Miguel Sáenz, traductor: “Thomas Bernhard era insufrible y Kafka es el mejor escritor del siglo XX”
El académico de la Lengua, de 93 años, que tradujo al español a muchos de los grandes autores, recoge en un libro sus cometarios sobre ellos

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El escritor participa en el festival granadino cultur_ALH con una charla llena de humor, incluso cuando habló del intento de asesinato que sufrió en 2022


La idea inicial de ubicar el Hay Festival en Cartagena, copiando un festival cultural que había nacido en Gales décadas antes, fue del escritor mexicano Carlos Fuentes, aunque la bendición la dio el Nobel colombiano Gabriel García Márquez. Era 2005 y el expresidente Juan Manuel Santos recuerda el momento exacto, cuando desayunaba con ambos escritores y se acercó a ellos una española, Cristina Fuentes La Roche, hoy coordinadora internacional del Hay Festival. “Los dos se miraron y al mismo tiempo le dieron la bendición”, recuerda Santos, cuando ella les hizo la propuesta de crear el Hay Festival en Cartagena, el primero en América Latina. Gabo se comprometió a estar en la primera edición, con lo que el evento ya contaba con la garantía de arrastrar al menos a todos sus admiradores. El Hay Festival Cartagena, que cada año reúne a políticos, escritores, cineastas, comediantes y otros líderes de la cultura de todo el mundo, celebra este año su vigésima edición con un documental sobre su historia, un libro con las fotos de sus célebres invitados y las mismas conversaciones de siempre.

La persecución a Salman Rushdie tiene algo antiguo y algo moderno. La parte aparentemente antigua es la prevalencia de la visión religiosa sobre la ley de los hombres: un dictador teocrático senil condenó a muerte a un ciudadano de un país extranjero por haber escrito una obra de ficción. La fetua no solo atacaba la libertad de expresión sino también el Estado de derecho y la soberanía nacional. La parte tristemente moderna es que inicia una serie de persecuciones a escritores y artistas que habrían ultrajado al islam: están el caso Rushdie, el asesinato de Theo Van Gogh y las amenazas a Ayaan Hirsi Ali, las caricaturas del Jyllands-Posten, la masacre de Charlie Hebdo. En su momento, algunos vacilaron o culparon al escritor: no hay que ofender los sentimientos de los musulmanes, Rushdie sabía a lo que se exponía. La segunda objeción justifica que nadie critique a un matón y carga la responsabilidad sobre la víctima. La primera ha sido asumida de manera general y su contenido se ha ampliado a otras identidades, todas dispuestas a sentirse ofendidas y a exigir el silencio del agresor con distintos grados de violencia. El caso Rushdie anticipó que el respeto o la prudencia serían los disfraces de la cobardía. Las editoriales y los periódicos occidentales han internalizado la censura. David Rieff ha especulado sobre los cambios que exigirían a Los versos satánicos los “lectores de sensibilidad” que contratan muchas editoriales anglosajonas. Hay un paternalismo perverso en ese supuesto respeto: se considera que los representantes legítimos de una comunidad son las voces más extremas e intolerantes y se silencia a los disidentes. Rushdie nos ha recordado que los debates sobre la libertad de expresión suelen empezar como debates sobre la blasfemia. Se ha negado a ser un prisionero del edicto: escribiendo libros espléndidos, viviendo su vida sin que lo domine el miedo. Ha reivindicado el valor de la literatura y el juego, y ha explicado que la libertad de expresión es la libertad de la que dependen todas las demás: somos un animal del lenguaje y cercenar el lenguaje es amputar una parte de lo que somos como especie. “Conservas las libertades por las que luchas; pierdes las libertades que descuidas. La libertad es algo que alguien siempre te está intentando quitar. Y, si no la defiendes, la pierdes”, ha escrito. Lo sagrado no es lo que se dice sino la posibilidad de la conversación. La voz de Rushdie no podrá ser silenciada: entre otras cosas, porque dice las cosas riendo.
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El escritor británico-estadounidense de origen indio Salman Rushdie se declaró este viernes “feliz de estar de vuelta” en una Feria del Libro de Fráncfort marcada por las controversias y donde la presencia del autor de Los versos satánicos e Hijos de la medianoche se define por la defensa de la libertad de expresión. “Ha sido un año difícil, pero estoy muy contento de estar de vuelta”, dijo en una rueda de prensa en la muestra de la ciudad alemana dos días antes de recibir el Premio de la Paz de los Libreros Alemanes.
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| Salman Rushdie Fernando Vicente |
Conocí a Salman Rushdie antes de que fuera famoso, en la Inglaterra de los 80. Tomamos un buen vino español en su casa y luego fuimos a un partido de fútbol, probablemente a aplaudir al equipo de mi barrio del que yo era hincha por entonces. No sabía mucho de Salman Rushdie, salvo que se había graduado en Cambridge y que había publicado varias novelas, entre otras, “Hijos de la medianoche”, sobre la independencia de la India, que a mí me deslumbró y que, me parece, es la mejor novela que él entonces escribió. En esa primera entrevista, él me habló mucho de la novela latinoamericana, que conocía por las traducciones al inglés, hechas por los editores estadounidenses, en América.
Desde hace más o menos treinta y tres años, la edad de Cristo en la cruz, Salman Rushdie se había convertido para su desgracia en un personaje de novela, concretamente de una novela de Salman Rushdie. El narrador todopoderoso, creador de ángeles y demonios que caen volando desde los cielos, contempló aterrado cómo el maleficio de la palabra escrita volvía para alcanzarlo y convertir su vida en un infierno. De repente, tras la publicación de Los versos satánicos, su rostro estaba en todos los periódicos y telediarios del mundo, su nombre maldecido entre los creyentes, su cabeza reclamada por legiones de fanáticos. Decía Borges que la fama siempre es un malentendido, quizá el peor, una boutade que nadie podría suscribir con más derecho que Salman Rushdie. Nunca sabremos qué molestó realmente al ayatolá Jomeini, si la acusación de blasfemia implícita en la idea de que, al redactar el Corán inspirado por el arcángel Gabriel, Mahoma habría mezclado sin querer los versos satánicos con los divinos, o la descripción que hace Rushdie en uno de los capítulos del propio Jomeini, un anciano agrio y ceñudo exiliado en París años antes de su regreso triunfal a Teherán.
La salvaje agresión fue posible gracias a que la Institución Chautauqua, que era quien organizaba el evento, rechazó la sugerencia policial de poner arcos detectores de metales
Salman Rushdie ha recuperado la voz y es capaz de respirar sin ayuda. El escritor británico-estadounidense está, así, "en el camino de la recuperación", según confirmó su agente, Andrew Wylie, al diario 'New York Times'.

Andrea Calamari
«Comunico al orgulloso pueblo musulmán del mundo que el autor del libro Los versos satánicos -libro contra el Islam, el Profeta y el Corán- y todos los que hayan participado en su publicación conociendo su contenido están condenados a muerte. Pido a todos los musulmanes que los ejecuten allí donde los encuentren».
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| 'Dickens' Dream', cuadro inacabado del pintor Robert W. Buss (1804-1875). DICKENS MUSEUM |
Salman Rushdie, en el Instituto Cervantes de Nueva York a finales de 2019.PASCAL PERICHCuando Mario Vargas Llosa recibió en 2010 el Premio Nobel de Literatura confesó que aprender a leer había sido el acontecimiento más importante de su vida. Salman Rushdie entendió desde muy niño que apenas existe justicia en el mundo porque tuvo la mala pata de elegir unas primeras lecturas en las que siempre, dijo, “ganaban los malos”. Ambos se lo confesaron a la periodista Leila Guerriero ante las más de 1.000 personas que abarrotaban el Teatro Colón de Arequipa, la ciudad en la que nació el primero hace 82 años, donde se celebra estos días el Hay Festival.
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| Padma Laksmi |
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| Padma Lakshmi |
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| Padma Laksmi y Salman Rushdie |
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| Padma Lakshmi y Salman Rushdie |