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jueves, 7 de septiembre de 2023

Louise Glück / Un mito de devoción




Un mito de devoción
Traducción de Elbert Coes

Cuando Hades decidió amar a esta chica
construyó para ella un duplicado de tierra
todo igual, debajo de la pradera,
pero con una cama adicional.

Todo igual, incluyendo la luz del sol
porque sería difícil para una chica joven
pasar rápidamente del esplendor de la luz a la profunda oscuridad

Gradualmente, pensó él, le entregaría la noche,
primero como las sombras de hojas que se agitan.
Después la luna, después las estrellas. Después sin luna, sin estrellas.
Deja que Perséfone se acostumbre lentamente.
Al final, pensó él, las hallará cómodas.

Una réplica de tierra
Salvo que aquí hubo amor
¿No quieren todos amor?

Él esperó por muchos años
construir un mundo, mirando
a Perséfone en la pradera.
Perséfone, oledora, catadora.
Si tienes un apetito, pensó él,
los tienes todos.

No todos quieren en la noche sentir
el cuerpo amado, brújula, estrella polar,
escuchar la respiración callada que dice
estoy viva, eso significa también
que estás viva, porque me oyes,
estás aquí conmigo. Y cuando uno gira,
el otro gira—

Eso fue lo que sintió, el amo de la oscuridad,
mirando el mundo que había construido
para Perséfone. Por su mente jamás pasó que
no hubiera más olores aquí,
ciertamente, tampoco comida.

¿Culpa? ¿Terror? ¿El miedo al amor?
Estas cosas que no podía imaginar;
ningún amante jamás las imagina.

Sueña, se pregunta cómo llamar a este lugar.
Primero piensa: El Nuevo Infierno: El Jardín.
Al final, decide nombrarlo
La Infancia de Perséfone.

Una suave luz se eleva sobre la pradera,
detrás de la cama. La toma entre sus brazos.
Quiere decirle Te amo, nada puede herirte.

Pero piensa
esto es una mentira, y finalmente le dice
tú estás muerta, nada puede herirte
lo cual le parece
un comienzo prometedor, más real.

Louise Glück / Fantasía

 


The Widow I (Die Witwe I)
Käthe Kollwitz



Louise Glück

Fantasía
Versión de Frank Báez


Les voy a contar algo: la gente muere
a diario. Y eso es sólo el principio.
Cada día las funerarias están dando a luz
nuevas viudas, nuevos huérfanos.
Sentados con las manos juntas,
tratan de dilucidar esta nueva vida.

Luego están en el cementerio, algunos
por primera vez. Tienen miedo de llorar,
algunas veces de no llorar. Alguien se aproxima,
les explica lo que deben hacer ahora,
que podría ser dar un breve discurso
o arrojar tierra a la tumba abierta.

Y tras esto, cada uno retorna a la casa
que está de repente llena de visitantes.
Imponente, la viuda se sienta en el sillón,
por lo que la gente se le va acercando en fila,
en ocasiones toman su mano, en ocasiones la abrazan.
Ella tiene palabras para todos,
les agradece, les agradece su presencia.

Aunque en su fuero interno quiere que se larguen.
Quiere estar de vuelta en el cementerio,
de vuelta en el lecho del enfermo, en el hospital.
Ella sabe que es imposible. Pero su deseo de retroceder,
es su única esperanza. Y sólo un poquito,
no hasta llegar al matrimonio o al primer beso.




Louise Glück / Una fábula



Louise Glück

Una fábula

A Fable by Louise Glück



Dos mujeres con
el mismo reclamo
vinieron a los pies del
sabio rey. Dos mujeres,
pero solo un bebé.
El rey se daba cuenta
de que alguien mentía.
Lo que dijo fue
Que se corte al niño
en dos mitades; así
ninguna se irá
con las manos vacías. Él
sacó su espada.
Y entonces, de las dos
mujeres, una
renunció a su parte:
esta fue
la señal, la lección.
Supongamos
que vieras a tu madre
dividida entre dos hijas:
qué podrías hacer
para salvarla sino estar
dispuesta a destruirte
a ti misma – ella sabría
quién es la legítima hija,
la que no podría soportar
dividir a la madre.


domingo, 12 de marzo de 2023

Louise Glück / Ceremonia

 



Louise Glück

CEREMONIA


Me dejaron de gustar las alcachofas cuando dejé de comer

mantequilla. El hinojo

nunca me gustó.

 

Una cosa que siempre he odiado

de ti: odio que te niegues

a invitar gente a casa. Flaubert

tenía más amigos y Flaubert

era un ermitaño.

 

Flaubert estaba loco: vivía

con su madre.

 

Vivir contigo es como vivir

en un internado:

pollo los lunes, pescado los martes.

 

Tengo muy buenos amigos.

Tengo amigos

ermitaños.

 

¿Por qué lo llamas rigidez?

¿No puedes llamarlo gusto

por la ceremonia? ¿O es que tu hambre de belleza

se satisface completamente con tu propia persona?

 

Otra cosa: dime otra persona

que no tenga muebles.

Comemos pescado los martes

porque los martes son frescos. Si supiera conducir

comeríamos pescado también otros días.

 

Si estás tan desesperado por encontrar

precedentes, prueba con

Stevens. Stevens

nunca viajaba; eso no significa

que no conociera el placer.

 

El placer, puede, pero no

la alegría. Cuando prepares alcachofas,

hazlas para ti.


Louise Glück

Meadowland (1996)

Louise Glück / Sirena

 


La camarera del Folies-Bergère”, 1982
de Edouard Manet


Louise Glück

Sirena  

Traducción de Andrés Catalán


Me convertí en criminal al enamorarme.

Antes de eso era camarera.

No quería irme a Chicago contigo.

Quería casarme contigo, quería

que tu mujer sufriera.

Quería que su vida fuese como una obra de teatro

en la que todas las partes son tristes.

¿Piensa una buena persona

de esta manera? Me merezco

que se me reconozca la valentía.

Me senté a oscuras en tu porche delantero.

Lo tenía todo clarísimo:

si tu mujer no te dejaba libre,

era la prueba de que no te amaba.

Si te amaba,

¿no querría que fueses feliz?

Ahora me parece

que si sintiera menos sería

una mejor persona. Era

una buena camarera,

era capaz de llevar ocho copas a la vez.

Solía contarte mis sueños.

Anoche vi a una mujer sentada en un oscuro autobús:

en el sueño ella llora, el autobús en el que va

se aleja. Con una mano

dice adiós; con la otra acaricia

un cartón de huevos lleno de bebés.

El sueño no supone la salvación de la doncella.


Louise Glück, Praderas (Ed. Pre-Textos)


miércoles, 4 de agosto de 2021

Louise Glück / Medianoche

 



Louise Glück

Medianoche

Midnight by Louise Glück

Háblame, corazón dolorido: ¿qué
tarea ridícula estás inventándote
en la oscuridad de la cochera llorando
con la bolsa de basura? Tu trabajo no es 
sacar la basura, tu trabajo es vaciar
el lavavajillas. Estás exhibiéndote
otra vez,
como hacías en la infancia –¿Adónde está
tu costado deportivo, tu famoso 
distanciamiento irónico? Un rayito de luna golpea
la ventana rota, un rayito de luna de verano,
los murmullos
tiernos de la tierra con sus dulzores
listos--
¿Esta es manera de comunicarte
con tu marido, no responder
cuando te llama, o así se comporta  
el corazón cuando está triste: quiere que lo dejen
solo con la basura? En lugar tuyo,
sería precavida. Después de quince años,
su voz podría estar cansándose; y cualquier noche
si no le contestas, lo va a hacer alguien más.






miércoles, 21 de octubre de 2020

Louise Glück / Parousia




Louise Glück
Parousia


Amor de mi vida, estás
perdido y yo
soy joven otra vez.

Pasan unos años.
El aire se llena
de una música de chicas;
en el patio de enfrente
el manzano está
salpicado de azahares.

Trato de recuperarte,
ese es el propósito
de la escritura.
Pero te fuiste para siempre,
como en las novelas rusas, diciendo
unas pocas palabras que no me acuerdo.

Qué frondoso es el mundo,
qué lleno está de cosas que no me pertenecen–

Miro los azahares que se hacen añicos,
ya no rosados
sino viejos, viejos, de un blanco amarillento–
los pétalos parecen
flotar sobre el pasto radiante,
aleteando apenas.

Qué nada fuiste,
para mutar así tan pronto
en una imagen, un olor—
Estás en todas partes, fuente
de sabiduría y de tormento.



lunes, 19 de octubre de 2020

Louise Glück / Nostos

 


Louise Glück
Nostos


Había un manzano en el patio --
esto habrá sido
hace cuarenta años -- y atrás,
solamente praderas. Montones 
de crocus en el pasto mojado.
Yo me paraba al lado de esa ventana:
fines de abril. Flores
de primavera en el patio del vecino.
¿Cuántas veces el árbol floreció 
de veras para mi cumpleaños,
el día exacto, ni antes
ni después? La sustitución
de lo inmutable
por lo que cambia, por lo que evoluciona.
La sustitución de la imagen
por la tierra implacable. ¿Qué
es lo que sé de este lugar?
El papel de ese árbol confundido por
décadas con un bonsai, las voces
que suben desde las canchas de tenis –
Los campos. El olor a pasto crecido, recién cortado.
Lo que se espera de un poeta lírico.
Miramos el mundo una sola vez, en la infancia.
El resto es memoria.

Louise Glück / Parábola de la bestia

 

Alex Colville



Louise Glück

PARÁBOLA DE LA BESTIA


El gato circula por la cocina

con el pájaro muerto,

su nueva posesión.

 

Alguien debería debatir sobre

ética con el gato, mientras investiga

el asunto ese del pájaro cojo:

 

en esta casa

no experimentamos

la voluntad así.

 

Dile eso al animal,

sus dientes ya hincados

en la carne de otro animal.


Louise Glück

Meadowland (1996).

Louise Glück / Círculo quemado



Louise Glück
Círculo quemado
Traducción de Abraham Gragera


Mi madre quiere saber
por qué, si tanto odio
la familia,
fundé una y la saqué adelante. No le contesto.
Lo que odiaba
era ser una niña,
no poder elegir
a quién amar.
No amo a mi hijo del modo en que pensé que le amaría.
Pensé que yo sería
el amante de orquídeas que descubre
trillium rojo creciendo
a la sombra de un pino
y no lo toca, no necesita
poseerlo. Pero soy
el científico
que se acerca a esa flor
con una lupa
y no la deja,
aunque el sol dibuje un círculo
quemado en torno
de la flor. De esta forma
más o menos,
me quería mi madre.
Debo aprender
a perdonarla,
puesto que soy incapaz
de perdonar la vida de mi hijo.


Louise Glückt, Ararat (Ed. Pre-Textos)





Louise Glück / Poeta de un mundo caído

 

Louise Glück

Louise Glück

Poeta de un mundo caído

Alejandro García Abreu
18 de octubre de 2020

La poeta estadunidense recién galardonada con el Premio Nobel de Literatura nació en Nueva York, en 1943, proveniente de una familia de judíos húngaros que emigraron a Estados Unidos. Es autora de trece libros de poesía y dos volúmenes de ensayos. “Las preocupaciones básicas de Glück son la traición, la mortalidad, el amor y la sensación de pérdida que lo acompaña”, considera el crítico Don Bogen.

Por un dólar / Conversación con Louise Glück

 

Por un dólar: Conversación con Louise Glück


DANA LEVIN
11 DE OCTUBRE DE 2020

Este artículo apareció originalmente en 2009 en American Poet, la revista bianual de la Academy of American Poets.

Dana Levin: Quería empezar preguntándote por tu libro, A Village Life [Una vida de pueblo] (Farrar, Straus and Giroux, 2009). El tiempo se percibe espacial en el libro, como si todas las variadas voces del libro estuvieran hablando, y sucediendo todos los acontecimientos, en un momento temporal simultáneo.

Louise Glück: Hay algo tan extraño en esos poemas que he sido incapaz de ponerles un dedo encima. No se trata, desde luego, de una cualidad a voluntad o deliberada, sino que tiene que ver con esa simultaneidad. Y me sorprende que el libro tenga algo en común con "Landscape", un poema de Averno, en el que los estadios de una vida se representan por medio de secciones individuales, pero los elementos narrativos e incluso el punto de vista se mueven de sección a sección, y sin embargo lo que se representa es el conjunto de una vida. Se me ocurrió que A Village Life implica ese horrible axioma de que, al final de tu vida, el conjunto de tu vida afluye hacia atrás. Eso es lo que se me antoja que es el libro: el conjunto de una vida, pero no progresiva, no narrativa: simultánea. Y no hay drama concomitante en la idea de morir. Va más allá del drama de la pérdida del mundo; es sólo una larga exhalación.

DL: ¿Qué te enseñó estéticamente el libro?

LG: Creo que no lo sabré siquiera hasta que intente hacer algo distinto. Me acuerdo de haber hablado con Richard Siken después de Averno. No estaba escribiendo, y estaba empezando a inquietarme por ello. Paso por periodos —periodos largos— sin escribir. Y a veces ese no es el centro de mi inquietud. No es que no tenga ansiedad, es que mi ansiedad está en alguna otra parte; luego, de golpe, me quedo preocupada por mi silencio y con bastante pánico. Estaba entrando en ese periodo y dijo Richard: 'Tu próximo libro tiene que ser completamente distinto, algo así como jugar en el barro'. Y esa fue exactamente mi sensación, que había hecho todo lo que podía en el momento con poemas que operaban en un eje vertical de transcendencia y aflicción. Y este nuevo manuscrito tenía que ser más panorámico, de algún modo, e informal, con una especie de superficie que no fuera hermosa. De modo que me enseñó a escribir una superficie no hermosa. Vaya triunfo [risa sardónica].

Sólo el ser capaz de escribir un poema más largo, creo, fue interesante…Me produjo un tremendo placer escribir esos poemas. Me encantaba estar en ese mundo. Y llegar hasta allí casi sin esfuerzo. Bueno, durante un periodo corto. Ya sabes, ahora no puedo ir …

DL: Nunca se puede volver a Brigadoon.

LG: ¡No, nunca! No puedo volver a ninguno de estos lugares, a ninguno de ellos. Nunca releo mi obra anterior, así que no sé siquiera qué pensar de ella.

DL: Cada uno de tus libros presenta una voz reconociblemente tuya, y sin embargo se pueden rastrear también cambios formales diferenciados de una recopilación a otra. ¿Han sido un propósito consciente esos cambios de enfoque?

LG: Creo que el único propósito consciente es el de querer sorprenderse. La medida en que sueno a mí misma parece una especie de maldición.

DL: [risas] Eso me recuerda a[l actor] Wallace Shawn cuando decía, 'Creo que hay algo imbécil en el yo, en que todos los días tengas que levantarte y ser la misma persona'.

LG: ¡Sí! Esa es la limitación. Me alegro de que pueda parecer también una virtud.

DL: Sé que te tomas la enseñanza como una cosa muy seria y que durante más de una década has sido defensora pública de la obra de escritores que empezaban. ¿Cómo afectan a tu vida la labor de mentor y la enseñanza?

LG: Ay, cómo empezar. Se asume que esto es un acto de generosidad por mi parte: enseñar y editar. No puedo argumentar enérgicamente otra cosa. No creo que nadie haga algo que le lleve tanto tiempo, fuera de la Iglesia Católica, sin un motivo de interés propio. Lo que hago con los escritores jóvenes lo hago porque es alimento para mí. Y a veces les digo a los ganadores de estos concursos que soy Drácula y me estoy bebiendo su sangre.

Siento de modo bastante apasionado que en la medida en que seguido viva, si es que lo he seguido, como escritora y en que he cambiado como escritora, eso le debe mucho a la intensidad con la que me he sumergido en la obra, a veces muy ajena, de gente más joven que yo, gente que crea sonidos que no he oído. Eso es lo que tengo que conocer.

Prácticamente todos los escritores jóvenes por cuyo trabajo me he apasionado me han enseñado algo. De ti he aprendido una forma de hacer que un poema siga en marcha. Versos largos. No se trata de que escribiera algo que suene a ti, pero desde luego andaba intentándolo. Cuando leí el trabajo de Peter Streckfus y caí completamente hechizada por su obra, me encontré escribiendo un poema que pensaba que le había robado. Y me sentí alarmada y leí cuidadosamente el libro entero que ganó el [premio de] Yale ese año, así como el manuscrito, y no pude encontrar lo que yo había escrito en su obra, pero sentí que tenía que llamarle y disculparme.

DL: ¿Cómo se lo tomó él?

LG: La actitud de Peter hacia lo que yo considero que es robo es muy distinta. Lo que dijo es: 'Ah, creo que esto es maravilloso. Eso es lo que hacen los escritores. Estamos en un diálogo'. Y yo le dije: 'Peter, no lo entiendes: ¡he robado!' Pero, ya sabes, no lo había hecho en ningún sentido literal. Las palabras eran mías. Pero sabía de dónde venía el impulso, el estímulo. Y luego traté de hacer cosas con eso que de hecho no había visto en la obra de Peter, de manera que sentía que era mío.

DL: ¿Esperaste o te imaginaste alguna vez el gran número de lectores y el actual éxito del que goza tu obra? Cuándo echas la vista atrás a tu carrera a la trayectoria de tu carrera pública, ¿qué piensas o qué sientes?

LG: No tengo percepción de tener muchos lectores ni mucho éxito.

DL: Yo puedo dar testimonio: es algo que está ahí.

LG: Cuando voy a una lectura, cuando hago una lectura…en primer lugar, estás de pie en la parte de delante de la sala, y ves los asientos vacíos. Y ves sólo los asientos vacíos. Se debe a que te ha criado una madre que te decía: '¿Por qué sólo 98? ¿Por qué no los 100?'

DL: ¡Yo también tenía una madre así!

LG: Sí, lo sé. De manera que ves los asientos vacíos, y la gente que se marcha durante la lectura, y ves que se van y piensas: no son sencillamente más que representaciones más francas del sentimiento de la sala entera. Que todo el mundo se quiere ir, pero sólo unos cuantos atrevidos se van. Y así es cómo se siente una. ¿Y éxito? He tenido casi las mismas reseñas terribles, condescendientes o las que te condenan con una desmayada alabanza: 'Bueno, si les gusta este tipo de cosa, aquí tienen más de ello'.

De manera que no tengo sensación de éxito. Cuando me dicen que tengo gran número de lectores, pienso, 'Ah, bien, va a resultar que soy [Henry Wadsworth] Longfellow': alguien fácil de entender, que es fácil que te guste, el tipo de experiencia diluida accesible para muchos. Y yo no quiero ser Longfellow. Lo siento, Henry, pero no. En la medida en que asimilo el éxito, pienso, ay, es un fallo de la obra.

DL: ¿Como que si supieran más no te leerían en absoluto?

LGCuando sepan más, no me leerán nada en absoluto.

DL: Bueno tengo ahora mismo un estudiante al que le gusta hablar de la cuota de inscripción [para participar en un premio]; ya sabes, ¿cuánto cuesta participar con este poema? Y hace poco me dijo: 'La cuota de participación de un poema de Louise Glück es como de un dólar, pero una vez te metes, el territorio es complejo'. Y es verdad: no es difícil entrar en tus poemas, pero enseguida demuestran ser muy complicados psicológicamente y complicados formalmente, en particular en cómo funcionan juntos los poemas para crear un conjunto mayor. Mi estudiante pretendía seguir la pista de todo el corpus de tu obra, pero parece que no deja de leer Ararat. Está ahí perdido, aunque no pagó más que un dólar para entrar. Voy a tener que recuperarle para que podamos seguir adelante.

LG: Bueno, eso estaría bien si fuera cierto. Espero que sea verdad.

DL: Última pregunta. Estamos viviendo en tiempos extraordinarios y lo sé por mí misma, que lidio a menudo con esto: ¿qué significa estar personal y psicoanalíticamente orientada en la página en un momento en que están pasando tantas cosas en la cultura, socio-políticamente, medioambientalmente. Muchos de mis estudiantes hacen un esfuerzo mental por ver cómo encaja la experiencia personal en la expresión pública y viceversa, en las cuestiones del público y de la oportunidad y la importación cultural. ¿Tienes algo pensado sobre esto?

LG: No creo que contestes necesariamente estas cuestiones lidiando conscientemente con ellas. Creo que pesan sobre ti, y que las soluciones se resuelven hasta cierto punto inconscientemente. Se manifiestan esas soluciones parciales en tu trabajo. Yo nunca pienso en el público. Odio esa palabra. Pienso en un lector. Creo que mis poemas buscan un lector, y que los completa el lector. Pero es el lector singular, y que esa persona exista de forma múltiple o no no establece ninguna diferencia espiritual, aunque tenga una repercusión práctica. Lo que me importa es la sutileza y profundidad de la respuesta del lector y si estas se demuestran duraderas. La idea de ampliar el público de la poesía me parece ridícula.

Creo que el poema es una comunicación entre una boca y un oído, no una boca y un oído reales sino una mente que envía un mensaje y una mente que lo recibe. Para mí, la experiencia auditiva de un poema se transmite visualmente. Lo oigo con los ojos y me disgusta leer en alto y (salvo en muy raras ocasiones) que me lean. El poema se convierte, cuando se lee en alto, en una forma mucho más sencilla, secuencial: la malla se convierte en una vía de dirección única. En cualquier caso, el conocimiento, o la esperanza de que el lector existe, es un gran consuelo.

Louise Glück
poeta neoyorquina de reconocida trayectoria literaria, profesora del Williams College de Massachusetts y de la Universidad de Yale, ha recibido en 2020 el Premio Nobel de Literatura.

Dana Levin
poeta y profesora de Escritura Creativa en la Universidad Maryville de San Luis, Misuri, ha recibido importantes premios y becas por sus libros de poesía.



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