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sábado, 12 de noviembre de 2022

Los sombríos días finales de Margaret Thatcher / Entre el afecto de la reina Isabel II y las afrentas de sus hijos

 


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Los sombríos días finales de Margaret Thatcher: entre el afecto de la reina Isabel II y las afrentas de sus hijos

Charles Moore cerró su trilogía sobre la ex primera ministra británica con “Herself Alone”, libro en el que revela el buen trato excepcional que dio la monarca a la política conservadora, mientras sus hijos intentaban aprovechar la “marca Thatcher” y traicionaban el secreto de su enfermedad

Margaret Thatcher / La dama de hierro que no conoció el arrepentimiento

 

Margaret Thatcher


La dama de hierro 

que no conoció 

el arrepentimiento 


Aurora Villaseñor
8 de abril de 2019

Así fue la implacable Margaret Thatcher, primera mujer en gobernar el Reino Unido.

Tomó decisiones que fueron registradas en las primeras planas de periódicos de todo el mundo; sus ideas empezaban en el parlamento pero cobraban vida en las calles agitadas, en los ataques terroristas en su contra; entre las familias que se fragmentaron en el Atlántico Sur. Le agradaba Mijaíl Gorbachov y Ronald Reagan la apreciaba. Augusto Pinochet la admiraba. Margaret Thatcher, la primera mujer que gobernó el Reino Unido (1979-1990), tuvo enorme poder en la segunda mitad del siglo XX, aunque la demencia senil le impidiera recordarlo los últimos años de su vida. Sin embargo, las huellas que dejó en la historia no la niegan.

Hilary Mantel / La mujer que mató a Margaret Thatcher


Hilary Mantel, la mujer que mató a Margaret Thatcher


La autora de En la corte del lobo estrena una formidable colección de relatos. Hablamos con ella sobre las consecuencias de matar a Margaret Thatcher, lo despiadado que es Juego de Tronos y sobre si España tiene un héroe a la medida de Thomas Cromwell


Hilary Mantel (Glossop, Derbyshire, 1952) es quizá la segunda escritora más poderosa de Gran Bretaña, después de su majestad JK Rowling. Pero Mantel juega en otra liga. Es la única mujer que ha ganado dos veces el Booker, con En la corte del lobo (Destino, 2011) y su secuela Una reina en el estrado (Destino, 2013), las dos primeras novelas de su trilogía Tudor.

miércoles, 27 de octubre de 2021

Mary Beard / Tómense en serio a las mujeres




Tómense en serio a las mujeres

El poder tiene una visión muy limitada: una estructura elitista, muy masculina y vinculada a la popularidad. Hay que cambiarla para tener en cuenta a todos

Margaret Thatcher, con su característico bolso.
Margaret Thatcher, con su característico bolso.  PETER REIMANN (MIRRORPRIX / GETTY)

¿Qué haría falta para situar a la mujer dentro de la esfera del poder? En mi opinión, hemos de distinguir aquí entre una perspectiva individual y una perspectiva más general. Si observamos a algunas de las mujeres que lo han conseguido, veremos que las tácticas y estrategias que hay detrás de su éxito no se limitan a copiar expresiones masculinas. Un elemento que comparten muchas de estas mujeres es la capacidad de transformar los símbolos que normalmente despojan de poder a las mujeres en una ventaja a su favor. La primera ministra británica Margaret Thatcher lo logró con sus bolsos, convirtiendo al final el accesorio más estereotípicamente femenino en un verbo relacionado, en sentido figurado, con el poder político: “correr a bolsazos” en inglés es to handbag.

miércoles, 28 de febrero de 2018

Vargas Llosa / “No debe prohibirse el arte ni el pseudoarte”



Vargas Llosa: “No debe prohibirse 

el arte ni el pseudoarte”

El autor presenta en Madrid 'La llamada de la tribu', su ensayo en el que cuenta la seducción del liberalismo

Jesús Ruiz Mantilla
28 de febrero de 2018

Cuando Mario Vargas Llosa vivía en Londres gobernaba Margaret Thatcher. Él, que llegaba con una maleta rasgada de sueños izquierdistas desde América Latina, se fue pasando al liberalismo. De la líder tory pensaba que cumplía como una excelente primera ministra británica en la patria de Adam Smith. Lo que no sospechaba era que también se convertiría en su prescriptora literaria. “Fue gracias a ella que leí La sociedad abierta, de Karl Popper, y aquel libro cambió mi vida”.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Hilary Mantel / "Thatcher fue una fuerza destructiva y su legado sigue vivo"

Hilary Mantel
 Ilustración de Louise Weir


Hilary Mantel: “Thatcher fue una fuerza destructiva y su legado sigue vivo”

La escritora británica mira hacia los años 70, con un viaje a la 
CARLOS FRESNEDA

ACTUALIZADO 26/01/201604:01
Tener buenas críticas y millones de lectores es una carambola que pocos escritores alcanzan en vida. Volver a ganar el Booker con dos libros de la misma trilogía (En la corte del lobo y Una reina en el estrado) es algo insólito. A sus 63 años, a punto de cerrar su particular visión de la época de los Tudor, Hilary Mantel mira hacia atrás, hacia los años 70, con Experimento de amor (Destino), un viaje a la Inglaterra prethatcheriana que se publica por fin en España.

martes, 16 de abril de 2013

Jon Lee Anderson / Neruda, Pinochet y la Dama de Hierro

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Jon Lee Anderson
Neruda, Pinoche y la Dama de Hierro
10 de abril de 2013

Es históricamente curioso que Margaret Thatcher muriera el mismo día en que especialistas forenses en Chile exhumaron los restos del gran poeta chileno Pablo Neruda. Ganador del Premio Nobel de Literatura en 1971 y autor del épico poemario Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Neruda murió a la edad de sesenta y nueve años (supuestamente de cáncer de próstata), apenas doce días después del violento golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, organizado por el Jefe del ejército Augusto Pinochet en contra del presidente electo y socialista Salvador Allende. Los aviones de combate bombardeaban el palacio presidencial mientras que Allende sostenía su puesto con valentía pero, cuando los matones de Pinochet asaltaron el palacio, Allende se suicidó con un rifle que le había regalado el presidente de Cuba, Fidel Castro. Neruda respaldaba a Allende y fue un amigo cercano. En ese entonces se encontraba enfermo y planificando su salida del país rumbo a México, donde había sido invitado a pasar el exilio. Mientras se encontraba en su lecho de muerte en una clínica, su casa ya había sido allanada y destrozada por los militares.
En su funeral, una gran multitud de dolientes marchó por las sombrías calles de Santiago, una ciudad vacía a excepción de los vehículos militares que la ocupaban. En su tumba, los afligidos asistentes cantaron “La Internacional” y saludaron a Neruda y a Allende, uno de los pocos actos conocidos de desafío público en los días que siguieron al golpe de Estado. Mientras tanto, los seguidores del régimen merodeaban la ciudad, quemando libros de autores despreciados por el movimiento y dando caza a aquellos que pudieran torturar o matar.
Hace un par de años, el ex chofer de Neruda expresó públicamente su sospecha de que Neruda había sido envenenado. El poeta le dijo que los médicos le pusieron una inyección y que, inmediatamente después, su estado había empeorado drásticamente. Hay otros trazos pequeños de evidencia que refuerzan su teoría, pero no son concluyentes. Al final, es posible que la ciencia forense proporcione la respuesta a una persistente pregunta histórica.
¿Por qué entra Maggie Thatcher en el tema? El día lunes, en un homenaje, el presidente Barack Obama dijo que había sido “una de las grandes defensoras de la independencia y la libertad“. En realidad, nunca lo fue. Thatcher fue una feroz combatiente durante la Guerra Fría y, en cuanto a Chile respecta, la mandataria nunca exhibió la cantidad apropiada de compasión por la gente que Pinochet mató en nombre del anticomunismo. Prefería hablar del tan cacareado “milagro económico chileno”.
Y matar fue lo que hizo. Los soldados de Pinochet juntaban a miles de sospechosos en el estadio nacional del país y, al instante, los llevaban a los vestuarios, pasillos y gradas para torturarlos y asesinarlos a tiros. Cientos de personas murieron sólo en el estadio. Uno de ellos fue el venerado cantante chileno Víctor Jara, que fue golpeado hasta romper sus manos y costillas para luego morir ametrallado. Junto con muchos otros, su cuerpo fue arrojado como basura en un callejón de la capital. La matanza continuó incluso después de que Pinochet y sus militares tuvieron un firme control del poder, sólo que se llevaba a cabo con mayor secretismo, en cuarteles militares, edificios de la policía y en el interior del país. Los críticos y opositores al nuevo régimen fueron asesinados en otros países también. En 1976, la agencia de inteligencia de Pinochet planeó y ejecutó un atentado con coche bomba en Washington D.C. que acabó con la vida del ex embajador en EE.UU. bajo el gobierno de Allende, Orlando Letelier, y de Ronni Moffitt, su ayudante estadounidense. Gran Bretaña calificó la matanza de Pinochet como impropia e implementó sanciones contra el régimen al negarle suministro de armamento —eso fue hasta que Margaret Thatcher se convirtió en Primer Ministro.
En 1980, el año después de que Thatcher llegara al poder, se levantó el embargo de armas contra Pinochet y en poco tiempo el dirigente empezó a comprar armas del Reino Unido. En 1982, durante la campaña inglesa en la Guerra de las Malvinas, Pinochet ayudó al gobierno de Thatcher proporcionándole datos de inteligencia sobre Argentina. A partir de entonces, la relación se volvió francamente cómoda, tanto así que la familia Pinochet comenzó a hacer en privado peregrinaciones anuales a Londres. Durante estas visitas, los Pinochet y los Thatchers se reunían para comer y beber copitas de whisky. Cuando estaba escribiendo un perfil de Pinochet en 1998 para The New Yorker, Lucía, la hija de Pinochet, describió a la señora Thatcher en términos reverenciales, aunque me confió que el marido de la Primer Ministro, Dennis Thatcher, tenía una conducta vergonzosa y se emborrachaba con frecuencia en sus reuniones. La última vez que me encontré con el propio Pinochet en Londres, en octubre de 1998, me dijo que iba a llamar a “La Señora” Thatcher con la esperanza de que pudiera encontrar tiempo para reunirse con él y tomar el té. Un par de semanas después, Pinochet, todavía en Londres, se encontraba bajo arresto por orden del juez español Baltasar Garzón. Durante la prolongada cuasi-detención de Pinochet, en un cómodo hogar ubicado en el suburbio londinense de Virginia Water, Thatcher mostró su solidaridad al visitarlo. Allí, frente a las cámaras de televisión, expresó su opinión sobre la deuda que Gran Bretaña tenía con su gobierno: “Sé lo mucho que te debemos”, por “tu ayuda durante la campaña de las Malvinas”. También dijo: “Fuiste tú quién llevó la democracia a Chile.”
Esto, por supuesto, es una tergiversación de proporciones tan descomunales que no puede descartarse como la mera devoción de un amigo leal.
Pinochet murió en 2006 bajo arresto domiciliario, enfrentando más de 300 cargos criminales por violación de derechos humanos, evasión fiscal y malversación de fondos. Para ese entonces, tenía supuestamente más de veintiocho millones de dólares escondidos en cuentas bancarias secretas de varios países, sin indicio alguno de que fueran obtenidos legalmente. Al final, la única defensa de Pinochet fue un humillante alegato de demencia, declarando que no podía recordar sus crímenes. Su último ataque cardíaco llegó antes de que pudiera ser condenado.
Durante los años de lo que podría llamarse el retorno de la democracia a Chile —cuando Pinochet fue obligado a dimitir de la Presidencia tras un referéndum sobre su mandato, el cual perdió— poco se hizo para exorcizar realmente los demonios del país, y mucho menos juzgarlos. Pinochet conservó el mando de las fuerzas armadas, y cuando se retiró de ese cargo en 1998 mantuvo un escaño en el Senado de por vida, lo que le daba inmunidad judicial. Hasta su detención en Gran Bretaña, los presidentes que gobernaron el Chile “democrático” caminaban de puntillas sobre el hecho de que el ex jefe y torturador del país continuara dictando los términos de la discusión nacional sobre su pasado reciente. Sin embargo, dieciséis meses después de su regreso a casa, Pinochet fue despojado de su inmunidad parlamentaria, acusado penalmente por algunos de sus crímenes de la era golpista, y pasó gran parte del resto de su vida bajo arresto domiciliario. Pero fue gracias a la Presidenta de Chile de 2006 a 2010, Michelle Bachelet (la hija de un general que se opuso al golpe y fue torturado hasta que murió de un ataque al corazón estando detenido), que se terminó la tradición de deferencia.
En un país donde la historia ha sido enterrada durante décadas, es apropiado que los chilenos desentierren a Neruda para averiguar la verdad de lo que le pasó. En cierto sentido, Neruda fue el Lorca chileno; el poeta español fue asesinado en 1936 durante las primeras semanas del golpe de estado fascista de Francisco Franco en España y su sangre ha sido una mancha en la conciencia de su país desde entonces.
Ahora Chile tiene la oportunidad de hacer lo correcto por su poeta. La casa de playa de Neruda, a unos kilómetros de Santiago en la costa de Isla Negra, es una villa encantadora y modesta en una playa rocosa, con ventanas que dan al mar y decorada por la lírica colección de sirenas de barcos viejos que pertenecían al poeta. Él y su viuda, Matilde Urrutia, fueron enterrados allí, y ahí es donde los investigadores fueron a buscar la verdad de lo sucedido. Al final, incluso si Neruda murió de cáncer como se dijo en su momento, su exhumación es una oportunidad para reforzar el mensaje a los autoritarios del mundo de que las palabras de un poeta siempre durarán más que las suyas, y más que la alabanza ciega de sus poderosos amigos.
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Artículo publicado originalmente en The New YorkerTraducción: Nelson Algomeda


Biografía de Pablo Neruda





miércoles, 10 de abril de 2013

Margaret Thatcher / La mujer que derrotó a Argentina

Margaret Thatcher

La mujer que derrotó a Argentina

La exmandataria asumió en soledad la decisión de iniciar la guerra tras la toma de Las Malvinas por el Ejército argentino


Por Francisco Peregil
Buenos Aires 8 ABR 2013 - 15:02 CET




Margaret Thatcher fue la mujer que venció a Argentina en la guerra de Las Malvinas. Y si hay una cicatriz en Argentina que nunca dejó de sangrar es la de esas islas. Jorge Castro, analista de asuntos internacionales del diario Clarín recuerda que este año se publicaron las actas del Gabinete británico durante la guerra. “Lo que apareció ahí ya se sabía en grandes trazos. Fue ella el factor decisivo en la victoria de su país, fue ella quien envió las fuerzas expedicionarias a Las Malvinas, en contra de su Gabinete, del ministerio de Defensa y del Foreign Office. Gran Bretaña ganó la guerra de 1982 gracias a ella. Si hubiera sido por el Departamento de Defesa o por el Foreign Office, los argentinos se habrían quedado en las islas después de que la tomaran el 2 de abril”.
Antes de la guerra, recuerda Castro, los acontecimientos internacionales tenían una importancia muy relativa en Argentina. “Éste era un país muy aislado, no se tenía ni idea de lo que significaba Margaret Thatcher en el Reino Unido, de su relevancia en el país”. Después, tampoco se demonizó la figura de la mandataria. “Para los argentinos la derrota se transformó rápidamente en una cuestión de orden interno, como suele ser tradicional en este país. La guerra se vio como la desintegración del orden militar y el paso hacia la democracia”.
A la media hora de conocerse la noticia de su muerte, algunas emisoras de radio argentinas comenzaron a reproducir las palabras de Thatcher durante la guerra. “Hundimos ese barco porque era peligroso para nuestros barcos. (…) Había órdenes de hundirlo y fue hundido. Estaba en un área peligrosa para nuestros barcos. Ya lo he dicho por cuarta vez”, dijo Thatcher cuando le preguntaron sobre el hundimiento del crucero General Belgrano el 2 de mayo.
Millones de argentinos siguen teniendo la convicción de que el General Belgrano no se encontraba en ninguna zona peligrosa para Reino Unido cuando el submarino nuclear HMS Conqueror disparó contra él. Para muchos argentinos, aquella orden impartida por Thatcher fue la forma que tuvo ella de decir que estaba dispuesta a terminar con esa guerra de forma inmediata. Y el hundimiento, en el que murieron 323 soldados argentinos, marcaría un antes y un después en la guerra. Su efecto fue semejante al de la bomba de Hiroshima en la II Guerra Mundial. El desembarco de los argentinos en las Malvinas se produjo el 2 de abril, el hundimiento el 2 de mayo y el fin de la guerra el 14 de junio. En el bando argentino murieron 649 hombres y en el británico 255.
“Mató a cientos de inocentes. Por eso no nos vamos a permitir ni una lágrima por esta mujer”, señaló el periodista Víctor Hugo Morales en Radio Continental, perteneciente al grupo PRISA. “El daño que proyectó sobre los últimos 30 años de la humanidad no se puede medir en palabras. Para los argentinos la Thatcher fue quien asesinó a cientos de argentinos”, añadió Víctor Hugo Morales. 
El Gobierno británico de las islas ha emitido un comunicado a través de su consejero de prensa, Mike Summers, en el que expresan su agradecimiento hacia ella: "Con gran tristeza recibimos las noticias de la muerte de la Baronesa Thatcher esta mañana. Ella será siempre recordada en las islas por su decisión de enviar a las fuerzas queliberaron nuestro hogar tras la invasión argentina en 1982. Nuestra más sincera gratitud fue demostrada cuando en 1983 se le garantizó la libertad de las Islas Falkland [Malvinas]. Su amistad y apoyo serán extrañados, y estaremos siempre agradecidos por lo que hizo por nosotros. Los pensamientos y más profunda simpatías de los isleños de las Falklands están con su familia y amigos en este triste momento”, concluye el texto.