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miércoles, 29 de julio de 2020

“Mi único papel era ir de su brazo” / La dulce venganza de Anjelica Huston tras ser solo “hija” y “novia” demasiados años

Anjelica Huston, Icon, and Star of John Wick: Chapter 3, Shares ...
Angelica Huston
“Mi único papel era ir de su brazo”: la dulce venganza de Anjelica Huston tras ser solo “hija” y “novia” demasiados años

A punto de cumplir 70 años, la actriz se mantiene como una de las grandes damas de Hollywood. Pero para llegar a un tercer acto feliz tuvo que superar una historia familiar solitaria y complicada y una vida a la sombra del actor más carismático de su generación


Anjelica Huston / Memorias de una diva

Juan Sanguino
9 de julio de 2020

En julio de 1951, un mensajero descalzo atravesó el Congo corriendo durante tres días para entregar un telegrama en las cataratas Murchison del río Nilo, al noroeste de Uganda. Su destinatario (John Huston, en pleno rodaje de La reina de África) lo leyó y lo guardó en su bolsillo sin inmutarse. “Por Dios, John, ¿qué dice?” preguntó Katharine Hepburn. “Ha sido niña” respondió él. “Se llama Anjelica”.

domingo, 13 de diciembre de 2015

John Huston / La noche de la iguana




Los cuatro revólveres 

de ‘La noche de la iguana’

Huston consiguió un reparto tan estelar como repleto de egos: Richard Burton, Ava Gardner, Deborah Kerr y Sue Lyon


Alcohol, frustraciones, sexualidad reprimida, miserias... En La noche de la iguana, el dramaturgo Tennessee Williams volvió a combinar el abanico de ingredientes emocionales con los que había estado experimentando a lo largo de toda su carrera. El director John Huston los envolvió en una atmósfera sofocante de aislamiento, calor y humedad, y, entre los dos, cocinaron una obra maestra a fuego intenso.
El guion estaba basado en la obra del mismo título que había triunfado en Broadway con Bette Davis como protagonista. John Huston consiguió un reparto estelar: Richard Burton, Ava Gardner, Deborah Kerr y Sue Lyon, que después de haberse dado a conocer en Lolita se había convertido en el icono de la precocidad sexual. Todos estaban en lo más alto de su popularidad. Consciente del impacto que podría tener la presencia de todas aquellas estrellas en el lugar de rodaje y de la revolución mediática que podrían ocasionar, Huston se decantó por una localización aislada. La película se rodó en la localidad mexicana de Puerto Vallarta que, por entonces, no pasaba de ser una remota aldea de pescadores. El elenco de estrellas se instaló allí durante semanas, en una convivencia que puede que sirviera para que los actores se acercaran al estado emocional de sus personajes, pero que a priori era temible. Una reunión de egos en la que todo hacía presagiar que saltarían chispas, más aún teniendo en cuenta que –todo el mundo lo sabía– no era difícil trazar en aquel grupo conexiones de tipo sentimental. Sin ir más lejos, Peter Viertel, marido de Deborah Kerr, había tenido un lío previo con Ava Gardner. Curándose en salud, antes de viajar a Puerto Vallarta, Huston reunió a sus actores y regaló a cada uno de ellos un revólver Derringer. "Dentro hay unas balas doradas en las que están escritos los nombres de los demás", les dijo. "Si las necesitáis durante el rodaje, utilizadlas, y así me evitáis a mí problemas".
Contra todo pronóstico, nadie echó mano de su arma. Y eso a pesar de que, al parecer, el alcohol fluía a oleadas, con un Richard Burton que desayunaba cerveza y una Ava Gardner que trataba de ahogar la inseguridad que le provocaban algunas escenas. A Puerto Vallarta también se trasladó Tennessee Williams, que ayudaba a Huston cuando este se estancaba con algún diálogo; el novio de Sue Lyon, a quien el director prohibió acercarse al plató porque no dejaba de darse arrumacos con la actriz, y también Liz Taylor, que se instaló allí para acompañar a Richard Burton y que trabó una relación tan estrecha con el sobrino de un vecino que, meses después, volvería para asistir a su primera comunión. En sus memorias Ava Gardner sólo tuvo halagos para la Taylor y, ante tanta armonía inesperada en un rodaje que se preveía tumultuoso, la prensa desplazada hasta la zona no tuvo más remedio que entretenerse escribiendo acerca del lugar. La noche de la iguana supuso un antes y un después para Puerto Vallarta que, a partir de entonces, empezó a transformarse en un centro turístico. "Fue una bendición a medias", diría John Huston años después. “Las playas se llenaron de hoteles y grandes y edificios de apartamentos. Los habitantes se convirtieron en camareros, doncellas y policías. La mayoría de las tiendas están orientadas al turismo, pero el agua es potable, la fiebre tifoidea y el tifus casi han desaparecido. Los niños tienen tantas posibilidades de nacer vivos como en cualquier lugar de Estados Unidos y ahora hay escuelas”.
La noche de la iguana ganó en 1965 los Oscar a mejor fotografía, dirección artística y mejor actriz de reparto, para Dorothy Jeakins. Ava Gardner, sin embargo, ni siquiera consiguió una candidatura. Ganó, eso sí, el premio a mejor intérprete femenina en el Festival de San Sebastián, y hoy todo el mundo coincide en que La noche de la iguana es una de sus mejores interpretaciones. Un gran texto de Tennessee Williams. Una de las grandes películas de John Huston.



Joyce / John Huston / The Dead


James Joyce
John Huston
THE DEAD 
Por Alejandro Salgado Baldovino

Hace rato quería dedicarle un post o un especial a esta hermosa película que me gusta tanto. Esta historia tiene dos hitos, primero, es un relato original del gran escritor irlandés James Joyce. Un relato que hizo parte de una colección de otro 14 relatos, que se tituló “Dublineses”. La historia que adapta el filme, es uno de los 15 relatos, precisamente aquel que se titula “Los Muertos”. Que de paso, es el mejor de toda la colección. Y el segundo hito de esta gran historia, además del literario, es que en el año 1987, el gran director norteamericano John Huston, cerró su excelente carrera, filmando según en silla de ruedas y con cámara de oxigeno, la que sería su última obra. Precisamente la adaptación del relato “Los Muertos”, que se conocería como “The Dead” o “Dublineses”. 

viernes, 5 de junio de 2015

Antonio Muñoz Molina / Ancianos despidiéndose


Ancianos despidiéndose

En estos viejos tremendos hay una celebración incondicional del mundo, no la amargura de estar cerca de dejarlo

"No hay mejor despedida que una obra maestra"

ANTONIO MUÑOZ MOLINA
5 JUN 2015 - 10:44 COT




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John Huston, en el rodaje de Jaguar vive en 1988. J. AMESTOY

Hay una parte de desvergüenza y de temeridad en la maestría sin apariencia de esfuerzo del artista muy viejo, o el que no siéndolo todavía mira de cerca a la muerte. John Huston dirigió The Dead en una silla de ruedas, respirando por una mascarilla el oxígeno que apenas llegaba a sus pulmones enfermos. The Dead es una novela corta que trata del paso del tiempo y del modo en que se borra el recuerdo de los que se llevó una muerte prematura, pero fue escrita, asombrosamente, por un joven de veinticinco años. James Joyce la escribió con la lucidez adivinatoria que tiene a veces la juventud, como la que tuvo Scott Fitzgerald para escribir The Great Gatsby apenas a los 28. Estremece la sabiduría en alguien tan joven, pero más aún la inventiva fervorosa y la entrega apasionada en un viejo; y las dos, cuando suceden, muestran algo que de otro modo no se habría podido descubrir, un hallazgo que no es del todo de este mundo, porque traspasa y parece desmentir la inexperiencia del que todavía ha vivido apenas, la fragilidad y el cansancio del anciano.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Anjelica Huston / Memorias de una diva

Anjelica Huston

Memorias de una diva

Hablamos con Anjelica Huston sobre el primer volumen de sus memorias

Desgrana una época rodeada de los bosques de Irlanda, y de los más grandes de Hollywood

Una vida marcada por la muerte de su madre y por la pérdida de sus dos grandes amores




Anjelica Huston, retratada en 1968. / PHILIPPE HALSMAN
"El libro A story lately told cuenta quién soy. Alguien que existió mucho antes de ser novia de Jack Nicholson a los 20 años. Alguien que empezó a ser quien soy en los bosques de la Irlanda occidental donde me crie. Llámele mi forma de defenderme como persona, de definir quién soy, lo que para mí es y fue importante. Y me encantó ser la novia de Jack, no me malinterprete. Pero soy mucho más que eso”. Así nos recibe Anjelica Huston para hablar del primer volumen de sus memorias que ha publicado en Estados Unidos y que, parafraseando una canción popular de su infancia, titula A story lately told. Nadie podría dudar, con solo mirarla, que esta mujer de 62 años, rostro asimétrico, intensas facciones y gran presencia física –además de un aura de estrella de antaño, de las que ya no hay o son difíciles de encontrar– es mucho más que la “chica de”. Incluso si ese “de” es Jack Nicholson. Huston también es mucho más que la suma de todos sus personajes, alguien que te hace pensar que la Maerose Prizzi de El ­honor de los Prizzi (1985), la Morticia Addams de La familia ­Addams (1991) y la Etheline ­Tenenbaum de Los Tenenbaums (2001) –algunas de sus creaciones más recordadas– eran puros corderitos a su lado.
Anjelica Huston fue, y sigue siendo, una fuerza de la naturaleza. Seguramente lo heredó. Una no es hija de John Huston y nieta de Walter Huston para ser una mera mortal. Se trata de la tercera generación de lo más cerca que Hollywood estuvo nunca de contar con su propia realeza. “Mi padre fue un gran hombre. En todos los sentidos”, ríe con carcajada sonora y honesta esta actriz y modelo, amante y esposa, productora, directora y ahora escritora, pero sobre todo hija de un hombre indómito, el Hemingway del cine, de grandes apetitos. “No era solo su carácter, era su físico, un hombre grande, de brazos largos, piernas largas, pene largo… muy bien dotado, ya le digo. Alguien junto al que mi hermano y yo desayunábamos todas las mañanas, rodeado de libros y de bocetos en una cama enorme en la casa del condado de Galway, en Irlanda, y que en cuanto se levantaba se dirigía desnudo al cuarto de baño, como Dios lo trajo al mundo, donde se encerraba con llave como si no le hubiéramos visto minutos antes, como si no le hubiéramos mirado con la misma fascinación que todo niño mira los atributos de sus padres preguntándose si algún día los suyos serán así”, dice con llaneza.


John Huston y su hija Anjelica, en su casa en Irlanda, en 1968. / MAGNUM
La misma sinceridad que emplea en su libro, donde detalla una infancia mágica y llena de privilegios, pero también carente de cariño. Ese es el estilo de Anjelica. Adquirido, dice, de su padre. Un hombre con una filmografía faraónica de clásicos como El tesoro de Sierra Madre (1948), El halcón maltés (1941), Moby Dick (1956) o La reina de África (1951),y una lista de amantes solo comparable a la de Nicholson. Alguien, como dice Anjelica, considerado entre sus compañeros como “el pirata que les habría gustado tener la audacia de ser”. A pesar de ello, era todo menos esnob. “Y lo mismo decía del abuelo, alguien por el que mi padre siempre sintió una gran pasión y que, aunque nunca conocí, me enseñó a echarle coraje a la vida y a atacar las cosas que más miedo me dan, a enfrentarme a mis fantasmas”, resume.
Sentada en las oficinas de la Asociación de la Prensa Extranjera en Hollywood, un edificio de madera tallada, sabor de antaño y polvo donde quedamos para esta entrevista, rodeada de fotografías de Marilyn Monroe y Jack Lemmon, y con un traje de chaqueta color berenjena y corte clásico de Donna Karan que cubre con un chal, es imposible concebir qué le puede dar miedo a esta persona aparentemente tan segura de sí misma. Alguien con el aplomo suficiente como para desgranar con toda sencillez y como de pasada, cual si fuera la cosa más normal del mundo, una vida pintoresca, donde los nombres de Ava Gardner, Marlon Brando, Peter O’Toole, Robert Capa, Helmut Newton, John Steinbeck o Scott Fitzgerald salpican las páginas del libro al igual que su conversación, sin darles más importancia. Y eso antes de hablar de su carrera como actriz o como modelo. Nombres que se entrecruzan con esos momentos que hicieron historia, el Mayo del 68, la explosión musical londinense o las cucarachas del hotel Chelsea neoyorquino. La joven Huston no se perdió una. También comparte sin reparos su habilidad (desde que tenía 10 años) para preparar un martini, su bebida preferida y la de su padre; su también temprana apreciación de un buen cigarro o esos 17 años en los que perdió la virginidad y a su madre.

He llenado las páginas del libro de detalles de mi madre, porque su figura siempre queda oculta a la sombra de ese gran hombre que fue John Huston
Ese es uno de sus fantasmas, el recuerdo de una madre que desapareció muy pronto del lado de una niña dominada por los grandes hombres de su vida. “Por eso llené las páginas de detalles personales sobre su vida”, subraya al hablar de ella. La bailarina neoyorquina de origen italiano Enrica Ricki Soma fue la cuarta esposa del ya entonces famoso director, con el que se casó en una boda relámpago en México. Ella tenía 18 años y estaba embarazada del primogénito, Tony, y el director rondaba los 40. Anjelica llegaría poco más de un año más tarde. “Para mí era vital hacer un examen profundo de quién fue mi madre, alguien muy importante en mi vida, en la vida de mi padre, en la de mis hermanos, y que siempre queda oculta a la sombra de ese gran hombre que fue John Huston. Alguien que me fue robada en un accidente de tráfico”, añade. No hace falta un psicoanalista para ver la gran huella que dejó en ella una madre que describe como una belleza “translúcida y remota”, una mujer a la que se sintió muy unida “en conspiraciones y alianzas”, pero con la que nunca existieron lazos de ternura. De ella aprendió a amar a hombres mayores, a aceptar infidelidades, e incluso compitió con ella por amantes. Pero siempre estuvo a su lado desde un parto que tuvo lugar en Los Ángeles mientras John Huston recibía la noticia en el corazón de lo que fue el Congo belga, ahora Zaire, mediante un telegrama entregado a pie por un nativo descalzo que se lo hizo llegar durante el rodaje de La reina de África.
El también actor y director Danny Huston, fruto de la relación de John Huston con Zoe Sallis, es hermanastro de Anjelica. Así recuerda su vida familiar: “Está claro que lo nuestro no fueron infancias de Hollywood, pero el tiempo que pasamos con nuestro padre, ya fuera en un set o en la mansión familiar de St. Clerans, fue fascinante. Navidades irlandesas en las que nos reuníamos todos los hijos y todas las mujeres… y el drama que se montaba. A mi padre le gustaba porque da igual el número de esposas que tuviera, fue siempre todo un caballero. Y para mí, como niño, eran las mejores Navidades que podías imaginar”.


La actriz, vestida con una capa, en una fotografía tomada en 1972. / TERRY O'NEILL (GETTY)
Anjelica reconoce haber sentido todo tipo de emociones por Zoe Sallis. Desde despecho hacia una madrastra que poco antes había considerado su mejor amiga sin pensar que también era la amante de su padre, hasta profundo amor por un bebé del que se sintió cómplice: “Como explico en el libro, me crie con Tony, mi hermano, por necesidad, porque no había más niños. Pero nunca me sentí tan unida a él como me ocurrió años más tarde con Danny”. La actriz recuerda que Tony sacó el espíritu cazador de su padre, “siempre mezclado con la muerte de animales”, mientras que ella es conocida por su labor en la protección de los grandes simios. “Y ahí tenemos un conflicto muy básico, pero que dice mucho”, añade socarrona. Cuenta con otra hermana, Allegra, hija de su madre con otro hombre que nunca le dio sus apellidos y que John Huston decidió adoptar tras la muerte de Ricki. Anjelica vio nacer a Allegra, pero conoció a Danny cuando este ya tenía dos años. “Y no me hizo gracia, pero luego nos convertimos en los mejores amigos. Somos una familia muy diversa, pero que se mantiene muy unida. No te puedo expresar lo orgullosa que me siento de mi sobrino Jack, el hijo de Tony, y del trabajo que está haciendo en Boardwalk Empire. O con mi sobrina Stella, la niña bonita de Danny, que hasta este año vivió conmigo. La voy a echar mucho de menos”, reflexiona una mujer que hace años decidió no tener hijos.
La soledad también fue otro de los motores que propiciaron estas memorias. Otro de sus miedos por el que nunca se ha dejado conquistar. “Lo del libro no fue solo terapia. Hubo una oferta, una buena oferta, quizá no todo lo buena que hubiera querido, pero que picó mi curiosidad”, agrega con rapidez y con los pies en la tierra. Cierto que no es un libro que haya escrito por amor al arte, pero Huston concede que la muerte de su esposo, el escultor mexicano Robert Graham, en 2008 y tras 16 años de matrimonio, fue el motivo para ponerse a escribir. “Hasta cierto punto todos estamos solos aunque vivamos en esa fantasía de que no lo estamos. Y el reconocimiento de mi soledad es el que me ha hecho triunfar como la mujer que soy. Algo que no es fácil para nadie y tampoco para mí. Me ayudó cuando murió mi madre, luego mi padre y ahora mi marido”, admite. Fue en ese momento de encrucijada en su vida, cuando los trabajos como actriz fueron más escasos y el eco del éxito –obtuvo el Oscar a la mejor ­actriz secundaria en 1986 por El honor de los Prizzi y fue candidata por Enemigos(1989)y Los timadores (1990)–más y más lejano, cuando se volcó en sus memorias.

Lo nuestro no fueron infancias de hollywood, pero las navidades eran las mejores que podías imaginar, asegura Danny Huston
El proceso le ha llevado más de tres años y medio, arando a mano sus recuerdos en un manuscrito que acabó escribiendo ella misma porque no le gustó el escritor en la sombra que le habían asignado y para huir de la carnaza que buscaba alguno de sus editores. Por su parte no hubo censura, solo recuerdos que tomaron vida propia. “Había cosas de las que tampoco me sentía orgullosa a la hora de escribir, pero fueron necesarias para completar el puzle”, reconoce pensando, entre otros instantes de su vida, en ese intento de suicidio en el que cayó durante su primera relación de pareja estable junto al fotógrafo Bob Richardson cuando aún era una adolescente.
A Danny Huston se le quedó grabada para toda la vida la presencia de Ava Gardner en la casa familiar, su primer amor platónico. Anjelica menciona a la actriz como la primera gran estrella que conoció, pero admite que solo Peter O’Toole la dejó, literalmente, sin habla: tuvo que suspender su primer trabajo como actriz –en una obra infantil en su casa– porque al cruzarse con sus ojos azules se le olvidó su texto. También recuerda un encuentro conMarlon Brando, quien la invitó a su isla en Tahití cuando ella era todavía demasiado joven. A Marilyn Monroe nunca la conoció, pero escuchó suficientes historias de labios de su padre como para escribir otro libro. “La más fuerte y a la vez la más vulnerable de las mujeres americanas”, resume.
Anjelica achaca su buena memoria a su trabajo como actriz. Una memoria no solo vivida, sino olfativa, hablando de un Londres que olía a “tabaco, vinagre, pachuli, fish & chips, fruta pasada, beicon y humanidad”, mientras los hombres apestaban a “Vetiver, Brut y Old Spice”, y las mujeres, a “lavanda y sándalo”, al final de los sesenta. Quizá por eso la actriz no huele a nada, y los que la rodean, como Wes Anderson, dicen que su musa es “una gran presencia”. “Alguien espectacular”, como añade Jeff Gold­blum. Los hay más atrevidos, como Danny Glover, para quien Anjelica es “extraordinaria” tanto en la pantalla como en la vida real. “Hay algo en su madurez, en su belleza fuera de lo normal, en su alma, que la hizo desde siempre mi mayor fantasía erótica. Y mira por dónde me acabé casando con ella en The Royal Tenenbaums”, recuerda el actor con humor.


Huston, junto a su primer gran amor, el actor Jack Nicholson, en la ceremonia de los Oscar en 1976. / GETTY
Para Jack Nicholson, Huston fue y será por siempre su diosa, esa que tuvo y que dejó marchar tras 16 años de amor e infidelidades que concluyeron con el anuncio de que el gran Jack esperaba un hijo de otra mujer. Según confesó recientemente, el actor se sintió “emocionalmente aniquilado” tras la marcha de Huston. Una relación que, pese a los años, sigue existiendo, al menos en forma de amistad. “No sería feliz si no contara con él”, ha dicho Huston en otras ocasiones. De hecho, a él y a su relación estará dedicado el segundo volumen de memorias. El primer libro termina cuando la actriz llega a California tras una infancia idílica en Irlanda, una adolescencia tumultuosa en Londres y una primera relación fallida en Nueva York.

Mi padre fue una gran influencia en mi vida, en mis hombres, siempre más grandes de lo común, algo más viejos y fuertes
“En el segundo volumen hablaré de Jack, de mis intentos de recuperar mi carrera como actriz tras ese primer filme junto a mi padre, de su enfermedad…”. Por un momento, Anjelica deja que el silencio hable por ella, recuperando el habla para enfrentarse al fantasma que lleva sentado a su lado durante toda la conversación. “Desde luego que mi padre fue una gran influencia en mi vida, en mis hombres, siempre más grandes de lo común, algo más viejos, fuertes, y así fue hasta mi matrimonio”. En su discurso no hay lugar para el arrepentimiento. Quizá relaciones fallidas, admite. O momentos en los que se ha sentido como una idiota, sí. Pero todo es parte de esa aventura que es su vida, esa que transcurrió rodeada de tesoros procedentes de los rincones más remotos del planeta en los que su padre había estado rodando y que decoraron una infancia que, en palabras de Anjelica Huston, suena como un paradisíacoDownton Abbey irlandés a punto de sucumbir a la revolución cultural y sexual de los sesenta y setenta. “Me es difícil volver a Irlanda. Lo mismo que a México. Cometí el error de regresar hace poco a uno de esos lugares donde iba con mi padre y ahora está lleno de turistas… Pero el mejor consejo que me dio nunca mi padre es que uno siempre se puede levantar e irse. Se mete las manos en los bolsillos y se va. A veces es difícil, pero no imposible”, resume haciendo el gesto, aunque su traje no tenga bolsillos.