde, le había quitado las bolas de naftalina, la había cepillado bien y había devuelto la vida a los pálidos ojitos, frotándolos. ¡Ah, qué agradable era volverlos a ver espiándola desde el edredón rojo...! Pero el hociquito, hecho de una especie de pasta negra, no se conservaba demasiado bien. No acababa de ver cómo, pero debía haber recibido algún golpe. No importaba, con un poquito de lacre negro cuando llegase el momento, cuando fuese absolutamente necesario... ¡Ah, picarón! Sí, eso era lo que en verdad sentía. Un zorrito picarón que se mordía la cola junto a su oreja izquierda. Hubiera sido capaz de quitárselo, colocarlo sobre su falda y acariciarlo. Sentía un hormigueo en los brazos y las manos, aunque supuso que debía ser de caminar. Y cuando respiraba algo leve y triste —no, no era exactamente triste— algo delicado parecía moverse en su pecho.

martes, 26 de junio de 2018

Katherine Mansfield / Alemanes comiendo


Cuchara
Ilustración de Triunfo Arciniegas
Katherine Mansfield
BIOGRAFÍA
Alemanes comiendo

Germans at Meat
Se sirvió una sopa de pan. -Ah -dijo Herr Rat, echándose sobre la mesa para mirar dentro de la sopera-, esto es lo que necesito. Mi “magen” ha estado un poco descompuesto desde hace varios días. ¡Sopa de pan y en su punto! Yo mismo soy un buen cocinero -se volvió hacia mí.

domingo, 3 de enero de 2016

Katherine Mansfield / En la bahía



Katherine Mansfield
BIOGRAFÍA
En la bahía


Katherine Mansfield / At the Bay (Dragon)

I
      De mañana, muy temprano. Aún no se había levantado el sol, y la bahía entera se escondía bajo una blanca niebla llegada del mar. Al fondo, las grandes colinas recubiertas de maleza, aparecían sumergidas. No se podía ver dónde acababan, dónde empezaban las praderas y los bungalows. La carretera arenosa había desaparecido, con los bungalows y los pastos al otro lado; más allá, no se veían más que dunas blancas cubiertas de una hierba rojiza; nada indicaba qué era playa, ni dónde se encontraba el mar. Había caído un abundante rocío. La hierba era azul. Gruesas gotas colgaban de los matorrales, dispuestas a caer sin acabar de caer; el toï-toï plateado y flecudo pendía flojamente de sus largos tallos. La humedad inclinaba hasta la tierra todos los ranúnculos y claveles de los jardines. Estaban mojadas las frías fucsias. Redondas perlas de rocío descansaban en las hojas llanas de las capuchinas. Se hubiese dicho que el mar había venido a golpear dulcemente hasta allí, en las tinieblas, que una ola inmensa y única había venido a chapotear, a chapotear... ¿Hasta dónde? Quizá, al despertarse a mitad de la noche, se hubiera podido ver un pez gordo rozar bruscamente la ventana y huir.

sábado, 2 de enero de 2016

Katherine Mansfield / Veneno

Ilustración de Triunfo Arciniegas
Katherine Mansfield
BIOGRAFÍA
VENENO
Traducción de Agustina Jojärt

El correo estaba atrasado. Cuando regresamos de nuestro paseo después del almuerzo aún no había llegado.
-Pas encore, Madame -dijo Annette mientras acudía corriendo a sus tareas en la cocina.
Llevamos los paquetes al comedor. La mesa estaba servida. Como siempre la imagen de una mesa puesta para dos -solamente para dos personas-, y aún puesta, tan perfecta que no había espacio posible para un tercero; daba una rara sensación, a la vez fugaz, como si me hubiese impactado la luz plateada que reverberaba sobre el mantel blanco, los cristales, la sombra del bowl con fresias.

viernes, 1 de enero de 2016

Katherine Mansfield / El canario


Ilustración de Triunfo Arciniegas

Katherine Mansfield
BIOGRAFÍA
El canario



Katherine Mansfield / The Canary (Dragon)
Katherine Mansfield / O canário (Pessoa)

        

  ¿Ves aquel clavo grande a la derecha de la puerta de entrada? Todavía me da tristeza mirarlo, y, sin embargo, por nada del mundo lo quitaría. Me complazco en pensar que allí estará siempre, aun después de mi muerte. A veces oigo a los vecinos que dicen: «Antes allí debía de colgar una jaula». Y eso me consuela: así siento que no se le olvida del todo.

martes, 22 de diciembre de 2015

Katherine Mansfield / La mosca

Katherine Mansfield con mosca
Ilustración de Triunfo Arciniegas
Katherine Mansfield
BIOGRAFÍA
La mosca

(“The Fly”, 1922)
Originalmente publicado en Nation, Marzo 18, 1922
The Dove's Nest and Other Stories
Londres: Constable, 1923



          —Pues sí que está usted cómodo aquí —dijo el viejo señor Woodifield con su voz de flauta. Miraba desde el fondo del gran butacón de cuero verde, junto a la mesa de su amigo el jefe, como lo haría un bebé desde su cochecito. Su conversación había terminado; ya era hora de marchar. Pero no quería irse. Desde que se había retirado, desde su... apoplejía, la mujer y las chicas lo tenían encerrado en casa todos los días de la semana excepto los martes. El martes lo vestían y lo cepillaban, y lo dejaban volver a la ciudad a pasar el día. Aunque, la verdad, la mujer y las hijas no podían imaginarse qué hacía allí. Suponían que incordiar a los amigos... Bueno, es posible. Sin embargo, nos aferramos a nuestros últimos placeres como se aferra el árbol a sus últimas hojas. De manera que ahí estaba el viejo Woodifield, fumándose un puro y observando casi con avidez al jefe, que se arrellanaba en su sillón, corpulento, rosado, cinco años mayor que él y todavía en plena forma, todavía llevando el timón. Daba gusto verlo.


Katherine Mansfield / La casa de muñecas



Katherine Mansfield
BIOGRAFÍA
LA CASA DE MUÑECAS
Traducción de Amalia Castro 

Cuando la querida anciana señora de Hay volvió a la ciudad después de pasar un tiempo en casa de los Burnell, les envió a los niños una casa de muñecas. Era tan grande que el cochero y Pat la llevaron al patio, y allí quedó, apuntalada por dos cajas de madera al lado de la puerta del comedor diario. No podía pasarle nada; era verano. Y quizás el olor de pintura se habría ido cuando llegara el momento de tener que entrarla. Porque, realmente, el olor de pintura que venía de esa casa de muñecas ("¡tan simpático de parte de la anciana señora de Hay, por supuesto; tan simpático y generoso!") ... pero el olor de pintura bastaba como para enfermar seriamente a cualquiera, según opinaba la tía Berly. Aun antes de sacarla de su envoltorio. Y cuando la sacaron...

lunes, 21 de diciembre de 2015

Katherine Mansfield / La fiesta en el jardín

Foto de Robert Schöller

Katherine Mansfield
BIOGRAFÍA
La fiesta en el jardín



(“The Garden Party”, 1922)


      Y, después de todo, el tiempo era ideal. Si lo hubieran hecho de encargo no habría resultado un día más perfecto para la fiesta en el jardín. Sin viento, cálido, el cie­lo sin una nube. Como pasa al principio del verano, una neblina de oro pálido velaba, apenas el azul. El jardinero estaba en pie desde el alba, segando el prado y barriéndolo, hasta que el césped y los rosetones chatos y oscuros donde habían estado las margaritas parecieran brillar. En cuanto a las rosas, no se podía negar que habían comprendido que las rosas son las únicas flores que impresionan a la gente en una fiesta en el jardín, las únicas flores que a todos interesan. Cientos, cientos. literalmente, habían abierto en la noche; las zarzas verdes estaban inclinadas como si los arcángeles las hubieran visitado.