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sábado, 10 de abril de 2021

Hemingway / El río de los dos corazones II

Ilustración de Rodez


Ernest Hemingway
El río de los dos corazones

“Big Two-Hearted River”


II


      Cuando se despertó ya había salido el sol y la tienda empezaba a calentarse. Nick se arrastró bajo el mosquitero desplegado de la entrada y al tocar la hierba advirtió que estaba mojada. Llevaba el pantalón y los zapatos en las manos. Vio el sol que se asomaba sobre la colina, la pradera, el río y los abedules del pantano de la otra orilla.

sábado, 6 de febrero de 2021

Triunfo Arciniegas / Rodez o el arte de la desaparición




Triunfo Arciniegas

RODEZ 

Y EL ARTE 

de la desaparición


No ha muerto. Lo que pasa es que Rodez es difícil de encontrar. Tal vez lo están buscando como Edgar Tito Rodríguez Acevedo. ¿Y además para qué? Si no quiere dejarse ver, será por algo. Por decisión propia o lo que sea.

Perderse es y ha sido una habilidad de Rodez. Sucedió unos quince años, cuando ilustró como nadie uno de mis libros, "Bocaflor": no representó ninguno de los personajes. De nada sirvieron mis largos y minuciosos textos sobre esa negra gorda que traga flechas y ese pequeño viejo que enamora muchachas en un sillón volador. Rodez resolvió la materia narrativa a su antojo, sin permiso de nadie, y el resultado me sorprendió y me encantó.





La belleza de sus ilustraciones compensó la espera y la angustia. Cuando presenté el manuscrito de "Bocaflor" a los editores, les sugerí a Rodez como ilustrador y estuvieron de acuerdo. El hombre aceptó y, por supuesto, desapareció. Seis meses después los editores me llamaron para preguntarme por él. No les dije que no había nada que hacer sino que iba a ver qué podía hacer. No hice nada. La publicación del libro se retrasó. Rodez apareció otros seis meses después con las ilustraciones, se hizo el libro y nunca más lo llamaron. Se sabe que Rodez pierde oportunidades por esa persistente práctica del arte de la desaparición. "Es famoso por eso", me dijo Olga Cuellar.

Alguna vez me confesó que quería hacer su propia edición de "Caperucita Roja y otras historias perversas", pero le dije que no tenía los derechos. En algún momento los tuve y le pedí que aprovechara. No lo hizo, por desgracia, y firmé otro contrato. Me hubiera encantado ver esa edición.

Alekos cuenta en Facebook una anécdota: "A mediados de los años ochenta -no hace falta ser exactos-, fuimos con Ródez a un encuentro de gentes de la industria editorial, organizado por Andigraf en la ciudad de Medellín. Éramos los flamantes presidente y vicepresidente, de la primera asociación de ilustradores que se creaba en Colombia. Cuando nos acercamos a inscribir nos preguntaron el oficio y se nos hizo agua la boca para decir: ¡ilustradores! Hubo una sonrisita sardónica por parte de las chicas de la inscripción. Al día siguiente, ya con más confianza, nos preguntaron a bocajarro: ¿Qué es lo que ustedes son? ¿Ilustrabotas?"

En 2010 recorría las calles de Quito y de pronto, asombrado y feliz, reconocí el estilo de Rodez en una pared. Esas criaturas de seis ojos, largos picos y fantásticas plumas solamente vienen de un planeta. La contemplación fue un relámpago pero el instante se registró en el hotel de mi memoria no como un huésped ocasional sino como residente definitivo. Luego, en la Feria del Libro de Bogotá, le pregunté a Rodez si era suyo el trabajo y, muy emocionado, dijo que sí.

Ilustración de Rodez


Pocos saben su verdadero nombre, y medio mundo lo reconoce como uno de los grandes ilustradores colombianos. Ha puesto su inconfundible sello en más de cincuenta libros para niños y adultos, en revistas y periódicos de América Latina y Europa. Es tanto su impulso y tan vertiginoso su ritmo que saltó de las páginas a las calles. Primero en Bogotá y luego en Argentina, Ecuador, Alemania, República Checa, España, en espacios públicos y privados. Para Rodez, el mundo es ancho pero no ajeno.

Este loco feliz con barba de chivo, con un pie en Colombia y otro en cualquier otro país o en cualquier dimensión, se define como un artista visual. Su creatividad es un animal hambriento. Del papel y los muros pasó a la ropa y los objetos de uso cotidiano. No le bastan los libros, no le bastan los muros. Ha ilustrado pieles. Es el colmo. Ha ilustrado mujeres. Qué arrogancia. Ha pintado niñas. La envidia me carcome.

¿Dónde andará metido ahora? Rodez me hace acordar de un bellísimo poema de Vallejo sobre los hermanos que juegan al escondite. 

Ahora yo me escondo, 
como antes, 
todas estas oraciones 
vespertinas, y espero que tú no des conmigo. 
Por la sala, el zaguán, los corredores. 
Después, te ocultas tú, y yo no doy contigo.

Con estas líneas termina el poema: 

Oye, hermano, no tardes 
en salir, ¿Bueno? Puede inquietarse mamá.

27 de enero de 2021






miércoles, 27 de enero de 2021

Alekos / Rodez, ilustrabotas

 

Ilustración de Rodez


Alekos
RODEZ, ILUSTRABOTAS

Más que tristeza, da rabia.

A mediados de los años ochenta -no hace falta ser exactos-, fuimos con Ródez a un encuentro de gentes de la industria editorial, organizado por Andigraf en la ciudad de Medellín. Éramos los flamantes presidente y vicepresidente, de la primera asociación de ilustradores que se creaba en Colombia. Cuando nos acercamos a inscribir nos preguntaron el oficio y se nos hizo agua la boca para decir: ¡ilustradores! Hubo una sonrisita sardónica por parte de las chicas de la inscripción. Al día siguiente, ya con más confianza, nos preguntaron a bocajarro: ¿Qué es lo que ustedes son? ¿Ilustrabotas? 

Falleció Ródez, ilustrador y muralista

 

Rodez


Falleció Égdar Tito Rodríguez Acevedo (Ródez), ilustrador y muralista

El artista colombiano, conocido por combinar su actividad artística con su vocación como docente, es recordado por entidades, medios de comunicación y estudiantes por el legado que dejó en las calles bogotanas y de otras ciudades del mundo. El artista murió en Bogotá.

Redacción Cultura
25 de enero de 2021

Égdar Tito Rodríguez Acevedo, conocido como Ródez, fue un muralista e ilustrador. Siendo diseñador gráfico, se dedicó desde finales del siglo XX al arte urbano y al grafiti. Las calles de la Candelaria, pero también algunos libros infantiles, juveniles y para adultos, así como dos portadas de la revista El Malpensante, guardan su legado artístico.

Rodez / La casa del pez




Rodez
LA CASA DEL PEZ
Buenos Aires, 2014

Una mezcla entre peces Kois y los peces bigotudos del Rio Magdalena: Nicuros...además con cabeza de Bagre y jeta de Bocachico.



miércoles, 6 de abril de 2016

La literatura infantil colombiana se abre camino

Ilustración de Rodez






La literatura infantil colombiana 

se abre camino

Los libros para niños "made in Colombia" suben varios escalones
en el reconocimiento internacional. Se destaca, sobre todo,
su originalidad en las historias y su calidad gráfica.


 Los libros infantiles dejaron de verse como un objeto de consumo escolar. Y se entendió que es tan importante el texto como la imagen.






“¿De qué sirve un libro sin imágenes?” se preguntaron hace más de 30 años los pioneros del libro infantil en Colombia, entre ellos los ilustradores Sergio Trujillo Magnenat, Sergio Jaramillo, Édgar Ródez y Alekos, así como los escritores Jairo Aníbal Niño, Triunfo Arciniegas, Yolanda Reyes y María Fornaguera, entre otros.
Estos artistas dejaron una huella creativa e inspiradora en las nuevas generaciones, que hoy multiplican reconocimientos por sus novedosas propuestas gráficas y narrativas. Un argumento más para ratificar que este género está atravesando lo que podría llamarse un nuevo boom. Las cifras lo confirman: según la Cámara Colombiana del Libro, mientras en 2006 se publicaban al año 61 títulos de este segmento, en 2015 esa cifra llegó a 853.
La última buena noticia del sector tuvo como protagonista a la editorial Tragaluz, que el próximo 4 de abril recibirá una mención de honor en la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil de Bolonia –la más importante en el mundo en este segmento–, en la categoría Nuevos Horizontes del Premio Bolonia Ragazzi, por su libro Conquistadores en el Nuevo Mundo, escrito por Carlos Grassa e ilustrado por Pep Carrió (en 2014 la editorial Rey Naranjo ganó también en esta feria y en esta categoría con el libro La chica de polvo).


Ilustración de Alekos

Otra de las grandes noticias para este género literario es que la International Board on Books for Young People (IBBY), un catálogo bienal de libros para niños y jóvenes con sede en Suiza, resaltó este año a tres creadores colombianos: Amalia Satizábal, en la categoría ilustradora; María del Sol Peralta, en la de traducción; y Triunfo Arciniegas, en la de autor.
Estos talentos, seleccionados por Fundalectura, representan un híbrido entre la experiencia y la experimentación. El cuento de Satizábal, Ema y Juan, conquista a los lectores más pequeños porque narra con humor y en forma sencilla la historia de un perro y una gata que aprenden a convivir con sus diferencias. Según Janeth Chaparro, coordinadora del Centro de Documentación de Fundalectura, ese título seduce por su nivel gráfico. La obra, publicada en 2015, ilustra el impulso que los editores emergentes como GatoMalo le están dando a las historias narrativas y gráficas.   
Otro camino ha recorrido la traductora María del Sol Peralta, quien, desde su especialidad de pedagoga, le ha dado al universo infantil la posibilidad de narrar a través de nuevos lenguajes, como la música. Su trabajo, Versos de no sé qué (Panamericana), recoge la obra de seis poetas portugueses y nace, en parte, de las enseñanzas de los precursores de este género visibilizados por editoriales como Carlos Valencia.
“Ellos –dice Peralta– sirvieron de referente para autores y editores que se esfuerzan cada vez más por avivar las voces colombianas y fortalecer una estética que dialogue con las nuevas narrativas”. Y menciona nombres como Arciniegas y su trabajo Letras robadas (Océano Travesía): la historia de Clara, una niña “enamorada de las letras”. Arciniegas, autor de obras como Las batallas de Rosalino, reconoce la evolución y el crecimiento de este género en Colombia, y destaca especialmente el impulso que le han dado las editoriales independientes. “El panorama –dice– es ahora más rico y diverso, aunque no lo suficiente”.
Alejandra con pequeño sombrero
Fotografía de Triunfo Arciniegas

Su mano derecha en Letras robadas fue la escritora e ilustradora Claudia Rueda, también nominada al premio Hans Christian Andersen 2016 –el Nobel de la literatura infantil– por su obra completa, entre la que se destaca No (2009), Dos ratones, Una rata y un queso (2009) y Todo es relativo (2011). 

“Aplaudo el trabajo de Claudia Rueda”, dice Jairo Buitrago, también autor de reconocidos libros infantiles como Eloísa y los bichos (2009) –un best seller– y El primer día (2010). Rueda, agrega, “es una ilustradora superimportante en el mundo.  Es de las pocas, por ejemplo, que publica con editoriales tradicionales de habla inglesa como Scholastic”.


Tanto Buitrago como Rueda representan una ola de artistas que se han abierto puertas a pulso en países como México y Estados Unidos. Sus obras, incluso, se han traducido a idiomas como el japonés, el coreano y el portugués.
Según María Osorio, editora de Babel, estos dos representantes de la literatura infantil colombiana han abandonado la publicación local y se han hecho más universales, lo que muestra el  esfuerzo individual de escritores e ilustradores por salir del país y cultivar su carrera afuera.
Podría hablarse del nuevo boom de un género que tuvo su época dorada en los ochenta, con obras como Chigüiro de Ivar da Coll; que hacia los años noventa vivió su época más difícil debido a que la escasa oferta editorial estaba concentrada en comercializar textos escolares y libros infantiles provenientes de España y Estados Unidos, principalmente.
Lo que favoreció el arranque de iniciativas independientes, en parte, fue la aplicación de proyectos y políticas que varias entidades públicas y privadas pusieron en marcha para impulsar la lectura en el país. Dos ejemplos: el Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas en 2004, y la Primera Feria del Libro Infantil en Bogotá en 2007.
Sin duda, el gobierno ha sido un impulsor. Enrique González, presidente de la Cámara Colombiana del Libro, dice que las compras de los gobiernos para nutrir las bibliotecas públicas y los planes de lectura son una “palanca” esencial para la industria editorial. “No sirve de nada un comercial para promover la lectura si no hay libros”.
En los países latinoamericanos las compras de los gobiernos representan, en promedio, el 45 por ciento de las ventas del sector editorial. En Colombia, calcula González, esa cifra no llega ni al 5 por ciento en el caso de la literatura para adultos, pero en la de niños y jóvenes llega al 10 por ciento. 

El camino no ha sido fácil. Una de las razones es que por mucho tiempo las grandes editoriales, como Norma y Alfaguara, dieron muy poca participación a talentos nacionales y privilegiaron libros-álbumes provenientes del extranjero (una excepción a esta tendencia es Nidos de papel, de Yolanda Reyes).

Ilustración de Ivar da Coll


En 2005 llegó el momento clave para el renacer de esta industria. Representantes del género empezaron a agruparse para impulsar sus creaciones y surgieron las primeras librerías especializadas, sobre todo, en textos ilustrados.

Una década después el escenario es completamente diferente: editoriales emergentes Rey Naranjo, GatoMalo, La Valija de Fuego, Laguna Libros, El Peregrino Ediciones y Tragaluz, entre otras, le han dado a las narraciones gráficas un lugar privilegiado. Muchas de sus publicaciones más conocidas son libros-álbum.
A diferencia de las editoriales grandes, estos equipos conformados por artistas y escritores conciben los libros más como objetos preciados y no como simples cartillas de consumo masivo. Y con esa filosofía han logrado abrirse un lugar en las ferias literarias. “Se le ha agregado un valor estético impresionante al género”, dice Isabel Calderón, directora de Comunicaciones de la librería Espantapájaros, especializada en literatura para la primera infancia.
Sin duda, evolucionó la industria de los libros infantiles y, al mismo tiempo, la manera en la que se conciben.
Las cifras, los reconocimientos, el surgimiento de nuevos autores demuestran que si bien Colombia no llega todavía a ser una potencia en la producción de libros para niños como lo es Chile, sí se han dado pasos de gigante en la última década. “Tener una mención en ferias como la de Bolonia, es una manera de abrir puertas, de que sepan que existimos y hacemos un trabajo de calidad”, dice Pilar Gutiérrez, directora de la editorial Tragaluz.
Y aunque todavía faltan esfuerzos (por ejemplo, que haya una mayor presencia de las propuestas colombianas en las ferias literarias más importantes del mundo), no es exagerado decir que la literatura infantil y juvenil está viviendo desde ya una nueva época dorada. 



lunes, 10 de noviembre de 2014

Rodez en concierto II / Esa extraña mirada


Rodez en concierto II
ESA EXTRAÑA MIRADA




Rodez en concierto I / El monstruo


Rodez en concierto I
EL MONSTRUO
Usaquen, Colombia, 2014


Estos drippings son encuentros cercanos con la pintura automática hasta que, de las manchas, surge inconscientemente una figura. Mi experiencia frente al goteo es diferente al tradicional de Jackson Pollock, por ejemplo, porque el sustrato está en vertical y no se generan puntos (salvo en las salpicaduras) sino una sucesión de líneas verticales que generan una urdimbre pictórica.
Las técnicas varían desde recipientes plásticos agujereados que producen chorros a presión, pintura estrellada en la pared, manchas con trapos, escobillines, escobas, todo es válido en la producción de la textura base.
Prefiero el drippping, por ahora, en blanco y negro porque es un soporte ideal para una interacción entre el fondo y la figura principal.
¡Placer total!…un juego, una danza y una lucha cuerpo a cuerpo con la pared.

Rodez, 2014






viernes, 30 de agosto de 2013

Triunfo Arciniegas / Rodez / Entre la piel y la pared



Rodez
ENTRE LA PIEL Y LA PARED

El año pasado recorría las calles de Quito y de pronto, asombrado y feliz, reconocí el estilo de Rodez en una pared. Esas criaturas de seis ojos, largos picos y fantásticas plumas solamente vienen de un planeta. La contemplación fue un relámpago pero el instante se registró en el hotel de mi memoria no como un huésped ocasional sino como residente definitivo. Luego, en la Feria del Libro de Bogotá, le pregunté a Rodez si era suyo el trabajo y, muy emocionado, dijo que sí. 

Hace unos cinco años ilustró con maestría uno de mis libros, Bocaflor, y lo hizo como nadie: no representó ninguno de los personajes. De nada sirvieron mis largos y minuciosos textos sobre esa negra gorda que traga flechas y ese pequeño viejo que enamora muchachas en un sillón volador. Rodez resolvió la materia narrativa a su antojo, sin permiso de nadie, y el resultado me sorprendió y me encantó.

Pocos saben su verdadero nombre, Edgar Rodríguez, y medio mundo lo reconoce como uno de los grandes ilustradores colombianos. Ha puesto su inconfundible sello en más de cincuenta libros para niños y adultos, en revistas y periódicos de América Latina y Europa. Es tanto su impulso y tan vertiginoso su ritmo que se saltó de las páginas a las calles. Primero en Bogotá y luego en Argentina, Ecuador, Alemania, República Checa, España, en espacios públicos y privados.

Este loco feliz con barba de chivo, con un pie en Colombia y otro en Argentina, se define como un artista visual. Su creatividad es un animal hambriento. Del papel y los muros ha pasado a la ropa y los objetos de uso cotidiano. No le bastan los libros, no le bastan los muros. Ha ilustrado pieles. Es el colmo. Ha ilustrado mujeres. Qué arrogancia. Ha pintado niñas. La envidia me impide continuar con el texto.

Triunfo Arciniegas
Bogotá, 22 de mayo de 2012







































































PINTORES COLOMBIANOS
Triunfo Arciniegas / Tatis, poeta santo, pintor lujurioso
Triunfo Arciniegas / Rodez / Entre la piel y la pared
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Eduardo Serrano / El primer Darío Morales
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