
Sin City
FRANK MILLER O LA BELLEZA DE LA SORDIDEZ

Portada de uno de los primeros recopilatorios en castellano de El duro adiós.
Podrá caernos mejor o peor, pero resulta innegable que Frank Miller (EE.UU, 1957), a pesar o tal vez gracias a lo contundente de sus opiniones y lo innovador de sus trabajos, resulta a día de hoy el autor vivo completo (guión y dibujo) más importante del medio. Siempre inquieto y activo, explorando nuevos formatos en los que volcar sus creaciones, el bueno de Frank nos tiene acostumbrados a publicar de tanto en cuanto alguna de esas obras que sacuden los cimientos de la historia del género alcanzado insospechadas cotas de calidad, abriendo nuevos caminos totalmente inexplorados y poniéndose al frente de propuestas arriesgadas que la mayoría de las veces (no todas, que fiascos de los gordos también tiene unos cuantos, ojocuidao) generan un antes y un después en la forma de concebir y entender al arte secuencial. Con apenas 20 años ya apuntaba maneras poniendo el mundo de los superhéroes patas arriba con su descarada irrupción en la serie regular de Daredevil en Marvel Comics (inconmensurable su canto de cisne en la saga, Born Again). Poco más tarde seguiría desarrollando sus propuestas en la sobrevalorada El regreso del Caballero Oscuro y la magnífica Año Uno para el hombre murciélago de a Distinguida Competencia. Después llegarían sus creaciones de autor un tanto más alejadas del mainstream con trabajos como Ronin, 300 o Elektra Asesina. Recientemente se ha dejado ver en su vertiente más cinematográfica dirigiendo pufos infumables como The Spirit, infame traslación del personaje de Eisner a la gran pantalla, o co-realizando junto a Robert Rodríguez la espléndida adaptación de tres de los álbumes de la saga de Sin City. El primero de ellos, El duro adiós, es precisamente el tebeo digno de mención de esta semana.















