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martes, 7 de noviembre de 2017

Hillary Clinton / Un año atrapada en la noche más amarga




Hillary Clinton, en un mitin en Pittsburgh, el 30 de julio de 2016.
Hillary Clinton, en un mitin en Pittsburgh, el 30 de julio de 2016.  AP

Hillary Clinton

Un año atrapada en la noche más amarga

Clinton se encuentra de plató en plató promocionando el libro de su derrota. La última polémica sobre las primarias demócratas es, para quien aún lo dudaba, su estocada final


AMANDA MARS
Washington 6 NOV 2017 - 00:19 COT



Los candidatos derrotados suelen experimentar una mejora de sus ratios de popularidad en Estados Unidos. El fenómeno, bien documentado por Gallup, se explica sobre todo por el cambio de sensibilidad de los votantes independientes o del partido rival, a los que con la victoria amarrada se les suaviza la inquina. Ocurrió con los republicanos Mitt Romney (cuatro puntos de mejora), John McCain (10 puntos) y de forma muy marcada con George Bush padre, que no repitió mandato (16 puntos). También con el demócrata Al Gore (10 puntos). Pero con Hillary Clinton no existe compasión, ni tregua: es la única aspirante a la Casa Blanca cuya aprobación no solo no aumentó, sino que ocho meses después de los comicios había empeorado (un punto), algo que no ha ocurrido en 25 años.

Al lado de la Casa Blanca, Hillary Clinton alienta a la “resistencia” contra Trump

Hillary Clinton con dos de sus libros.  AP


Al lado de la Casa Blanca, Hillary Clinton alienta a la “resistencia” contra Trump

"No permitamos que el reloj vaya hacia atrás", dice la excandidata demócrata en Washington, al inicio de la gira de presentación de su libro sobre la derrota electoral


JOAN FAUS
Washington 18 SEP 2017 - 22:55 COT


La ubicación era dolorosa. A una calle del Hotel Trump y a dos de la Casa Blanca. Hillary Clinton inició este lunes la gira de presentación de su libro sobre su derrota electoral en el corazón de Washington, la ciudad en la que soñaba con volver a vivir pero que el pasado 8 de noviembre se le escapó para siempre. Irónicamente, antes del inicio de la charla, a las puertas del Teatro Warner un hombre tocaba Imagine, el himno de John Lennon en que imaginaba un mundo en paz. Una mujer sostenía un cartel que rezaba “Ojalá hubieras ganado” y que agradecía el apoyo de Clinton a las restricciones a las ventas de armas. Pero a su lado un hombre criticaba los lazos empresariales de la excandidata demócrata, lo que le valió una peineta de un joven, y otro denunciaba las donaciones de lobbies proisraelíes a la ex primera dama.

¿Què pasó, Hillary Clinton?


Hillary Clinton

¿Qué pasó, Hillary Clinton?

El libro de la candidata presidencial derrotada, desde el martes a la venta, es una mezcla de testamento, autocrítica y también ajuste de cuentas: contra el director del FBI, contra Bernie Sanders, contra Rusia...


AMANDA MARS
Washington 12 SEP 2017 - 11:20 COT

Cuando Donald Trump anunció su candidatura a la Casa Blanca, en el verano de 2015, se propagó una teoría conspirativa según la cual el empresario neoyorquino estaba conchabado con el matrimonio Clinton para revirar la campaña republicana y favorecer la llegada de Hillary a la presidencia. Así de estrafalaria parecía la carrera electoral del magnate, más aún sus posibilidades de victoria, y por eso mismo la derrota demócrata resultó sonada. ¿Qué pasó? Desde el 8 de noviembre, noche electoral, se ha escrito un mar de páginas tratando de explicarlo, pero este martes han salido a la venta las 512 escritas por la vencida y en ellas entona el mea culpa, pero también señala al exdirector del FBI, James Comey, a su contrincante progresista, Bernie Sanders, pasando por el Gobierno ruso y –veladamente en parte a Barack Obama.

Hillary Clinton defiende su matrimonio





Hillary Clinton defiende su matrimonio

“Hubo momentos en los que no estaba completamente segura sobre si podía sobrevivir”, asegura la excandidata demócrata a la presidencia de EE UU


Amanda Mars
Washington, 6 de septiembre de 2017


Uno de los libros del año va a ser, con toda seguridad, el What Happened (en español, Qué pasó) de Hillary Clinton, esas 494 páginas que salen a la venta el 12 de septiembre y que recogen reflexiones personales sobre la derrota electoral que dejó boquiabierto a medio mundo. A la luz de los pasajes que se han ido conociendo en los últimos días, la obra recorre varios de los fantasmas que han acompañado a la figura de la candidata demócrata a la presidencia a lo largo de su vida, incluida su complicada y criticada relación con su esposo, el expresidente Bill Clinton.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Hillary Clinton confiesa su incomodidad con Trump en un debate / “Vete para atrás, asqueroso”

Hilary Clinton 


Hillary Clinton confiesa su incomodidad con Trump en un debate: “Vete para atrás, asqueroso”

La excandidata demócrata analiza en un libro los motivos de su inesperada derrota electoral



JOAN FAUS
Washington 23 AGO 2017 - 22:06 COT


A viva voz, Hillary Clinton cuenta con calma cómo se sintió en el segundo debate presidencial, el pasado octubre en San Luis, cuando Donald Trump se situó en varias ocasiones detrás de ella. “Allí donde anduviera, él me seguía, mirándome, haciendo caras. Fue increíblemente incómodo. Estaba literalmente respirando en mi cuello. Mi piel se erizó. Fue uno de esos momentos en los que deseas poder dar al botón de pausa y preguntar a todo el mundo que está mirando 'Bueno, ¿qué haría usted?'”, dijo la exsecretaria de Estado en una grabación para la cadena MSNBC de varios extractos de su próximo libro sobre su inesperada derrota electoral.
“¿Te mantienes calmada, sigues sonriendo y continuas como si no estuviera invadiendo de manera repetida tu espacio? ¿O te giras, le miras a los ojos y le dices alto y claro: 'Vete para atrás, asqueroso. Aléjate de mí. Sé que te encanta intimidar a las mujeres, pero no puedes intimidarme a mí, así que vete'. Escogí la opción A”, agregó la excandidata demócrata en su libro What Happened (Qué ocurrió), que sale a la venta el 12 de septiembre. Pero se pregunta si debería haber plantado cara a Trump y si aplicó en exceso la “lección de mantener la calma".
El debate presidencial en Misuri se celebró a los dos días de que se difundiera un vídeo de 2005 en que Trump denigraba a las mujeres. Se jactaba de que, siendo una “estrella”, podía hacer “cualquier cosa” con mujeres, como “agarrarlas” por sus genitales. El vídeo desató una tormenta política y una oleada de republicanos se desmarcaron de su candidato. Trump esgrimió que era “lenguaje de vestuario”, pero el caso creció y varias mujeres denunciaron públicamente haberse sentido acosadas en el pasado por el multimillonario neoyorquino.

Un par de horas antes del debate, Trump decidió contraatacar: se reunió con tres mujeres que han acusado a Bill Clinton, el esposo de Hillary, de acoso sexual. Las tres junto a otra mujer, que fue violada por un hombre al que Hillary Clinton representó legalmente, asistieron al evento. Y en el debate, el republicano sugirió que, de ser presidente, podría pedir encarcelar a la demócrata, algo que ha desistido de hacer.
En los extractos del libro, Clinton asegura que no tiene todas las “respuestas” sobre su derrota, que no anticipaban las encuestas, en las elecciones del pasado 8 de noviembre y que el juicio deben hacerlo los expertos y el tiempo.
Desde entonces, la ex primera dama apenas ha entonado un mea culpa y ha achacado gran parte de la responsabilidad al anuncio del FBI, a 10 días de las elecciones, de que reabría la investigación sobre su servidor privado. También al robo de correos del Partido Demócrata que EE UU atribuye a una campaña de Rusia para ayudar a Trump a ganar los comicios.
“Escribir esto no fue fácil. Cada día que fui candidata a presidenta, supe que millones de personas contaban conmigo y no podía soportar la idea de fallarles. Pero lo hice. No pude completar el trabajo. Y tendré que vivir con ello el resto de vida”, cuenta Clinton sobre el libro. “Escribo sobre momentos de la campaña en que deseo que pudiera ir atrás y modificarlos. Si los rusos pudieran piratear mi subconsciente, encontrarían una larga lista”, dice con ironía.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Hillary Clinton: “Siento que no hayamos ganado”

Hillary Clinton


Hillary Clinton: “Siento que no hayamos ganado”

La perdedora pide a Trump que sea el presidente de todos los americanos


Yolanda Monge
Nueva York, 12 NOV 2016 - 17:56 COT


En los pasados días, viajando con la candidata demócrata a bordo de su avión de campaña, escribiendo su historia ante la recta final de las elecciones, escribí algo sobre Hillary Clinton que ahora me recuerda una colega de EL PAIS en Madrid y que ha resultado una premonición no deseada. “Cuando parece que algo le va a suceder, casi por derecho propio, la realidad trastorna los planes de Clinton”.

Había incertidumbre. Cierto nerviosismo. Ansiedad, Turbulencias que esperaban fueran pasajeras. Pero en el fondo, tras más de 20 meses de entregada campaña, ni su campaña, ni la mismísima candidata, podrían haber imaginado este brutal final: amanecer el miércoles con un presidente Donald J. Trump. Ni en sus peores pesadillas hubieran contemplado ese “trastorno de planes” que ha sido un devastador choque de trenes entre la realidad y el deseo.
La exsecretaria de Estado decidió no comparecer en la noche del martes en el lugar que había elegido en Manhattan para celebrar el hito de la primera mujer que lograba romper el tristemente famoso techo de cristal al lograr la presidencia del país más poderoso del mundo.
Nadie se lo reprochó. Al menos no en el lugar en el que ya le esperaban en vano sus entregados seguidores. No hubo malas palabras, nadie puso en duda que la candidata no pudiera venir. Si a los asistentes les temblaban las piernas y no salían de su asombro, especulaban con que muy probablemente Hillary Clinton tuvo que ser asistida médicamente para controlar el shock inicial.
Clinton no ha dejado pasar mucho tiempo para pedir disculpas a sus seguidores. Ya había escrito el que sería su discurso más difícil. Pero cuando faltaban minutos para que la antigua senadora entrara a la sala en un hotel de Nueva York, el ambiente parecía el propio de la espera ante un funeral. Caras largas, tristes. Abrazos de confort entre lágrimas. Miradas que se evitaban para frenar a las lágrimas.
Clinton subió al escenario después de que le diera paso el que hubiera sido su vicepresidente en una Administración Clinton. Tim Kaine estaba visiblemente emocionado.
Contenida, en ese papel de estadista que tan bien ha lucido a lo largo y ancho del mundo durante sus cientos de viajes como secretaria de Estado, Clinton expuso con claridad lo que desea para Estados Unidos en los próximos cuatro años.
La exsecretaria dio las gracias primero a sus seguidores y luego les pidió perdón: “Siento que no hayamos ganado las elecciones”. A partir de ahí, su siguiente mensaje fue relatar que en la noche anterior había felicitado al presidente electo, Donald Trump. “Me ofrecí para trabajar con él por nuestro país”, dijo. “Espero que pueda ser un presidente exitoso para todos los americanos”.
A sus emocionados seguidores, Clinton les dijo: “Donald Trump es nuestro presidente y le debemos una mente abierta y la oportunidad de liderar”.
Tranquila, con el guion que llevaba preparado bajo control, Clinton dijo saber cuán decepcionados se sentían los que la escuchaban. “Así me siento yo también”, indicó. Y añadió la candidata demócrata: “Pero nuestra responsabilidad como ciudadanos es seguir haciendo nuestra parte para construir una América mejor, más fuerte, más justa. Sé que lo haréis”.
Clinton tuvo palabras cálidas para Trump, a quien pidió que fuera un presidente inclusivo, porque en el sueño americano, dijo, caben todos: las mujeres, los inmigrantes, el colectivo LGTBI, quienes tienen minusvalías, todos. “El sueño americano es suficientemente grande para todos, para personas de todas las razas y todas las religiones", defendió Clinton.
En el tono optimista con el que quiso enterrar su campaña, la exsenadora dijo que “nuestros mejores días todavía están por llegar”. “Nunca dudéis de que sois valiosos, poderosos y merecéis todas las oportunidades para perseguir vuestros sueños”.
Hillary, de 69 años, con ya muy pocas posibilidades de volver a hacer una nueva apuesta por la Casa Blanca, dijo que nada la hacía sentir más orgullosa que ser la líder de sus seguidores. “Sé que todavía no hemos roto ese techo de cristal, pero un día se acabará cayendo y espero que antes de lo que creemos”.
Clinton finalizó aceptando la decepción que sentía. “Sé lo decepcionados que estáis porque yo también lo siento. Esto es doloroso y lo será durante mucho tiempo, pero nuestra campaña nunca fue sobre una única persona ni unas únicas elecciones, sino por una América esperanzada y unificada. Todavía creo en América y siempre lo haré”, concluyó. Ni una lágrima. Con el total control de sus emociones y sus gestos, Hillary Clinton abandonó el lugar. No fuera a ser que hubiera alguien que atribuyera sus lágrimas al hecho de ser mujer.






105 DÍAS DE UN SUEÑO FRUSTRADO


SILVIA AYUSO
A Tim Kaine le costó no dejar correr esas lágrimas que se agolpaban en sus ojos. Este miércoles lluvioso en Nueva York reflejaba como nada el ambiente en la campaña republicana, caras congestionadas y aún atónitas. Ante ellos, el que este día esperaba haber comparecido como vicepresidente demócrata electo tuvo que salir a presentar a la derrotada candidata a la Casa Blanca, Hillary Clinton. No pudo ser. Estados Unidos no tendrá aún a su primera mujer presidente y Kaine tuvo que volver a aludir al título con el que Clinton se quedará ya para la historia, secretaria de Estado, para marcar su entrada. El sueño de formar equipo con una Madam President, recordó, le duró a él 105 días, los transcurridos desde que se conoció que este senador por Virginia y enamorado de todo lo español y lo hispano era el compañero de fórmula de quien esperaba romper el eterno techo de cristal que tanto se resiste a las mujeres. Aseguró que no lamenta ni uno solo de esos momentos. “Recordaremos esos 105 días el resto de nuestros días”, dijo. Y prometió que el último capítulo no ha sido escrito aún.



miércoles, 9 de noviembre de 2016

Susan Sarandon no vota con la vagina

Susan Sarandon
Susan Sarandon no vota con la vagina

Zizek y Sarandon

MÁRIAM MARTÍNEZ-BASCUÑÁN
9 NOV 2016 - 18:00 COT


Ahora que conocemos el resultado de las elecciones estadounidenses, puede ser interesante observar algunas posiciones políticas que se produjeron en el momento anterior a las mismas. Particularmente reveladoras fueron las declaraciones de Slavoj Zizek, revolucionario y displicente intelectual bendecido por el éxito en el mercado, y también las de la divina Susan Sarandon. El primero sostuvo que “Hillary era el verdadero peligro” porque, al menos, Trump había conseguido romper los consensos en torno a los que funciona la política, y si ganaba, obligaría a los grandes partidos a volver a sus fundamentos para repensarse. Por su parte, Sarandon respondió que “ella no vota con la vagina” y que se negaba a optar por “el menor de los males” cuando le preguntaron si no sería bueno que una mujer llegara a la presidencia.

La posición de Zizek representa la de quien entiende que cuanto más se extremen las contradicciones tanto mejor para destruir un orden de legitimidad que, por fin, permita fructificar a lo auténtico: la utopía que está al final del trayecto, esa sociedad perfecta después del caos, aunque para ello tenga que perecer el mundo. La de Sarandon encarna el juicio moral que obliga a interpretar el mundo en opciones maniqueas: en la vida se elige siempre entre un bien y un mal que pueden ser identificados con certeza. Con ello, desaparece el pensamiento dilemático propio de la política, donde imperan los grises y donde, precisamente por eso, habitualmente se elige entre dos males. De lo contrario, no habría dilemas, solo maniqueísmo agustiniano.

Nos lamentábamos de que los americanos tuvieran que elegir “el mal menor” y, sin embargo, la política consiste por definición en evitar el mal mayor, ese espacio donde cada opción nos enfrenta a una pérdida, donde hay que intervenir a pesar de la duda. Por eso, la auténtica política tiene que vivir con aquello que Arendt llama “cuidar el mundo”: atender a lo cercano antes que a los grandes principios que supuestamente nos llevan al impecable rigorismo del bien, una posición que no enjuicia los efectos reales de las decisiones sobre la vida concreta de las personas. Y es que la política debería asumir los dilemas como lo que son: dilemas. 

domingo, 9 de octubre de 2016

Alicia Machado / La venganza de la Miss hispana a la que Trump humilló



Alicia Machado

La venganza de la Miss hispana a la que Trump humilló

Alicia Machado, ahora ciudadana estadounidense, dice que votará por Hillary Clinton



SILVIA AYUSO
Washington 27 SEP 2016 - 04:34 COT

Dicen que la venganza se sirve en plato frío. Alicia Machado ha tenido que esperar 20 años, pero parece que su momento ha llegado. La ex Miss Universo venezolana ha denunciado que Donald Trump la humilló públicamente tras ganar el concurso que la catapultó a la fama en los años 90. Ahora, con un flamante pasaporte estadounidense en la mano, se ha convertido en una activa promotora de su rival, la demócrata Hillary Clinton, quien sacó a relucir su caso durante el primer debate presidencial.

martes, 4 de febrero de 2014

Famosos y políticos enriquecen las arcas de Nueva York


Times Square
Nueva York

Famosos y políticos enriquecen las arcas de Nueva York

El Ayuntamiento acumula 12 millones que no han sido reclamados por los ciudadanos, en gran parte, corresponden a cheques no cobrados de celebridades afincadas en la ciudad



Angelina Jolie, Mariah Carey y Beyoncé. / CORDON PRESS
Tienen miles de dólares y no lo saben. El archivo estatal de fondos no reclamados de Nueva York indica que un buen número de famosos con sus cuentas en la ciudad posee altas cantidades de dinero que no ha cobrado y que, por lo tanto, se acumulan en las arcas del Ayuntamiento. Según informó el periódico The New York Post, las cantantes Beyoncé y Mariah Carey, las actrices Tina Fey -creadora y protagonista de la serie30 Rock-, Angelina Jolie y Glenn Close, y políticos como Hillary Clinton, son algunos de los famosos en esta situación como se indica en la base de datos del Estado, encargada de examinar los gastos públicos.
Este departamento ha catalogado más de 30 millones de cuentas que esperan ser cobradas. El dinero, un total de 12.000 millones de dólares (casi nueve, de euros), está recolectado en forma de dividendos, de cheques y de tarjetas de regalo, entre otros métodos. Aunque los datos no especifican cuánto dinero posee una persona en particular, se sabe que el 50% de las reclamaciones archivadas no tiene un valor mayor a los 100 dólares. “A un neoyorquino afortunado le están esperando 1,7 millones de dólares, pero no tiene por qué deberse a un famoso”, explica el NY Post.
Por el contrario, los datos indican que Tina Fey, por ejemplo, cuenta con fondos no reclamados desde el año 2005 y que Sean Combs (rapero y coreógrafo más conocido como Puff Daddy) tiene dinero sin reclamar desde la década de los noventa. Las cantidades del músico corresponden a cobros de aseguradoras, dividendos, cheques sin abonar e incluso una cuenta bancaria, abierta por su padre fallecido.
Por su parte, Angelina Jolie tiene cheques sin cobrar desde 2004; mientras que Glenn Close cuenta con dividendos que están listos para ser recogidos desde 1994. A Mariah Carey sus fondos la esperan desde 2002 y los más recientes pertenecen a Woody Allen y a Yoko Ono, que poseen dinero sin cobrar desde 2012. El director neoyorquino y Al Pacino, además, poseen tarjetas regalo sin amortizar que les hizo hace años el diseñador Georgio Armani.


Nueva York

Pero no solo famosos del mundo del espectáculo dejan estar sus fondos en el Ayuntamiento. A la ex secretaria de Estado Hillary Clinton, a quien todos señalan como candidata demócrata a las elecciones presidenciales de 2016; a Eliot Spitzer, exgobernador del Estado y que dejó el cargo en 2008 por un escándalo sexual; a George Pataki, también exgobernador entre los años 1995 y 2006, y a Anthony Weiner, exmiembro de la Cámara de Representantes, puesto que abandonó en 2011 por un lío de faldas, también los esperan altas sumas en las arcas de Nueva York.
Cada año, millones de dólares se quedan sin reclamar en las arcas gubernamentales de Estados Unidos. Un estudio de marzo de 2013 explica que el Servicio de Impuestos Internos de la nación (IRS, por sus siglas en inglés), cuya función es la recaudación fiscal y el cumplimientos de la leyes tributarias, acumulaba casi 1.000 millones de dólares (casi 740 de euros) en impuestos no amortizados, pertenecientes a más de un millón de trabajadores que no declararon correctamente sus impuestos en 2009.
Pero si bien a la IRS puede localizar rápidamente a las personas que tienen deudas fiscales en el país, aquellos a los que les afecta la situación contraria no son tan fáciles de encontrar, ya que la única manera de cobrar esos devoluciones es presentando la declaración de la renta. Y no todo el mundo la hace: especialmente, muchos famosos. Los expertos aseguran que si multimillonarios como Beyoncé o Mariah Carey, que cuentan con equipos de contables personales, no saben o no pueden hacer un seguimiento exhaustivo de sus finanzas, no cuesta mucho imaginarse lo fácil que puede ser para los ciudadanos que se le escape algún dinero sin cobrar.





jueves, 22 de noviembre de 2012

La dificultad de ser Hillary Clinton en el año 2013

Hillary Clinton

La dificultad de ser Hillary Clinton en el año 2013




La secretaria de Estado de EE UU planea su vida para después del cargo
Con el horizonte de una potencial candidatura a la presidencia para 2016, afronta el primer desafío: reponerse al peso de su propio apellido


Hillary Clinton, durante un discurso sobre los derechos humanos, el 6 de diciembre, en Dublín. // KEVIN LAMARQUE (AFP)





Imagínese que es usted una de las mujeres más famosas del planeta, y está sin trabajo por primera vez en décadas. Le gustaría ganar dinero, pero no quiere descartar la posibilidad de ser candidata a presidenta. ¿A qué dedica entonces su tiempo?


En estos momentos, según dicen sus colaboradores y amigos, el plan de Hillary Rodham Clinton es el siguiente: dejar el Departamento de Estado poco después de la investidura de Obama para su segundo mandato y retirarse a descansar y reflexionar sobre lo que quiere hacer los próximos años. A quienes le han enviado invitaciones para distintos compromisos en 2013 les ha dicho que no se lo vuelvan ni a preguntar hasta abril o mayo.


A su marido y ella les gustaría comprarse una casa en los Hamptons o en el norte del estado de Nueva York, dicen varios amigos, y allí Hillary Clinton tendrá por fin más tiempo para sus actividades cotidianas, como hacer ejercicio (el verano pasado, entre una crisis mundial y otra, nadaba en una piscina a las seis de la mañana acompañada de un entrenador).


Es probable que aproveche la fundación de su esposo como un lugar en el que refugiarse al menos de forma provisional, y está pensando en escribir un nuevo libro; no un examen de su fallida campaña presidencial de 2008, como había propuesto en una ocasión, sino un repaso más positivo de su periodo como secretaria de Estado.


Por ahora, Clinton parece tener a su alcance unas posibilidades casi infinitas, y su nombre ha sonado en relación con puestos llenos de prestigio: rectora de la Universidad de Yale, directora de la fundación de George Soros. Pero ser Hillary Clinton nunca es sencillo, y los próximos años, más que un cheque en blanco, son una ecuación con múltiples variables. Su situación es única y complicada: una mujer cuyo marido fue presidente, que está en la cima de su influencia, que pronto perderá su cartera y a quizá la inmediata favorita para las próximas presidenciales (un título que no le sirvió de mucho la última vez).


Tal vez Clinton descubra que su libertad entraña una enorme limitación. Cuanto más en serio se tome 2016, menos podrá hacer: nada de memorias sinceras en las que cuente todo lo que ha vivido; nada de clientes, comisiones ni puestos controvertidos que podrían causarle problemas. Estará sometida a un escrutinio incluso mayor del que está acostumbrada, y descubrirá qué significa ser una ciudadana particular en la era de Twitter. Como aún quedan cuatro años para las elecciones --en política, una eternidad--, tendrá que cuidar y proteger su popularidad, y quizá se encuentre en una especie de cómodo limbo, incapaz de tomar muchas decisiones sobre su vida hasta que no tome la más importante: si piensa volver a intentar o no llegar a la Casa Blanca.


“Si una persona está pensando en presentarse a las elecciones presidenciales, ¿eso cambia todo lo demás?”, pregunta el exgobernador Mario M. Cuomo de Nueva York, que durante un tiempo se planteó el mismo dilema y que tiene un hijo, el gobernador Andrew M. Cuomo, cuyas propias perspectivas pueden depender de lo que decida Clinton. “Sí. Una vez que toma la decisión, todo lo demás queda despejado”. Aun así, Hillary Clinton tiene que tomar de inmediato varias decisiones, que en opinión de una veintena de colaboradores actuales y pasados son:

¿Debería volver a formar equipo con su marido?

El verano pasado, Bill Clinton expresó sus dudas sobre si su mujer se uniría a él en la fundación que lleva su nombre. “Tiene que decidir lo que más le conviene”, dijo en una entrevista. “Quizá sea mejor para ella y tenga más repercusión que lleve a cabo sus propias actividades”.


La pregunta es delicada. El instante crucial de la carrera de Clinton se produjo en el año 2000, cuando, después de años de apoyar a su marido en campañas electorales y cargos públicos, emprendió una nueva trayectoria en solitario. ¿Sería un retroceso volver a unir fuerzas con él? Muchos miembros de su equipo dicen que no. “Es una persona respetada y admirada por sus propios méritos”, dice Lissa Muscatine, su asesora desde hace mucho tiempo.


No obstante, algunos antiguos colaboradores dicen que es difícil que Hillary pueda sentirse a gusto en la fundación tal como funciona ahora. Está organizada casi por completo en torno al expresidente, la dotación es pequeña, e incluso sus partidarios reconocen que carece del nivel organizativo de, por ejemplo, la Fundación Gates. El grupo ha tomado medias en este sentido en los últimos tiempos, con el nombramiento de un nuevo responsable de recaudar fondos y más participación de Chelsea Clinton.


Clinton podría trabajar allí durante un tiempo, “probar la estructura”, en palabras de un antiguo colaborador. Así tendría un sitio en el que acoger a sus asesores más antiguos, los que se supone que se quedarán con ella. Y, al unirse a la organización de su marido, podría ahorrarse todo el tiempo, el dinero y el esfuerzo que le costaría poner en marcha una propia, que en cualquier caso quizá tendría que disolver si se presenta en 2016.
¿Debería hacer lo que quiere o lo más lógico desde el punto de vista político?


De todos los temas en los que Clinton ha trabajado desde hace años, el que más próximo siente es la necesidad de mejorar la condición de las mujeres y los niños en todo el mundo. Cuando era primera dama de Arkansas, llevó al doctor Muhammad Yunus, más tarde premio Nobel de la Paz, para que creara un programa de micropréstamos en el estado. Ha convertido su mandato como secretaria de Estado en un argumento sostenido de que el bienestar de las mujeres es esencial para la seguridad y la estabilidad económica, y ha promovido proyectos como las cooperativas lácteas en Malaui y las redes de apoyo para mujeres autónomas en India. Ahora, su deseo es ser “activista profesional”, como dijo su hija a un periodista.


Ann Lewis, asesora suya desde hace mucho, dice lo mismo. “En los últimos cuatro años, ha visto en persona lo que puede contribuir a que cambie la vida de las mujeres y las niñas”, dice.


Pero, aunque Clinton regrese del todo a sus raíces feministas y activistas, todavía no está claro por dónde empezaría: se trata de un tema difuso por naturaleza. Y una campaña para conseguir que las cocinas sean más seguras en China, por ejemplo, no es precisamente la forma más clara de ganar votantes en Iowa, aparte de que su trabajo quizá le haría entrar en cuestiones, como las relacionadas con la reproducción, que podrían ser delicadas.


Sin embargo, antiguos colaboradores de Clinton dice que de su campaña de 2008 extrajo una lección: cree que el país la ve con buenos ojos, y no solo a ella sino a las mujeres candidatas en general, cuando dan la impresión de estar haciendo cosas por los demás, y no de buscar el poder por ambición personal. Según esa lógica, su interés por ayudar a las mujeres pobres de todo el mundo no le haría daño políticamente en 2016 e incluso podría añadir lustre a su imagen actual de una política que está por encima de la política.


Sus excolaboradores también están de acuerdo en que durante los primeros meses de su campaña anterior fue demasiado precavida y se perjudicó a sí misma ocultando sus verdaderas pasiones. Independientemente de que se presente o no, decirle a Hillary Clinton que no se ocupe de las mujeres sería como “decir a Al Gore que no hable del medio ambiente”, dice Paul Begala, viejo asesor de Bill Clinton. (Gore no siempre destacó sus conocimientos sobre el tema en la campaña del 2000, y más tarde se vio que eso había sido poco afortunado.)

¿Cuál es la manera más digna que puede tener de ganar dinero?


Llamarse Clinton sale caro, y, cuando deje de ser secretaria de Estado, querrá seguir teniendo un equipo y la posibilidad de viajar en avión privado, dicen amigos suyos. A los Clinton --que ya poseen lujosos hogares en Washington y Chappaqua, cerca de Nueva York-- les encanta alquilar una casa en los Hamptons en verano, y si se compraran una en la zona les podría costar varios millones de dólares. Aunque los amigos de Hillary dicen que podría ganar mucho dinero en un bufete de abogados, asesorando a otros países sobre riesgos geopolíticos, en un banco de inversiones o en un fondo de capital privado, ninguno de esos trabajos quedaría bien probablemente en una campaña presidencial.


En lugar de eso, se espera que Clinton acepte lucrativas ofertas como conferenciante --tal vez incluso apariciones conjuntas con su marido, que podrían alcanzar unos precios increíbles-- y escriba uno o varios libros. Después de su derrota en 2008, estuvo a punto de firmar un contrato con su vieja editorial, Simon & Schuster, para escribir un libro sobre su campaña fallida, por algo menos de los 8 millones de dólares de adelanto que había obtenido por sus memorias de 2003, Historia viva, según una persona que intervino en las negociaciones. En las reuniones para hablar del libro, recuerda esa persona, se mostró muy crítica con Obama. Pero entonces él le ofreció formar parte de su gabinete, y ahora no está claro si alguna vez dirá lo que piensa de verdad sobre aquellas elecciones.

¿Qué debe hacer ante las constantes especulaciones sobre 2016?

En su anterior campaña presidencial, Clinton proclamó su candidatura casi dos años antes de las elecciones, pero luego pensó que no había sido acertado, porque hizo que la campaña pareciera interminable, según varios antiguos colaboradores que insinúan que si volviera a presentarse esperaría mucho más a anunciarlo.


Ahora, la disciplinada Hillary Clinton no deja de repetir lo mismo en público y en privado: no se va a presentar. Es lo que le dijo al premio Nobel Elie Wiesel, según contó él tras una cena con la famiilia Ciinton. Otras personas cercanas a ella subrayan que nadie sabe nada en un sentido ni en otro, ni siquiera la propia Clinton. “Desconfiemos de quienes pretenden saber la verdad”, dice Philippe Reines, su portavoz en el Departamento de Estado.


No obstante, Bill Clinton no puede resistirse a veces a diseñar verbalmente otra campaña para su mujer, dice un amigo que ha estado hace poco con él. “Todo parece indicar que a él le gustaría que ella se presentara”, dice ese amigo.


Las especulaciones no dejan de tener sus ventajas. Si Clinton no se presenta, será una figura muy respetada con un historial de grandes logros; si se presenta, tiene a su favor haber vivido en la Casa Blanca y su potencial histórico. “Nadie que se relacione con Hillary Clinton la ve como una persona que se dirige hacia su ocaso”, dice Reines.


Con informaciones de Michael Barbaro y Amy Cozick.


© 2012 New York Times News Service. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.