Mostrando entradas con la etiqueta Tony Judt. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tony Judt. Mostrar todas las entradas

sábado, 11 de enero de 2025

Antonio Muñoz Molina / La ética de la prosa


El escritor irlandés Colm Tóibín, en Edimburgo en 2017. SIMONE PADOVANI



Ética de la prosa

De siglos de oscurantismo nos ha quedado una propensión a la palabrería irresponsable disfrazada de brillos literarios


Antonio Muñoz Molina

En el último número de la London Review of Books viene un largo ensayo de Colm Tóibín que corta el aliento. Está escrito en una prosa tan sobria como la de un informe, como la de uno de los informes médicos que Tóibín habrá leído a lo largo de los meses de la enfermedad que cuenta el ensayo. Un día, en medio de las tareas habituales de la vida, empezó a notar un dolor, poco más de una molestia, una hinchazón en un testículo. Era una incomodidad tan trivial que Tóibín la atribuyó al principio al roce de las llaves que llevaba en el bolsillo. Al poco tiempo se encontró con un diagnóstico de cáncer, y empezó un largo calvario de esperas angustiadas de análisis, estancias en el hospital, sesiones de quimioterapia. El dolor físico, la debilidad extrema alientan una desolación abismal, agravada sin duda por la soledad, porque Tóibín está en Dublín y su compañero en Los Ángeles. Con una lucidez que en ningún momento deriva hacia la autocompasión o el sentimentalismo, el enfermo da cuenta de sus síntomas y de los efectos devastadores de la medicación. Yo leía y me acordaba de una canción tenebrosa de Lou Reed en Magic and Loss, un disco tardío dedicado a la enfermedad y la muerte de un amigo: “To cure you they must kill you”. Para curarse o al menos para no perder toda esperanza, Tóibín ha de someterse a un tormento que ya es en sí mismo una completa agonía de inhumana duración, al dolor crudo que no parece posible seguir sufriendo un solo minuto más y a las diversas humillaciones que vuelven más amarga la enfermedad aunque no la hagan más grave, la pérdida del pelo, la del sentido del gusto, que vuelve de repente desagradable y ajeno cualquier alimento.

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Fueron libros del año / 2007 - 2020

FUERON LIBROS DEL AÑO...

2020. Un amor. Sara Mesa.  Tusquets.2019. Lluvia fina. Luis Landero. Tusquets.

2019. Lluvia fina. Luis Landero. Tusquets.

LOS MEJORES LIBROS DE  2019

2018. Ordesa. Manuel Vilas. Alfaguara.

LOS MEJORES LIBROS DE 2018

Vea aquí el especial de 2018

2017. Berta Isla. Javier Marías. Alfaguara.

Vea aquí el especial de 2017

2016. Manual para mujeres de la limpieza. Lucia Berlin. Alfaguara.

LOS MEJORES LIBROS DE 2016

Vea aquí el especial de 2016

2015. Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación Ricardo Piglia. Anagrama.

Vea aquí el especial de 2015

LOS MEJORES LIBROS DE 2015

2014. Así empieza lo malo. Javier Marías. Alfaguara.

Vea aquí el especial de 2014

LOS MEJORES LIBRSO DE 2014

2013. En la orilla. Rafael Chirbes. Anagrama.

Vea aquí el especial de 2013

LOS MEJORES LIBROS DE 2013

2012. Pensar el siglo XX. Tony Judt. Taurus.

Vea aquí el especial de 2012

LOS MEJORES LIBROS DE 2012

2011. Los enamoramientos. Javier Marías. Alfaguara.

Vea aquí el especial de 2011

2010. Verano. J. M. Coetzee. Literatura Random House.

2009. Anatomía de un instante. Javier Cercas. Literatura Random House.

LOS MEJORES LIBROS DE 2009


2008. Chesil Beach. Ian McEwan. Anagrama.

2007. Vida y destino. Vasili Grossman. Galaxia Gutenberg.



viernes, 24 de enero de 2020

Tony Judt y los maníacos de la pureza

Agosto de 1944: la liberación de París.
Agosto de 1944: la liberación de París.


Tony Judt y los maníacos de la pureza

La obra del historiador británico sobre los intelectuales franceses de posguerra desmonta el falso brillo de los grandes conceptos


José Andrés Rojo
29 de enero de 2015

Esa definición, “maníacos de la pureza”, no es del historiador británico Tony Judt sino del periodista y escritor católico François Mauriac. La utilizó para referirse a Emmanuel Mounier, el fundador del personalismo, y a su grupo de la revista Esprit, pero sirve también para calificar a los intelectuales que empezaron a tener una importancia capital en Francia a partir del final de la Segunda Guerra Mundial y que, de alguna manera, establecieron un modelo, unas pautas, un estilo de colocarse frente a la sociedad, de encarnar la opinión pública, de comprometerse con la marcha del mundo. Se pronunciaban sobre todo, tenían una idea de cada cosa, pontificaban exhibiendo una retórica seductora y brillante. Fueron una suerte de sacerdotes laicos en una Europa donde, tras la inmensa catástrofe de dos guerras mundiales, parecía evidente que las viejas religiones (¿dónde estuvo Dios?) tenían ya poco que decir ante una muchedumbre de desdichados que ya sólo sabían del dolor, la perdida, la humillación, la destrucción, el horror y la muerte.

lunes, 16 de diciembre de 2019

Los 25 mejores libros del siglo XXI / Tony Judt / Postguerra



Los 25 mejore

libros

del siglo XXI

No 17

Tony

Judt


POSTGUERRA

Europa, una historia total


Santos Juliá
4 de noviembre de 2006


El británico Tony Judt traza una panorámica del continente tras la Segunda Guerra Mundial desde tres ángulos distintos: el repliegue político, provocado por el ocaso de sus potencias mundiales; el enfriamiento del fervor político de la Revolución Francesa y del marxismo, y, por último, su conversión en un foco de atracción para individuos y países enteros.

Asegura Tony Judt (Londres, 1940) al comienzo de esta apasionante historia que él no tiene un gran argumento que contar ni una gran teoría que exponer. En realidad, hace ya dos o tres décadas que nadie los tiene: el fin de los "treinta gloriosos" a mediados de la década de 1970 y la caída del socialismo real a finales de los ochenta arrasaron los relatos sostenidos en grandes teorías y en visiones unilineales de la historia. En su lugar, sin embargo, Judt tiene varías líneas argumentales que desarrollar: como ocurre con la misma Europa que, como el zorro, sabe muchas cosas, el autor de este libro tampoco quiere ser como el erizo, que sólo sabe una.

Tony Judt / La contundencia de un moralista



Tony Judt


Tony Judt 

La contundencia de un moralista

La reunión de sus artículos más políticos recupera todo el abanico de preocupaciones del autor de ‘Postguerra’


José Andrés Rojo
25 de mayo de 2015





El escritor Tony Judt.
El escritor Tony Judt. LUIS MAGÁN

Cuando los hechos cambian se inicia con la crítica que Tony Judt publicó en el New York Review of Books en mayo de 1995 de la Historia del siglo XX, de Eric Hobsbawm. Es una buena introducción porque pone sobre la mesa cuestiones que importan para entender al autor de Postguerra. Una de ellas es su interés por lo que pasó durante el siglo XX en la Europa del Este. A los habitantes de esa zona les tocó sufrir dos calamidades, la que desencadenaron los nazis y la que montaron los comunistas. La astucia de Stalin consistió en recuperar en los años treinta el buen nombre de su causa cuando apoyó a la República española frente al golpe de los militares rebeldes y sus amigos falangistas. Para Hobsbawm, cuenta Judt, aquélla fue “la única causa política que, incluso en retrospectiva, se nos aparece tan pura y atrayente como lo fue en 1936”. Y, sin embargo, es justo esa fascinación la que le impide a Hobsbawm no sólo analizar “el uso que hizo Stalin del conflicto español”, sino ni siquiera abordar cómo aquella unidad antifascista “contribuyó a forjar una nueva imagen del comunismo internacional después de los desastres militares, económicos y estratégicos de sus dos primeras décadas”. Y afirma: “Si queremos comprender el siglo XX, esa radical remodelación del comunismo (que se repitió en una clave menor después de 1943) necesita ser valorada”.

Tony Judt / Trenes que nunca volveré a coger


Tony Judt

Trenes que nunca volveré a coger


El historiador Tony Judt iniciaba una serie en EL PAÍS del 17 de enero de 2010 dedicada a explicar su trastorno neuromotor, que describió como "una prisión progresiva sin fianza". La serie se cierra con este artículo en el que reflexiona sobre el sentido de las regiones, las distancias y los contrastes en Europa, a vista de tren y de las grandes estaciones que tanto le gustan

TONY JUDT
7 de febrero de 2010


Según el teórico literario René Girard, los seres humanos deseamos e incluso amamos aquello que aman también otros. Yo no puedo confirmarlo por experiencia personal; tengo una trayectoria de deseos frustrados de objetos y mujeres que estaban claramente fuera de mi alcance, pero no interesaban especialmente a nadie más. Sin embargo, existe una esfera en mi vida en la que, por inverosímil que parezca, la teoría del deseo mimético de Girard podría adaptarse perfectamente a mi experiencia: si por mimético queremos decir mutuo y simétrico -más que hablar de imitación y competencia-, entonces puedo dar fe de que su proposición tiene credibilidad. Yo adoro los trenes, y ellos siempre me han adorado a mí.

Tony Judt / Historiador y experto en cuestiones europeas


Tony Judt


Tony Judt

Historiador y experto en cuestiones europeas

Su crónica 'Posguerra' es un análisis monumental del continente desde 1945



David Alandete
7 de agosto de 2010

Tony Judt, uno de los historiadores e investigadores de la Europa de finales del siglo XX más respetados en su profesión, falleció este viernes en su residencia de Nueva York, según confirmó la Universidad de Nueva York, para la que trabajaba como profesor. Tenía 62 años y había padecido, durante casi dos años, los devastadores efectos de la enfermedad de Lou Gehrig, o esclerosis lateral amiotrófica.
Judt nació en el seno de una familia judía de Reino Unido en 1948. En su juventud vivió en un kibutz en Israel. La experiencia en la granja colectiva constituyó una etapa importante de su formación y le marcó como sionista de izquierdas durante algunos años. Llegó a servir como conductor voluntario en la Guerra de los Seis Días que enfrentó a Israel con la coalición de países árabes en 1967.

Tony Judt / Noche


Tony Judt


Prisionero en su propio cuerpo

Noche


Cada vez se descubren más casos de esclerosis lateral amiotrófica. Al prestigioso historiador británico Tony Judt, 61 años, le han diagnosticado esa enfermedad. Está paralizado de cuello para abajo. Le cuesta tragar, hablar, sujetar la mandíbula. Necesita ayuda para todo. Pero sigue lúcido, lo que le permite asistir día a día a su proceso degenerativo. Este brillante profesor de la Universidad de Nueva York, especializado en cuestiones europeas, relata aquí su experiencia, que describe como una prisión progresiva sin fianza. En España, más de 6.000 personas sufren esta enfermedad neurodegenerativa incurable

TONY JODT
17 de enero de 2010

Padezco un trastorno neuromotor, en mi caso una variante de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA): la enfermedad de Lou Gehrig. Los trastornos neuromotores no son raros, ni mucho menos: es un término que engloba la enfermedad de Parkinson, la esclerosis múltiple y una variedad de enfermedades de menor gravedad. Los rasgos distintivos de la ELA -la menos habitual de esta familia de enfermedades neuromusculares- son que no hay pérdida de sensación (lo cual tiene sus ventajas y sus desventajas) y que no hay dolor. Por consiguiente, al contrario que en casi cualquier otra enfermedad grave o mortal, aquí uno tiene la posibilidad de contemplar a sus anchas y con unas incomodidades mínimas el catastrófico avance de su propio deterioro.

viernes, 26 de abril de 2019

Antonio Muñoz Molina / Ética de la prosa

Colm Tóibín


Ética de la prosa

De siglos de oscurantismo nos ha quedado una propensión a la palabrería irresponsable disfrazada de brillos literarios



Antonio Muñoz Molina
26 de abril de 2019

Primo Levi
Ilustración de T.A.
En el último número de la London Review of Books viene un largo ensayo de Colm Tóibín que corta el aliento. Está escrito en una prosa tan sobria como la de un informe, como la de uno de los informes médicos que Tóibín habrá leído a lo largo de los meses de la enfermedad que cuenta el ensayo. Un día, en medio de las tareas habituales de la vida, empezó a notar un dolor, poco más de una molestia, una hinchazón en un testículo. Era una incomodidad tan trivial que Tóibín la atribuyó al principio al roce de las llaves que llevaba en el bolsillo. Al poco tiempo se encontró con un diagnóstico de cáncer, y empezó un largo calvario de esperas angustiadas de análisis, estancias en el hospital, sesiones de quimioterapia. El dolor físico, la debilidad extrema alientan una desolación abismal, agravada sin duda por la soledad, porque Tóibín está en Dublín y su compañero en Los Ángeles. Con una lucidez que en ningún momento deriva hacia la autocompasión o el sentimentalismo, el enfermo da cuenta de sus síntomas y de los efectos devastadores de la medicación. Yo leía y me acordaba de una canción tenebrosa de Lou Reed en Magic and Loss, un disco tardío dedicado a la enfermedad y la muerte de un amigo: “To cure you they must kill you”. Para curarse o al menos para no perder toda esperanza, Tóibín ha de someterse a un tormento que ya es en sí mismo una completa agonía de inhumana duración, al dolor crudo que no parece posible seguir sufriendo un solo minuto más y a las diversas humillaciones que vuelven más amarga la enfermedad aunque no la hagan más grave, la pérdida del pelo, la del sentido del gusto, que vuelve de repente desagradable y ajeno cualquier alimento.

viernes, 27 de julio de 2018

Antonio Muñoz Molina / Postguerra / Lecciones de historia




Soldados británicos ayudan a la reconstrucción de edificios tras la Segunda Guerra Mundial.
Soldados británicos ayudan a la reconstrucción de edificios tras la Segunda Guerra Mundial. HULTON DEUTSCH / CORBIS / GETTY IMAGES

Lecciones de historia

El único libro contemporáneo que se mide con obras como 'Guerra y paz' no es una novela, sino 'Postguerra', de Tony Judt

ANTONIO MUÑOZ MOLINA
27 JUL 2018 - 17:10 COT

Las largas duraciones lectoras son uno de los privilegios del verano: las ficciones que abarcan la anchura y la complejidad del mundo. Yo recuerdo muchos veranos por las novelas que he leído mientras descansaba de obligaciones exteriores, o cuando mi propio trabajo no me absorbía tanto como para no tener comprometida del todo la imaginación. El esfuerzo riguroso de imaginación que exige la lectura de una novela no es mucho menor del que requiere su escritura. Tal vez por eso el que ronda la invención de una historia o ya está seriamente envuelto en ella siente que se le debilita el deseo de leer ficciones. Es casi un instinto defensivo: leer una novela muy buena desmoraliza al que se encuentra en las primeras fases de un empeño que puede no llegar a nada, o quedarse en un logro mediocre.

jueves, 27 de diciembre de 2012

‘Pensar el siglo XX’, de Tony Judt / Libro del año en ‘Babelia’

 


‘Pensar el siglo XX’, de Tony Judt, libro del año en ‘Babelia’

El historiador británico encabeza una lista confeccionada por más de medio centenar de votantes que se publica mañana


27 de diciembre de 2012


Un filósofo que enseña mediante ejemplos. Eso era un historiador para uno de los maestros de la historiografía contemporánea, Tony Judt, cuya obra póstuma Pensar el siglo XX ha sido elegida libro del año por críticos y periodistas de Babelia, suplemento cultural de EL PAÍS. Ese ensayo encabeza una lista confeccionada por más de medio centenar de votantes que se publica mañana.

Editado por Taurus con traducción de Victoria Gordo del Rey, Pensar el siglo XX reúne las conversaciones que el ensayista británico mantuvo en 2009 con su colega Timothy Snyder, que define el resultado como “un libro de historia, una biografía y un tratado de ética”. Tres meses después de que diagnosticaran a Judt la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que fue minando sus fuerzas hasta matarlo en 2010, Snyder le propuso repasar los hechos e ideas de la centuria a la que había dedicado su vida. El hijo de una familia de emigrantes judíos del Este de clase media-baja que terminó dando clases en Cambridge, Berkeley, Oxford y Nueva York se había consagrado mundialmente en 2005 con el monumental Postguerra. En sus casi 1.000 páginas, el gran público descubrió tanto el rigor de sus investigaciones como la lucidez de sus opiniones, dotes intelectuales que para José-Carlos Mainer —que mañana analiza en Babelia el legado de Judt— se resumen en “la vehemencia y la brillantez expresivas, la capacidad de evocación de lo concreto y revelador, la legítima soberbia de quien puede ser osado o impertinente, pero sin rozar la autosuficiencia o la pedantería”.

El Holocausto, el comunismo,el 68 o la caída del muro de Berlín atraviesan Pensar el siglo XX igual que atravesaron la existencia de su autor. Con todo, pensar el siglo pasado no es más que una forma de pensar este. Como recuerda Mainer, pese a Auschwitz, el Gulag, Bosnia o el 11-S, lo esencial de los últimos 100 años no fueron para Judt las guerras sino los debates que desembocaron en Estados democráticos fuertes. Algo cuya supervivencia, vista la crisis actual, no está del todo asegurada. En 2012, sostiene Mainer, hubo otros libros “excelentes”, pero “ninguno nos habla tan claramente de la estirpe rahez del poder financiero y de la estupidez de sus corifeos políticos y periodísticos, dedicados al resignado masoquismo (los sacrificios nos harán dignos de la felicidad futura) y al cuidadoso desmantelamiento de aquello que, desde hace más de 100 años, tanto ha contribuido a la libertad y la dignidad de los seres humanos”.

EL PAÍS




jueves, 10 de junio de 2010

Tony Judt / Israel sin clichés



Tony Judt

Israel sin clichés

Las críticas a los actos de fuerza del Gobierno de Israel, procedentes cada vez más de judíos, no están motivadas por el antisemitismo. El abuso de este calificativo es peligroso para la memoria del Holocausto


Tony Judt
10 de junio de 2010

Nº 1. Israel está siendo/debería ser deslegitimado. Israel es un Estado como cualquier otro, establecido hace tiempo e internacionalmente reconocido. El mal comportamiento de sus Gobiernos no lo "deslegitima", no más que el mal comportamiento de sus gobernantes a Corea del Norte, Sudán -o Estados Unidos-. Cuando Israel quebranta la ley internacional, debiera ser presionado; precisamente porque es un Estado sometido a la ley internacional podemos exigírselo.
Algunos críticos de Israel están motivados por el deseo de que no existiera -de que, de algún modo, sencillamente desapareciera-. Pero esa es la política del avestruz: los nacionalistas flamencos sienten lo mismo respecto de Bélgica, o los separatistas vascos respecto de España. Israel no va a desaparecer, ni debiera hacerlo. En cuanto a la campaña oficial israelí que trata de desacreditar cualquier crítica como un ejercicio de "deslegitimación", resulta singularmente contraproducente. Cada vez que Jerusalén reacciona de esa manera se acentúa su aislamiento.


Israel es una democracia dominada y a menudo gobernada por antiguos soldados profesionales
Si los palestinos renuncian a la resistencia, ¿qué pueden llevar a la mesa de negociación?

Nº 2. Israel es/no es una democracia. Quizá la defensa más común de Israel fuera del país es que es "la única democracia de Oriente Próximo". Esto es en gran parte verdad: el país tiene leyes fundamentales, una judicatura independiente y elecciones libres, aunque también discrimina a los no judíos de un modo que le distingue de otras democracias actuales. Expresar una fuerte discrepancia de la política oficial es allí, cada vez más, algo desaconsejado. Pero este aspecto es irrelevante. "Democracia" no es garantía de buen comportamiento: la mayoría de los países son hoy formalmente democráticos. Israel desmiente el cómodo cliché americano de que "las democracias no hacen la guerra". Es una democracia dominada y a menudo gobernada por antiguos soldados profesionales: solo esto la distingue de otros países avanzados. Y no debemos olvidar que Gaza es otra "democracia" en Oriente Próximo: fue debido a que Hamás ganó allí unas elecciones libres en 2005 por lo que tanto la Autoridad Palestina como Israel reaccionaron con tanta vehemencia.
Nº 3. Israel es/no es el culpable. Israel no es el responsable de que durante bastante tiempo muchos de sus vecinos le denegaran su derecho a existir. La sensación de asedio no debe subestimarse a la hora de interpretar el carácter delirante de muchas de las declaraciones israelíes.
No resulta sorprendente, por tanto, que el Estado haya adquirido algunos hábitos patológicos. El más perjudicial es su habitual recurso a la fuerza. Dado que eso ha funcionado durante tanto tiempo, a Israel le resulta difícil considerar otras formas de respuesta. Y el fracaso de las negociaciones de Camp David en 2000 reforzó su creencia en que "no hay nadie con quien hablar".
Pero sí lo hay. Como reconocen en privado algunas autoridades norteamericanas, tarde o temprano Israel (o alguien) tendrá que hablar con Hamás. Desde la Argelia francesa hasta el IRA Provisional, pasando por Sudáfrica, la historia se repite: el poder dominante les niega legitimidad a los "terroristas", lo cual fortalece a estos; luego negocia en secreto con ellos; finalmente les concede poder, independencia o un asiento en la mesa. Israel negociará con Hamás: la pregunta es por qué no ahora.
Nº 4. Los palestinos son/no son los culpables. Abba Eban, antiguo ministro de Asuntos Exteriores israelí, mantenía que los árabes nunca pierden la oportunidad de perder una oportunidad. No estaba del todo equivocado. La postura negacionista de los palestinos desde 1948 hasta los primeros ochenta hizo muy poco en su favor. Y Hamás, asentado en esa tradición, aunque de modo más auténticamente popular que sus predecesores, tendrá que reconocer el derecho de Israel a existir.
Pero desde 1967 ha sido Israel quien ha perdido más oportunidades: una ocupación de 40 años (contra el consejo de sus propios y más veteranos estadistas); tres catastróficas invasiones del Líbano; una invasión y bloqueo de Gaza en contra de la opinión mundial; y ahora un ataque chapucero a civiles en aguas internacionales. A los palestinos les resultaría difícil igualar semejante cúmulo de errores garrafales.
El terrorismo es el arma de los débiles -el bombardeo de objetivos civiles no fue un invento de los árabes (ni de los judíos, que comenzaron a practicarlo antes de 1948)-. Moralmente indefendible, ha caracterizado a los movimientos de resistencia durante al menos un siglo. Israel tiene razón en insistir que cualesquiera conversaciones o acuerdos dependerán de que Hamás se comprometa a renunciar a él.
Pero los palestinos se enfrentan al mismo interrogante que cualquier otro pueblo oprimido: todo lo que tienen para oponerse a un Estado establecido que ejerce el monopolio del poder es el rechazo y la protesta. Si conceden de antemano cada exigencia israelí (renuncia a la violencia, aceptación de Israel, reconocimiento de todas sus pérdidas), ¿qué van a llevar a la mesa de negociación? Israel tiene la iniciativa, por lo que debiera hacer uso de ella.
Nº 5. El lobby pro-Israel es/no es el culpable. Hay un lobby a favor de Israel en Washington y hace muy bien su trabajo. Quienes afirman que el lobby israelí es injustamente descrito como "demasiado influyente" (una excesiva influencia judía entre bastidores) tienen razón: el lobby de las armas, el lobby petrolero y el lobby bancario han hecho todos ellos mucho más daño a la salud del país. Pero el lobby israelí es influyente de un modo desproporcionado. Si no, ¿por qué una aplastante mayoría de congresistas se pliega ante toda moción a favor de Israel? Una cosa es denunciar la excesiva presión de un lobby y otra bien distinta es acusar a los judíos de "dirigir el país". No debemos autocensurarnos por miedo a que la gente equipare ambas cosas. En palabras de Arthur Koestler: "Este miedo a encontrarse en malas compañías no es una expresión de pureza política; es una expresión de la falta de confianza en uno mismo".
Nº 6. La crítica a Israel está/no está relacionada con el antisemitismo. El antisemitismo es el odio a los judíos, e Israel es un Estado judío, por lo que, naturalmente, algunas críticas que se le hacen tienen una motivación malévola. Ha habido ocasiones en el pasado reciente (particularmente en la Unión Soviética y sus satélites) en las que "antisionismo" ha sido un oportuno sucedáneo para el antisemitismo oficial. Como es lógico, muchos judíos e israelíes no lo han olvidado.
Pero las críticas a Israel, procedentes cada vez más de judíos no israelíes, no están motivadas por el antisemitismo. Y lo mismo sucede con el antisionismo contemporáneo: el propio sionismo ha hecho un largo viaje desde la ideología de sus padres fundadores: hoy pone el acento en reclamaciones territoriales, exclusividad religiosa y extremismo político. Uno puede reconocer el derecho de Israel a existir y, sin embargo, ser un antisionista (o "postsionista"). De hecho, dado el énfasis del sionismo en la necesidad de los judíos de establecer un "Estado normal" propio, la actual insistencia en el derecho de Israel a actuar siguiendo vías "anómalas" porque se trata de un Estado judío sugiere que el sionismo ha fracasado.
Deberíamos tener cuidado con la excesiva invocación del "antisemitismo". Entre la generación más joven de EE UU, por no decir de todo el mundo, crece el escepticismo. Si la crítica al bloqueo israelí de Gaza es potencialmente antisemita, ¿por qué habrían de tomarse en serio otros ejemplos de ese prejuicio? ¿No se habrá convertido el Holocausto solo en otra excusa para el mal comportamiento israelí? Los riesgos que corren los judíos al fomentar esa equiparación no debieran desestimarse.
Junto con los países regidos por los jeques del petróleo, Israel es hoy el mayor lastre estratégico de EE UU en Oriente Próximo. Gracias a Israel estamos en serio peligro de perder a Turquía, una democracia musulmana, ofendida por el trato que recibe de la UE y con un papel crucial en esas regiones. Sin Turquía, EE UU difícilmente alcanzará sus objetivos regionales, ya sea en Irán, Afganistán o en el mundo árabe. Ha llegado el momento de abrirse paso a través de los clichés que rodean a Israel, de tratarle como a un Estado normal y de cortarle el cordón umbilical.
Tony Judt es historiador, director del Remarque Institute en la Universidad de Nueva York y reciente autor de Ill Fares the Land. Traducción de Juan Ramón Azaola. © 2010, Tony Judt. Este artículo ha sido publicado originalmente en The New York Times.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de junio de 2010