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jueves, 8 de mayo de 2025

Carlos Días Consuegra / Bogotá

 


Carlos Díaz Consuegra
BOGOTÁ

Este año, por invitación de la agencia de diseño Boga participé en el proyecto:

Bogotá tu casa.

Me di mis gustos ilustrando algunas fachadas que tenía pendientes desde hace rato, fui muy feliz ilustrando este encargo.

martes, 13 de agosto de 2024

Encuentran a menor de 14 años que había sido reportada como desaparecida en el sur de Bogotá

 

La joven Mariana Guerra Barraza fue reportada como desaparecida en Bogotá. | Foto: Cortesía

Encuentran a menor de 14 años que había sido reportada como desaparecida en el sur de Bogotá

La joven había sido vista por última vez en Ciudad Montes, en el sur de Bogotá, sobre las 10:00 de la mañana del pasado domingo.

Redacción Semana
13 de agosto de 2024

El periodista Fredy Guerra confirmó que su hija, Mariana Guerra Barraza, fue encontrada este lunes, 12 de agosto, luego que se reportara su desaparición en las últimas horas.


“A Dios le doy gracias infinitas porque mi hija apareció y está bien. Al CTI, a mis amigos, colegas, medios de comunicación, ciudadanía y a quienes le apostaron al trabajo conjunto en redes, gracias desde lo más profundo de mi corazón por su devota e incondicional ayuda”, escribió el periodista en sus redes sociales.


La menor de 14 años había sido vista por última vez en Ciudad Montes, en el sur de Bogotá, sobre las 10:00 de la mañana del pasado domingo.


Sus allegados manifestaron tras su desaparición que intentaron llamarla, pero su número de celular no recibía las llamadas.

El domingo, cuando la joven salió de su casa, vestía jeans de color azul y un camisa blanca, además de gorra y tenis color negro. SEMANA publicó las fotografías de Mariana Guerra con autorización de su familia con el objetivo de que este material sirviera para el proceso de búsqueda de la joven.

Casos de desaparecidos

Desde enero y hasta junio de 2024 en Bogotá se habían reportado 705 casos de personas dadas por desaparecidas.

Este dato generó alarma, especialmente porque la mayoría de los desaparecidos son niños, niñas y adolescentes menores de 18 años. Los adolescentes de 15 a 17 años son los más afectados, con 129 casos reportados en ese periodo, seguidos por niños de 10 a 14 años con 101 registros y adultos de 25 a 29 años, con 85 casos.

Las estadísticas oficiales muestran que, en los primeros cuatro meses del año, 19 de los desaparecidos fueron encontrados muertos, 264 fueron hallados vivos y 422 siguen sin conocerse su paradero. Los lunes son los días con más casos, acumulando 115 reportes en los primeros cuatro meses.

En este punto es importante hacer claridad que los datos presentados por Medicina Legal corresponden a reportes o denuncias que hacen los familiares ante la entidad, cuando alguno de sus familiares o allegados no aparece, por diferentes circunstancias.

Por eso, la cifra de las personas que no son halladas ni vivas ni muertas hace referencia a quienes todavía no se les ha cerrado el proceso de búsqueda y entre ellos también pueden estar quienes regresan a sus hogares y no se reporta su aparición ante las autoridades.

El fenómeno no es uniforme en toda la ciudad. Localidades como Ciudad Bolívar, Kennedy, Bosa, Suba y Santa Fe, que ya enfrentan altos índices de delitos graves como homicidios y extorsiones, presentan el mayor número de casos de desapariciones.

A pesar de la rápida difusión de estos casos, la atención y los procesos de búsqueda son complicados. La ley estipula un periodo de 72 horas antes de que se pueda reportar oficialmente una desaparición, lo que añade dificultades a las familias ya angustiadas


SEMANA

miércoles, 18 de octubre de 2023

Triunfo Arciniegas / Los colectivos de Petro





LOS COLECTIVOS DE PETRO
Fotografías de Triunfo Arciniegas
10 de octubre de 2023


Así, con el mismo pañuelo rojo, se cubrían el rostro los colectivos de Petro. Lo vi con mis propios ojos. Supongo que todavía lo hacen. Hacen años dejé de visitar este país en desgracia. No veo la necesidad de viajar a arriesgar la vida.

La diferencia acá son las motocicletas.

Y la pregunta es por qué se cubren el rostro.

martes, 17 de octubre de 2023

¿Cuánto vale un semestre de medicina en Los Andes?





 ¿Cuánto vale un semestre de medicina en Los Andes? Estos son los precios

Se espera que para noviembre de este año se publique el valor de matrícula para el 2024.



Sandra Vargas
16 de octubre de 2023


Sin lugar a dudar, la Universidad de los Andes es una de las instituciones educativas más prestigiosas del país y más reconocidas a nivel mundial, por esto sus matrículas tienen un alto valor, debido a que la mayoría de sus programas cuentan con la acreditación de alta calidad.

viernes, 5 de mayo de 2023

Triunfo Arciniegas / Gira por librerías bogotanas

 


Triunfo Arciniegas en Prólogo


Triunfo Arciniegas
GIRA POR LIBRERÍAS BOGOTANAS
4 de mayo de 2023

Bella y agotadora jornada de siete horas por las librerías del norte de Bogotá, con Marco González como fotógrafo y guía. En todas encontramos exhibido MUERTAS DE AMOR. Almorzamos en 69 gauchos, donde preparan la carne con la sabiduría argentina y el tiramisú se confunde con el paraíso. De hecho, este 4 de mayo podría llamarse “el día del tiramisú”.

Un bello día sin lluvia. Marco, que vino de Ecuador hace diez años, es un gran conversador y un magnífico anfitrión.

La sorpresa mayor fue conocer en Prólogo a José Manuel Lleras, hijo de Margarita Valencia, mi primera editora. Tienen la misma manera de mover la cabeza y la misma sonrisa. La misma simpatía. Margarita fue nuestro tema de conversación. Prólogo era de Mauricio Lleras, el padre de José Manuel.

Me emociona tanto libro nuevo y que haya lectores dispuestos a comprarlos. Porque los precios andan por las nubes. Las librerías y las bibliotecas son, para mí, los territorios de la felicidad.



Tornamesa



Frente a Prólogo




En Tornamesa 2


En Wilborada



jueves, 10 de junio de 2021

Coronavirus en Bogotá / Advierten que jóvenes están muriendo en menos de 12 horas, aún sin comorbilidades



LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

Coronavirus en Bogotá: advierten que jóvenes están muriendo en menos de 12 horas, aún sin comorbilidades


El personal de salud en la capital asegura que los servicios de urgencias ya no dan abasto y se acaban los insumos para atender a los pacientes. La situación es crítica.


9 de junio de 2021


Los médicos de Bogotá han revelado la dramática situación que viven los hospitales de la ciudad que ya no pueden recibir más enfermos y advierten que el tercer pico de la pandemia, que completa cerca de seis semanas, ha sido el más difícil de todos.

La ciudad amaneció este miércoles 9 de junio con una ocupación de las camas de cuidados intensivos, para atender a pacientes con la covid-19, del 98,2%, lo que significa que solo quedan 40 camas disponibles.

Sin embargo, según el testimonio de los médicos, se podría decir que la ocupación está por encima del 100 % pero que, como hay rotación de camas, algunas se van desocupando y por eso no se da un reporte final de UCI completas. “Nosotros en la subred tenemos unas 123 UCI. Somos una de las más grandes a nivel nacional, y algunas se van desocupando, pero en urgencias la ocupación es total”, aseguró al diario El Tiempo el médico especialista Jhon Édison Parra Mancipe, coordinador de las unidades de cuidado intensivo (UCI) de la Subred Sur, específicamente de los hospitales Meissen y El Tunal.

Además, de acuerdo con el doctor Parra, hay preocupación por el fallecimiento de jóvenes que se están muriendo en menos de 12 horas aún sin tener alguna comorbilidad.

Los médicos viven un desgaste profundo y. si bien están acostumbrados a convivir con la muerte, esto ha representado un impacto psicológico irreparable para ellos. “Ya no estamos viendo tantos ancianos morir; lo bueno es que la inmunización sí tiene efecto, también en el personal médico. Pero ver fallecer a tantos jóvenes de forma tan temprana es terrible”, dijo el doctor Leonardo García, director del Colegio Médico de Bogotá y Cundinamarca a El Tiempo.

Además de la tensión por el aumento de los casos de coronavirus y la drástica reducción de camas para atenderlos se suma la saturación de las salas de urgencias que no dan abasto no solo con pacientes con síntomas de la covid-19 sino con otro tipo de padecimientos. Según el doctor Parra, hay espacios donde se están requiriendo camas para 30 o 40 pacientes solo hay tres y, de acuerdo con el doctor García, la situación es crítica en Clínicas como Marly y San Rafael donde la sobreocupación de las salas de urgencias es del 331 % y 400 % respectivamente.

Otra difícil situación que se suma a los problemas por los que está pasando el sistema de salud bogotano tiene que ver con los insumos médicos y la escasez de los mismos. De acuerdo con los médicos, si bien la red pública mantiene todavía inventario, los bloqueos han frenado la entrada de muchos de los medicamentos lo que genera incertidumbre en el caso en que se acaben y no haya con qué atender a los pacientes.

El drama de los médicos

Ante la sobrecarga personal, mental y psicológica, muchos médicos han decidido retirarse de su profesión o incluso reducir las horas de trabajo debido a que están sufriendo de un desgaste total.

De acuerdo con el diario El Tiempo, antes de la pandemia, los médicos trabajaban entre 46 a 60 horas a la semana en diferentes trabajo, sin embargo, las jornadas se han reducidos y muchos de ellos entran en crisis y deciden retirarse por temor a afectar a sus familiares o círculos sociales. “La muerte desgasta, por más de que estemos acostumbrados a ella”, lamentó Parra.

Además, los médicos han tomado la decisión de abandonar sus carreras también por la misma indolencia e irresponsabilidad de la gente. “Uno no entiende cómo en medio de una de las pandemias más críticas de la historia hay gente que sale a protestar sin tapabocas, sin distancia, sin lavado de manos. No queremos que nos llamen héroes, pero sí que valoren nuestro esfuerzo porque la vocación se desgasta”, afirmó Parra.

Para los médicos no hay salida. solo esperan seguir cumpliendo con el sistema de priorización de sus pacientes y que el plan de vacunación avance con mayor velocidad

SEMANA


lunes, 15 de junio de 2020

María Osorio / "Hace dos meses no entra ni el polvo"


Librerías en tiempos de covid: entrevista a la directora de Babel Libros
María Osorio inició con el proyecto de Babel en 2001, inicialmente sería una distribuidora pero posteriormente pasó a ser librería y editorial. Foto: Semana

María Osorio

“Hace dos meses no entra ni el polvo”


Desde 2001 Babel se ha consolidado como la mejor librería para niños en el país. En 2017 fue elegida como la mejor editorial infantil del mundo. Su directora, María Osorio, cuenta cómo es sobrevivir a la cuarentena.

6 de junio de 2020


SEMANA: ¿Cuál es la historia de Babel?
MARÍA OSORIO (M.O.): Trabajé muchos años en Fundalectura. En el 2000 hubo una crisis muy fuerte de recursos que logramos superar, pero fue en ese momento que decidí que podía iniciar mi propio proyecto. Aunque empezamos primero como distribuidora, me di cuenta de lo grande que era la industria editorial. Yo me había decidido por el área infantil y viendo el mercado evidencié que no iba a tener dónde llevar estos libros, porque solo había dos librerías para niños: una era Espantapájaros y la otra La Hora del Cuento, y las librerías de cadena no prestaban especial atención a esta área.

lunes, 25 de febrero de 2019

Bogotá / La ciudad rescatada

Bogotá

Martín Caparrós

BIOGRAFÍA

CRÓNICAS SUDACAS

Bogotá: La ciudad rescatada

Más de nueve millones de personas pueblan Bogotá. Hace un cuarto de siglo, vivir aquí sonaba a condena. A una ciudad fallida con tasas de homicidio de un país en guerra. La calle era una selva sin ley, entre sombras del narco y la guerrilla. La desigualdad permanece mientras florecen un turismo y unas clases acomodadas que moldean un nuevo perfil de la capital de Colombia. Segunda entrega de una serie en la que Martín Caparrós toma el pulso a grandes urbes de Latinoamérica


23 de febrero de 2019


EN EL CIELO DE BOGOTÁ siempre hay alguna nube: sol y unas nubes, lluvia y todo nubes, tormenta y nubarrones, una luna y sus nubes, plateadas, grises, blancas, siempre alguna, nunca un cielo completamente despejado. Quizá eso explique todo —o casi todo.


Ahora llueve y don Mario me sonríe como debe sonreír a sus clientes; yo le digo que por suerte todavía no soy y él quiere saber de dónde vengo; se lo digo, le pregunto si él es de acá y me dice que sí: de acá, del barrio, pero que todo esto cambió tanto. Le pregunto si cambió para bien, si le llegan cada vez más viejos, y él me dice que no, que últimamente le llegan muchos jóvenes: que sí, que ahora por cualquier cosa se dan cuchillo o plomo y que eso no era así en sus tiempos, que en sus tiempos se agarraban a puños, pero que ahora no, que ahora terminan acá, me dice, y extiende un brazo como quien enseña.
—Yo no me quejo, es mi negocio. Pero qué bobada.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Roberto Burgos Cantor / Diario de un viaje memorable / Coetzee en Colombia

J.M. Coetzee

Diario de un viaje memorable

El escritor colombiano que acompañó a J. M. Coetzee durante los cinco días de estancia en el país reconstruye su experiencia junto al Nobel de Literatura sudafricano.


El Nobel leyó dos textos durante un seminario en su honor en la Universidad Central y recibió un doctorado Honoris Causa en Letras y Humanidades, pero realmente se relajó en Tenjo, Cundinamarca, a donde fue de paseo.
Roberto Burgos Cantor
El Espectador, 13 de abril de 2013

Las últimas luces del atardecer de domingo dejaban una sombra rojiza en la superficie de los humedales alrededor del aeropuerto El Dorado. El avión que volaba desde Fráncfort buscaba la cabecera de la pista mientras las azafatas percibían, una vez más, el ansioso desasosiego de la tierra después de once horas sobre las nubes. Uno de los viajeros venía de China y aún no terminaba de ordenar los recuerdos de las conversaciones con Mo Yan, el Nobel de literatura del año pasado, las avenidas inacabables, los reveladores acercamientos que propicia la literatura entre mundos diferentes. Por la ventanilla vio el verde, islotes de construcciones que encendían las luces y sin llamarla vino la imagen de seis meses antes en Adelaide. Un escritor colombiano, Isaías Peña Gutiérrez, con su mujer y su hija lo visitan y lo incitan a venir a Bogotá D.C. Desde allá se asoma otra vez la sonrisa por las dos bolsas pequeñas de café del Huila.
No le pasa desapercibida una coincidencia: es abril. Sabe lo del 9 de abril de 1948 por su lectura de Vivir para contarla. Las memorias de Gabriel García Márquez. Piensa en el episodio de centenares de personas, incendios, muebles destrozados, viviendas, en su novela La edad de hierro. Ahora sale de la terminal y ha oscurecido. Un viento frío ronda y en medio del silencio las turbinas de los aviones. Se ajusta la cazadora de cuero negro con las nubes del uso en las mangas.
Lo conducen al hotel en el barrio viejo de La Candelaria. Enfrente está el palacio de San Carlos. Le muestran la ventana por la que saltó el Libertador, escaso de ropas y sin botas, para huir de los conspiradores. La historia de América en tantas ocasiones a punto de la tragedia o en la cuerda floja de la comedia.
El conserje de turno en la recepción le pregunta: ¿Cómo pronuncio su nombre, Mr. Coetzee?
En la habitación, mientras recorre con los ojos el techo de la catedral, los tejados, siente el mordisco del helaje adentro de la garganta. Su intérprete, el profesor Fernando Cuevas de la Universidad Central, llama al médico. El breve tiempo entre los saludos de bienvenida y las preguntas del clínico causan pudor. Pronto se despeja el temor de los brotes de gripa aviar en China y un diagnóstico preciso indica el tratamiento adecuado. Hay que esperar.
Una luz solar con brillo despeja la neblina de los cerros, seca la humedad y entibia el aire. J. M. Coetzee decide su menú vegetariano y sigue la prescripción médica: descansar. Poco a poco regresa el bienestar y desaparecen las incertidumbres. Atenderá la lectura de un texto de ficción inédito a las seis y media de la tarde, irá media hora antes para saludar al rector de la Universidad Central, saldrá al día siguiente a conocer algo de las afueras, la sabana. Sí. Podrá cumplir.
Alcanza a ver fugazmente parte del sueño de la Central y la Tadeo Lozano, convertir la calle 22 en un corredor cultural. Cuatro teatros, una sala de conciertos, una galería, una plazoleta, las esculturas de Carbonell, una sala de exposiciones, la conmovedora casa del Abanderado, la quinta de Bolívar, y los cerros. Quieren evitar que Coetzee vea las horripilantes cajas con plantas indecisas que dañan la carrera Séptima. Esperan que la estética del realismo sucio del alcalde retorne a la dignidad de la pobreza.
A una sala austera de más de mil butacas en la que se percibe la respiración expectante de los asistentes hace su entrada Coetzee. Se ha puesto su traje oscuro y su corbata de profesor. Camina firme, sin titubeos, y quienes lo tienen de perfil miran su cabello blanco, la frente amplia, la nariz fina y los ojos de un azul manso muchas veces escondiéndose.
Por estos tiempos los escenarios imitan las salas de las casas donde se conversa. Un sofá y dos sillones. Un atril discreto.
El rector, descendiente de profesores de griego y de pintores, y de su propio insomnio que gasta en clasificar pájaros y cucarrones, en armar modelos de buques en botellas y leer, quien trazó líneas para resolver las contradicciones de una Universidad Nacional en un país centralista, lo recibe con la bella metáfora de porque en estos países los poderes de la imaginación tienen más destino que los delirios de caudillos autoritarios.
Coetzee lee una inolvidable historia de una mujer, su hijo, los gatos y un bobo. El tono, las modulaciones, las expresiones en español, devuelven a los asistentes el olvidado goce de oír leer cuentos y novelas. Vaya con dios.
Aún quedan energías y el escritor de Sudáfrica que obtuvo el Nobel en 2003 concurre a un coctel. Allí saludó a estudiantes y profesores que escribieron ensayos sobre sus novelas. Potdevin, Montoya, Gaviria, Peña Gutiérrez, Restrepo, Cardona, Godoy, Salgado.
Vuelve al hotel. Entre bambalinas se discute la salida a la sabana y la multitudinaria marcha por la paz que se anuncia. Abril, piensa Coetzee con García Márquez y olvida a Eliot: abril es el mes más cruel.
Otra mañana luminosa. A las nueve Coetzee, puntual, se sube al carro que incierto busca una manera de salir de La Candelaria. A la marcha han venido gentes de diversas regiones. Indios, campesinos, sufridores de la violencia sin fin. ¿Por qué estas tierras parecen predispuestas a celebrar el fracaso? El automóvil toma atajos sin resultados. En las aceras pequeños fogones calientan los desayunos de caminantes que no han dormido: caminaron por días para llegar a la capital y su sordera inmemorial.
Dos horas en rutas imprevistas dejan al escritor ver barrios, zonas, gentes de diversa condición. Pasan el puente sobre el río Bogotá y un aroma a podredumbre antigua despierta su curiosidad. En la ribera lo espera el profesor Joaquín Molano: toda una vida estudiando la sabana, sus transformaciones de millones de años, de altiplanicie a sabana, los pastos y árboles, las flores. Le precisa las que vinieron de Sudáfrica. Muestra las mariamulatas del Caribe, y de Enrique Grau, que ahora saltan de las cercas de alambre a los árboles.
Pronto se llega a Tenjo. La plaza con espléndidos cauchos sabaneros una muestra de las poblaciones de la conquista española. Desde el otro lado llega el himno nacional y un altavoz rememora el nueve de abril. Liberales gaitanistas los habitantes de Tenjo. Alguien relata que así ocurre en Santa Cruz de Mompox, donde unos inmigrantes italianos, los de Filippo, desde 1949 en su casa a la orilla del río, ponen en la calle los equipos de sonido para oír los discursos de Jorge Eliécer Gaitán.
Coetzee oye con inamovible respeto. A veces se marcan los cauces en el rostro de sus setenta y tres años.
Entonces el historiador y la historiadora del municipio lo conducen a la iglesia. Le muestran con orgullo los Vásquez y Ceballos que aún cuelgan, los que no se han robado. La insistencia en lo doloroso de las imágenes de la virgen. Isaías Peña le explica una placa en piedra donde el poder civil se entrega a un culto determinado en plena república.
J. M. Coetzee tiene ánimo para caminar. La historiadora conduce al grupo al mirador de Tenjo. Una preciosa visión sobre la sabana, las colinas y las toldas de plástico de los cultivadores de flores. Le cuenta la hermosa leyenda de amor que dio forma a la colina. En lo que denominó la roca le explicó cómo las líneas grabadas eran una prueba de los ovnis. Un revuelto así de leyenda y ciencia futurista, más el aire limpio y ligero, despierta el hambre. Unas personas que rememoran la muerte de Jorge Eliécer Gaitán se despiden de un escritor que comprende, como pocos, la anomalía del mundo, su injusticia.
En un recodo de la carretera está la casa de Natalia Schönwald. El huerto sin químicos y el ámbito sabanero de la vivienda son suficientes.
Avanza la tarde con luz espléndida. Después del almuerzo, cuando ya se ha señalado la cercanía de Zipaquirá para mostrarle a Coetzee el lugar frío donde García Márquez leyó tanto piedracelismo, se sale a la huerta a tomar el café y las aguas de hierba.
Los acompañantes se quitan los zapatos y danzan sobre la hierba, arrojan las imposiciones del prestigio y la autoridad, reivindican la amistad de los libros que leyeron y saltan y se ríen. Maestros y alumnos. Coetzee se recuesta a la pared de la casa. Los mira. Observa las colinas. Apoya la cabeza y una secreta plenitud que borra las arrugas de sus mejillas lo posee. Ha llegado. Ahora está aquí.
Los editores en Colombia de Coetzee lo han invitado a una comida. Coincide con el deseo de él de conocer a algunos escritores de Colombia.
La marcha ha vencido las provocaciones al desmadre y Bogotá D.C. está tranquila. En un tercer piso de temperatura confortable se acomodan los invitados. La fraterna actitud de Alberto Ramírez y la complicidad vegetariana de Helena Gómez, completan el encuentro.
Se habla de ciclismo, de traducciones al español y el escritor siempre sin énfasis interviene.
Dos comensales, por azar, comemos la pasta vegetariana que Coetzee pide. Él no resiste al aroma del bloque de parmesano que rayan encima de la pasta. Enfrente están Fernando Gómez y Jorge Franco. Ambos con el desparpajo de la juventud hablan sin temores. La penumbra ayuda.
Fernando le pregunta: ¿Qué está leyendo?
Levanta la vista del plato y le dice que lee a Von Kleist. Entre unos y otros le contamos que en la colección de Señal que Cabalgamos de la Universidad Nacional el filósofo Luis Guillermo Hoyos lo ha traducido. Después, inevitable, hablamos de Michael Kohlhaas el criador de caballos.
Los muchachos insisten y le inquieren por otras lecturas. Dice que Robert Walser. Precisa que no es Martin.
La aceptación de esta intimidad permite a Jorge preguntarle por su procedimiento de escritura. Refiere que tiene una libreta en la cual anota aquello que no debe ser olvidado. Y un cuaderno en el cual escribe, completas, sus novelas, sus libros. Después los transcribe en el ordenador. Los manuscritos, dice, están en la Universidad de Texas.
Ahora solo escribe textos de ficción cortos y ensayos sobre otros escritores.
¿Qué atrae a los escritores que se empeñan en la renovación a leer a los europeos del Este?
Marianne Ponsford con su sonrisa de ángel travieso le ha hablado. Es posible que un texto esté hoy en sus manos.
La noche avanza y la dueña del restaurante se acerca con un libro, en un plato, para pedirle un autógrafo al escritor.
Sin apremios el amanecer avanza.
El proyecto de ir al Museo del Oro se cumple. Almuerzan en el buen restaurante del museo.
La guía de la visita ilustrada y amable. Al concluir Coetzee, contento con el recorrido, reflexiona. La encargada de mostrar salas y piezas todo el tiempo habló de los artífices y orfebres llamándolos ELLOS. Relató con delicadeza su visita a México y allí eran NOSOTROS. Esto lo llevó a hablar sobre la identidad. Contó las migraciones en su país, los genocidios y concluyó que en ese revuelto de buenos y malos uno no puede escoger sino que es una herencia completa de la cual venimos para mal y para bien.
Se apresta para recibir en la noche el doctorado honoris causa en humanidades que le otorgaría la Universidad Central. Enseguida leería su conferencia sobre la censura. Así fue. La censura como experiencia de vida y sus consecuencias en el lenguaje y la confianza entre los seres. Contó la tremenda experiencia del momento en que desclasificaron los conceptos de los censores.
Antes de salir recibió el libro con las ponencias sobre su obra leídas durante esos días.
Se siente bien Coetzee.
Desayuna y va hasta la Casa de Los Precursores de la Universidad, donde firma libros.
Mariana Guhl, la nieta del geógrafo, lo convida a montar bicicleta en esta altura. Pedalean desde la calle 24 hasta la Plaza de Bolívar.
Se acercan a la donación Botero del Banco de la República. Observa sin prisa.
La tarde se nubla y habrá que salir al aeropuerto. Destino: Santiago de Chile.
Otra vez el avión. La palpable lejanía. Los libros que serán leídos. Recordará a Neruda: Lo primero que vi fueron árboles, barrancas decoradas con flores de (…).

sábado, 27 de enero de 2018

García Márquez / Bogotá 1947


El joven Gabriel García Márquez

Bogotá 1947


GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
BIOGRAFÍA
21 OCT 1981


En aquella época todo el mundo era joven. Pero había algo peor: a pesar de nuestra juventud inverosímil, siempre encontrábamos a otros que eran más jóvenes que nosotros, y eso nos causaba una sensación de peligro y una urgencia de terminar las cosas que no nos dejaba disfrutar con calma de nuestra bien ganada juventud. Las generaciones se empujaban unas a otras, sobre todo entre los poetas y los criminales, y apenas si uno había acabado de hacer algo cuando ya se perfilaba alguien que amenazaba con hacerlo mejor. A veces me encuentro por casualidad con alguna fotografía de aquellos tiempos y no puedo reprimir un estremecimiento de lástima, porque no me parece que en realidad los retratados fuéramos nosotros, sino que fuéramos los hijos de nosotros mismos. Bogotá era entonces una ciudad remota y lúgubre, donde estaba cayendo una llovizna inclemente desde principios del siglo XVI. Yo padecí esa amargura por primera vez en una funesta tarde de enero, la más triste de mi vida, en que llegué de la costa con trece años mal cumplidos, con un traje de manta negra que me había recortado de mi padre, y con chaleco y sombrero, y un baúl de metal que tenía algo del esplendor del santo sepulcro. Mi buena estrella, que pocas veces me ha fallado, me hizo el inmenso favor de que no exista ninguna foto de aquella tarde.

sábado, 20 de enero de 2018

Bogotá 39 / Voces para contar Latinoamérica


Bogotá 39: voces para contar Latinoamérica

La lista de autores del continente menores de 40 años que promueve el Hay Festival de Cartagena de Indias propone una ventana a lo que une y distancia a esta generación


FRANCESCO MANETTO
19 ENE 2018 - 19:45 COT




Bogotá 39: voces para contar Latinoamérica
PEP BOATELLA

Gabriel García Márquez terminó de escribir Cien años de soledad a los 39. Esa es la edad de corte establecida para la selección de talentos literarios latinoamericanos promovida por el Hay Festival y que la semana que viene se presentará en Cartagena de Indias. Hablar de esta lista, Bogotá 39, implica una suerte de ejercicio de numerología. Se trata de 39 escritores de ficción que aún no han cumplido los 40. Provienen de 15 países. Sus nombres se dieron a conocer en mayo, 10 años después de la primera edición de esta iniciativa. Representan, de alguna manera, una generación. Algunas de las mejores mentes de su generación. 39 propuestas para seguir leyendo.