
Algoritmos para el suicidio
Aunque el suicidio tiene una gran repercusión en nuestra sociedad (la OMS informa de que se registran 800 000 al año, uno cada cuarenta segundos), ha permanecido en una especie de refugio informativo durante mucho tiempo. El Libro de estilo de El País indicaba en 2003 que «los suicidios deberán publicarse solamente cuando se trate de personas de relevancia o supongan un hecho social de interés general». Aunque no cabe duda de que se trata de un tipo de información extremadamente delicada e íntima, el efecto contagio o «efecto Werther» (por la obra de Goethe) que se esgrimía para no hablar de ello parece no ser tal. En Japón, uno de los países con índices de suicidio elevados, hablar abiertamente del tema ha contribuido, al contrario de lo que se pensaba, a que desciendan los casos. A este tratamiento de la información lo han bautizado con el nombre de «efecto Papageno» (por el libreto de Schikaneder para la ópera alemana La flauta mágica, de Mozart). Lo que se persigue es que los potenciales suicidas encuentren vías alternativas a sus planes.
