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miércoles, 6 de mayo de 2026

Rubem Fonseca / El hijo




Rubem Fonseca
El hijo
(“O filho”)


      Jessica tenía dieciséis años cuando se embarazó.
       —Es mejor sacarlo —dijo su madre—. ¿Sabes quién es el padre?
       Jessica no lo sabía.
       —No importa quién sea el padre —respondió—, son todos unos cabrones.

martes, 5 de mayo de 2026

Rubem Fonseca / El peor de los venenos

Mujer desnuda frente al espejo
Giovanni Bellini

Rubem Fonseca 


EL PEOR DE LOS VENENOS



A todos los hombres les gusta que los sienten a mi lado en las grandes cenas que frecuento. Soy inteligente, guapa, atractiva, irónica, tengo imaginación, cultura, soy capaz de mantener un diálogo expresivo con un banquero importante o con un profesor de filosofía, en el caso de que inviten a un profesor de filosofía a una de estas cenas elegantes. ¿Parezco una presumida egocéntrica? ¿Debo mentir, sólo para aparentar modestia? 

Rubem Fonseca / Vida


Rubem Fonseca
VIDA

En mi caso, el ruido que causa el movimiento de los gases intestinales me pone alerta. Pero hay personas que no tienen la ventaja de esta señal prodrómica? Mi mujer dice que no es una enfermedad y, si no es una enfermedad, no hay pródromo, como el aviso que un epiléptico recibe momentos antes de tener la crisis, como le ocurría a nuestro hijo, que Dios lo tenga en su gracia, pero mi mujer se dedica a contradecirme en todo lo que digo, a hostilizarme constantemente, ese es el pasatiempo de su vida-, pero estaba diciendo que mi flatulencia se anuncia por los ruidos de los gases desplazándose por el abdomen, y eso me permite, casi siempre, retirarme estratégicamente para ir a expulsarlos lejos de los oídos y las narices de los demás. Por cierto, prefiero hacerlo a solas, pues los pedos, al ser expulsados, me causan un gran placer que se manifiesta en mi rostro, sé de esto porque la mayoría de las veces los libero en el baño, el mejor lugar para hacerlo, y puedo notar en mi rostro, reflejado en el espejo, el lenitivo alivio, la delectación provocada por su esencia odorífera, y también una cierta euforia, cuando son bastante ruidosos. Y, tratándose de un ambiente cerrado, tengo otra emoción, tal vez más placentera, que es la de disfrutar con exclusividad ese olor peculiar. Sí, yo sé que para la mayoría de las personas, ciertamente no para quién lo expulsó, el aroma de la flatulencia ajena es ofensivo y repugnante. Mi mujer, por ejemplo, cuando estamos acostados en la cama y escucha el ruido de mis intestinos, me grita, salte de la cama y vete a pedorrear lejos de mí, asqueroso. Salgo corriendo de la cama y me voy al baño, en esas ocasiones, como ya dije, prefiero estar solo, y después de expulsar los gases en el baño, con la puerta cerrada, cuando ni siquiera acabé de gozar la satisfacción que aquello me da, ella grita, Dios mío, estoy sintiendo la peste desde aquí, de veras te estás pudriendo. El olor no es tan fuerte, incluso me gustaría que fuera más intenso pues me causaría mayor placer, pero a veces es tan suave que tengo que agacharme y olfatear con la nariz casi pegada al pubis para sentir el aroma desprendido por el flato, pero aún así, en estos días ella grita palabras injuriosas desde el cuarto, como si un olor tan débil pudiera recorrer un trayecto tan largo sin desvanecerse en el camino. El otro día, durante la cena -por cierto que esto ocurre casi todos los días- al repetir el plato de frijoles, me dijo, come más, llénate las tripas, para que después te eches más pedos, pero también lo dice si repito el postre, soy delgado y no logro dejar de serlo, no importa lo que coma; ella es gorda y no logra dejar de ser gorda, pero vive haciendo pays, pudines de leche y mousses de chocolate, y si repito el pudín o el mouse ella dice, vas a pasar la noche pedorreándote como un caballo, y además me echa la culpa de ser gorda, que la hago infeliz, que come para compensar las frustraciones que le causo, y tiene razón, pues no logro cumplir con mis obligaciones de marido, por más que lo intento, y en realidad ya no lo intento más. Podría irme de la casa, pedir el divorcio, pero me acuerdo de lo que sufrió durante la enfermedad de nuestro hijo, creo que nunca ha existido en el mundo una madre más dedicada que ella, y ella engordó después de la muerte de nuestro hijo, y a veces la descubro llorando con su retrato en las manos, no debo abandonarla en esa situación, no puedo ser tan desalmado y egoísta, y además si soy delgado y elegante podría conseguirme otra mujer, pero ella no lograría encontrar otro hombre y la soledad aumentaría todavía más su sufrimiento, es una buena mujer, no merece esto. Estamos acostados, ella de espaldas a mí, pensé que estaba dormida, pero mis intestinos empezaron a producir esos ruidos y ella, sin darse la vuelta, gritó ¡Ay, Dios mío, que vida la mía!, ve a pedorrearte al baño, y me fui e hice lo que me mandó y contemplé en el espejo la felicidad que el fuerte ruido y el intenso olor estamparon en mi rostro. 

Rubem Fonseca
Secreciones


Rubem Fonseca / Orgullo


Rubem Fonseca
ORGULLO

En varias ocasiones había oído decir que por la mente de quien está muriendo ahogado desfilan con vertiginosa rapidez los principales acontecimientos de su vida y siempre le había parecido absurda tal afirmación, hasta que un día ocurrió que estaba muriendo y mientras moría se acordó de cosas olvidadas, de la noticia del periódico según la cual en su infancia pobre él usaba zapatos agujerados, sin calcetines y se pintaba el dedo del pie para disimular el hoyo, pero él siempre había usado calcetines y zapatos sin hoyo, calcetines que su madre zurcía cuidadosamente, y se acordó del huevo de madera muy liso y suave que ella metía en los calcetines y zurcía, zurciendo todos los años de su infancia, y se acordó de que desde niño no le gustaba beber agua y si se bebía un vaso lleno se quedaba sin aire, y por eso permanecía el día entero sin beber una gota de líquido pues no tenía dinero para jugos o refrescos, y que a veces a escondidas de su madre hacía refresco con la pasta de dientes Kolynos, pero no siempre tenían pasta de dientes en su casa, y en el momento en que moría también se acordó de todas las mujeres que amó, o de casi todas, y también del piso de madera roja de una casa en la que había vivido, aunque angustiado no logró recordar qué casa era aquélla, y también del reloj de bolsillo ordinario que rompió el primer día que lo usó, y también del saco de franela azul, y del dolor que lo había hecho arrastrarse por el suelo, y del médico que decía que necesitaba hacerle una radiografía de las vías urinarias, y cuanto más lo cercaba la muerte más se mezclaban los recuerdos antiguos con los recientes, él llegando atrasado al consultorio del médico que ya estaba vestido para salir, ya hasta había permitido que se fuera la enfermera, y el médico con prisa, ansioso como alguien que va a encontrar a una novia muy deseada, mandándole que se quitara el saco, se levantara las mangas de la camisa y que se acostara en una cama metálica, explicándole que a fin de cuentas la radiografía no se tardaría mucho, sólo había que inyectar el contraste y sacar las placas, y el médico se inclinó sobre la cama para aplicar el contraste en la vena del brazo y él sintió el olor delicado de su perfume y pudo observar su corbata de bolitas, y no pasó mucho tiempo cuando empezó a sentir que la laringe se le cerraba impidiéndole respirar y él intentó alertar al médico pero no logró emitir sonido alguno y todas las reacciones vinieron a su mente, la noticia del periódico, el saco azul, el piso de madera, las mujeres, el huevo liso de madera de su madre, mientras el médico en una esquina del consultorio hablaba por teléfono en voz baja, y como sabía que se estaba muriendo golpeó en la cama de metal con fuerza, el médico se asustó y después muy nervioso sacaba los cajones de los armarios, maldiciendo, culpando a la enfermera y diciéndole a él que se calmara, que iba a ponerle una inyección antialérgica, pero no encontraba dónde estaba el maldito medicamento, y él pensó me estoy muriendo sofocado, la vida y la muerte corriendo al parejo, y consciente de que su muerte era inminente e inevitable, se acordó de las palabras de un poema, debo morir pero eso es todo lo que haré por la Muerte, pues siempre se había rehusado a tener el corazón atormentado por ella, y en ese momento en que moría no iba a dejar que ella se hiciera cargo de su alma, pues lo más que la Muerte haría de él sería un muerto, así es que pensó en la vida, en las mujeres que había conocido, en su madre zurciendo calcetines, en el huevo liso de madera, en la noticia del periódico, y golpeó con fuerza la mesa de metal, ¡bam!, ¡bam!, ¡bam!, estoy pensando en las mujeres que amé, ¡bam!, ¡bam!, ¡bam!, pensando en mi madre, y en ese momento el médico, sin saber qué hacer, atormentado y sobresaltado por los ruidosos golpes que él descargaba en la cama metálica, lo miró con gran conmiseración y tristeza, y él gritó nuevamente ¡bam!, ¡bam!, que perdonaba al médico, ¡bam!, ¡bam!, que perdonaba a todo el mundo, mientras su mente recorría velozmente las reminiscencias de la vida, y el médico, ahora entregado a su impotencia, desesperado y confundido, le quitó los zapatos y le levantó la cabeza y vio sus pies vestidos con calcetines negros, y vio en el calcetín del pie derecho un hoyo que dejaba aparecer un pedazo del dedo grande, y se acordó de cuán orgullosa era su madre y de que él también era muy orgulloso y que eso siempre había sido su ruina y su salvación, y pensó no voy a morirme aquí con un hoyo en el calcetín, no va a ser esa la imagen final que le voy a dejar al mundo, y contrajo todos los músculos del cuerpo, se curvó en la cama como un alacrán ardiendo en el fuego y en un esfuerzo brutal logró que el aire penetrara en su laringe con un ruido aterrador, y cuando el aire era expelido de sus pulmones hizo un ruido aún más bestial y horrible, y se escapó de la Muerte y ya no pensó en nada. El médico, sentado en una silla, se limpió el sudor del rostro. Él se levantó de la cama metálica y se puso los zapatos.

Rubem Fonseca
El agujero en la pared



martes, 10 de octubre de 2023

Rubem Fonseca / El enano / Traducción de Romeo Tello


Rubem Fonseca
EL ENANO
Traducción de Romeo Tello

Poco importa que diga cómo fue que un empleado bancario desempleado como yo conoció a una mujer como Paula, pero voy a contarlo. Me atropello con su carrazo y me llevó al Miguel Couto y me dijo en el camino, la culpa fue mía, estaba hablando en el teléfono celular y me distraje, mi marido odia que maneje. Al llegar al hospital le dije a todo el mundo que la culpa era mía. Ella suspiró aliviada y dijo muy bajo, muchas gracias. Me operaron la pierna, le pusieron un montón de tornillos y me dejaron en una camilla en el pasillo, pues el hospital estaba lleno y no había lugar en los cuartos.

miércoles, 7 de octubre de 2020

Rubem Fonseca / El enano

Fractura
Ilustración de Triunfo Arciniegas
Rubem Fonseca
EL ENANO
Traducción de Regina Aida Crespo


No importa decir cómo fue que un empleado bancario como yo conoció a una mujer como Paula, pero se los voy a contar. Ella me atropelló con su carrazo y me llevó al Miguel Couto y me dijo en el camino que la culpa era suya yo estaba hablando en el teléfono celular y me distraje mi esposo odia que maneje. Llegando al hospital le dije a toda la gente que la culpa era mía. Ella dio un suspiro de alivio y dijo quedamente, muchas gracias. Me operaron la pierna, le pusieron un montón de tornillos y me dejaron en una camilla en el pasillo porque el hospital estaba lleno y no había lugar en los cuartos comunes.

miércoles, 6 de mayo de 2020

Rubem Fonseca / Hermosos dientes y buen corazón



Rubem Fonseca 

BIOGRAFÍA

HERMOSOS DIENTES Y BUEN CORAZÓN

Traducción de Basilio Losada



He oído decir que hay gente que se ríe para mostrar sus hermosos dientes y otra gente que llora para mostrar que tiene buen corazón. En todas mis fotos M. está riéndose, pero no como esas famosas que salen en los ecos de sociedad. Esas pavisosas siempre aparecen con los dientes a la vista, pero nunca están realmente riéndose, están mirando hacia el objetivo de la cámara pensando en lo que van a decir sus amigas cuando vean la foto publicada, fingiendo que ríen, y cuando el fotógrafo se va, ellas muestran su rostro ceñudo, a veces incluso triste. Yo anduve en esas fiestas y sé muy bien lo que digo. Los que se ríen de verdad, como los que están enamorados, no tienen la menor noción de lo que acontece a su alrededor, no ven nada en torno a ellos. No ven, por ejemplo, a un fotógrafo sacando fotos. Reír es bueno, pero puede joderle la vida a uno.
    M., cuando lloraba, se sonaba la nariz, quizá porque es así como en las películas lloran las protagonistas: empiezan a llorar y el galán, o bien otro hombre cualquiera, nunca otra mujer, saca el pañuelo del bolsillo, los hombres llevan siempre un pañuelo limpio en el bolsillo, se lo dan a la moza y la moza se limpia la nariz. Claro que esto tiene una justificación biológica, las lágrimas, aparte de humedecer la conjuntiva, pueden penetrar en las fosas nasales. El día en que M. lloró, el tipo que estaba con ella no llevaba pañuelo, o quizá sí lo llevaba, pero no estaba limpio, porque si uno lleva un pañuelo en el bolsillo de los pantalones es para ensuciarlo, a no ser que el fulano esté trabajando en una película. Él le dio su corbata a M. y ella se sonó con la corbata. Pero tengo la impresión de que estoy poniendo el carro delante de los bueyes. Vayamos por orden.

Rubem Fonseca / El violador



Rubem Fonseca 

BIOGRAFÍA

EL VIOLADOR

Traducción de Basilio Losada



Júlia siempre lleva vestidos sin escote y, si llevaba blusa, cerraba el cuello totalmente. Tenía un cuerpo hermoso, principalmente los senos. Hay quien dice que el seno ideal debe ser duro y arrogantemente empinado, o escarpado en sentido ascendente, o en todo caso grande y redondo como un melón. Pues no, el seno perfecto debe caber en la mano de un hombre sin que sobre hacia los lados, y blando y un poco pendiente, muy poco, en leve sinuosidad para alzarse luego dulcemente de modo que la punta quede por encima de la línea del horizonte. Las finas camisas de malla que ella usaba, sin sostén, indicaban que los senos de Júlia pertenecían a esta última categoría.
    Júlia llevaba siempre el cuello del vestido cerrado, y sólo me dejaba besarle el pescuezo, que era muy bonito. A mí me gustaba ir a la playa, pero Júlia detestaba la playa y las piscinas. Cualquiera podría pensar que Júlia tenía celulitis o las piernas torcidas, pero los shorts que se ponía a veces demostraban que no era ése el motivo.

Rubem Fonseca / La naturaleza, en oposición a la gracia

Artist Paints Nightmares With His Own Blood



Rubem Fonseca 

BIOGRAFÍA

LA NATURALREZA,EN OPOSICIÓN A LA GRACIA

Traducción de Basilio Losada


¿Hace mucho tiempo que vive usted en este edificio?, preguntó el policía.
    Dos años, respondí. Antes vivía en la Isla del Gobernador.
    Si el policía me hubiera interrogado unos días antes, estaría yo muerto de miedo. Pero después de todo lo pasado, ya no.
    Mientras el policía me iba haciendo preguntas, yo rememoraba todo lo ocurrido. No sé por qué, lo primero que recordé fue el calor de la sauna del bloque, la sauna donde yo me escondía para librarme de Sérgio. No olvido aquel día en el que estaba yo al borde de la piscina sentado al lado de Alessandra, tendida en bikini, en una tumbona, cuando Sérgio se acercó y, antes de que pudiera yo refugiarme en la sauna, se había instalado a nuestro lado con los ojos clavados en el cuerpo de mi novia. Luego preguntó: ¿Es que no va a meterse en el agua nunca este canijo?

martes, 5 de mayo de 2020

Rubem Fonseca / Ahora tú (o José y sus hermanos)


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Rubem Fonseca 

BIOGRAFÍA

AHORA TÚ (O JOSÉ Y SUS HERMANOS)

Traducción de Basilio Losada


¿Quién quiere hablar primero?
    Yo. Ayer entré en el ascensor, uno de esos modernos que no tienen botón para apretar, los números de los pisos están en cuadraditos que se iluminan. Estiré la mano acercando suavemente el dedo al número del piso al que yo iba, muy suavemente, casi un soplo, y aparté el dedo con la mayor rapidez, sólo para ver. El número se iluminó. Realmente funcionaba. Ah, qué gracia, dijo alguien con voz aflautada. Era un ascensor grande, iba lleno de gente, pero no fue difícil identificar al patán que había hablado. ¿Decía algo?, pregunté como un duro de esos del cine. ¿Hablaba conmigo? A ver, ¿qué decía? Pero el tipo, que era un poco cagueta y más bien palurdo, dijo, sí, cariño, hablaba contigo. Me eché sobre él, no porque me tomara por maricón, perdón, a mí me es igual, que cada uno sea lo que quiera, ¿pero quién te crees que eres tú? Y me eché encima de él, porque no me gusta que un fulano como aquél me hable sin que yo le dé permiso. ¿Sería hijoputa?, perdonen, la verdad es que le cascaría aunque sólo me hubiera dado los buenos días. Sólo un viejo, entre todos los que iban en el ascensor, protestó, no puede usted hacer eso. No le hice ni caso. El tío mierda que me había provocado la envainó y corrió a meterse detrás de los otros, al fondo del ascensor. Nadie dijo nada, y si alguien hubiera dicho algo, iba a ver cómo acababa. No estaría mal, armarla dentro de un ascensor, a hostias, cosa que nunca hice hasta hoy. Reconozco que soy un poco crudo, que, cuando me da, no me contengo. Yo era flacucho y delicado, y todos se metían conmigo, hasta una vez uno me palpó el culo, disculpen, porque yo era bonito, y a la gente no le gustan los hombres guapos. Pero el caso es que fui a una academia de esas para sacar músculo, y me harté de tomar pastillas, practiqué las artes marciales, me convertí en un toro, me hice un tatuaje en el brazo, un diablo con cuernos y todo, aquí está. Encima del bíceps. Los cuernos crecen cuando hago músculo, ¿ven? Pero sigo siendo un hombre que tiene su moral, soy incapaz de atizarle a un viejo, a un niño, a un lisiado o a una mujer, no me meto con nadie. Uno cría músculo, pero el alma sigue igual. Hoy ya nadie se mete conmigo, a no ser algún gilipollas que no ve lo que se le cae encima, como esos imbéciles que en el zoo quieren acariciar la cabeza del tigre enjaulado y se quedan sin brazo. Los idiotas que se meten conmigo no pierden el brazo, pero tienen luego que llevarlo enyesado y comprarse una dentadura postiza. Eso si me cogen en un día bueno.

Rubem Fonseca / Coincidencias

Papel Pintado al Estilo Pop Art con Mujer Rubia en 2020 | Arte del ...



Rubem Fonseca 

BIOGRAFÍA

COINCIDENCIAS

Traducción de Basilio Losada


 No soy uno de esos hombres que se llevan a la cama a cualquier fulana a quien han conocido en la barra de un bar. ¿Qué fue lo que me motivó? ¿Su aspecto saludable y limpio, la piel sonrosada, su pelo rubio descolorido como paja, el cuerpo bien hecho?
    La encontré de nuevo, unos días después, en el aeropuerto. Yo llevaba un traje hecho a medida en Londres, zapatos ingleses, camisa italiana y corbata francesa, e iba cuidadosamente afeitado y peinado. Sólo me acicalo tanto cuando voy en viaje de negocios, llamémosle así. En Brasil me afeito dos veces por semana y nunca me pongo esa ropa, ni siquiera para verme con una mujer ni para negociar con el traficante ni para ir al funeral de un figurón o para presidir las reuniones de mi empresa, qué sé yo. Lo que me gusta es pasar inadvertido.
    Chico, qué coincidencia tan agradable, me dijo ella deteniéndose ante mí y, prácticamente, impidiéndome seguir mi camino.

Rubem Fonseca / Copromancia


Piero Manzoni
Merde d'artista
1961


Rubem Fonseca 

BIOGRAFÍA

COPROMANCIA 


Traducción de Basilio Losada


¿Por qué Dios, el creador de todo lo que existe en el Universo, al dar la existencia al ser humano, al sacarlo de la Nada, lo destinó a defecar? ¿Habría revelado Dios, al atribuirnos esa irrevocable función de transformar en mierda todo lo que comemos, su incapacidad para crear un ser perfecto? ¿O su voluntad era ésa, hacernos así, toscos? ¿Ergo, la mierda?

sábado, 18 de abril de 2020

Rubem Fonseca / Once de mayo



Rubem Fonseca
Once de Mayo 

(“Onze de Maio”)


      
El desayuno, la comida y la cena se sirven en la celda. Es un trabajo enorme llevar las marmitas y los vasos hasta la celda de cada uno. Debe haber alguna razón para eso.
       La celda tiene cama, armario, un orinal y televisión. La televisión está encendida durante todo el día. Debe haber también alguna razón para eso. Los programas se transmiten por circuito cerrado desde algún lugar del Hogar. Viejas novelas transmitidas sin interrupción.
       Hoy un Hermano confiscó la radio que Baldomero estaba montando. Su hija le había ido llevando las piezas. Está permitido oír la radio, dijo el Hermano, pero el ocio no ha de ser fuente de injusticia, aquí todos han de tener las mismas cosas. Y allá se fue el juguete de Baldomero.

Rubem Fonseca / Encuentro en el Amazonas

Foto de Pierre van Troots

Rubem Fonseca
Encuentro en el Amazonas 

(“Encontro no Amazonas”)


      
Supimos que había ido desde Corumbá a Belém, por Brasília, en autobús. De tanto andar tras él, ya lo conocía como si fuera de la familia. Andaba huyendo, pero eso no le impedía ver cuanto museo o iglesia encontraba en el camino.
       El único museo que había en Belém era el Goeldi. Se había pasado dos días visitando el Goeldi, aunque tenía razones para sospechar que íbamos acercándonos. Todo el mundo lo había visto.
       “Estuvo un buen rato mirando los peces. Llevaba un cuaderno gordo lleno de anotaciones”, dijo el hombre del acuario.

viernes, 17 de abril de 2020

Rubem Fonseca / El juego del muerto


Rubem Fonseca 

BIOGRAFÍA

EL JUEGO 

DEL MUERTO

(“O jogo do morto”)


      
Se reunían en el Bar de Anísio todas las noches. Marinho, dueño de la farmacia más importante de la ciudad, Fernando y Gonçalves, socios de un almacén, y Anísio. Ninguno de ellos había nacido en Baixada, ni siquiera en la ciudad. Anísio y Fernando eran de Minas, y Marinho de Ceará. Gonçalves había venido de Portugal. Eran pequeños comerciantes, prósperos y ambiciosos. Poseían modestas casitas de veraneo en la misma parcela de la región de los lagos, eran del Lion's, iban a la iglesia, llevaban una vida morigerada. Tenían en común, además, un interés enorme por las apuestas. Apostaban entre ellos a las cartas, a los partidos de futbol, a las carreras de caballos y de automóviles, a los concursos de mises. Todo lo que fuera aleatorio les servía. Jugaban fuerte, pero ninguno solía perder mucho, pues una racha de pérdidas iba seguida casi siempre por otra de ganancias. Aunque en los últimos meses Anísio, el dueño del bar, venía perdiendo constantemente.

Rubem Fonseca / Pierrot de la caverna


Rubem Fonseca 

BIOGRAFÍA

PIERROT DE 

LA CAVERNA

 

(“Pierrô da caverna”)

jueves, 16 de abril de 2020

Rubem Fonseca / Mandrake

Marcel Duchamp jugando con la escritora Eve Babitz
Museo de Arte de Pasadena, 1963
Fotografía de Julian Vasser

Rubem Fonseca

MANDRAKE 

Yo jugaba con las blancas y avanzaba el alfil en fianqueto. Berta preparaba un fuerte centro de peones.

Aquí es el despacho del doctor Paulo Mendes, dijo mi voz en la grabadora del teléfono dando a quien llamaba treinta segundos para dejar su mensaje. El individuo aquel decía llamarse Cavalcante Méier, como si hubiera un guión entre los dos apellidos, y que estaban intentando complicarlo en un crimen, pero —tlec— los treinta segundos se acabaron antes de que pudiera terminar de decir lo que quería.

Siempre llama la gente cuando uno está en lo más duro de la partida, dijo Berta. Bebíamos un vino de Faísca. 

Rubem Fonseca / Crónica de sucesos


Rubem Fonseca
BIOGRAFÍA
Crónica de sucesos

1
El Inspector Miro trajo a la mujer a mi presencia.
Fue el marido, dijo Miro despreocupadamente. En aquella comisaría de barrio eran constantes los casos de pelea matrimonial. La mujer tenía dos dientes rotos, sangraba por los labios, el rostro tumefacto. Lesiones en los brazos y en el cuello.
¿Fue su marido quien la puso así?, pregunté.

Rubem Fonseca / Lúcia McCartney

Rubem Fonseca

Lúcia McCartney




I

Abro los ojos: Isa, bandeja, tostadas, plátanos, café, leche, mantequilla Me desperezo. Isa quiere que coma. Quiere que me acueste temprano. Piensa que soy una niña.

Desde que se fue su marido se dedicó a controlarme cada vez más. Isa dice que él volverá, pero me cuesta creerlo. Primero, ella no estaba casada con su marido. Segundo, me parece que no se gustaban mucho: Isa de vez en cuando hacia chapas y él desaparecía durante días. Para mí que esta vez desapareció para siempre. Isa espera que el marido vuelva en cualquier momento. Las camisas de él están todas bien planchadas en la cómoda y mandó arreglar los prismáticos, porque se volvía loco por las carreras de caballos. Ella ya no sale de casa, ni para hacer una chapa de puta madre, pero él no da señales de vida.

martes, 10 de enero de 2017

Rubem Fonseca / Mirada


Rubem Fonseca

BIOGRAFÍA 

MIRADA

Traducción de Mario Merlino

A mí no me gustaba comer, hasta que ocurrieron los episodios que relataré dentro de poco. Tenía dinero para alimentarme con los más finos manjares, pero los placeres de la mesa no me atraían. Por varias razones, nunca había entrado en un restaurante. Era vegetariano y me gustaba decir que sólo echaba en falta los alimentos del espíritu -música, libros, teatro-. Lo que era una estupidez, como el Dr. Goldblum me demostró después.