El secreto de Alice Munro
Daniel Gascón
15 de mayo de 2024Cynthia Ozick dijo de ella que era nuestra Chéjov y James Wood escribió que aunque eso se decía de mucha gente en su caso era cierto. Alice Munro, que ha muerto a los 92 años en Ontario, nació en 1931, se casó joven, tuvo cuatro hijas (una de ellas falleció al poco de nacer). Decía que escribía cuando se echaban la siesta y que la falta de tiempo la llevó a la ficción breve. Trabajó en una librería, publicó su primer libro en 1968, se divorció en 1972, se volvió a casar, regresó a la región de Canadá que convirtió en su territorio de ficción. Publicaba relatos en el New Yorker y los iba recogiendo en libros. Aunque tenía muchos lectores, era también una escritora de escritores: entre los que manifestaron admiración por ella están Jonathan Franzen, Ignacio Martínez de Pisón, Margaret Atwood o Antonio Muñoz Molina. Ganó el Premio Nobel de Literatura en 2013. Publicaba en un medio muy influyente y tuvo pronto reconocimiento, pero a la vez tenía algo periférico: por el género que cultivó con más asiduidad, por ser una mujer canadiense, por el tipo de temas y personajes que trataba. Estuvo muy de moda justo antes del Nobel: un ejemplo es que Pedro Almodóvar, fiable termómetro de lo cool, decidiera adaptarla. Era una referencia constante. Es una escritora claramente feminista, pero ha quedado algo marginada en el tiempo de la eclosión del feminismo. También es testimonio de un tipo de autor que prácticamente ha dejado de existir o al menos de ocupar un lugar central. El cuento es menos relevante, las revistas son otra cosa (aunque sigan siendo influyentes), el mercado es diferente, el éxito pasado causa fatiga y su mirada compleja y contradictoria la aleja del victimismo dominante en el Zeigeist.