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viernes, 10 de diciembre de 2004

Margaret Atwood / 'La infancia es a veces un sueño, pero también puede ser una pesadilla'

Margaret Atwood

MARGARET ATWOOD 

'La infancia es a veces un sueño, pero también puede ser una pesadilla'


Xavier Moret
13 de diciembre de 2001



La novelista y poeta, que obtuvo el Premio Booker el año pasado con El asesino ciego, es una de las máximas representantes de la literatura canadiense. La novela se asoma al siglo XX a través de la historia de una familia. Una distopía que critica la sociedad actual y que fue escrita en parte en Madrid. Margaret Atwood 'La infancia es a veces un sueño, pero también puede ser una pesadilla'
Con El asesino ciego, novela galardonada con el Premio Booker del año 2000, la escritora canadiense Margaret Atwood (Ottawa, Canadá, 1939) ha dado un paso adelante en su ya de por sí exitosa carrera. Atwood, autora de novelas como Ojo de gato, El cuento de la criada y Alias Grace, ha construido en esta ocasión una novela de compleja estructura en la que se mezclan los recuerdos de Iris Chase -una anciana que cuenta la historia de su familia a lo largo del siglo XX, deteniéndose de modo especial en la relación con su difunta hermana Laura- con episodios escritos en registros tan distintos como la novela realista, la novela romántica o la ciencia-ficción. El asesino ciego es una de estas novelas que, en cuanto la terminas, te dan ganas de volverla a empezar, porque de algún modo te invade la sensación de que has estado inmerso en una maquinaria perfecta en la que todo acaba encajando para mayor gloria de la literatura.


'Me gusta detenerme en los detalles. Para conseguir una buena ambientación en una novela es imprescindible pararse en ellos'

RESPUESTA. Es como un conjunto de cajas chinas. Abres una caja y te encuentras otra, y así sucesivamente, hasta que llegas al corazón de la novela, que es la historia entre las hermanas Iris y Laura Chase. Todas las historias se complementan, incluso los recortes de prensa y la novela con toques de ciencia-ficción que se incluye en el libro. Es como un collageen el que cada tipo de representación es un desafío para las otras, pero del que al final se acaba obteniendo una imagen total. Hay distintos niveles que se van superponiendo hasta descubrir la verdad. En la novela se reconstruye la historia de una familia a lo largo del siglo, pero hay también una utopía negativa, una distopía, que fue una forma utilizada en el pasado por algunos escritores para criticar la sociedad actual. Tenemos los ejemplos de la Utopía de Tomás Moro; de Los viajes de Gulliver, de Swift; de 1984,de Orwell, o de Un mundo feliz, de Aldous Huxley. En El asesino ciego se incluye una distopía, pero está también la historia de los años treinta, con el paisaje de la Depresión y el auge de movimientos sociales como el fascismo, el comunismo, etcétera. Con la novela dentro de la novela de El asesino ciego se busca criticar esta sociedad por medio de una historia de un planeta inventado en el que hay también ricos, pobres y todo un sistema de clases sociales. Todo se complementa y todo ayuda a entender la historia de las hermanas Iris y Laura.
P. En el centro de la familia Chase, y de la novela, está la mansión familiar de Avilion, una imponente casa que parece sacada de una novela gótica.
R. Estas mansiones existen en todo el mundo. El tiempo pasa y la gente cambia, pero las grandes mansiones siguen allí, evocando el paso del tiempo. En Ontario hay una serie de pueblos en los que hay mansiones así. Ahora las han reconvertido en hoteles o en residencias para ancianos, pero nacieron como el sueño de algún empresario al que quizá la fortuna acabó por darle la espalda. Todas esas mansiones encierran una novela.
P. En la novela, a través de los recuerdos de Iris, abarca un largo periodo, casi un siglo.
R. He procurado que en la familia Chase se reflejen los hechos de una parte del siglo XX. La primera mitad, sobre todo, fue muy interesante, más que la segunda, en mi opinión. Hubo movimientos sociales, guerras, muchos cambios. La narradora de El asesino ciego, Iris Chase, es más o menos de la edad de mi madre y a lo largo de su vida ha visto los inicios de la radio, de los coches, del teléfono, de la bomba atómica.
P. He leído que su padre era entomólogo. ¿Viene de aquí su pasión por los detalles?
R. Es probable. Me gusta describir al detalle los árboles, las flores, la gente... Me gusta detenerme en los detalles. En inglés decimos: 'Dios está en los detalles'. Y es verdad. Yo creo que para conseguir una buena ambientación en una novela es imprescindible pararse en los detalles. En una escena puede haber una energía, pero para subrayarla hay que insistir en los detalles.
P. En esta novela, como ya hizo en Ojo de gato, muestra la complejidad de la relación entre dos hermanas, ya desde la infancia.
R. Las relaciones entre hermanos son siempre complejas, desde Caín y Abel. La infancia es a veces un sueño, pero también puede ser una pesadilla. De niño eres pequeño, vives en un país de gigantes y no tienes ningún poder. El mundo puede ser muy duro para los niños. Quizá ésta es la razón de que, en los cuentos, los héroes son seres pequeños que vencen a los monstruos, a los gigantes.
P. En El asesino ciego se insiste en que la verdad es esquiva.
R. Es casi imposible encontrarla. Siempre hay un mundo secreto, siempre hay algo detrás de las puertas cerradas. Esto es lo que me interesaba en mi novela, ir desvelando este algo que se oculta a lo largo del tiempo, acercarme a una verdad oculta tras las apariencias.
P. ¿Le costó encontrar el tono en las distintas partes de El asesino ciego?
R. Yo ya soy mayor y a lo largo de mi vida he podido leer muchas cosas raras (se ríe). De joven trabajé en una oficina de investigación de mercado y leía informes extraños. Con el tiempo aprendes a depurar el lenguaje. Cada nivel de El asesino ciego tiene un lenguaje distinto e incluso cada uno de los periódicos que cito en el libro está redactado de un modo distinto. La lengua tiene un amplio espectro de posibilidades.
P. Cita a Ryszard Kapuscinski al principio de la novela. ¿Le interesa este autor?
R. Es un gran escritor, sin duda. Quise poner una cita de su libro El Sha, porque habla de niños ciegos que explican historias. Me encanta cómo escribe Kapuscinski. Cuando estalla una guerra, todo el mundo quiere huir de ella, pero él viaja hacia allí y cuenta esa guerra mejor que nadie.
P. En El asesino ciego, la guerra civil española tiene una presencia destacada. ¿Por qué?
R. La guerra de España fue un símbolo para toda una generación. En Canadá hubo izquierdistas que lucharon en las Brigadas Internacionales y hay incluso un monumento en Ottawa dedicado a esa gente. Me interesó mucho lo que leí sobre esta guerra, sobre los complots y los anticomplots, sobre los ideales y las traiciones. De hecho, escribí parte de esta novela en Madrid, donde estuve unos meses en 1999. Un día fui a ver una exposición de fotos de Robert Capa sobre la guerra civil y me inspiró para el libro.
P. Hay momentos en los que la estructura del libro parece más propia de la música que de la literatura.
R. Ésta era una de mis ideas al escribir la novela. Sabía que sería difícil, pero me estimulaba a seguir adelante. La música, como la escritura, es un buen medidor del tiempo. Hay estructuras musicales muy interesantes, como las Variaciones Goldberg. Me gusta lo que hace la música de jugar con ecos, con repeticiones, me interesa lo de volver a un mismo tema con variaciones. En la estructura de El asesino ciego he tenido en cuenta esto y también he procurado jugar con los números. He escrito 93 pequeños capítulos en los que, al principio de la novela, los capítulos se suceden en el orden siguiente: narración de Iris, noticia de prensa y novela dentro de la novela. Al final, sin embargo, es al revés. Es algo así como una estructura musical, arquitectónica. Como un círculo que se cierra.
P. En cierto sentido, ¿puede leerse El asesino ciego como una muestra de la fuerza de la escritura para desentrañar la verdad?
R. La escritura es un misterio. Se crea una voz con una pluma o con un ordenador, y esta voz no es la realidad, pero es una ilusión con mucha fuerza. Cuando lees a Shakespeare, o Don Quijote, tienes la impresión de que el autor te está hablando directamente a ti. Es sorprendente la fuerza de la escritura.
P. Usted escribe poesía y novela. ¿Cree que se complementan de algún modo?
R. Escribir una novela supone para mí trabajar mucho durante varios años. Un poema, en cambio, produce una satisfacción inmediata. La novela es más racional, se compromete más con la sociedad. Un poema puede hacerlo a veces, pero no siempre es necesario. A mí me gusta alternar los dos. Cuando termino una novela necesito unas vacaciones, y las encuentro en la poesía. Y al revés. De vez en cuando es necesario encontrar vías de escape y alternando las dos es como lo consigo.
P. ¿Qué reacción tuvo al saber que había ganado el Premio Booker?
R. Me encantó recibirlo. Era la cuarta vez que una novela mía llegaba a la final y quizá debieron pensar: 'Es mejor que se lo demos ahora, antes de que se muera' (se ríe). De todos modos, no hay que tomarse los premios muy en serio. Existe la escritura y existen los premios y no siempre se corresponden.
P. ¿Es cierto que sus influencias vienen más de la novela francesa que de la inglesa?
R. Es posible. Tengo ya muchos años y he leído a muchos novelistas ingleses, pero me gustan los franceses del XIX: Flaubert, Zola, Maupassant... También los grandes rusos y algunos españoles, sobre todo Don Quijote y algunos latinoamericanos, como García Márquez y Vargas Llosa. Carlos Fuentes también me parece muy interesante. De entre los portugueses, me quedo con Saramago, aunque últimamente he descubierto a Pessoa y me encanta. Qué vida tan sorprendente la suya. Qué historia la de los heterónimos. En algunos momentos pienso que Iris Chase, el personaje de El asesino ciego, tiene algo de Pessoa.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 13 de diciembre de 2001





jueves, 4 de noviembre de 2004

Margaret Atwood novela en 'Ojo de gato' la crueldad de la infancia

Margaret Atwood novela en 'Ojo de gato' la crueldad de la infancia



XAVIER MORET
Barcelona 24 SEP 1990

Margaret Atwood, la escritora más conocida de Canadá, ha pasado por Barcelona con aspecto cansado y una novela bajo el brazo, Ojo de gato, editada en castellano por Ediciones B y en catalán por Edicions de l'Eixample. Atwood, de 51 años, lanza en este libro una mirada hacia el pasado y regresa al mundo de la infancia, mundo etiquetado a menudo como feliz, y lo hace para mostrar su cara más oscura: la de las amistades destructivas de dos niñas de nueve años.
Tras el éxito de su novela anterior -El cuento de la criada, de la que vendió más de un millón de ejemplares en EE UU-, la escritora se mantiene en lo alto con esta novela en la que mezcla ficción y autobiografía. El personaje principal de Ojo de gato, Elaine Risley, es una pintora de unos 50 años que viaja de Vancouver a Toronto para visitar una retrospectiva de su obra. La exposición da paso a una retrospectiva de la vida, a un viaje al pasado que vivió en Toronto y del que destaca su relación destructiva con otra niña, Cordelia. Dadas las coincidencias del personaje de Elaine con la escritora -que también creció en Toronto-, Atwood se ha visto obligada a advertir en una nota previa que "ésta es una obra de ficción. Aunque su forma corresponda a la de una autobiografía, no lo es".
"Es cierto que el libro no es una autobiografía", precisa, "pero escribo sobre un tiempo y un lugar determinados y con detalles que me son muy familiares, los de la ciudad de Toronto. El comportamiento descrito en el libro, por otra parte, es típico no sólo de mi generación, sino de muchas generaciones de niñas".
La amistad destructiva de Elaine y Cordelia que se halla en el centro de Ojde gato ofrece una visión dura de la infancia. "He querido romper el estereotipo de las niñas monas y dulces", dice. Tal como dice la narradora, "las niñas son sólo monas y dulces a los ojos de los adultos y lo mismo pasa con los niños. Sin embargo, mientras que los niños establecen sus amistades de una forma más clara -el líder es siempre el más grande, o el más fuerte, o el mejor en los juegos-, las razones de las niñas para ser respetadas son menos claras. Los niños descubren que han de luchar fisicamente, mientras que las niñas utilizan las palabras. En este sentido, su círculo parece una corte renacentista, con una lucha por el favoritismo y con susurros de secretos y chismes. La figura del líder en las niñas puede cambiar de un día para otro y, por tanto, sus vidas en el grupo son menos estables".
Una cita del fisico Stephen Hawking encabeza el libro: "¿Por qué recordamos el pasado y no el futuro?". Y la presencia de la fisica no se limita a esta frase, sino que tiene cierta relevancia en la novela. "Las diferentes formas de arte pueden conseguir cosas diferentes", explica Atwood. "Por ejemplo, la pintura no puede ofrecer un proceso del tiempo. Sin embargo, la novela siempre trata de procesos, del tiempo, de cambios. Los personajes siempre son distintos al final del libro. Antes pensábamos que el tiempo era lineal y se dividía en partes iguales. Ahora, sin embargo, la fisica moderna está de acuerdo con las experiencias que vivimos. El tiempo es relativo, no viene determinado por el calendario, sino por nuestras experienolias y la importancia que les damos".
Pronto podrá verse en España la versión cinematográfica de El cuento de la criada, con guión de Harold Pinter. "Una película no puede ser un libro", reflexiona Atwood, "las películas son más cortas, no pueden utilizar metáforas. De todos modos, mi opinión de la película es que tiene fuerza".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de septiembre de 1990




martes, 20 de noviembre de 2001

Kazuo Ishiguro / "He escrito sobre lo fácil que resulta desperdiciar la vida"




Kazuo Ishiguro: "He escrito sobre lo fácil que resulta desperdiciar la vida"

'Los inconsolables' es "una comedia surrealista", según el autor


XAVIER MORET
Barcelona 21 MAR 1997

Kazuo Ishiguro (Nagasaki, 1954) ha hecho un quiebro en su trayectoria narrativa. Tras el éxito de Los restos del día, versión cinematográfica incluida, se planteó hacer algo distinto. El resultado, seis años después, es Los inconsolables (Anagrama y Edicions 62), novela onírica que toma como punto de partida la llegada de un pianista a una ciudad centroeuropea. "He querido escribir sobre lo fácil que resulta desperdiciar la vida", explicó ayer Ishiguro en Barcelona, donde presentó las versiones castellana y catalana de su novela.
"Será que me he hecho mayor", se justifica Ishiguro con una sonrisa todavía juvenil, "pero ahora veo las cosas de un modo distinto". Debe de ser cierto, ya que entre otras cosas se ha consolidado como uno de los mejores novelistas británicos, ha tenido una hija y ha visto cómo crecía la expectación ante su próximo libro. Quizás por eso se lo ha: tomado con tiempo y ha querido abandonar el mundo realista de sus tres novelas anteriores. "Antes situaba mis libros en un pasado que no había vivido", explica, "mientras que con Los inconsolables me he adentrado en un mundo onírico, un poco surrealista, partiendo de dos metáforas: la de un pianista que ha perdido su programa y la del miedo escénico que sobreviene antes de una actuación".

Pianista

El protagonista de Los inconsolables es un pianista llamado Ryder que, ante la pérdida de su programa, se ve inmerso en "una especie de comedia surrealista" y Convertido en un mesías por una población en busca de certezas. "En un principio", comenta Ishiguro, "pensé en un líder político que llega a una sociedad en conflicto para protagonizar mi novela, pero lo cambié porque no quería que confundieran el libro con una alegoría sobre hechos históricos recientes, Bosnia por ejemplo". El político se convirtió, por tanto, en pianista y el paisaje realista dejó paso a un mundo desconcertante en el que asoma la comedia y en el que la música contemporánea es una metáfora de los problemas del mundo actual. Los críticos ingleses han visto en el libro la sombra de Kafka, Lewis Carroll y Musil, pero Ishiguro se siente más cómodo con otras comparaciones: el cine de Buñuel, por ejemplo, y la literatura surrealista.
Aunque nació en Japón, Ishiguro vive en Inglaterra desde los seis años y se ha convertido en uno de los valores sólidos de la narrativa británica actual. "Procuro no plantearme si prima más mi visión oriental o la occidental cuando escribo una novela", dice, "aunque es cierto que mis padres me educaron pensando en volver a Japón. Desde que empecé a publicar me colgaron influencias japonesas, pero yo me siento un autor británico".

Pimpón a la japonesa

Para ilustrar su adaptación a la cultura británica, cuenta Ishiguro que de joven representaba a su ciudad en campeonatos de pimpón y que sus contrincantes siempre acentuaban su temor al ver que tenían que enfrentarse a un japonés. "Yo solía coger la pala como los europeos, pero me di cuenta de que me temían aún más si la agarraba a la japonesa", recuerda. "Así pues, me decidí a hacer el cambio, pero fue un error, ya que quizá los impresionaba más pero se me escapaban muchos puntos. Con la literatura pasa algo parecido: no puedo ir de japonés cuando me siento un autor británico".Desde que publicó Pálida luz de las colinas, a la que siguieron Un artista del mundo flotante y Los restos del día, Ishiguro llamó la atención de la crítica, que se ha mostrado un tanto desconcertada con Los inconsolables, novela que ha sido calificada por algunos de obra maestra y por otros de frustrante. "Me he limitado a escribir sobre lo que me apetecía", asume Ishiguro. "No quería repetirme, aunque de hecho siempre me ha preocupado lo fácil que resulta desperdiciar la vida y el talento. Éste era el tema de mis novelas anteriores y lo sigue siendo en ésta, aunque con una óptica distinta".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de marzo de 1997

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sábado, 10 de noviembre de 2001

Kazuo Ishiguro / Ser traducido al catalán es 'chic'

Kazuo Ishiguro
Poster de T.A.


Kazuo Ishiguro

Ser traducido al catalán es 'chic'


XAVIER MORET
Barcelona 21 MAR 1997
Kazuo Ishiguro se puso ayer por unos minutos en la piel del protagonista de Los inconsolables y tocó algunas piezas al piano minutos antes de su presentación ante la prensa. "Pido perdón por cómo sonaba", suplicó, "pero he tocado a petición de un equipo de la televisión catalana y con la condición de que no grabaran el sonido". Ishiguro ha sido músico de rock y ha escrito guiones de cine.Sus novelas han sido traducidas a muchos idiomas, entre ellos el catalán, y durante su estancia en Barcelona el novelista británico se interesó mucho por la cultura catalana.
Confesó, además, que entre los autores británicos resulta de lo más chic últimamente estar traducido al catalán. Si un autor comenta que lo traducen al castellano, se considera un éxito, por supuesto, pero siempre hay alguien dispuesto a fastidiar y a preguntar "¿qué hay de la traducción al catalán?". Es un paso más.









* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de marzo de 1997

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