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martes, 1 de agosto de 2023

La rareza de Iris Murdoch

Iris Murdoch fotografiada por Ida Kar en 1957

Iris Murdoch fotografiada por Ida Kar en 1957

LETRAS

La rareza de Iris Murdoch

Murdoch es una moralista de primer orden, una pensadora sagaz, pero donde no tiene rival es en la puesta en escena. Sus personajes resultan muy persuasivos como espejos


Gonzalo Torné
8 de julio de 2019


¿Qué es un autor? Un nombre asociado a un número de obras. ¿Qué es un autor para nosotros? Quizás las lecturas de esas obras que emprendimos en diversos momentos de nuestra experiencia, condensados por la memoria y retomados desde el ánimo y la capacidad actual de nuestra conciencia. Un autor es un asunto personal. Mi asunto con Iris Murdoch es que pese a la casi intimidatoria lista de novelas que publicó siempre se me aparece como la autora de El mar, el mar y El príncipe negro, con un puñado de satélites desprendiendo agradables reflejos alrededor. Podría decir que entre 1973 y 1978 Murdoch fue la novelista más en forma de Inglaterra, pero quizás sea más justo afirmar que ambas novelas compiten con Ulises y Al faro como los principales logros narrativos de la literatura británica en el siglo XX.

viernes, 24 de julio de 2020

Cinco escritores / En memoria de Juan Marsé





Juan Marsé


En memoria de Juan Marsé

Cinco escritores de diferentes generaciones —Francisco Ferrer Lerín, Gustavo Martín Garzo, Jenn Díaz, Gonzalo Torné y Alba Carballal— recuerdan su primer acercamiento a la obra de Marsé y la influencia del escritor en la literatura y la sociedad españolas.


EL CULTURAL
21 de julio de 2020

Francisco Ferrer Lerín

En la obra de Juan Marsé surge el charnego. En su novela Últimas tardes con Teresa, la figura del protagonista, Pijoaparte, es el paradigma del joven atrevido, posible habitante de un barrio, El Guinardó, patria de Marsé. Quizá por primera vez, en la historia de la literatura, se preste atención a la figura del desarraigado que intenta ascender en el escalafón social de Cataluña y es rechazado por los indígenas. Y no es desconocimiento de la lengua vernácula  la causa principal de ese rechazo, ya que hasta la llegada del delirio regionalista esa carencia no era un factor selectivo, pero sí lo es su condición no catalana, sus características físicas alejadas del modelo oficial; aunque hay que decir que la lengua en la ciudad de Barcelona en las décadas de los cincuenta y sesenta, y hasta la inmersión lingüística, era un signo de clase. Las capas bajas, formadas por individuos procedentes de regiones no catalanoparlantes, así como la alta burguesía y parte de la burguesía media, hablaban en castellano; la pequeña burguesía, los tenderos, la escasa inmigración procedente de la Cataluña interior, hablaba en catalán.