Este año, por invitación de la agencia de diseño Boga participé en el proyecto:
Bogotá tu casa.
Me di mis gustos ilustrando algunas fachadas que tenía pendientes desde hace rato, fui muy feliz ilustrando este encargo.
Este año, por invitación de la agencia de diseño Boga participé en el proyecto:
Bogotá tu casa.
Me di mis gustos ilustrando algunas fachadas que tenía pendientes desde hace rato, fui muy feliz ilustrando este encargo.

La joven había sido vista por última vez en Ciudad Montes, en el sur de Bogotá, sobre las 10:00 de la mañana del pasado domingo.
Desde enero y hasta junio de 2024 en Bogotá se habían reportado 705 casos de personas dadas por desaparecidas.
Este dato generó alarma, especialmente porque la mayoría de los desaparecidos son niños, niñas y adolescentes menores de 18 años. Los adolescentes de 15 a 17 años son los más afectados, con 129 casos reportados en ese periodo, seguidos por niños de 10 a 14 años con 101 registros y adultos de 25 a 29 años, con 85 casos.
Las estadísticas oficiales muestran que, en los primeros cuatro meses del año, 19 de los desaparecidos fueron encontrados muertos, 264 fueron hallados vivos y 422 siguen sin conocerse su paradero. Los lunes son los días con más casos, acumulando 115 reportes en los primeros cuatro meses.
En este punto es importante hacer claridad que los datos presentados por Medicina Legal corresponden a reportes o denuncias que hacen los familiares ante la entidad, cuando alguno de sus familiares o allegados no aparece, por diferentes circunstancias.
Por eso, la cifra de las personas que no son halladas ni vivas ni muertas hace referencia a quienes todavía no se les ha cerrado el proceso de búsqueda y entre ellos también pueden estar quienes regresan a sus hogares y no se reporta su aparición ante las autoridades.
El fenómeno no es uniforme en toda la ciudad. Localidades como Ciudad Bolívar, Kennedy, Bosa, Suba y Santa Fe, que ya enfrentan altos índices de delitos graves como homicidios y extorsiones, presentan el mayor número de casos de desapariciones.
A pesar de la rápida difusión de estos casos, la atención y los procesos de búsqueda son complicados. La ley estipula un periodo de 72 horas antes de que se pueda reportar oficialmente una desaparición, lo que añade dificultades a las familias ya angustiadas
Sin lugar a dudar, la Universidad de los Andes es una de las instituciones educativas más prestigiosas del país y más reconocidas a nivel mundial, por esto sus matrículas tienen un alto valor, debido a que la mayoría de sus programas cuentan con la acreditación de alta calidad.
Triunfo Arciniegas en Prólogo Triunfo ArciniegasGIRA POR LIBRERÍAS BOGOTANAS4 de mayo de 2023Bella y agotadora jornada de siete horas por las librerías del norte de Bogotá, con Marco González como fotógrafo y guía. En todas encontramos exhibido MUERTAS DE AMOR. Almorzamos en 69 gauchos, donde preparan la carne con la sabiduría argentina y el tiramisú se confunde con el paraíso. De hecho, este 4 de mayo podría llamarse “el día del tiramisú”.Un bello día sin lluvia. Marco, que vino de Ecuador hace diez años, es un gran conversador y un magnífico anfitrión.La sorpresa mayor fue conocer en Prólogo a José Manuel Lleras, hijo de Margarita Valencia, mi primera editora. Tienen la misma manera de mover la cabeza y la misma sonrisa. La misma simpatía. Margarita fue nuestro tema de conversación. Prólogo era de Mauricio Lleras, el padre de José Manuel.Me emociona tanto libro nuevo y que haya lectores dispuestos a comprarlos. Porque los precios andan por las nubes. Las librerías y las bibliotecas son, para mí, los territorios de la felicidad.
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| Tornamesa |
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| Frente a Prólogo |
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| En Tornamesa 2 |
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| En Wilborada |
Los médicos de Bogotá han revelado la dramática situación que viven los hospitales de la ciudad que ya no pueden recibir más enfermos y advierten que el tercer pico de la pandemia, que completa cerca de seis semanas, ha sido el más difícil de todos.
La ciudad amaneció este miércoles 9 de junio con una ocupación de las camas de cuidados intensivos, para atender a pacientes con la covid-19, del 98,2%, lo que significa que solo quedan 40 camas disponibles.
Sin embargo, según el testimonio de los médicos, se podría decir que la ocupación está por encima del 100 % pero que, como hay rotación de camas, algunas se van desocupando y por eso no se da un reporte final de UCI completas. “Nosotros en la subred tenemos unas 123 UCI. Somos una de las más grandes a nivel nacional, y algunas se van desocupando, pero en urgencias la ocupación es total”, aseguró al diario El Tiempo el médico especialista Jhon Édison Parra Mancipe, coordinador de las unidades de cuidado intensivo (UCI) de la Subred Sur, específicamente de los hospitales Meissen y El Tunal.
Además, de acuerdo con el doctor Parra, hay preocupación por el fallecimiento de jóvenes que se están muriendo en menos de 12 horas aún sin tener alguna comorbilidad.
Los médicos viven un desgaste profundo y. si bien están acostumbrados a convivir con la muerte, esto ha representado un impacto psicológico irreparable para ellos. “Ya no estamos viendo tantos ancianos morir; lo bueno es que la inmunización sí tiene efecto, también en el personal médico. Pero ver fallecer a tantos jóvenes de forma tan temprana es terrible”, dijo el doctor Leonardo García, director del Colegio Médico de Bogotá y Cundinamarca a El Tiempo.
Además de la tensión por el aumento de los casos de coronavirus y la drástica reducción de camas para atenderlos se suma la saturación de las salas de urgencias que no dan abasto no solo con pacientes con síntomas de la covid-19 sino con otro tipo de padecimientos. Según el doctor Parra, hay espacios donde se están requiriendo camas para 30 o 40 pacientes solo hay tres y, de acuerdo con el doctor García, la situación es crítica en Clínicas como Marly y San Rafael donde la sobreocupación de las salas de urgencias es del 331 % y 400 % respectivamente.
Otra difícil situación que se suma a los problemas por los que está pasando el sistema de salud bogotano tiene que ver con los insumos médicos y la escasez de los mismos. De acuerdo con los médicos, si bien la red pública mantiene todavía inventario, los bloqueos han frenado la entrada de muchos de los medicamentos lo que genera incertidumbre en el caso en que se acaben y no haya con qué atender a los pacientes.
Ante la sobrecarga personal, mental y psicológica, muchos médicos han decidido retirarse de su profesión o incluso reducir las horas de trabajo debido a que están sufriendo de un desgaste total.
De acuerdo con el diario El Tiempo, antes de la pandemia, los médicos trabajaban entre 46 a 60 horas a la semana en diferentes trabajo, sin embargo, las jornadas se han reducidos y muchos de ellos entran en crisis y deciden retirarse por temor a afectar a sus familiares o círculos sociales. “La muerte desgasta, por más de que estemos acostumbrados a ella”, lamentó Parra.
Además, los médicos han tomado la decisión de abandonar sus carreras también por la misma indolencia e irresponsabilidad de la gente. “Uno no entiende cómo en medio de una de las pandemias más críticas de la historia hay gente que sale a protestar sin tapabocas, sin distancia, sin lavado de manos. No queremos que nos llamen héroes, pero sí que valoren nuestro esfuerzo porque la vocación se desgasta”, afirmó Parra.
Para los médicos no hay salida. solo esperan seguir cumpliendo con el sistema de priorización de sus pacientes y que el plan de vacunación avance con mayor velocidad
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| María Osorio inició con el proyecto de Babel en 2001, inicialmente sería una distribuidora pero posteriormente pasó a ser librería y editorial. Foto: Semana |
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| Bogotá |
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| J.M. Coetzee |
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| El joven Gabriel García Márquez |
En aquella época todo el mundo era joven. Pero había algo peor: a pesar de nuestra juventud inverosímil, siempre encontrábamos a otros que eran más jóvenes que nosotros, y eso nos causaba una sensación de peligro y una urgencia de terminar las cosas que no nos dejaba disfrutar con calma de nuestra bien ganada juventud. Las generaciones se empujaban unas a otras, sobre todo entre los poetas y los criminales, y apenas si uno había acabado de hacer algo cuando ya se perfilaba alguien que amenazaba con hacerlo mejor. A veces me encuentro por casualidad con alguna fotografía de aquellos tiempos y no puedo reprimir un estremecimiento de lástima, porque no me parece que en realidad los retratados fuéramos nosotros, sino que fuéramos los hijos de nosotros mismos. Bogotá era entonces una ciudad remota y lúgubre, donde estaba cayendo una llovizna inclemente desde principios del siglo XVI. Yo padecí esa amargura por primera vez en una funesta tarde de enero, la más triste de mi vida, en que llegué de la costa con trece años mal cumplidos, con un traje de manta negra que me había recortado de mi padre, y con chaleco y sombrero, y un baúl de metal que tenía algo del esplendor del santo sepulcro. Mi buena estrella, que pocas veces me ha fallado, me hizo el inmenso favor de que no exista ninguna foto de aquella tarde.
