miércoles, 9 de agosto de 2023
Irlanda / Escritores varios
Irlanda / La tierra con mejores escritores por metro cuadrado
![]() |
| James Joyce |
La tierra con mejores escritores
por metro cuadrado
Con la edición, por primera vez, de 'Deseo', de O'Flaherty, repasamos las grandes obras de Irlanda
¿Qué misterio hace que una isla medio despoblada en el confín de Europa posea la más alta concentración de escritores de talento del mundo?
Cinco autores irlandeses
5 autores irlandeses que tienes que conocer
La Isla Esmeralda es la cuna de muchos autores famosos, que probablemente ya has oído hablar de ellos, conoces alguna obra o has visto alguna referencia.
JAMES JOYCE
Es uno de los principales nombres de la literatura irlandesa y fue uno de los autores más influyentes del siglo 20. Pasó su infancia y adolescencia en Dublín y la ciudad es escenario de sus obras.
Escritores irlandeses
Jonathan Swift, William Butler Yeats, Oscar Wilde, George Bernard Shaw, James Joyce, Samuel Beckett, Seamus Heaney y Colm Tóibín
Los 15 Escritores Irlandeses que debes Conocer
Desde obras maestras de la literatura moderna hasta algunos de los relatos de ficción histórica más aclamados, la literatura irlandesa está repleta de patriotismo, religión y un fuerte deseo de independencia nacional.
lunes, 19 de septiembre de 2022
Javier Marías / Artistas perfectos
Nadie sabe la cara que tuvo Cervantes, y tampoco hay certeza sobre la que tuvo Shakespeare, por lo que el Quijote y Macbeth son textos a los que no acompaña ninguna expresión personal, ningún rostro definitivo, ninguna mirada que los ojos de los demás hombres hayan podido congelar y hacer propia a través del tiempo. Si acaso sólo los que la posteridad ha tenido necesidad de otorgarles, con vacilaciones y mala conciencia y mucho desasosiego, expresión y mirada y rostro que seguramente no fueron de Shakespeare ni de Cervantes.
jueves, 15 de septiembre de 2022
Javier Marías / Oscar Wilde tras la cárcel
BIOGRAFÍA
Según los testimonios de cuantos lo conocieron, la mano que daba Oscar Wilde para saludar era mullida como un cojín, o más bien fofa como plastilina gastada y algo grasienta, y uno tenía la impresión de haberse manchado después de estrechársela. También se ha dicho que su piel era «sucia y biliosa», y que al hablar tenía la fea costumbre de pellizcarse y tirarse levemente de la papada, que no era de por sí inexistente. Mucha gente, prejuiciada o juiciada, lo halló repelente al primer golpe de vista, pero todos coinciden en señalar que tal sensación se desvanecía en cuanto Wilde empezaba a hablar, y aún es más, se veía sustituida por otra, de vago maternalismo o abierta admiración, de simpatía incondicional. Hasta el Marqués de Queensberry, que lo llevaría a la cárcel y a no escribir más, sucumbió a su encanto personal cuando lo conoció en el transcurso de un almuerzo en el Café Royal, a donde había acudido con su hijo Lord Alfred Douglas con vistas a apartarlo del dañino influjo de Wilde. Según ha contado el propio Douglas, que en aquella época respondía más bien por el apelativo de «Bosie» a quienes le tenían cariño, Queensberry llegó lleno de odio y desprecio hacia Wilde y muy mal dispuesto, pero a los diez minutos «comía en la palma de su mano» y al día siguiente envió una nota a su hijo «Bosie» retirando cuanto había dicho o escrito en contra de su amigo: «No me extraña», le decía, «que le tengas tanto aprecio, es un hombre maravilloso».
domingo, 2 de septiembre de 2018
La historia del mundo en un puñado de camas
La historia del mundo en un puñado de camas
Daniel Samper fabula sobre rincones íntimos de de grandes personajes de la Humanidad
JUAN CRUZ

miércoles, 13 de septiembre de 2017
Manuel Rodríguez Rivero / Los novelistas y la mercadotecnia
Los novelistas y la mercadotecnia
El mercado ha impuesto que los autores se conviertan en agobiados hombres y mujeres orquesta
MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO
15 AGO 2014 - 17:03 COT

Casi todos los novelistas que conozco suelen mostrar su estupor, matizado con un punto de resignada decepción, cuando comprueban con qué rapidez el público consume un libro que han tardado mucho tiempo en escribir. Una novela de extensión media —entre 200 y 300 páginas— se lleva entre uno y dos años de escritura, dejando aparte el tiempo de incubación de la idea narrativa, que a lo mejor surgió mucho tiempo antes y quedó durmiente en el cerebro. Y cuando esa novela por fin es publicada resulta que viene un lector o, lo que es más grave, un crítico, y se la lee en los ratos libres de una semana ociosa. Y, eventualmente, la destroza. Sólo los novelistas que son también críticos, como Guelbenzu (quien, por cierto, publicará en Destino —septiembre— la nueva intriga de mi adorada juez Mariana de Marco), son capaces de sentir cierta empatía por esa paradójica situación. Por lo demás, desde hace mucho tiempo los autores no se limitan a esperar las críticas y los datos de venta: en realidad, el mercado les ha impuesto convertirse en agobiados hombres y mujeres orquesta dispuestos a hacerle buena parte de su trabajo al departamento de mercadotecnia. El autor debe multiplicar su imagen pública porque la novela sola ya no basta; se hace preciso que multiplique su imagen pública, que salga en los medios, que repita las mismas cosas una y otra vez, que viaje, que celebre, que hable con libreros, que almuerce con periodistas: eso es más o menos lo que les espera, por ejemplo, a Javier Marías o a Ken Follett, dos claros superventas, que iniciarán la rentrée con sus novelas Así empieza lo malo Alfaguara) y El umbral de la eternidad (Plaza y Janés), ambos sellos propiedad del grupo Penguin Random House. En todo caso, las facetas promocionales de los autores no son nuevas. Oscar Wilde, por ejemplo, pactó con sus editores cómo vestiría, hablaría y actuaría durante su gira por EE UU de 1881-1882. Y más tarde, de vuelta a Reino Unido, supo aprovechar su excéntrico perfil para ganar buen dinero anunciando al público femenino “el embellecedor de senos de madame Fontaine”. También vendió su imagen el austero Kipling, presentando el extracto de carne Bovril como un tónico excelente que daba vigor a las tropas en las guerras bóers. Pero lo cierto es que no me puedo imaginar a Follett (que vendrá por aquí en septiembre) anunciando un detergente para lavadoras; ni a Marías la nueva línea de lencería de Victoria’s Secret.
martes, 8 de marzo de 2016
Oscar Wilde / El arte de conversar
Oscar Wilde / El príncipe feliz y otros cuentos / Libros del Zorro Rojo
Oscar Wilde
El Príncipe Feliz y otros cuentos
«Querida Golondrinita -dijo el Príncipe-, me cuentas cosas maravillosas, pero más maravilloso aún es lo que soportan los hombres y las mujeres. No hay misterio más grande que la miseria. Vuela por mi ciudad, Golondrinita, y cuéntame lo que veas. Entonces la Golondrinita voló por la gran ciudad y vio a los ricos que se festejaban en sus magníficos palacios, mientras los mendigos estaban sentados a sus puertas».Oscar WIlde
Dublín, 1854 – París, 1900
Poeta, novelista y dramaturgo, recordado sobre todo por su única novela, El retrato de Dorian Gray (1891), las notables comedias El abanico de Lady Windermere (1892) y La importancia de llamarse Ernesto (1895), la agudeza de sus dichos y las escandalosas circunstancias que lo llevaron a prisión. Su padre era un importante cirujano y autor de libros sobre arqueología y folclore, y, su madre, una poeta y defensora de la causa nacionalista irlandesa. Estudió en el Magdalen College de Oxford, donde se familiarizó con las teorías de Walter Pater y John Ruskin sobre la centralidad del arte en la vida. En la década de 1880 abrazó el Esteticismo. «La belleza es la única cosa que el tiempo no puede dañar. Las filosofías se derrumban como arena; las creencias pasan una tras otra; pero lo que es bello es un goce para todas las estaciones, una posesión para toda la eternidad.» En 1891 escribió en francés la pieza teatral Salomé, drama bíblico en un acto que conoció el repudio y la censura. En 1895 inició juicio por difamación al marqués de Queensberry —padre de su amigo íntimo Lord Alfred Douglas—, que lo había acusado de sodomía. El marqués, absuelto, acusó a su vez a Wilde, que fue condenado a dos años de trabajos forzosos. En prisión escribióDe Profundis, extensa carta en la que reflexiona sobre el dolor. Al salir de la cárcel, arruinado espiritual y materialmente, se mudó a París, donde vivió bajo el nombre de Sebastian Melmoth y escribió La balada de la cárcel de Reading (1898), en la que denunció las condiciones inhumanas en las prisiones. Murió en la indigencia a los cuarenta y seis años por una meningitis.lunes, 7 de marzo de 2016
Oscar Wilde / El príncipe feliz
domingo, 6 de marzo de 2016
Oscar Wilde / El gigante egoísta
![]() |
| Ilustración de Saelig Gallagher |
domingo, 28 de febrero de 2016
Oscar Wilde / El ruiseñor y la rosa
sábado, 26 de diciembre de 2015
Alberto Manguel / Sombras y fantasmas aterradores, irónicos y malévolos
Sombras y fantasmas aterradores,
irónicos y malévolos
Una selección de los 16 relatos más originales y terribles del género. Los autores resucitan a los muertos y conducen al lector a un mundo sobrecogedor, encantado y también divertido.
sábado, 12 de julio de 2014
Oscar Wilde / El cumpleaños de la infanta
![]() |
| Retrato de la Infanta Catalina de Aragón Juan de Flandes |
Manuel Rodríguez Rivero / Encantados de saludarla, señora Wilde
SEÑORA WILDE
Por Manuel Rodríguez Rivero
![]() |
| Constance Wilde |
Oscar Wilde / Epigramas
![]() |
| Oscar Wilde |
-Insistiendo en permanecer soltero, el hombre acaba convirtiéndose en una permanente tentación pública.
-Muy raras veces la verdad es pura, y jamás se muestra sencilla. Si la verdad fuese lo uno o lo otro, la vida moderna sería aburridísima; y la literatura actual, una imposibilidad.
-Es escandalosa la cantidad de mujeres que coquetean con sus maridos. Lisa y llanamente, es como lavar en público los trapos sucios.
-El hombre que desea casarse o bien debería saberlo todo o bien no debería saber nada.
-Los dos puntos débiles de nuestra época son la carencia de principios y la de imagen.
-En gran medida, el estilo depende del modo en que se lleva la barbilla. Actualmente está de moda llevarla muy alta.
-La forma de tratar a una mujer es hacerle el amor si es hermosa; y si es fea, hacérselo a otra.
-Las mujeres sólo después de haberse llamado muchas otras cosas se llaman hermanas entre sí.
-La memoria es el diario de lo que nunca ocurrió, y de lo que ni siquiera tuvo posibilidad de ocurrir.
-Los buenos terminan bien; los malos, mal. En eso consisten las novelas.
-Hoy en día son pocos los padres que prestan atención a lo que les dicen sus hijos. El anticuado respeto por la juventud agoniza con suma rapidez.
-Los parientes simplemente son una aburrida carga que no tiene el más remoto conocimiento de cómo vivir, ni el menor instinto acerca de cuando morirse.
-Hay que evitar las discusiones, siempre son vulgares y a menudo convincentes.
-En la vida matrimonial tres son compañía y dos no son nada.
-Los largos noviazgos ofrecen a la gente la oportunidad de conocer el carácter del otro antes del matrimonio, lo que en modo alguno es aconsejable.
-Ninguna mujer debería ser muy exacta acerca de su edad. Parecería demasiado calculadora.
-Todas las mujeres acaban siendo como sus madres -esa es su tragedia. Ningún hombre lo logra -esa es la suya.
-Tres direcciones siempre inspiran confianza -incluso a los comerciantes.
-Las chicas jamás se casan con los hombres con los que coquetean; piensan que no es correcto.
-Es importante no asistir a una cita de negocios si se desea conservar el sentido de la belleza de la vida.
-Es muy vulgar hablar de la profesión a la que uno se dedica. Sólo lo hacen los corredores de bolsa, y sólo en las fiestas nocturnas.





















