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domingo, 22 de diciembre de 2024

Irving Penn, ladrón de almas

 


Giorgio De Chirico, fotografiado en Roma en 1944 por Irving Penn.

Giorgio De Chirico, fotografiado en Roma en 1944 por Irving Penn.


Irving Penn, ladrón de almas

El legendario fotógrafo, aún en activo a sus 91 años, repasa su carrera en 67 retratos de las más brillantes personalidades del arte y la literatura del siglo XX

BARBARA CELIS
Nueva York - 25 MAR 2008 - 18:00 COT


Riguroso blanco y negro. Escenarios austeros. Iluminación estudiada. Precisa. El mirar desafiante de Salvador Dalí. Truman Capote atrapado en una esquina con un abrigo más grande que la vida. O Giorgio de Chirico, coronado por un laurel figurado. Si todos ellos pudieran hablar, dirían que un tipo llamado Irving Penn intentó robarles el alma en una ocasión.

El recorrido sirve para reconocer su influencia en las nuevas generaciones

El fotógrafo, maestro de la imagen del siglo XX, sigue a sus 91 años trabajando. Y es protagonista de una modesta pero exquisita retrospectiva titulada Close encounters (Encuentros cercanos) organizada por la Morgan Library de Nueva York como un repaso a sus inolvidables retratos de grandes del arte y las letras estadounidenses y europeas.

Como buen neoyorquino, Penn siempre se rodeó de los personajes adecuados. A muchos los retrató por encargo de la revista Vogue, para la que comenzó a trabajar en los años cuarenta y desde la que se lanzó a su carrera como fotógrafo. Así surgió, por ejemplo, aquella imagen del músico Igor Stravinsky, a quien Penn acorraló en una esquina de su estudio, en un montaje de dos paredes móviles que utilizaría en 1948 como fondo para muchas de sus imágenes.

A través de 67 retratos, no sólo se recorre su carrera, también se rastrea la influencia que tuvo en las generaciones actuales. Tan explícita en las exposiciones de los jóvenes fotógrafos del barrio de galerías de arte de Chelsea como al hojear cualquier revista de moda. La historia arranca en Roma en 1944 con el retrato de Giorgio de Chirico y se cierra en Nueva York en 2006 con el de Jasper Johns.

Penn comenzó su carrera entre pinceles y lienzos. Cuando fue consciente de que nunca conseguiría pasar de pintor mediocre, dio el salto a la dirección de arte en revistas de moda. Y fue en el ejercicio de ese desempeño en Vogue como descubrió su talento tras el objetivo.

El retrato es la parte esencial de su legado. Como la amistad. Frecuentó a pintores (de Marcel Duchamp a Marc Chagall; de Joan Miró, a Georgia O'Keefee) y a literatos (Arthur Miller, Italo Calvino o Philip Roth). Todos se suceden ante los ojos en retratos de cuerpo entero o en los impactantes primeros planos que dominaron su arte desde 1983.


EL PAÍS 



viernes, 29 de noviembre de 2024

Oriana Fallaci, el regreso de la “testaruda” periodista que se enfrentó al poder y fue condenada por islamofobia

 

Oriana Fallaci, en los años ochenta.
Oriana Fallaci, en los años ochenta.MONDADORI PORTFOLIO (MONDADORI/GETTY IMAGES)


Oriana Fallaci, el regreso de la “testaruda” periodista que se enfrentó al poder y fue condenada por islamofobia

Una serie de televisión y reediciones de sus libros tratan de rescatar a la legendaria cronista italiana, cancelada en los 2000 por sus ataques contra los musulmanes


La exagerada vida de Oriana Fallaci


Barbara Celis

Roma, 28 de noviembre de 2024

La mañana en que Donald Trump ganó las elecciones, la legendaria periodista Oriana Fallaci (Florencia, Italia, 1929-2006) habría amanecido horrorizada. “Ella conocía bien a Trump, como todos los neoyorquinos, y le detestaba. Lo consideraba un tipo zafio y vulgar. Si hubiera estado viva creo que hoy estaría haciendo las maletas porque le dolería demasiado ver el rumbo que ha tomado el país”. Lo explica Edoardo Perazzi, su sobrino y heredero, apesadumbrado a través del teléfono, sin esconder su estupor ante los resultados electorales.

lunes, 6 de mayo de 2019

Tarde de blues con Robert Crumb


Tarde de blues con Robert Crumb

Leyenda del cómic 'underground', lanza el tercer volumen de 'Art & Beauty', y una sala londinense muestra 50 dibujos de esta serie


BARBARA CELIS
Londres, 3 de mayo de 2016

Una corbata vintage azul con flores rosas de talla XL se asoma a través de un apretado chaleco gris y una chaqueta de terciopelo negro que podrían haber vestido a un poeta romántico del siglo XIX. Pero en esta ocasión la percha es un hombre enjuto que más que soñar y suspirar por las mujeres, las mira desde su lado más carnal, lujurioso y grotesco. Robert Crumb (1943), esa leyenda viva del cómic underground, responsable de clásicos de la historieta como Mr. Natural y Fritz el Gato, además de maestro del tebeo autobiográfico, confesó hace unos años a este periódico que había hecho “un pacto con el diablo para ganar la pasta gansa”.



Lo encontramos en casa del mismísimo Satán, la galería David Zwirner de Londres, una de las más poderosas del mercado internacional, y cuya editorial, David Zwirner Books, acaba de editar el tercer volumen de su cómic Art & Beauty(Arte y belleza) y una edición especial con los tres números de esta serie que arrancó en 1996. Con motivo del lanzamiento, la sala londinense muestra unos 50 dibujos procedentes de los tres cómics, incluida una veintena de originales del último tebeo. Cada uno de ellos se vende a 30.000 dólares, el sueldo de un año (o dos) de muchos dibujantes en un dibujo. Y todo porque Crumb ya no es solo sinónimo de tebeos sino también de arte contemporáneo. A los dibujos también les acompañan reflexiones sobre la belleza. Algunas la firma él, otras proceden de textos de Leonardo Da Vinci, Van Gogh y otros artistas. En ambos casos, el contraste entre las palabras y su representación de la belleza es chocante, como todo en el universo Crumb.

Empuñando una mandolina y un pañuelo blanco para luchar contra un resfriado inglés, el dibujante acudió a Londres desde su retiro en la campiña francesa para acompañar durante una hora al grupo de folk East River String Band durante la inauguración de la muestra. Es un coleccionista obsesivo de música americana de los años veinte y cuando puede también le gusta sumergirse literalmente en ella. Al terminar el concierto, se escabulló de inmediato, no le fueran a obligar a hablar con alguien. Los responsables de comunicación de la galería ya lo habían advertido: no habrá entrevistas (tiene fama de ser alérgico a ellas), tocará y se irá.

Antes de que el blues pusiera a bailar a varias docenas de invitados vip, Lucas Zwirner, el joven de 25 años que dirige la editorial de la galería (e hijo del titán de los negocios del arte Zwirner) y Paul Morris, el dealer que hace una década convenció al mundo de que un tipo cuyos dibujos le han propiciado acusaciones de misógino y obseso sexual como Crumb pertenecía al firmamento del arte contemporáneo, ofrecieron sus opiniones sobre la obra expuesta.

"A través de estos dibujos se puede ver el cambio de la sociedad de las últimas dos décadas. Es curioso porque Crumb se niega a entrar personalmente en el siglo XXI pero sí refleja el mundo de hoy en su obra. Contesta a los emails con un papel escrito a mano y escaneado por su mujer porque se niega a escribir en el ordenador pero ya lo veis, hay móviles por todas partes” subraya Morris. Por arte y belleza, Crumb entiende fundamentalmente mujeres: en los dibujos más recientes hay muchas haciéndose selfies o enganchadas a sus teléfonos. Algunas son famosas, como Kim Kardashian o Serena Williams, otras son mujeres anónimas hablando entre ellas, fumando un cigarro, en la playa. No falta su esposa Aline, también dibujante, en múltiples posiciones, algunas seductoras, otras claramente ridiculizadoras. A Crumb le gusta dibujarlas desde atrás, exagerando sus muslos, sus traseros prietos, sus redondeces, subrayando lo grotesco, un estilo que le ha hecho célebre y que según Morris es lo que le acerca al arte contemporáneo. “Sus dibujos se bastan por sí solos. Además lo grotesco tiene una larga tradición en el mundo del arte, por eso lo que hace Crumb gusta en este contexto” sentencia. Zwirner añade: “En su obra no se resuelve la tensión entre lo grotesco y la crítica social, por eso Crumb es tan interesante. Es un artista que lo cuestiona todo”. ¿Estaría Crumb de acuerdo con estos análisis? El editor no duda: “Seguro que pensaría “vaya montón de chorradas que dicen estos tíos, pero no importa, así se crea un diálogo entre nosotros. Además, ya sabes que a él lo que más le gusta es provocar”.

miércoles, 5 de octubre de 2016

El refugio de Truman Capote bate récord inmobiliario






El refugio de Truman Capote 

bate récord inmobiliario

La mítica mansión amarilla en que vivía el escritor en Brooklyn ha sido vendida por nueve millones de euros a una familia anónima


BARBARA CELIS
Nueva York 9 MAR 2012 - 06:05 COT


El mundo está en crisis, pero el sector inmobiliario neoyorquino no solo no se ha enterado si no que atraviesa por uno de sus mayores momentos de gloria. Además de que los precios de los alquileres alcanzaron recientemente los picos más altos de su historia, se siguen batiendo récords en ventas. El último lo ha protagonizado la casa en la que residió Truman Capote, ubicada en el barrio de Brooklyn y vendida este mes por nueve millones de euros.

lunes, 3 de octubre de 2016

El universo turbador de Truman Capote



El universo turbador de Truman Capote

Biografía

Se publica 'Summer crossing', primera novela del escritor, y se estrena un filme sobre 'A sangre fría'


BARBARA CELIS
Nueva York 3 OCT 2005


"Sólo hay un único Truman Capote. No hubo nadie como yo antes ni habrá nadie como yo después de mi muerte". Las palabras del excéntrico y genial escritor estadounidense (Nueva Orleans, 1924-Los Ángeles, 1984), 40 años después de la publicación de A sangre fría en la revista The New Yorker, no parecen descabelladas. Capote vuelve a ser centro de atención este otoño con la publicación, el próximo día 25, de su primera novela, la inédita Summer crossing,escrita cuando aún no había cumplido 20 años; el éxito de crítica de la película Capote, sobre los seis años que dedicó a escribir A sangre fría, y el proyecto de otro filme sobre aquella odisea. Todo ello vuelve a poner de moda a un escritor único que revolucionó la literatura con la novela de no ficción.

domingo, 2 de octubre de 2016

Sale a subasta el manuscrito de Summer crossing, obra inédita de Capote

Sale a subasta el manuscrito de Summer crossing, obra inédita de Truman Capote

Biografía

El autor escribió 'Summer crossing' de joven y nunca quiso publicarla


Bárbara Celis
Nueva York, 3 de diciembre de 2004


El espíritu de Truman Capote (Nueva Orleans, 1924-Los Ángeles, 1984) volverá a pasearse mañana entre los rascacielos de Nueva York, la ciudad que le vio hacerse célebre y en la que cualquier oportunidad es buena para hacer dinero con sus mitos. El manuscrito de Summer crossing, la primera novela que escribió el autor de A sangre fría y que nunca llegó a publicarse porque el propio Capote la consideró mediocre, será subastado hoy por Sotheby's, que ha estimado su precio entre 60.000 y 80.000 dólares (de 45.000 a 60.000 euros, aproximadamente).

viernes, 30 de diciembre de 2011

Jennifer Egan / "Mi novela es como un disco de los años setenta"




JENNIFER EGAN 

"Mi novela es como un disco de los años setenta"


Barbara Celis
30 de diciembre de 2011
La crítica de Estados Unidos ha calificado de experimental y sorprendente El tiempo es un canalla, Premio Pulitzer de ficción

Para ser vanguardista, a veces también hay que mirar hacia el pasado. Los grandes maestros de la literatura se atrevieron a hacer cosas que hemos olvidado y por eso ciertos riesgos narrativos hoy resultan revolucionarios, aunque no sean nuevos en absoluto. Esa es una de las lecturas que hace Jennifer Egan (Chicago, 1962; jenniferegan.com) del éxito de su novela El tiempo es un canalla, el último Premio Pulitzer de literatura. Trece capítulos que conviven entre ellos de forma autónoma, protagonizados por diversos personajes relacionados con la industria de la música, que van y vienen a medida que el tiempo pasa de forma no lineal y en los que las diferencias estilísticas son extremas. "La novela para mí es algo abierto y muy experimental en su esencia. Basta con fijarse en los grandes genios de la literatura: el Quijote de Cervantes, flexible y totalmente abierto, o los libros de Laurence Stern. Los escritores tenemos libertad para explorar todos los territorios y si a eso le añades lo que traen las nuevas tecnologías las puertas son infinitas". La valentía narrativa de Jennifer Egan, demostrada a través de cinco libros que han acumulado premios hasta culminar con el Pulitzer, reside sobre todo en esa inquietud puramente instintiva, según la define ella misma, que la lleva a explorar "para no aburrirse" territorios que desconoce. "El reto es tratar de hacer algo que creo que no puedo hacer, aprender y además entretener".


Jennifer Egan
Sonriente, espontánea y exudando simpatía, lo comenta frente a un café con hielo una fría tarde de otoño en Brooklyn, un barrio en el que viven decenas de escritores neoyorquinos. "Este libro nació, de forma abstracta, de un reto personal: me releí En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, y me hizo plantearme cómo sería escribir sobre el paso del tiempo hoy, pero de una forma más moderna, no tan detallista. Por otro lado, hace años que tenía curiosidad por escribir sobre la industria musical, un lugar muy interesante para hablar del paso del tiempo porque ha tenido problemas dramáticos para adaptarse al universo digital". La combinación de ambas cosas creó, estructuralmente, "un libro que es como un disco de los años setenta, como Tommy o Quadrophenia, donde cada tema es completamente diferente del anterior y donde aparentemente no hay unidad, pero al escucharlo como un todo entiendes el sentido". La referencia a los discos de la banda británica The Who tampoco es casual: era el grupo preferido de Egan. Esta escritora, que descubrió su necesidad de escribir durante un viaje de juventud, nació en Chicago pero creció en el San Francisco de los años ochenta, donde vivió en directo el auge de la escena musical punk de la costa Oeste norteamericana, cuya fuerte presencia impregna todas las páginas del libro. "La música tiene esa extraordinaria cualidad de hacerte viajar en el tiempo de forma inmediata. Cuando eres adolescente los grupos que escuchas son tu seña de identidad, no creo que haya otro momento en la vida en que la música sea tan esencial y cuando pasan los años y de repente escuchas alguna de aquellas canciones que marcaron tu juventud, el golpe del paso del tiempo es inmediato".
Un ejecutivo de la industria discográfica y su asistente son los dos pilares alrededor de los que se mueve esta novela en la que, sin embargo, ellos solo protagonizan dos capítulos. Personajes periféricos que aparecen en ambos se convierten en protagonistas de otros relatos "porque una vez creados me pedían darles más vida". Al terminar el libro, cuya estructura narrativa es muy libre, Egan temía que no se pudiera definir. "Pero luego pensé: ¿qué más da? Es ficción y yo estoy básicamente siguiendo mi propio instinto. Mi objetivo es que esos personajes te atrapen y te entretengan y si puedes conseguir eso ¿qué más da cómo definas el libro?". Los críticos lo han hecho, calificando la novela de experimental, sorprendidos sobre todo por el capítulo escrito en Powerpoint en el que una niña de 12 años habla de la importancia de las pausas musicales en los temas de música rock. "Me parecen interesantísimas. Crees que una canción ha terminado y de repente sigue y tienes esa sensación de alivio pero poco después la canción termina. Me parece una metáfora muy interesante sobre el paso del tiempo porque hay muchos momentos de pausa en nuestra vida pero después, la vida continúa. Explicarlo en Powerpoint, una herramienta que yo jamás había utilizado antes, me permitió explorar esa idea de forma mucho más gráfica".
En el libro también hay una inteligente y desternillante exploración del mundo de las celebridades, un tema que en cierto modo había tocado ya en su libro Look at me, protagonizado por una modelo.En cierto modo ella misma se ha convertido, tras el Pulitzer, en una estrella, aunque como bien dice "la palabra celebridad y la palabra escritor no pertenecen al mismo universo, al menos en Estados Unidos". Pero lo cierto es que su nombre está de moda, alimentado por las ventas de su último libro y por el boca a boca entre la gente joven. La cadena HBO además ha comprado los derechos para convertirlo en serie, algo de lo que ella se desentiende, como ya hizo con su libro The invisible circus, que llevó al cine Adam Brooks. "La literatura y el cine son animales diferentes y yo prefiero mantenerme al margen de la imagen. Lo mío son las palabras".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de diciembre de 2011


sábado, 12 de noviembre de 2011

David Simon y Ed Burns / La esquina / Una realidad implacable



David Simon / Ed Burns
LA ESQUINA

Una realidad implacable


Bárbara Celis
12 de diciembre de 2011


David Simon ha revolucionado la mirada sobre la sociedad estadounidense con sus crónicas sobre violencia, corrupción, drogas o fracaso educativo. El creador de series de culto como The Wire o Treme usa un lenguaje tan contundente como los temas que aborda.

En estos momentos, en alguna esquina deprimida de miles de ciudades, drogas, dinero y violencia dibujan un universo paralelo habitado por personas cuyos sueños y deseos no son demasiado diferentes de los de aquellos que no pertenecen a aquel lugar. Una compleja mezcla de incapacidades institucionales, fracasos educativos, desigualdades económicas y problemas personales les mantiene atrapados en esa esquina, en un arriesgado juego contra la ley y contra su propia vida y del que en los telediarios se habla bajo el capítulo de "narcotráfico". En Hollywood ese universo es el alimento de cientos de películas y series de televisión que reducen esa esquina a un enfrentamiento entre buenos y malos. Pero hay quien no lo ve así.

"De algunas de las personas que aparecen en 'La esquina' me llegué a hacer muy amigo y sufrí mucho con su muerte"

"Ya no quedan ni las sobras. Por eso Ocupa Wall Street es una de las genuinas representaciones de patriotismo"

David Simon (Washington, 1960) es la antítesis de Hollywood. No puede desprenderse de la realidad que descubrió en las calles de Baltimore, donde trabajó como periodista de sucesos durante casi quince años y, por tanto, no puede entregarse a esa visión descafeinada de un mundo dividido en dos bandos habitados por héroes, mártires y malvados. Eso tiene ventajas y desventajas: la serie que le hizo célebre como creador y guionista, The Wire, centrada en la lucha contra el crimen de un grupo de detectives de Baltimore, tuvo bajos índices de audiencia mientras se emitía en HBO durante la pasada década. Tampoco llegó a ser premiada por la industria, que no perdona el no hacer caja. Pero el espectador sabe elegir. David Simon tiene hoy millones de seguidores en todo el mundo, convertidos en apóstoles de la serie tras extenderse el boca a boca sobre su calidad y tras recibir los elogios unánimes de la crítica, que le ha declarado como uno de los supremos cronistas del siglo XXI. Al combinar audazmente el entretenimiento de guiones y tramas policiales certeras con la descripción más cruda y honesta de los males endémicos de nuestra sociedad -corrupción, guerra contra las drogas, destrucción de la clase trabajadora, fracaso del sistema educativo y perversiones del periodismo actual-, The Wire le ha hecho alcanzar el estatus de los grandes escritores.

Pero mucho antes de que The Wire presentara verdades demoledoras en la televisión, David Simon escribió La esquina (Principal de los Libros), un libro que firmó con el expolicía Ed Burns y que llega a las librerías españolas quince años después de su publicación. Aunque haya pasado tanto tiempo, el año que Simon y Burns bucearon en uno de los guetos más violentos de Baltimore se parece demasiado al mundo en el que aún vivimos. En La esquina relataron con minuciosidad quirúrgica la perversa realidad de las drogas, los dramas personales de quienes quedan atrapados en ellas y el fracaso de las instituciones en su lucha contra el narcotráfico. "Hay pequeñas diferencias de contexto respecto a 1993, pero son mínimas. La naturaleza de la adicción y la violencia alrededor de ella son las mismas. La guerra contra las drogas no ha cambiado y aquella esquina simplemente se ha mudado cuatro calles más abajo. Nadie se plantea legalizarlas, que sería la única forma de acabar con ellas, aunque sí creo que estamos más cerca que antes de la legalización de la marihuana, que sería un primer paso".
David Simon, poco dado a la sonrisa, de proporciones imponentes y vestido con la simplicidad de quien tiene poco interés por salir guapo en la foto, lo explica ahora desde otro lugar aparentemente muy distinto a Baltimore, pero aquejado por males que también tienen relación directa con la incapacidad actual de las instituciones de mejorar la vida de sus ciudadanos: Nueva Orleans. Aquí pasa largas temporadas desde hace ya tres años, embarcado en otra odisea narrativa donde la realidad manda: Treme, una serie sobre la vida en la ciudad después del paso del huracán Katrina, de la que actualmente se emite en España la segunda temporada y para la que Simon acaba de firmar una cuarta con HBO.

En Nueva Orleans, donde prepara el rodaje de la tercera temporada de Treme, en una oficina algo aséptica pero salpicada de fotografías de músicos y de regalos locales -como una extraordinaria máscara bordada por uno de los jefes indios de la ciudad-, Simon rememora el año que pasó en las calles para después escribir La esquina. Fue muy parecido al que vivió empotrado en una comisaría de Baltimore para escribir otro de sus libros, Homicidio, centrado en la vida de varios agentes de esa ciudad y de cuya combinación es hija The Wire, aunque de ambos libros también realizó sendas miniseries antes de embarcarse en aquel opus magnum. "Homicidio era una historia de oficina, me tuve que ganar la confianza de los policías en su día a día de trabajo. En La esquina la oficina era la propia vida de adictos y traficantes y, por tanto, era mucho más difícil ser aceptado. Fue un trabajo lento, de mucha paciencia", recuerda. Comenzó Ed Burns acudiendo a la esquina de las calles Fayette y Mount, en el Baltimore de 1992, cuando la heroína hacía estragos en una ciudad de 600.000 habitantes. Después, tras conseguir una excedencia en el diario Baltimore Sun, Simon se unía a este exagente de cuyo pasado desconfiaban todos. Ahora rememora cómo un día de calor compraron tés helados para los yonquis y los traficantes con los que convivían a diario. "Con eso ganamos muchos puntos porque la policía jamás hubiera hecho algo así, pero la barrera definitiva cayó el día que llevamos a uno de ellos, con un fuerte dolor de muelas, a un hospital y pagamos la factura. Al regresar a la esquina se corrió la voz y se nos abrieron todas las puertas".

El libro describe la vida de una familia real a lo largo de un año, pero hay muchos personajes secundarios de los que Simon y Burns también se sirven para tejer un retrato demoledor pero tremendamente humano de la realidad de este gueto de Baltimore. Y tratándose de un autor como Simon, que ha hecho de esa extraordinaria y escasa cualidad llamada empatía casi un mandamiento, vivir sumergido en aquella realidad no fue fácil. "Emocionalmente fue agotador. En teoría sabes que vas a una esquina dominada por las drogas y que verás cosas muy duras, pero cuando pasas tanto tiempo allí es imposible mantenerte indiferente. Fuimos testigos de momentos de absoluta humanidad, de total desesperación, a veces sentías euforia, otras vergüenza y otras todo al mismo tiempo". ¿Cómo evitó que esos sentimientos no nublaran su trabajo? "Creo que el secreto está en contarlo todo sin omitir las debilidades, pero es fundamental hacerlo desde el máximo respeto".

La crítica estadounidense, al hablar del libro, subrayó la capacidad de Simon y Burns para trazar un retrato veraz y a la vez profundamente humano de una realidad que podría extrapolarse a cientos de ciudades americanas. Para Simon, además, su relación con los personajes del libro no terminó con su publicación. "De algunas de las personas que aparecen en La esquina me llegué a hacer muy amigo y sufrí mucho con su muerte. Otros siguen siendo parte de nuestras vidas. Muchos de ellos trabajaron en la serie de televisión que hicimos basada en el libro. Y otros también en The Wire. A veces Burns y yo nos preguntamos, de forma ególatra, si nuestra entrada en su existencia tuvo algún impacto positivo en ellos, pero lo cierto es que no, había fuerzas mucho mayores en juego que nosotros".

En las notas del libro Simon y Burns explican que al principio casi todo lo que les contaban en la esquina era mentira y solo su perseverancia les permitió que con el tiempo emergiera la verdad de acontecimientos e historias personales. Al preguntarle sobre ese proceso Simon introduce en la conversación uno de sus temas favoritos, la crisis del periodismo y otro que actualmente monopoliza su interés: el movimiento Ocupa Wall Street.

"Las noticias, cuando ocurren, te obligan a contar de inmediato lo que ha pasado, aun sin entender nada. Es inevitable, la superficialidad inicial es un mal intrínseco al periodismo. Pero el error es no profundizar después y, desafortunadamente, los periodistas cada vez profundizan menos, no regresan a la noticia. Al principio yo también creía en el juego de los buenos y los malos y aceptaba la guerra contra las drogas como una necesidad y una imposición moral. Pero cuando pasas mucho tiempo en las calles y observas las dinámicas empiezas a ver las mentiras y las contradicciones entre lo que decimos que hacemos -luchar contra las drogas- y lo que en realidad hacemos: aterrorizar a las clases más pobres machacándoles con el peso de un sistema judicial que está completamente desconectado de la realidad. Si me hubiera limitado a asomarme a las calles de forma superficial nunca lo habría llegado a comprender". Esa falta de interés por buscar las causas de lo que ocurre es la misma que hoy ve en la cobertura informativa del movimiento Ocupa Wall Street. "La prensa le pone el micrófono en la boca a un manifestante que puede ser alguien que sabe de lo que habla o alguien que es prisionero de su propio enfado con Wall Street. Así se crean coberturas caprichosas que dependen de la suerte del manifestante que escoges". Sin embargo, no le sorprende porque, según él, la prensa refleja el mantra que ha dominado en la sociedad durante los últimos treinta años y por tanto retrata la realidad siguiendo ese mantra: "Desde los años ochenta el libre mercado es la respuesta a todo. Maximizar beneficios se ha convertido en el sistema métrico con el que se mide el valor de las cosas y de las personas. Y la gente del parque Zuccotti ha entendido que hay que cambiar ese sistema porque si permites que sea el mercado el que dicta los salarios estás diciendo que los seres humanos no valemos nada. Hoy podemos producir mucho con muy poco y eso solo beneficia al capital, que sigue ganando dinero. Por eso si The New York Times envía a un reportero de negocios a cubrir las protestas en el contexto de una América que lo racionaliza todo en función del máximo beneficio, en su artículo escribirá que esta gente no sabe lo que dice porque no entiende cómo funcionan los mercados. Pero es exactamente al revés, lo entienden perfectamente y por eso han decidido dar un paso en otra dirección. Yo los admiro".

Hace dos años, Simon, en cuya obra siempre hay una abierta denuncia de las desigualdades económicas de su país, se declaraba sorprendido de que en Estados Unidos no hubiera manifestaciones masivas contra el rescate de los bancos y la crisis económica y lo atribuía al hecho de que, mientras el Gobierno le pudiera dar a la gente "las sobras", nadie saldría a la calle. "Ahora ya no quedan ni las sobras. Por eso para mí Ocupa Wall Street es una de las más genuinas y orgánicas representaciones de patriotismo y el acto de desobediencia civil más importante que ha ocurrido en este país desde la guerra de Vietnam. Lo que están consiguiendo, pacíficamente, aunque sea abstracto y teórico, me ha devuelto la ilusión por lo que somos y por lo que tenemos el potencial de ser. Lo único que temo es que la historia me dice que en América todas las conquistas sociales han llegado a través de la violencia. Aun así, si no estuviera en Nueva Orleans, estaría en el parque Zuccotti".

Pero está en Nueva Orleans, preparando la tercera temporada de Treme, una serie en la que pensó junto a Eric Overmyer antes del Katrina, pero a la que el huracán dio alas. "Institucionalmente los niveles de incompetencia, avaricia, corrupción y violencia desde la rotura de los diques han sido impresionantes y solo indican de lo que nuestras instituciones son capaces e incapaces ahora que han sido compradas por el dinero. Y pese a todo, el modo en que la gente ha luchado por su comunidad aquí, individualmente, apoyándose solo en sus deseos ordinarios, en su convicción de querer volver a casa, es extraordinaria. Creo que también es una alegoría de lo que la gente está tratando de hacer en Ocupa Wall Street, es el mismo impulso. Una forma de patriotismo que se expresa en términos de tu amor por el lugar al que perteneces y que en Nueva Orleans es muy fuerte". De todo ello habla Treme, aunque, al contrario que en The Wire, donde Simon desmenuzaba todos los subterfugios de las instituciones sociales, aquí se ha centrado más en relatar la historia de la reconstrucción de la ciudad a través de historias personales, también basadas en historias reales, "y que me permiten disparar mi munición hacia donde quiero". No niega que en sus guiones haya una fuerte carga didáctica en la que él vuelca sus ideas y su visión del mundo, pero asegura que trata de equilibrarlo. "No puedes dejar que tus personajes digan exactamente lo que tú piensas porque si no le das complejidad a las ideas y no le das voz a la alternativa tú mismo sientes que estás siéndole infiel al argumento".

En Nueva Orleans la serie se ha seguido con devoción. Durante la emisión de la primera temporada, una funeraria local organizaba visionados en la sala donde habitualmente se vela a los muertos. Había colas para entrar, algo que solo puede ocurrir en una ciudad que culturalmente se enfrenta a la muerte entregándose en alegres funerales de jazz -la llamada second line- nacidos de esa mezcla única de culturas que se dio en esa urbe desde el siglo XVIII. Por eso la música, toda, desde el cajun, al jazz, al blues o al hip hop, es uno de los principales protagonistas de la serie, por donde desfilan los mejores intérpretes de la ciudad, desde Allen Toussaint a Dr. John. "Esta ciudad representa la quintaesencia de Estados Unidos. Aquí se mezclaron los ritmos propios de los esclavos de África occidental con la instrumentación y arreglos de la música europea y ocurrió por la peculiaridad de instituciones estadounidenses como el esclavismo, que se mezcló con la permisividad de la cultura francesa criolla. En Virginia no les dejaban tocar los tambores. Aquí sí, y así nació el jazz. Si Estados Unidos desapareciera del mapa, ¿por qué se nos recordaría?, ¿por la democracia constitucional? Hemos exportado mucha menos de lo que nos gustaría creer. ¿Por el béisbol? Bueno... ¿Por el cine? Eso lo inventaron los franceses y los alemanes, aunque nosotros seamos mejores exportadores. No. Por lo único que realmente se nos recordaría es por la música. En cualquier parte del mundo, en estos momentos, hay sonando una canción cuyos orígenes están aquí, en Nueva Orleans. Ese es nuestro legado".

David Simon


La esquina. David Simon y Ed Burns. Traducción de Andrés Silva e Inga Pellissa. Principal de los Libros. Barcelona, 2011. 688 páginas. 27,50 euros. Homicidio. Un año en las calles de la muerte. D. Simon. Prólogo de Richard Price. Traducción de Andrés Silva. Principal de los Libros. Barcelona, 2010. 700 páginas. 28,50 euros. The Wire. 10 dosis de la mejor serie de televisión. Introducción de D. Simon. Relato inédito de George Pelecanos. Rodrigo Fresán, Nick Hornby, Jorge Carrión, Iván de los Ríos, Marc Pastor, Margaret Talbot, Marc Caellas, Sophie Fuggle. Errata Naturae. Madrid, 2010. 240 páginas. 21,90 euros. 


* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de noviembre de 2011

EL PAÍS









sábado, 6 de marzo de 2010

El paulatino viraje al negro de Salinger


Salinger

El paulatino viraje al negro de Salinger

Bárbara Celis
Nueva York, 17 de marzo de 2010

"El mundo es una porquería y se vuelve aún más mierdoso a cada minuto que pasa". J. D. Salinger no era un hombre optimista, como puede deducirse de esta frase, incluida en una de las cuatro cartas que desde ayer y hasta el 11 de abril se exponen en la Biblioteca Morgan de Nueva York. Forman parte de la correspondencia que el escritor intercambió a lo largo de cuatro décadas con su amigo Michael Mitchell, el artista que diseñó la portada de la primera edición de El guardián entre el centeno. La biblioteca adquirió en 1998 11 cartas que el propio Mitchell vendió a un coleccionista privado a principios de los noventa, cuando Salinger acabó abruptamente su amistad enfadado porque Mitchell le pidió que le dedicara un ejemplar del libro.
"Las cartas muestran la sensibilidad de Salinger, su voracidad por escribir, y sus dudas al respecto", explicaba en la presentación de las cartas Declan Kiely, encargado de manuscritos de la biblioteca. En una de ellas, fechada en 1966, el autor escribe: "A los cuarenta, es más necesario que nunca escribir y pintar sólo lo que queremos, como sea y al ritmo que sea. Muchas incredulidades y pesadas dudas de la mediana edad invaden la mente".
La primera de las cartas es la más jocosa. Fechada en 1951 en Londres, el autor comenta irónico su encuentro en casa de Lawrence Olivier -"una velada muy elegante"- tras ver una obra de teatro que le hace decir: "Las audiencias son igual de estúpidas en Londres que en Nueva York, pero las producciones son mucho mejores aquí". También habla de una de sus citas. "He visto un par de veces a la modelo de Vogue que conocí en el barco, no ha sido muy divertido". Pero conforme pasa el tiempo las cartas son más sombrías. Otra serie de seis, que se podrá ver desde finales de abril, ofrece "en todo su esplendor", según Kiely, "cómo el autor se fue encerrando en sí mismo y su frustración ante la imposibilidad de evitarlo".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 17 de marzo de 2010
EL PAÍS


DE OTROS MUNDOS
La venganza de Peggy Salinger
El guardián entre el centeno sigue cautivando después de cincuenta años
La biografía de Salinger escrita por su hija retrata a un iluminado entregado a sí mismo
Rodrigo Fresán / Para Jerome, con amor y sordidez
Benjamín Prado / Adoptados
La revista malagueña Zut publica dos relatos inéditos de Salinger
Salinger / Thomas Pynchon / Cormac McCarthy / El talento de la evasión
El atronador silencio de Salinger
Salinger demanda al continuador de su novela
El juez da la razón a Salinger en su denuncia por plagio
Salinger / La intimidad como arte
Salinger / El aire del New Yorker
Salinger / El miedo a hacerse adulto
Salinger / Adiós al gran enigma de las letras estadounidenses
Charlie Chaplin le quitó la chica a Salinger
El cine cuenta la vida de Salinger
David Trueba / Sin salinger
Salinger / La ternura entre el centeno
Dulce y desconocido señor Salinger
El paulatino viraje al negro de Salinger
Enrique Vila-Matas / Salinger y los nuevos tiempos
Así comienza / El guardián entre el centeno
Kenneth Slawenski / Salinger podía ser intratable
Salinger / Nueve cartas
Salinger / Las zonas oscuras
Salinger / Escribir para sí mismo
Cinco volúmenes inéditos de Salinger verán la luz a partir de 2015
Elsa Fernández-Santos / Lo nunca visto en Salinger
Eduardo Lago / Asedio a la fortaleza de Salinger
Salinger / Bioficción
Tres cuentos inéditos de Salinger, filtrados en internet
A los cuatro años de la muerte de Salinger / Este muerto está muy harto
Salinger / Todos los agujeros negros
Salinger / Si quieres que te busquen, escóndete
Ni Guerra y paz ni Cincuenta sobras de Gray / Los libros más influyentes según Facebook
One-hit wonder / Embrión de un catálogo de casos literarios
Secretos de los libros únicos de un autor / Treinta eclipses memorables
Salinger / ¿Cuándo demonios vas a crecer de una vez?
Autor de culto / Un secreto de dioses
Salinger / Cómo se engendra un monstruo
Salinger por Salinger
Salinger y otros nueve desconocidos
Oona y Salinger / Dos atractivos personajes
Frédérick Beigdeber / El escritor que odia a los viejos
Salinger / Un joven enamorado