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| Daniel Moyano |
ENTREVISTA CON DANIEL MOYANO
Primera parte del reportaje de María Esther Gilio a Daniel Moyano aparecido en el número de febrero de 1975 de la revista Crisis. Anoche compartí la segunda parte.
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La obra del escritor, periodista, poeta y músico Daniel Moyano (1930-1992) se compone de libros de cuentos, como El rescate o Mi música es para esta gente, y novelas, como El oscuro y El trino del diablo, que dan impulso a la narrativa argentina con humor, elocuencia y sensibilidad logrando expresar un entramado de voces armónicas, poéticas y singulares que sumaron recientemente una pieza: Los pájaros exóticos, una novela inédita, cuya publicación inaugura una serie de reediciones de toda su obra a cargo de la editorial Caballo Negro.
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Daniel Moyano, un autor que aportó originalidad y lirismo a la literatura argentina
Nacido en Buenos Aires pero luego habitante de distintas provincias del país, Moyano transita junto a su hermana por casas de sus tíos hasta llegar a vivir en Córdoba, en un reformatorio. Pero a los doce, la casa de sus abuelos maternos, residentes de La Falda, se convirtió en un hogar.
Los archivos de escritores suelen convertirse en fuentes impensadas de revelaciones y sorpresas. Primero para los que meten mano entre los documentos, acto invasivo que inauguran familiares o amigos y que después continúan investigadores o archiveros interesados. Después suele ser el turno de los lectores, que reciben los resultados de la "exhumación" y se conmueven con esa suerte de morbo latente, siempre bien intencionado y alimentado por lo no conocido: la cocina de la escritura, las huellas de los orígenes de las ideas.
Hablemos ya de la naturaleza del cocodrilo, animal que pasa cuatro meses sin comer en el rigor del invierno que pone sus huevos en tierra y saca de ellos sus crías y que, siendo cuadrúpedo es anfibio sin embargo.
Heródoto, Euterpe, LXVIII
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Daniel Moyano
La fábrica
La palabra surgió de pronto en todas las bocas con un sentido mágico. Nadie había visto una fábrica en su vida pero allí estaba la palabra para asegurar su existencia. La había traído un alemán. Según algunos, la había pronunciado en un bar, sin convicción alguna, mirando su vaso de cerveza, como si se le hubiese escapado de la boca. Era duro de lengua y en realidad no dijo fábrica sino fabrik, cuyo sonido era tenso como un vidrio. Nadie comprendió al comienzo el hechizo que acababa de producirse. Aquella noche los labradores siguieron bebiendo en silencio su vino cotidiano y se acostaron sin ningún presentimiento.
Daniel Moyano no sólo navega sobre sus historias, sobre la escritura, navega también en él, entra y sale con una naturalidad que oculta el prodigio de sus recursos narrativos. Un sudaca en la Corte es un breve conjunto de relatos en los que el autor de Tres golpes de timbal abre, como al pasar, la rosa de los vientos de su escritura. Allí está su infancia desolada, su exilio en España, la batalla de su imaginería contra las dictaduras militares, los paisajes de cuero de La Rioja, toda una acuarela móvil con la que juega Moyano como un niño moviendo y transformando el mundo.Su prosa está sostenida por relámpagos poéticos, esos dones que muchos narradores consideran inalcanzables y que en este autor es el ánima misma de su lenguaje. Daniel cuenta como contaba oralmente: con economía precisa y el vuelo inalcanzable. El conjunto de su obra es de la más alta narrativa del siglo XX de nuestro país y de América Latina. Sin embargo, salvo en aisladas ocasiones, se le ha dado en la Argentina el reconocimiento que merece. Mérito mayor del esfuerzo de esta editorial.Quien lea Un sudaca en la Corte entrará en el juego de Daniel. Y jugará sonriendo muchas veces de su propia tristeza, jugará a desarmar un ejército con un oboe y cuando quiera darse cuenta ya estará hablando mano a mano con Don Quijote de la Mancha.Mientras, como el flautista de Hamelin, con un violín y el trino del diablo, este escritor atrae sus lectores hacia el océano aéreo de su imaginación.Leopoldo Castilla
La novela finalista del Premio Herralde hábilmente construida por Manuel Moyano (Córdoba, 1963), con gusto por la narración y precisión en la construcción, es espléndida. En rigor, no hay narrador, sino alguien que dispone los textos en el orden adecuado para que guarden sentido y del cual no sabremos nada hasta la última página, alguien que probablemente en el tiempo del lector no ha nacido todavía.
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| Daniel Moyano |
Daniel Moyano murió el 11 de junio de 1992, en España, donde permaneció exiliado desde que escapara de la dictadura militar en el mes de mayo de 1976. Mientras algunas antologías revalorizan su obra, también se dio a conocer su novela Dónde estás con tus ojos celestes, nunca publicada antes. En esta entrevista inédita (extractos, en rigor, de una extensa conversación entre agosto de 1987 y noviembre de 1988), Moyano repasa su infancia, su relación con la literatura, la música, su detención y el exilio.
Andrew Graham-Yooll
26 de junio de 2005
Con Daniel Moyano alguna vez tratamos de calcular cuántos kilómetros había entre su casa en La Rioja y el “piso” en la Ronda de Segovia, de Madrid. El cálculo estaba dirigido a saber dónde nos había llevado la vida, pero se hallaba condenado al fracaso porque la cifra no nos interesaba. Había armado la casa del exilio madrileño con su mujer, Irma Capellino, y con los dos hijos del matrimonio. De los encuentros familiares, en Madrid y, también en Londres, queda el recuerdo de su humor y de la calidez en su cara algo cansada. (“Dale, inglés, decilo, cara de indio. Es así. Mi padre era medio indio”, reía Moyano.) Lo extraño mucho, ahora como en aquel primero de julio hace trece años en que su hijo avisó que Daniel había muerto. Me habla todavía, en dos cintas, dos extendidas charlas (53 hojas en la desgrabación) que sostuvimos en agosto de 1987 y en noviembre de 1988. Sus palabras reflejan erudición, su amplia lectura, su obra y su angustia.