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sábado, 25 de julio de 2026

Rubem Fonseca / El maestro de la violencia se confiesa

Rubem Fonseca
Guadalajara, México, 2007
Foto de Triunfo Arciniegas
El maestro de la violencia se confiesa: Fonseca habla de sus obsesiones literarias
Más que un novelista policial, el octogenario Rubem Fonseca retrata la degradación de Brasil.
por Roberto Careaga C.
La Tercera, sábado 5 de mayo de 2012

Apenas se aparece en público, de entrevistas ni hablar. Su biografía conocida es un puñado de pistas que no solucionan el misterio. Cuando en 2003 recibió el Premio Juan Rulfo dio uno de los más cortos discursos de la historia del galardón. Es un reflejo de su estilo seco, afiladísimo, definitivo. Ahí está todo, ha insistido el escritor brasileño Rubem Fonseca. Basta con los libros, dijo. Puede que no sea una excusa azarosa. Por toda la obra del creador del cínico Mandrake hay declaraciones como esta: “El objetivo honrado del escritor es llenar los corazones de miedo, decir lo que no se debe decir, decir lo que nadie quiere decir, decir lo que nadie quiere oír”.

Rubem Fonseca / El maestro que vino del trópico

Rubem Fonseca: el maestro 

que vino del trópico

Sempiterno candidato al Nobel, el brasileño desafía los géneros, 
la moral y la corrección política.
Por Marcelo Soto
Pese a su riqueza y larga tradición, la literatura en lengua portuguesa ha sido injustamente relegada a un tercer o cuarto plano en nuestro provinciano mundo editorial. En el panorama actual, por ejemplo, pocos autores pueden ostentar una obra tan maciza y contundente como la del brasileño Rubem Fonseca, varias veces nominado al Nobel y ganador de premios tan relevantes como el Juan Rulfo y el Luis de Camoes, que otorgan en forma conjunta Brasil y Portugal.

miércoles, 6 de mayo de 2026

Rubem Fonseca / El hijo




Rubem Fonseca
El hijo
(“O filho”)


      Jessica tenía dieciséis años cuando se embarazó.
       —Es mejor sacarlo —dijo su madre—. ¿Sabes quién es el padre?
       Jessica no lo sabía.
       —No importa quién sea el padre —respondió—, son todos unos cabrones.

martes, 5 de mayo de 2026

Rubem Fonseca / El peor de los venenos

Mujer desnuda frente al espejo
Giovanni Bellini

Rubem Fonseca 


EL PEOR DE LOS VENENOS



A todos los hombres les gusta que los sienten a mi lado en las grandes cenas que frecuento. Soy inteligente, guapa, atractiva, irónica, tengo imaginación, cultura, soy capaz de mantener un diálogo expresivo con un banquero importante o con un profesor de filosofía, en el caso de que inviten a un profesor de filosofía a una de estas cenas elegantes. ¿Parezco una presumida egocéntrica? ¿Debo mentir, sólo para aparentar modestia? 

Rubem Fonseca / Vida


Rubem Fonseca
VIDA

En mi caso, el ruido que causa el movimiento de los gases intestinales me pone alerta. Pero hay personas que no tienen la ventaja de esta señal prodrómica? Mi mujer dice que no es una enfermedad y, si no es una enfermedad, no hay pródromo, como el aviso que un epiléptico recibe momentos antes de tener la crisis, como le ocurría a nuestro hijo, que Dios lo tenga en su gracia, pero mi mujer se dedica a contradecirme en todo lo que digo, a hostilizarme constantemente, ese es el pasatiempo de su vida-, pero estaba diciendo que mi flatulencia se anuncia por los ruidos de los gases desplazándose por el abdomen, y eso me permite, casi siempre, retirarme estratégicamente para ir a expulsarlos lejos de los oídos y las narices de los demás. Por cierto, prefiero hacerlo a solas, pues los pedos, al ser expulsados, me causan un gran placer que se manifiesta en mi rostro, sé de esto porque la mayoría de las veces los libero en el baño, el mejor lugar para hacerlo, y puedo notar en mi rostro, reflejado en el espejo, el lenitivo alivio, la delectación provocada por su esencia odorífera, y también una cierta euforia, cuando son bastante ruidosos. Y, tratándose de un ambiente cerrado, tengo otra emoción, tal vez más placentera, que es la de disfrutar con exclusividad ese olor peculiar. Sí, yo sé que para la mayoría de las personas, ciertamente no para quién lo expulsó, el aroma de la flatulencia ajena es ofensivo y repugnante. Mi mujer, por ejemplo, cuando estamos acostados en la cama y escucha el ruido de mis intestinos, me grita, salte de la cama y vete a pedorrear lejos de mí, asqueroso. Salgo corriendo de la cama y me voy al baño, en esas ocasiones, como ya dije, prefiero estar solo, y después de expulsar los gases en el baño, con la puerta cerrada, cuando ni siquiera acabé de gozar la satisfacción que aquello me da, ella grita, Dios mío, estoy sintiendo la peste desde aquí, de veras te estás pudriendo. El olor no es tan fuerte, incluso me gustaría que fuera más intenso pues me causaría mayor placer, pero a veces es tan suave que tengo que agacharme y olfatear con la nariz casi pegada al pubis para sentir el aroma desprendido por el flato, pero aún así, en estos días ella grita palabras injuriosas desde el cuarto, como si un olor tan débil pudiera recorrer un trayecto tan largo sin desvanecerse en el camino. El otro día, durante la cena -por cierto que esto ocurre casi todos los días- al repetir el plato de frijoles, me dijo, come más, llénate las tripas, para que después te eches más pedos, pero también lo dice si repito el postre, soy delgado y no logro dejar de serlo, no importa lo que coma; ella es gorda y no logra dejar de ser gorda, pero vive haciendo pays, pudines de leche y mousses de chocolate, y si repito el pudín o el mouse ella dice, vas a pasar la noche pedorreándote como un caballo, y además me echa la culpa de ser gorda, que la hago infeliz, que come para compensar las frustraciones que le causo, y tiene razón, pues no logro cumplir con mis obligaciones de marido, por más que lo intento, y en realidad ya no lo intento más. Podría irme de la casa, pedir el divorcio, pero me acuerdo de lo que sufrió durante la enfermedad de nuestro hijo, creo que nunca ha existido en el mundo una madre más dedicada que ella, y ella engordó después de la muerte de nuestro hijo, y a veces la descubro llorando con su retrato en las manos, no debo abandonarla en esa situación, no puedo ser tan desalmado y egoísta, y además si soy delgado y elegante podría conseguirme otra mujer, pero ella no lograría encontrar otro hombre y la soledad aumentaría todavía más su sufrimiento, es una buena mujer, no merece esto. Estamos acostados, ella de espaldas a mí, pensé que estaba dormida, pero mis intestinos empezaron a producir esos ruidos y ella, sin darse la vuelta, gritó ¡Ay, Dios mío, que vida la mía!, ve a pedorrearte al baño, y me fui e hice lo que me mandó y contemplé en el espejo la felicidad que el fuerte ruido y el intenso olor estamparon en mi rostro. 

Rubem Fonseca
Secreciones


Rubem Fonseca / Orgullo


Rubem Fonseca
ORGULLO

En varias ocasiones había oído decir que por la mente de quien está muriendo ahogado desfilan con vertiginosa rapidez los principales acontecimientos de su vida y siempre le había parecido absurda tal afirmación, hasta que un día ocurrió que estaba muriendo y mientras moría se acordó de cosas olvidadas, de la noticia del periódico según la cual en su infancia pobre él usaba zapatos agujerados, sin calcetines y se pintaba el dedo del pie para disimular el hoyo, pero él siempre había usado calcetines y zapatos sin hoyo, calcetines que su madre zurcía cuidadosamente, y se acordó del huevo de madera muy liso y suave que ella metía en los calcetines y zurcía, zurciendo todos los años de su infancia, y se acordó de que desde niño no le gustaba beber agua y si se bebía un vaso lleno se quedaba sin aire, y por eso permanecía el día entero sin beber una gota de líquido pues no tenía dinero para jugos o refrescos, y que a veces a escondidas de su madre hacía refresco con la pasta de dientes Kolynos, pero no siempre tenían pasta de dientes en su casa, y en el momento en que moría también se acordó de todas las mujeres que amó, o de casi todas, y también del piso de madera roja de una casa en la que había vivido, aunque angustiado no logró recordar qué casa era aquélla, y también del reloj de bolsillo ordinario que rompió el primer día que lo usó, y también del saco de franela azul, y del dolor que lo había hecho arrastrarse por el suelo, y del médico que decía que necesitaba hacerle una radiografía de las vías urinarias, y cuanto más lo cercaba la muerte más se mezclaban los recuerdos antiguos con los recientes, él llegando atrasado al consultorio del médico que ya estaba vestido para salir, ya hasta había permitido que se fuera la enfermera, y el médico con prisa, ansioso como alguien que va a encontrar a una novia muy deseada, mandándole que se quitara el saco, se levantara las mangas de la camisa y que se acostara en una cama metálica, explicándole que a fin de cuentas la radiografía no se tardaría mucho, sólo había que inyectar el contraste y sacar las placas, y el médico se inclinó sobre la cama para aplicar el contraste en la vena del brazo y él sintió el olor delicado de su perfume y pudo observar su corbata de bolitas, y no pasó mucho tiempo cuando empezó a sentir que la laringe se le cerraba impidiéndole respirar y él intentó alertar al médico pero no logró emitir sonido alguno y todas las reacciones vinieron a su mente, la noticia del periódico, el saco azul, el piso de madera, las mujeres, el huevo liso de madera de su madre, mientras el médico en una esquina del consultorio hablaba por teléfono en voz baja, y como sabía que se estaba muriendo golpeó en la cama de metal con fuerza, el médico se asustó y después muy nervioso sacaba los cajones de los armarios, maldiciendo, culpando a la enfermera y diciéndole a él que se calmara, que iba a ponerle una inyección antialérgica, pero no encontraba dónde estaba el maldito medicamento, y él pensó me estoy muriendo sofocado, la vida y la muerte corriendo al parejo, y consciente de que su muerte era inminente e inevitable, se acordó de las palabras de un poema, debo morir pero eso es todo lo que haré por la Muerte, pues siempre se había rehusado a tener el corazón atormentado por ella, y en ese momento en que moría no iba a dejar que ella se hiciera cargo de su alma, pues lo más que la Muerte haría de él sería un muerto, así es que pensó en la vida, en las mujeres que había conocido, en su madre zurciendo calcetines, en el huevo liso de madera, en la noticia del periódico, y golpeó con fuerza la mesa de metal, ¡bam!, ¡bam!, ¡bam!, estoy pensando en las mujeres que amé, ¡bam!, ¡bam!, ¡bam!, pensando en mi madre, y en ese momento el médico, sin saber qué hacer, atormentado y sobresaltado por los ruidosos golpes que él descargaba en la cama metálica, lo miró con gran conmiseración y tristeza, y él gritó nuevamente ¡bam!, ¡bam!, que perdonaba al médico, ¡bam!, ¡bam!, que perdonaba a todo el mundo, mientras su mente recorría velozmente las reminiscencias de la vida, y el médico, ahora entregado a su impotencia, desesperado y confundido, le quitó los zapatos y le levantó la cabeza y vio sus pies vestidos con calcetines negros, y vio en el calcetín del pie derecho un hoyo que dejaba aparecer un pedazo del dedo grande, y se acordó de cuán orgullosa era su madre y de que él también era muy orgulloso y que eso siempre había sido su ruina y su salvación, y pensó no voy a morirme aquí con un hoyo en el calcetín, no va a ser esa la imagen final que le voy a dejar al mundo, y contrajo todos los músculos del cuerpo, se curvó en la cama como un alacrán ardiendo en el fuego y en un esfuerzo brutal logró que el aire penetrara en su laringe con un ruido aterrador, y cuando el aire era expelido de sus pulmones hizo un ruido aún más bestial y horrible, y se escapó de la Muerte y ya no pensó en nada. El médico, sentado en una silla, se limpió el sudor del rostro. Él se levantó de la cama metálica y se puso los zapatos.

Rubem Fonseca
El agujero en la pared



martes, 10 de octubre de 2023

Rubem Fonseca / El enano / Traducción de Romeo Tello


Rubem Fonseca
EL ENANO
Traducción de Romeo Tello

Poco importa que diga cómo fue que un empleado bancario desempleado como yo conoció a una mujer como Paula, pero voy a contarlo. Me atropello con su carrazo y me llevó al Miguel Couto y me dijo en el camino, la culpa fue mía, estaba hablando en el teléfono celular y me distraje, mi marido odia que maneje. Al llegar al hospital le dije a todo el mundo que la culpa era mía. Ella suspiró aliviada y dijo muy bajo, muchas gracias. Me operaron la pierna, le pusieron un montón de tornillos y me dejaron en una camilla en el pasillo, pues el hospital estaba lleno y no había lugar en los cuartos.

miércoles, 7 de octubre de 2020

Rubem Fonseca / El enano

Fractura
Ilustración de Triunfo Arciniegas
Rubem Fonseca
EL ENANO
Traducción de Regina Aida Crespo


No importa decir cómo fue que un empleado bancario como yo conoció a una mujer como Paula, pero se los voy a contar. Ella me atropelló con su carrazo y me llevó al Miguel Couto y me dijo en el camino que la culpa era suya yo estaba hablando en el teléfono celular y me distraje mi esposo odia que maneje. Llegando al hospital le dije a toda la gente que la culpa era mía. Ella dio un suspiro de alivio y dijo quedamente, muchas gracias. Me operaron la pierna, le pusieron un montón de tornillos y me dejaron en una camilla en el pasillo porque el hospital estaba lleno y no había lugar en los cuartos comunes.

miércoles, 6 de mayo de 2020

Rubem Fonseca / Hermosos dientes y buen corazón



Rubem Fonseca 

BIOGRAFÍA

HERMOSOS DIENTES Y BUEN CORAZÓN

Traducción de Basilio Losada



He oído decir que hay gente que se ríe para mostrar sus hermosos dientes y otra gente que llora para mostrar que tiene buen corazón. En todas mis fotos M. está riéndose, pero no como esas famosas que salen en los ecos de sociedad. Esas pavisosas siempre aparecen con los dientes a la vista, pero nunca están realmente riéndose, están mirando hacia el objetivo de la cámara pensando en lo que van a decir sus amigas cuando vean la foto publicada, fingiendo que ríen, y cuando el fotógrafo se va, ellas muestran su rostro ceñudo, a veces incluso triste. Yo anduve en esas fiestas y sé muy bien lo que digo. Los que se ríen de verdad, como los que están enamorados, no tienen la menor noción de lo que acontece a su alrededor, no ven nada en torno a ellos. No ven, por ejemplo, a un fotógrafo sacando fotos. Reír es bueno, pero puede joderle la vida a uno.
    M., cuando lloraba, se sonaba la nariz, quizá porque es así como en las películas lloran las protagonistas: empiezan a llorar y el galán, o bien otro hombre cualquiera, nunca otra mujer, saca el pañuelo del bolsillo, los hombres llevan siempre un pañuelo limpio en el bolsillo, se lo dan a la moza y la moza se limpia la nariz. Claro que esto tiene una justificación biológica, las lágrimas, aparte de humedecer la conjuntiva, pueden penetrar en las fosas nasales. El día en que M. lloró, el tipo que estaba con ella no llevaba pañuelo, o quizá sí lo llevaba, pero no estaba limpio, porque si uno lleva un pañuelo en el bolsillo de los pantalones es para ensuciarlo, a no ser que el fulano esté trabajando en una película. Él le dio su corbata a M. y ella se sonó con la corbata. Pero tengo la impresión de que estoy poniendo el carro delante de los bueyes. Vayamos por orden.

Rubem Fonseca / El violador



Rubem Fonseca 

BIOGRAFÍA

EL VIOLADOR

Traducción de Basilio Losada



Júlia siempre lleva vestidos sin escote y, si llevaba blusa, cerraba el cuello totalmente. Tenía un cuerpo hermoso, principalmente los senos. Hay quien dice que el seno ideal debe ser duro y arrogantemente empinado, o escarpado en sentido ascendente, o en todo caso grande y redondo como un melón. Pues no, el seno perfecto debe caber en la mano de un hombre sin que sobre hacia los lados, y blando y un poco pendiente, muy poco, en leve sinuosidad para alzarse luego dulcemente de modo que la punta quede por encima de la línea del horizonte. Las finas camisas de malla que ella usaba, sin sostén, indicaban que los senos de Júlia pertenecían a esta última categoría.
    Júlia llevaba siempre el cuello del vestido cerrado, y sólo me dejaba besarle el pescuezo, que era muy bonito. A mí me gustaba ir a la playa, pero Júlia detestaba la playa y las piscinas. Cualquiera podría pensar que Júlia tenía celulitis o las piernas torcidas, pero los shorts que se ponía a veces demostraban que no era ése el motivo.

Rubem Fonseca / La naturaleza, en oposición a la gracia

Artist Paints Nightmares With His Own Blood



Rubem Fonseca 

BIOGRAFÍA

LA NATURALREZA,EN OPOSICIÓN A LA GRACIA

Traducción de Basilio Losada


¿Hace mucho tiempo que vive usted en este edificio?, preguntó el policía.
    Dos años, respondí. Antes vivía en la Isla del Gobernador.
    Si el policía me hubiera interrogado unos días antes, estaría yo muerto de miedo. Pero después de todo lo pasado, ya no.
    Mientras el policía me iba haciendo preguntas, yo rememoraba todo lo ocurrido. No sé por qué, lo primero que recordé fue el calor de la sauna del bloque, la sauna donde yo me escondía para librarme de Sérgio. No olvido aquel día en el que estaba yo al borde de la piscina sentado al lado de Alessandra, tendida en bikini, en una tumbona, cuando Sérgio se acercó y, antes de que pudiera yo refugiarme en la sauna, se había instalado a nuestro lado con los ojos clavados en el cuerpo de mi novia. Luego preguntó: ¿Es que no va a meterse en el agua nunca este canijo?

martes, 5 de mayo de 2020

Rubem Fonseca / Ahora tú (o José y sus hermanos)


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Rubem Fonseca 

BIOGRAFÍA

AHORA TÚ (O JOSÉ Y SUS HERMANOS)

Traducción de Basilio Losada


¿Quién quiere hablar primero?
    Yo. Ayer entré en el ascensor, uno de esos modernos que no tienen botón para apretar, los números de los pisos están en cuadraditos que se iluminan. Estiré la mano acercando suavemente el dedo al número del piso al que yo iba, muy suavemente, casi un soplo, y aparté el dedo con la mayor rapidez, sólo para ver. El número se iluminó. Realmente funcionaba. Ah, qué gracia, dijo alguien con voz aflautada. Era un ascensor grande, iba lleno de gente, pero no fue difícil identificar al patán que había hablado. ¿Decía algo?, pregunté como un duro de esos del cine. ¿Hablaba conmigo? A ver, ¿qué decía? Pero el tipo, que era un poco cagueta y más bien palurdo, dijo, sí, cariño, hablaba contigo. Me eché sobre él, no porque me tomara por maricón, perdón, a mí me es igual, que cada uno sea lo que quiera, ¿pero quién te crees que eres tú? Y me eché encima de él, porque no me gusta que un fulano como aquél me hable sin que yo le dé permiso. ¿Sería hijoputa?, perdonen, la verdad es que le cascaría aunque sólo me hubiera dado los buenos días. Sólo un viejo, entre todos los que iban en el ascensor, protestó, no puede usted hacer eso. No le hice ni caso. El tío mierda que me había provocado la envainó y corrió a meterse detrás de los otros, al fondo del ascensor. Nadie dijo nada, y si alguien hubiera dicho algo, iba a ver cómo acababa. No estaría mal, armarla dentro de un ascensor, a hostias, cosa que nunca hice hasta hoy. Reconozco que soy un poco crudo, que, cuando me da, no me contengo. Yo era flacucho y delicado, y todos se metían conmigo, hasta una vez uno me palpó el culo, disculpen, porque yo era bonito, y a la gente no le gustan los hombres guapos. Pero el caso es que fui a una academia de esas para sacar músculo, y me harté de tomar pastillas, practiqué las artes marciales, me convertí en un toro, me hice un tatuaje en el brazo, un diablo con cuernos y todo, aquí está. Encima del bíceps. Los cuernos crecen cuando hago músculo, ¿ven? Pero sigo siendo un hombre que tiene su moral, soy incapaz de atizarle a un viejo, a un niño, a un lisiado o a una mujer, no me meto con nadie. Uno cría músculo, pero el alma sigue igual. Hoy ya nadie se mete conmigo, a no ser algún gilipollas que no ve lo que se le cae encima, como esos imbéciles que en el zoo quieren acariciar la cabeza del tigre enjaulado y se quedan sin brazo. Los idiotas que se meten conmigo no pierden el brazo, pero tienen luego que llevarlo enyesado y comprarse una dentadura postiza. Eso si me cogen en un día bueno.

Rubem Fonseca / Coincidencias

Papel Pintado al Estilo Pop Art con Mujer Rubia en 2020 | Arte del ...



Rubem Fonseca 

BIOGRAFÍA

COINCIDENCIAS

Traducción de Basilio Losada


 No soy uno de esos hombres que se llevan a la cama a cualquier fulana a quien han conocido en la barra de un bar. ¿Qué fue lo que me motivó? ¿Su aspecto saludable y limpio, la piel sonrosada, su pelo rubio descolorido como paja, el cuerpo bien hecho?
    La encontré de nuevo, unos días después, en el aeropuerto. Yo llevaba un traje hecho a medida en Londres, zapatos ingleses, camisa italiana y corbata francesa, e iba cuidadosamente afeitado y peinado. Sólo me acicalo tanto cuando voy en viaje de negocios, llamémosle así. En Brasil me afeito dos veces por semana y nunca me pongo esa ropa, ni siquiera para verme con una mujer ni para negociar con el traficante ni para ir al funeral de un figurón o para presidir las reuniones de mi empresa, qué sé yo. Lo que me gusta es pasar inadvertido.
    Chico, qué coincidencia tan agradable, me dijo ella deteniéndose ante mí y, prácticamente, impidiéndome seguir mi camino.

Rubem Fonseca / Copromancia


Piero Manzoni
Merde d'artista
1961


Rubem Fonseca 

BIOGRAFÍA

COPROMANCIA 


Traducción de Basilio Losada


¿Por qué Dios, el creador de todo lo que existe en el Universo, al dar la existencia al ser humano, al sacarlo de la Nada, lo destinó a defecar? ¿Habría revelado Dios, al atribuirnos esa irrevocable función de transformar en mierda todo lo que comemos, su incapacidad para crear un ser perfecto? ¿O su voluntad era ésa, hacernos así, toscos? ¿Ergo, la mierda?

De nuevo Rubem Fonseca / Secreciones, excreciones y otros desatinos



De nuevo Rubem Fonseca

1 de diciembre de 2001

A Rubem Fonseca no le gustan ni las entrevistas, ni las fotografías, ni las Ferias de libros. Por estas simples pero profundas razones, el escritor brasileño no vino a México, a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, dedicada en esta ocasión a la literatura brasileña. El más reciente libro de cuentos de Fonseca aparecerá próximamente en español bajo el sello de la editorial de Cal y Arena. Se trata de una breve y provocadora exploración de los límites del cuerpo humano: Secreciones, excreciones y otros desatinos.

Rubem Fonseca / Un libertino en México


Rubem Fonseca
Fotografía de Triunfo Arciniegas


Rubem Fonseca

Un libertino en México


El escritor brasileño visitó en los 90 el Distrito Federal: comió gusanos de maguey, visitó un table dance en la colonia Condesa y se maravilló de la vida nocturna de la gran urbe, escenas que luego recreó en uno de sus cuentos; este año se cumple un cuarto de siglo de que la editorial Cal y Arena publica su obra en el país

LUIS CARLOS SÁNCHEZ
22 de agosto de 2014

CIUDAD DE MÉXICO, 22 de agosto.- “Vamos, vamos corriendo”, le dijo Rubem Fonseca (Minas Gerais, Brasil, 1925) a sus anfitriones de esa noche. Era casi una cofradía de cautivos frente al autor de culto, divirtiéndolo en la Ciudad de México, un terreno que se jacta de contener la misma inmundicia que narra el brasileño. Era el año de 1990, Fonseca había comido gusanos de maguey en el restaurante Bellinghausen, pero no era suficiente, quería conocer más.
“Alguno de los amigos en la mesa –recuerda Rafael Pérez Gay- preguntó: ¿ha ido usted al table dance Rubem? ‘Sí, sí, tengo idea de lo que es el table dance’, dijo. Otro amigo agregó ‘pero es que este table dance tiene un toque mexicano’. ¿Y a qué se refieren ustedes?, preguntó Rubem, ‘pues a que puedes tocar a las chicas”, le dijeron. El escritor tenía 65 años y se apresuró a seguir a sus cofrades.  
Años después, Ediciones Cal y Arena compró los derechos de El agujero en la pared a la agente literaria Carmen Balcells, en aquella colección de cuentos estaba referida esa noche. Rubem Fonseca incluyó el cuento La carne y los huesos, en el que el personaje principal narra la historia de su madre que está muriéndose. “Cuenta al mismo tiempo la historia de que viajó y estuvo en una ciudad lejana en donde la gente iba a unos lugares nocturnos y se ponían las mujeres arriba de las piernas como si estuvieran en unas sillas de barbero”, recuerda Pérez Gay.
A la historia de esa noche (en la que estuvieron además Luis Miguel Aguilar y Bernardo Ruiz, entonces director de Difusión Cultural de la UAM, institución que había traído al escritor a México), el brasileño agregó un personaje que llamó “la condesa”. El bar al que habían ido se llamaba El Closet y estaba en la calle de Saltillo de la colonia Condesa. “Inventó ese personaje porque estábamos en la Condesa, de ahí viene ese cuento, salimos como a las tres o cuatro de la mañana, él se fue a su hotel y regresó a Sao Paulo, luego tuvimos este cuento notable”.
Ediciones Cal y Arena está ahora por cumplir 25 años de publicar en México a Rubem Fonseca, de descubrirlo prácticamente para los lectores. “Creo que Cal y Arena introdujo de verdad a Fonseca a México porque no lo tenía nadie. Fonseca en Brasil es un hitazo, publica un libro y vende cien mil ejemplares. Es quien encabeza a la muy, muy potente literatura brasileña de nuestros días; pero no tengo ningún inconveniente en decir que Cal y Arena introdujo en México a Rubem Fonseca”, agrega el director del sello editorial.
A la efeméride se agrega una conmemoración más: el año pasado Fonseca cumplió en Brasil medio siglo de escribir ininterrumpidamente. Lo celebró ausente -como acostumbra-, asomándose sólo a través de sus libros con la publicación de Amalgama, un nuevo libro de relatos que aparecerá en los próximos días en las librerías mexicanas, traducido por Delia Juárez con el apoyo de Luis Miguel Aguilar. 
Joven de 89 años
Potente, adictiva, magnética, con la misma intensidad que podría tener la literatura de un escritor joven (es un escritor algo tardío, comenzó a publicar después de los 35 años), así es la literatura de Rubem Fonseca, dicen Rafael Pérez Gay, editor del escritor en México, y Rodolfo Mata, traductor –junto con Regina Crespo- al español de por lo menos una docena de libros del brasileño que Cal y Arena ha publicado en México.
El primer libro de Fonseca que llegó a las manos de Pérez Gay fue la novela Pasado negro, lo traía de un viaje a Sudamérica Héctor Aguilar Camín.
“Yo la leí y quedé hechizado por un narrador magnético, un narrador notable en su refinamiento, en su capacidad de atrapar al lector y, desde luego, en su calidad. A partir de entonces me encargué de ir siguiendo cada uno de sus libros y de ir comprando los derechos de cada uno. Entretanto Fonseca se convirtió en uno de los narradores iberoamericanos más notables, recibió el Premio Camões, el Juan Rulfo de la FIL (ambos en 2003)”. Este último entregado por Gabriel García Márquez. 
Fonseca se convirtió entonces en un escritor de culto que tiene en México unos cuatro mil lectores, que no se pierden ninguno de sus libros.
Rodolfo Mata piensa que su calidad literaria, pero sobre todo el cochambre y la ironía que hay en sus historias, concitaron con el lector mexicano. “Hay un temperamento irónico, sarcástico. Con el lector mexicano al principio fue la violencia, a mí el libro de El cobrador (donde cuenta la historia de un asesino serial) me dejó impresionado. El otro tema es de la reinvindicación de la literatura policiaca como un género con todos sus derechos, virtudes y posibilidades”.
También, agrega, está “el tema del sexo, de las relaciones interpersonales tratados de manera irreverente, sin tapujos y de una manera muy festiva, eso es algo importante”.
Fonseca es además un observador de este tiempo, del sentimiento más “acre”, sus historias están llenas de conflicto, hay odio, amor y pasión; también amargura y muchas carcajadas, muchas burlas al hombre.
“Fonseca siempre tiene referencias en dobles niveles”, Mata piensa que en El agujero en la pared se burla por ejemplo de Jorge Luis Borges. “Fonseca tiene una capacidad de observación del suceder cultural impresionante, se ríe de lo políticamente correcto”, como ejemplo señala el cuento Lanzamiento de enano (de cuya imagen se ve una similar en la cinta Lobo de Wall Street de Scorsese), donde los enanos piden no ser defendidos, porque se les lanza por divertimento.
“Ellos dicen en el cuento: oye no me defiendas, me estás quitando el trabajo, deja que me lancen estas gentes porque de eso vivo”. Pero Fonseca se ríe además de los purismos, “de esa gente que siempre va atrás y grita no lancen a los enanos, respétenlos, de esa gente que dice no hagan esto que puede producir catástrofes ecológicas, no dudo que en algún momento (Fonseca) se lance contra los que defienden los alimentos orgánicos”, dice.
No sólo el sentido corrosivo de sus temas impacta en Fonseca, el traductor agrega que a pesar de que “es el más cuidadoso de la lengua o una gente que tenga un cuidado supremo, sus diálogos están muy bien hechos, con Regina nos reíamos mucho, hay mucho de oralidad y capta el habla de las personas, de los brasileños, sus historias tienen una ironía social muy acre, el conflicto entre ricos y miserables está siempre presente, otros autores brasileños lo han tomado, lo siguieron y yo creo que eso ha hecho que fuera atrás de eso que fue abriendo”.
En ello, coincide Pérez Gay, “uno: es un narrador magnético y dos, toca los temas de los cuales todos queremos saber, oír, es decir, de sexo, drogas, muerte, amor, padres, hijos. Este conjunto de temas hacen de la obra de Fonseca una obra magnética, y lo digo en el sentido más literal de la palabra. Te atrapa y por eso se volvió durante un tiempo, y lo sigue siendo, un escritor de culto en México y en América Latina”.
En Amalgama ha regresado ese Fonseca. “Es un libro de relatos independientes que tiene asidero yo no diría que poéticos, aunque lo son también, es el tema y la narración de Fonseca puesta en forma poética, es un libro muy breve de 150 páginas en donde al final este escritor hace una declaración de la maestría del relato breve, es sorpresivo y nuevamente magnético”, dice.

“LOS ESCRITORES SON SERES MUY EXTRAÑOS”

Hacia mediados de la década de los 90, Rubem Fonseca visitó el Distrito Federal y se reunió con sus editores mexicanos. Por ese entonces, Cal y Arena había publicado las novelas Grandes emociones y pensamientos imperfectos y Agosto; pero algunas obras anteriores, como El cobrador o Pasado negro, circulaban entre los lectores nacionales de mano en mano y de voz en voz, como si se tratara de una cofradía.
Fonseca no da entrevistas, pero ofreció una charla en la Capilla Alfonsina, que el suplemento cultural de El Nacional registró puntualmente. Le preguntaron, entre otros temas, por “el sexo en sus libros”. “¿El sexo?”, cuestionó Fonseca. “Bien. ¿Qué quieren saber del sexo?”, lo que provocó las carcajadas entre los asistentes. Le preguntaron también por qué algunos de sus personajes son escritores. “No sé, quizá porque los escritores son seres muy extraños”, señaló.
Aunque a Fonseca no le gustan las entrevistas ni las fotografías, ni los encuentros literarios, en años recientes se ha presentando ante públicos más amplios para recoger doctorados Honoris Causa y premios como el Camões (el Nobel de lengua portuguesa) o el Juan Rulfo de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. No le gusta, en fin, hablar de su propia obra o de sí mismo, pero Rubem Fonseca, en todo caso, es un escritor que está en sus libros.  
Así, por ejemplo, Intestino grueso, relato incluido en Feliz año nuevo, es la historia de una entrevista, un duelo de esgrima entre un periodista y un escritor. Preguntas cándidas y respuestas mordaces. En Novela negra, otro ejemplo más, se cuentan las anécdotas y desatinos de un escritor que asiste a un festival de novela policiaca, en el que en algún momento James Ellroy, el célebre autor de LA Confidential, le plantea al protagonista: “Somos los continuadores de la tragedia griega”. Acaso su trabajo más personal sea José (su nombre es José Rubem Fonseca), una autobiografía escrita en tercera persona que se detiene en sus 30 años.
—Fernando Islas



sábado, 18 de abril de 2020

Rubem Fonseca / Once de mayo



Rubem Fonseca
Once de Mayo 

(“Onze de Maio”)


      
El desayuno, la comida y la cena se sirven en la celda. Es un trabajo enorme llevar las marmitas y los vasos hasta la celda de cada uno. Debe haber alguna razón para eso.
       La celda tiene cama, armario, un orinal y televisión. La televisión está encendida durante todo el día. Debe haber también alguna razón para eso. Los programas se transmiten por circuito cerrado desde algún lugar del Hogar. Viejas novelas transmitidas sin interrupción.
       Hoy un Hermano confiscó la radio que Baldomero estaba montando. Su hija le había ido llevando las piezas. Está permitido oír la radio, dijo el Hermano, pero el ocio no ha de ser fuente de injusticia, aquí todos han de tener las mismas cosas. Y allá se fue el juguete de Baldomero.

Rubem Fonseca / Encuentro en el Amazonas

Foto de Pierre van Troots

Rubem Fonseca
Encuentro en el Amazonas 

(“Encontro no Amazonas”)


      
Supimos que había ido desde Corumbá a Belém, por Brasília, en autobús. De tanto andar tras él, ya lo conocía como si fuera de la familia. Andaba huyendo, pero eso no le impedía ver cuanto museo o iglesia encontraba en el camino.
       El único museo que había en Belém era el Goeldi. Se había pasado dos días visitando el Goeldi, aunque tenía razones para sospechar que íbamos acercándonos. Todo el mundo lo había visto.
       “Estuvo un buen rato mirando los peces. Llevaba un cuaderno gordo lleno de anotaciones”, dijo el hombre del acuario.

Rubem Fonseca / Sangre, heces y saliva






Rubem Fonseca Sangre, heces y saliva


“En el octavo piso. La muerte se consumó en una descarga de gozo y alivio, expeliendo residuos excrementicios y glandulares —esperma, saliva, orina, heces—. Asqueado se apartó del cuerpo sin vida sobre la cama, al sentir su propio cuerpo contaminado por las inmundicias expulsadas de la carne agónica del otro”.
17 de agosto de 2010
Bruno / Balbuceos

 Así comienza el segundo apartado de la parte I de la novela que, algunos críticos, consideran una de las mejores novelas históricas contemporáneas de Brasil. Escrita en clave de Novela Negra, narra las investigaciones del detective Mattos para descubrir al asesino de un empresario vinculado a negocios ilícitos con altos mandos del gobierno de Getúlio Vargas. Un Brasil convulsionado por la violencia, la agitación social y el clima incierto que precedió al suicidio del presidente en ejercicio Getúlio Vargas, son el telón de fondo para una historia donde se entrelazan historias de amor, ambición, traición; huelgas, policías corruptos, prostitución y corrupción estatal. Su autor, Rubem Fonseca, escritor brasilero, ha escrito también varias novelas y cuentos donde la violencia y la degradación social bullen bajo la superficie de historias directas, hechas con un prosa simple muy cercana a los grandes narradores de lo que se llamó el Realismo Sucio gringo.