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viernes, 23 de febrero de 2024

Escritores / Búsquese otro nombre


Francisco Casavella chez lui ˆ Barcelone. Photo: Daniel Mordzinski.
Francisco García Hortelano / Francisco Casavella

Búsquese otro nombre

A veces crees que tus desgracias empiezan tan atrás, que te cambias de nombre en un intento desesperado por sortear la adversidad, como el día que Philippus Theophrastus Bombast von Hohenheim previó que haría mejor carrera como Paracelso. En la vida conviene saber cuándo tu nombre se vuelve una losa, para deshacerte de él, como si fuese el calzoncillo de ayer. Bastantes obstáculos encuentras hasta que te llega la muerte, como para tener que remontar también tu nombre y apellidos. En último término, un nombre tiene que ser un salvoconducto, una llave maestra, una versión mejorada, a poder ser, de ti mismo, y no una mera señal para que te des la vuelta cuando te llaman.

miércoles, 18 de noviembre de 2020

Luise Straus / Una vida a la sombra de Marx Ernest


Luise con Jimmy, el hijo que tuvo con Max Ernst. AUGUST SANDER ARCHIV, COLOGNE

Luise Straus, una vida a la sombra de Max Ernst y sepultada por los nazis


La artista alemana, asesinada en Auschwitz, fue recordada a la sombra de su exmarido, Max Ernst, pero encarnó un modelo de mujer avanzada borrada por el exilio y el machismo.
Silvia Cruz Lapeña
22 de marzo de 2018
YA NO necesitas un marido. Tienes 28 años. Lo sabes todo del amor”, le dijo Max Ernst a Luise Straus el día que rompió con ella. Corría 1921, Colonia era una ciudad abierta, tolerante y culturalmente intensa, pero Ernst había decidido irse a París para ampliar sus horizontes artísticos

También le empujaba a marcharse el romance a tres que vivía con Gala y Paul Eluard. Ante las lágrimas de Luise, el artista intentó un último consuelo: “Tienes un hijo. ¿Qué más quieres?”. Ella respondió con deses­peración: “¡Quiero vivir!”. Lo que Max Ernst no sabía es que estaba de nuevo embarazada. Y nunca lo sabría porque días después de ser abandonada, Luise Straus iniciaba un viaje a Insbruck para abortar.

martes, 7 de octubre de 2014

Dalí y García Lorca / Cartas de seducción

foton
Salvador Dalí y Federico García Lorca

Dalí y Lorca, cartas de seducción

Un estudio reúne por vez primera la relación epistolar entre el pintor surrealista y el poeta

Es una mezcla de amistad, literatura, arte y flirteo


“Tú eres una borrasca cristiana y necesitas de mi paganismo (...) yo iré a buscarte para hacerte una cura de mar. Será invierno y encenderemos lumbre. Las pobres bestias estarán ateridas. Tú te acordarás que eres inventor de cosas maravillosas y viviremos juntos con una máquina de retratar (…)”. Así de apasionado escribe Salvador Dalí en el verano de 1928 a su íntimo amigo Federico García Lorca. Era algo más, “un amor erótico y trágico, por el hecho de no poderlo compartir”, aclararía el pintor en 1986, en una carta al director publicada en EL PAÍS y dirigida a Ian Gibson, al que acusa de subestimar sus relaciones con el poeta, “como si se hubiera tratado de una azucarada novela rosa”.
La relación entre estos dos genios se dio, con altibajos, entre 1923 y 1936, y dio pie, colaboraciones artísticas aparte, a un intenso epistolario, una particular conversación iniciada en 1925 y que, por vez primera, puede leerse en su conjunto en Querido Salvador, Querido Lorquito (Elba), gracias a la labor del periodista Víctor Fernández.
Tan hábil como meticuloso, Fernández (que ha recuperado la erudita edición de las cartas de Dalí que anotó el estudioso Rafael Santos Torroella) ha reunido además la correspondencia que Lorca mantuvo también con el padre y la hermana del pintor, Ana María Dalí, y con Lidia de Cadaqués, extravagante personaje que se creía la reencarnación deLa ben plantanda de Eugeni d’Ors. Tampoco es tanto epistolario. De la cartas del pintor al poeta aún han sobrevivido una cuarentena; de las de Lorca a Dalí, apenas siete. Fernández cree que la explicación a la diferencia aparece si se busca a la mujer. En este caso, a dos: “Una es Ana María, que vendió mucho material de archivo de su hermano tras la Guerra Civil; la otra es Gala, que por celos destruyó otras muchas; entre los papeles de García Lorca ha sido hallada una anotación que reza: “Gala no me gusta”; luego se sabe que Lorca era uno de los temas no gratos en casa de los Dalí cuando estaba Gala; entre los papeles del pintor hay cartas de Lorca recortadas con tijeras; a esa documentación tenía acceso poquísima gente, entre ellas la mujer del pintor”, sitúa Fernández.