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domingo, 12 de abril de 2026

Ese horror que es Cuba


La Habana


Ese horror que es Cuba

Fidel fue más allá de abolir el capitalismo: abolió el mercado. La única empresa que no “mandó a parar” fue la suya propia.

Enrique Krauze
10 de marzo de 2026
Todo comenzó cuando el barbado redentor bajó de la Sierra Maestra con la actitud que recogería una canción que se volvió popular:
“Y aquí pensaban seguir
Jugando a la democracia
Y el pueblo que en su desgracia
Se acabara de morir
Se acabó la diversión
Llegó el Comandante
Y mandó a parar”

jueves, 9 de enero de 2025

Enrique Krauze / Por una Venezuela libre


maria corina machado
La líder de la oposición venezolana, María Corina Machado.MIGUEL GUTIERREZ (EFE)


Por una Venezuela libre

Quizá la presión internacional fuerce el cambio, que debería ser pacífico y negociado, como fue el de los países del Este secuestrados por la URSS. O quizá haya aún un soldado venezolano que se reconozca en el himno nacional y decida honrar, gloriosamente, al “bravo pueblo que el yugo lanzó”



Enrique Krauze
ENRIQUE KRAUZE
06 ENE 2025 - 23:15 COT

miércoles, 5 de junio de 2024

La elipse de Franz Kafka

 

Franz Kafka

La elipse de Franz Kafka

El autor de El proceso soñó con aterradora precisión los horrores del siglo XX. En esta conversación con José María Lassalle, que forma parte del libro Spinoza en el Parque México, Enrique Krauze se adentra en la vertiente teológica de Kafka, en su experiencia directa de la burocracia y en las interpretaciones que de su obra hicieron Gershom Scholem y Walter Benjamin.

Enrique Krauze
1 de junio de 2024

¿Qué lugar ocupa Kafka en tu biblioteca?

Tengo ediciones diversas de sus novelas y cuentos, cartas, diarios, aforismos. Sobre todo biografías antiguas y nuevas. A pesar de haber llevado una vida sin grandes hechos o grandes actos, Kafka es irresistible para un biógrafo por la mina de información que dejó sobre sí mismo. Hugo Hiriart dice que sabemos más de Kafka que de nuestros hermanos, pero los cientos de páginas que dejó sobre sí mismo hacen más elusivo al personaje. ¿Cómo era el padre de Kafka? Ahí tienes una pregunta. En los sesenta muchos leíamos la Carta al padre, inocente o literalmente, como un testimonio de protesta contra la autoridad. Aunque nuestros padres no se parecieran al de Kafka. Con el tiempo descubrimos que tampoco Hermann Kafka era en realidad tan tiránico como lo pintaba su hijo. La carta es un misterio más. Leí una anécdota de Kafka: caminaba con un amigo y se encontraron al padre, quien lo recriminó airadamente: “Franz, vete a la casa. El aire está húmedo.” Kafka, que estaba ya enfermo de tuberculosis, comentó: “Mi padre está angustiado sobre mí. El amor, muchas veces, lleva la máscara de la violencia.”

viernes, 22 de julio de 2022

Enrique Krauze / La herejía de Octavio Paz

Octavio Paz

La herejía de Octavio Paz

¿Por qué Octavio Paz no encontró a los interlocutores que merecía dentro de la izquierda mexicana? Para despejar esta pregunta central, Enrique Krauze vuelve a su vida y obra, al tiempo que hace una interpretación del espíritu intelectual mexicano de los años setenta y ochenta. Acompañan el ensayo fotos hasta ahora inéditas de Paz, tomadas en las ruinas de una iglesia gótica a las afueras  de París por Antonio Gálvez.

Enrique Krauze
5 octubre 2011

La revista Vuelta se estableció muy cerca  de la “casa grande” de don Ireneo, en el mismo barrio de Mixcoac donde había crecido Octavio Paz. Esa fue por varios años la sede de la nueva revista en la calle de Leonardo da Vinci 17, bis: una casita de dos niveles: uno abajo, minúsculo pero suficiente para celebrar las juntas, y otro arriba, con una soleada  ventana, para alojar al secretario de redacción y al corrector de pruebas. La calle colindaba con un viejo mercado y una pulquería.

domingo, 9 de mayo de 2021

Gabriel García Márquez / A la sombra del patriarca


Gabriel García Márquez

A la sombra del patriarca

Biografía

Enrique Krauze
31 de octubre de 2009

1

Muchos años después, frente a la redacción de sus memorias, Gabriel García Márquez había de recordar la tarde remota en que su abuelo le puso en el regazo un diccionario y le dijo: “Este libro no sólo lo sabe todo, sino que es el único que nunca se equivoca.” “¿Cuántas palabras tiene?”, le preguntó el niño. “Todas.”

jueves, 20 de junio de 2019

Vargas Llosa / El populismo mexicano



Mario Vargas Llosa

BIOGRAFÍA

El populismo mexicano

El pueblo embelesado por los desplantes del presidente López Obrador comprenderá, ojalá sea más pronto que tarde, que la era de los caudillos debe quedar atrás y para siempre en América Latina


1 de junio de 2019


En el Paraninfo de la Universidad de Guadalajara, bajo el espectacular mural de José Clemente Orozco contra el fanatismo ideológico, acaban de celebrarse tres mesas redondas en las que participaron una quincena de intelectuales mexicanos —acaso los más eminentes del país—, que, diferencias entre ellos aparte, manifestaron su preocupación por el giro que viene tomando la política mexicana desde que asumió la presidencia Andrés Manuel López Obrador.

martes, 2 de octubre de 2018

Enrique Krauze / El amor de Marie-José





EL AMOR DE MARIE-JOSÉ

En memoria de Marie José Paz, fallecida recientemente.


ENRIQUE KRAUZE
30 de julio de 2018



"Fue lo mejor que me ocurrió en la vida, después de nacer", le escuché decir a Octavio Paz sobre Marie Jo, su compañera, su esposa, su inspiración. Antes de conocerla a principio de los sesenta, la vida amorosa de Paz había sido intensa y apasionada, pero rara vez dichosa y plena. Era y no era querido. Paz podría haber sido el sujeto de aquel poema de Auden: "If equal affection cannot be, then let the more loving one be me". Con la genial e inasible Elena Garro, con la misteriosa y volátil Bona, con otras mujeres que pasaron por su vida, Paz fue siempre "the more loving one" hasta que en la India, a punto de perder la esperanza de encontrar ya no digamos ese amor equitativo sino el amor sin más, perdido en su laberinto, encontró a Marie José Tramini.

martes, 16 de mayo de 2017

La mirada de Rulfo al México actual

La mirada de Rulfo al México actual

Varios escritores e intelectuales reflexionan sobre la vigencia de la obra de Rulfo y el mensaje que aún tiene que trasladar a los mexicanos


JAVIER LAFUENTE
México, 16 de mayo de 2017

Hay algo que trasciende cualquier efeméride sobre Juan Rulfo, de cuyo nacimiento se cumplen este martes 100 años: el poso de su obra en el México actual, que avanza por un 2017 marcado por el repunte de la violencia, la consolidación del mal endémico de la corrupción y una sensación de búsqueda a sí mismo en el que surgen dos cuestiones: ¿Qué queda del México de Rulfo hoy? ¿Qué tiene aún que decir Rulfo a los mexicanos hoy?

“Del México rural de Rulfo, queda Rulfo, como del mundo griego antiguo queda Homero. Una desgracia de no saber griego antiguo es no saber a qué suena Homero. Una desgracia de no saber español mexicano es no saber cómo resuena Rulfo”, responde a la primera de las cuestiones Héctor Aguilar Camín, periodista y escritor. “Su obra no tiene edad. El México de ayer, de hoy y de mañana es el México de Rulfo. Rulfo lo recreó y en algún sentido lo creó”, ahonda el historiador Enrique Krauze.
Pocos, más bien nadie, en México se ha atrevido hasta ahora a alzar la voz para cuestionar la obra de Rulfo, como ha podido ocurrir con otros autores. “Es incuestionable y una prueba de ellos es la cantidad de lecturas y reacciones que provoca aún”, opina el escritor Antonio Ortuño, reciente ganador del Premio Ribera de Duero. Ortuño ve en algunos de los narradores contemporáneos –Yuri Herrera, Emiliano Monge o Fernanda Melchor- “resonancias rulfianas”. En este sentido, Monge es contundente sobre qué queda del México de Rulfo hoy: “Todo. La desigualdad, la hidra del desprecio, el tiempo detenido, la pobreza como sello de clausura. Somos ese país donde el progreso ha sido tan sólo una forma más del despojo. El abandono del México rural y el deterioro imparable del México gobernado como tierra de caciques siguen siendo los mismos que Rulfo fotografió, escribió y entendió mejor que cualquiera”. El autor de Las tierras arrasadas cree que “en pleno siglo XXI, México permanece extraviado entre un pasado que no ha sabido digerir y una modernidad que no calza con su horma”.
Para Jorge Volpi, el México que refleja Pedro Páramo aún pervive. “Quizás los pueblos de Jalisco y Colima ya no se hallen en ese estado de abandono, pero basta redirigir la mirada hacia Guerrero o Chiapas para observar lo mismo que él atestiguó en su tierra. Y, por supuesto, el autoritarismo de entonces se mantiene, en muchas medidas, en nuestro presente”.
La vigencia de la obra de Rulfo es indudable para Krauze. “En cada página hay un toque de piedad, de misericordia, de compasión. También de crueldad ciega, de aridez, de silencio. Su novela se iba a llamar Los murmullos. México (el subsuelo de México) murmura en sus cuentos. Muertos y vivos susurran sus murmullos en sus páginas”, profundiza el historiador cuando se le pregunta por qué tiene que decir Rulfo a los mexicanos hoy en día. Aguilar Camín recurre de nuevo a los clásicos para realzar el mensaje del autor: “Le dice a los mexicanos de hoy lo que dicen los mitos: la verdad de un mundo ido que no se ha ido. Lo que el Edipo de Sófocles le dice al Edipo de Freud, y lo que ambos nos dicen a nosotros”. “Como todo clásico, porque Rulfo ya lo es, nos habla tanto de su tiempo como del nuestro”, profundiza Volpi. “Hoy, vivimos otro momento marcado por la ira y la rabia por los agravios de los años que corren justo entre la publicación de Pedro Páramo y nuestros días. A caballo entre dos tiempos, agotados y desesperanzados, nosotros también podríamos ser retratados como esos muertos vivos o vivos muertos de Rulfo. Pero, desde luego, hay mil cosas más que Rulfo nos sigue diciendo a los mexicanos, y a todos los lectores que se atreven a entrar en sus páginas y a sorprenderse con su lenguaje y su forma y sus silencios”, añade.
Antonio Ortuño, que admite haber transitado del rechazo adolescente –“en Guadalajara es una suerte de culto laico”- al respeto enorme, cree que, como ocurre con Gardel y los aficionados del tango: “Rulfo cada vez escribe mejor”, aunque advierte: “En México tendemos a endiosar a las personas acríticamente. Parte de la desgracia de autores como Carlos Fuentes fue esa: la muralla de caravanas que iba rodeando su paso, en vida, pasó a una suerte de hartazgo. De momento, se habla poco de él. No pasó eso con Rulfo, porque tenía otro talante. Pero puede pasarle a su figura y su obra. Corremos el riesgo de repetir tanto que Rulfo es un símbolo de la mexicanidad que quizá acabemos convirtiéndolo en el nuevo Frida Kahlo. La obra de Rulfo va más allá. Es un autor fundamental del idioma”.
Emiliano Monge cree que la vigencia del mensaje de Rulfo se encuentra en aquello que dijo desde el principio y que los mexicanos no han “querido o sabido asimilar: que la violencia es un escenario, el gran escenario donde se ha dirimido y se dirime, todavía hoy, la mexicanidad”.
Aún así, para Monge lo importante no es lo que Rulfo aún tenga que decir, sino lo que ya dijo a los mexicanos, pero no supieron, o no quisieron, escuchar. "¿Cómo explicar, si no, que la mayor ficción de nuestra lengua, en la que nos hablan los muertos desde sus tumbas, preconfigurara con tal exactitud la realidad que hoy determina y explica a este país, es decir, la de un territorio retacado de fosas comunes? Más de medio siglo antes de que México empezara a enterrar a sus habitantes en las arenas del olvido y la impunidad, Rulfo enterró allí a sus personajes. ¡Y no supimos leer todo lo que con esto nos estaba advirtiendo!”.

lunes, 18 de enero de 2016

Enrique Krauze / Trump y el asco



Trump y el asco


La candidatura de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos es un peligro verdadero. 

Enrique Krauze
18 de enero de 2016

Hace un par de meses, el historiador cubano americano Carmelo Mesa-Lago y yo redactamos una carta de protesta contra Donald Trump. Recabamos 67 firmas de apoyo: científicos, artistas, intelectuales, académicos hispanos e hispanoamericanos. Apareció resumida en medios mexicanos y se difundió por algunas cadenas estadounidenses como Time, CNN, Univision y Fusion. Este es su contenido principal:

Trump [...] ha acusado a los inmigrantes mexicanos de ser criminales, violadores y traficantes de drogas [...] Su discurso de odio apela a las más bajas pasiones, como la xenofobia, el machismo, la intolerancia política y el dogmatismo religioso. Todo lo cual inevitablemente recuerda campañas que en el pasado se han dirigido contra otros grupos étnicos, y cuya consecuencia fue la muerte de millones de personas. De hecho, las agresiones físicas contra los hispanos y los llamados a prohibir el uso público del español han comenzado ya.

Los ataques verbales del Sr. Trump no se basan en estadísticas y hechos comprobados sino en su muy personal e infundada opinión. No sólo desdeña a los inmigrantes hispanos (después podrían seguir otros grupos étnicos) sino que exhibe una peligrosa actitud contra sus oponentes, a quienes tacha de estúpidos o débiles... Sus guardaespaldas y seguidores atacan a manifestantes pacíficos.

La expulsión de los inmigrantes mexicanos sería catastrófica para estados como California, Arizona, Nuevo México y Texas, donde la mayor parte del trabajo manual es mexicano. En California, por ejemplo, esos inmigrantes cosechan 200 productos agrícolas, sirven en hoteles y restaurantes, recogen la basura, ejercen, en suma, oficios que los americanos locales se rehúsan a desempeñar. California es el principal fabricante de vino y de muchos productos agropecuarios en el país. Es también el primer destinatario de turismo. Estos sectores generan US$70,000 millones anuales, pero sin los trabajadores mexicanos la economía del estado se iría a la ruina. Algo similar ocurriría en el resto del país.

Muchos de los firmantes somos inmigrantes hispanos que hemos sido bien acogidos en esta gran nación y contribuido con nuestro trabajo, en diversos campos, al conocimiento, a los avances de las ciencias, a la prosperidad, el entretenimiento y el bienestar de todos los habitantes de los Estados Unidos. La conducta del Sr. Trump es indigna de un candidato a la presidencia del país más poderoso del mundo. Condenamos esa actitud y esperamos que el pueblo estadounidense cese de tolerar sus absurdas posturas.

Nos quedamos cortos. Muchos analistas hablan de Trump como un populista de derecha, y sin duda lo es. Otros lo describen como un fascista. Aunque parece excesivo (Trump no ha detallado sus grandes planes militares), en su actitud se advierten, en efecto, elementos del fascismo italiano: el culto al líder, la emotividad irracional, los desplantes incendiarios, la obsesión por las teorías conspirativas, el miedo a lo distinto visto como una amenaza, la apelación a un pasado de grandeza mítica y la promesa de restaurarlo.

Pero también esos analistas se han quedado cortos. Tras un atentado de ISIS, Trump propuso, en esencia, perseguir a los musulmanes. Y, pasando del prejuicio racial y religioso al físico, se burló públicamente de la condición minusválida de un periodista del New York Times. Lo cual me hace recordar las prédicas de los nazis contra todo lo que –por razones de color, sangre o "imperfección"– quedara fuera del círculo supuestamente superior de los arios. Hasta la conocida fobia de Trump a estrechar manos (el otro como portador de microbios) es un dato significativo sobre su obsesión con la "pureza". Trump es un asco de persona dominado por el asco a las personas.

En esta época de perplejidad global en que han reaparecido las guerras religiosas y raciales que creíamos extintas, Estados Unidos (con sus casi 250 años de democracia) incuba el huevo de la serpiente: un populista de extrema derecha –que además es megalómano, narcisista, paranoico, y tiene ciertos tics nazi-fascistas– puede convertirse en candidato a la presidencia por el Partido Republicano. Y dado el caso, no es imposible que llegue a la Casa Blanca. No exterminaría a los mexicanos pero ha prometido expulsar "gentilmente" a los indocumentados y construir un "hermoso muro" (pagado por México).

Trump es un peligro real e inminente. La canciller mexicana dice que "no le quita el sueño". A mí sí.

(Publicado previamente en el periódico Reforma)




jueves, 30 de enero de 2014

Enrique Krauze / El humanismo literario de José Emilio Pacheco

José Emilio Pacheco, en su casa de Ciudad de México en 2009. / CÉSAR DURIONE


El humanismo literario de Pacheco

Un recuerdo de la trayectoria del escritor, que además de la poesía, el relato y la novela, cultivó la crítica literaria




    “Nada altera el desastre: llena el mundo / la caudal pesadumbre de la sangre". Son las primeras líneas de El reposo del fuego, de José Emilio Pacheco. Publicado en 1966 y precedido por un epígrafe del Libro de Job, su desolación recuerda más bien al Eclesiastés. Lo extraño, sin embargo, es que este melancólico rey Salomón escribiera su libro a los 25 años, sin que a su desesperanza la hubiese precedido un atisbo siquiera del Cantar de los Cantares. “¿Qué reino abolido evoca la nostalgia?”, se preguntaba en esos mismos años el propio Pacheco, mientras publicaba su colección de cuentos —El viento distante— en los que el lector obtiene la inmediata respuesta: y la respuesta es ninguno, porque los niños y adolescentes de sus relatos eran almas torturadas por el temor y la timidez, adultos prematuros y fuera de sitio, víctimas humilladas y sometidas, deambulando en un mundo que no entienden o entienden demasiado bien.
    Cuando José Emilio comenzó a viajar, los nuevos aires lo animaron a fabular a la manera de Swift, inventar un bestiario personal, dibujar postales de ciudades, pero conforme avanzó el siglo, su siglo íntimo ahondó las vetas sombrías de su juventud y en ellas halló nuevos filones de pesadumbre, ya no sólo existenciales (el paso inclemente del tiempo, la “mala vasija” del cuerpo) sino sociales, políticos y aun ecológicos, en una poesía formalmente impecable, de una sencillez trabajada, depurada, que parecería escrita por un moderno Jeremías: “Cuando no quede un árbol, / cuando todo sea asfalto y asfixia o malpaís, / terreno pedregoso sin vida, /esta será de nuevo la capital de la muerte”. Quien busque la alegría en la poesía de José Emilio Pacheco debe buscar en otra parte. Pero esa otra parte existe e impregna todo lo que hizo. Para apreciarla, la paradójica clave está en el tiempo.
    El tiempo, el tiempo despiadado, regaló a José Emilio Pacheco (nacido en 1939 y muerto sorpresiva, dolorosamente, el domingo) la convivencia con cuatro generaciones literarias: la de José Vasconcelos y Alfonso Reyes; la de Carlos Pellicer y José Gorostiza; la de Octavio Paz y José Revueltas; y la de Carlos Fuentes, Eduardo Lizalde, Juan García Ponce, Gabriel Zaid, Alejandro Rossi, Julieta Campos, entre muchos otros.

    Quien busque la alegría en sus versos debe buscar en otra parte
    Hemingway había dicho que a mediados de siglo “París era una fiesta”. Toda proporción guardada, en la década de 1958 a 1968, México no lo era menos, y en el centro de la fiesta estaba ya el joven Pacheco haciéndose cargo de nuestra tradición literaria, no sólo por haber leído a los grandes escritores, sino por recibir de ellos la palmada en el hombro. Por si fuera poco, pulió el oficio con el orfebre Juan José Arreola, trabajó con Vicente Rojo (el artista plástico que cambió el rumbo del diseño gráfico en México) y se graduó en la universidad de la práctica con tres grandes editores: Jaime García Terrés en la Revista de la Universidad, Fernando Benítez en los sucesivos suplementos culturales de Novedades y Siempre!, y Ramón Xirau en la revista Diálogos.
    Equidistantes como en un triángulo perfecto de la casa de José Emilio en la colonia Hipódromo de la ciudad de México, vivían Alfonso Reyes y Octavio Paz. Hay otras equidistancias entre los tres humanistas. Los tres pasaron de la poesía a la prosa, los tres escribieron obras de teatro y relatos, los tres editaron revistas y publicaron visiones originales sobre la literatura nacional. Siguiendo a Reyes, José Emilio tendió puentes con el pasado clásico (sus paráfrasis de Catulo) y la tradición inglesa (su traducción de la Epístola de Oscar Wilde). Y por la senda de Paz, Pacheco tradujo haikus japoneses. En los últimos años, publicó en Letras Libres la versión definitiva y magistral de los Cuatro Cuartetos de T. S. Eliot.
    En un Diálogo de los muertos que José Emilio imaginó hace dos décadas, José Vasconcelos reclamaba a Alfonso Reyes haber sido “un especialista en generalidades, alguien que mariposea sobre todos los temas y no se compromete con ninguno. Tu obra entera es periodismo —le dice— sin duda magistral y de suprema calidad literaria, pero al fin y al cabo periodismo”. Reyes le respondía: “¿Por qué te parece mal el periodismo? Democraticé hasta donde pude el saber de los pocos... Además, Pepe, casi toda la literatura española de nuestra época es periodismo: Ortega. Unamuno, Azorín... Tú también fuiste un gran periodista”. El Reyes de Pacheco tenía razón. Muchos buenos escritores se malograron en México en espera de que los dioses los inspiraran para hacer la novela inmortal o el poema homérico, mientras desdeñaban las otras ramas del trabajo literario. No fue, por fortuna, el caso de José Emilio. Compilar antologías equiparables a las que se hacen en Oxford o Harvard, reseñar libros a conciencia, trazar rigurosas cronologías, escribir con claridad, trabajar el estilo, vigilar hasta los mínimos detalles de una edición (la tipografía, el diseño, las notas pertinentes al pie de página) eran para él empeños que hallaban satisfacción en sí mismos, obras de la pasión y del amor.

    Pulió el oficio con el orfebre Juan José Arreola y trabajó con Vicente Rojo
    Según consta en la bibliografía de Pacheco compilada por Hugo J. Verani, desde muy joven comenzó a cultivar el género del artículo sobre temas varios de literatura e historia, mexicana y universal. En su modestia y variedad estaba su grandeza. Uno no podía dejar de leerlos. En ellos se educaron los mejores críticos contemporáneos. Eran textos enciclopédicos, pero sólo en su riqueza informativa, no en su forma: experimentaban con diversos géneros, a veces construidos como relatos, otras como fábulas o sátiras. Siempre los animaba la gracia y la curiosidad. Por la sección Inventario de José Emilio en la revista Proceso, pasó, semana a semana, durante casi 40 años hasta el día de hoy, buena parte de la literatura universal, no como interpretación pedante y críptica, sino como una crónica que vincula, con emotividad y sabiduría, obras, autores y circunstancias. Su vocación de servicio cultural fue una de las más cumplidas que registra nuestra historia.
    Desde que leí su novela Morirás lejos, sentí hacia él una gratitud profunda por haber reivindicado entre nosotros, con dignidad y sutileza, la memoria del Holocausto. Me pasmó su descripción del torvo nazi, el señor M., que rondaba los parques de la colonia Condesa, donde Pacheco y yo nacimos. Por esa deuda y por mi deuda de lector y por la deuda de todos sus lectores, celebré todos sus premios (incluido el Cervantes) y nunca me pregunté —como en su poema— “cómo pasa el tiempo”, hasta que ayer el tiempo de José Emilio cesó de un golpe.
    De pronto, “la mala vasija” del cuerpo se rompió. De pronto, las sombrías premoniciones de su poesía se cumplieron. Nos queda su obra. Y para mí, y para muchos, el reino abolido de una amistad que evocará la nostalgia.