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sábado, 8 de agosto de 2026

El atroz estallido atómico de Hiroshima contado a través de cinco de sus protagonistas

 

Hiroshima tras la explosión de la bomba atómica en agosto de 1945.UNIVERSAL IMAGES GROUP/GETTY IMAGES

El atroz estallido atómico de Hiroshima contado a través de cinco de sus protagonistas: “Ni siquiera puedo describir del todo cómo era esa luz”

Con las historias de un científico, un general, el piloto, un periodista y el alcalde de la ciudad, el estudioso escocés Iain MacGregor revive en un libro escalofriante la historia del primer ataque nuclear cuando se cumplen 81 años de aquel apocalipsis


Jacinto Antón
5 de agosto de 2026

Mientras esperamos ilusionados y expectantes el eclipse del 12 de agosto, nos sale al paso hoy día 6 el aniversario de otro momento en el que el sol quedó ocultado, aunque no por la luna sino por un destello terrible desatado por la propia humanidad. El fulgor del estallido de la bomba atómica de uranio Little Boy sobre Hiroshima fue, parafraseando al padre del artefacto, J. Robert Oppenheimer, que a su vez citaba el Bhagavad-gita, como “el brillo de mil soles” e hizo desaparecer del cielo la luz del astro rey engullida por otra deslumbrante, cegadora que se vino encima de los habitantes de la ciudad japonesa (murieron en un instante 80.000 personas, y luego otras docenas de miles por envenenamiento radioactivo). A ese eclipse de luz, en el que la temperatura en el epicentro de la explosión alcanzó varios miles de grados centígrados, casi tanto como la de la superficie del sol, siguió otro de sombra al tapar a nuestra estrella la columna en forma de hongo de la explosión y elevarse al cielo nubes de polvo y detritos creando sobre la ciudad sacrificada una noche artificial en la que empezó a caer la famosa lluvia negra de gotas radioactivas. El eclipse de Hiroshima en el alba de la era atómica.

lunes, 25 de agosto de 2025

Las imágenes de Hiroshima que el mundo no pudo ver


Imagen tomada por Yoshito Matsushige en Hiroshima el 6 de agosto de 1945, inmediatamente después del lanzamiento de la bomba atómica sobre la ciudad.

Las imágenes de Hiroshima que el mundo no pudo ver

Los fotógrafos y cineastas japoneses que captaron las secuelas de las bombas conservaron ocultos sus materiales durante décadas



Gonzalo Robledo
GONZALO ROBLEDO
Tokio - 05 AGO 2025 - 22:30 COT


La memoria visual de los primeros —y hasta ahora únicos— ataques nucleares contra civiles, en Hiroshima y Nagasaki, hace ahora justo 80 años, perdura gracias a fotografías tomadas por japoneses justo después de las explosiones y que durante décadas estuvieron censuradas por las fuerzas de ocupación estadounidenses.

viernes, 7 de agosto de 2020

La vida en Japón tras la bomba

Prostituta, Nagoya, 1957
Prostituta, Nagoya, 1957 






La vida en Japón tras la bomba

La Fundación Mapfre descubre las impactantes fotografías de Shomei Tomatsu sobre la posguerra en el país asiático


José Ángel Montañés
Barcelona, 10 de junio de 2018
Tsuyo Kataoka, superviviente de la bomba (Nagasaki, 1961)
Tsuyo Kataoka, superviviente de la bomba (Nagasaki, 1961) SHOMEI TOMATSU

Todo el mundo ha visto la imagen del enorme hongo que provoca la explosión de una bomba atómica, sobre todo, de las que llenaron de las ciudades de Nagasaki y Hiroshima de muerte y destrucción en 1945, que acabaron con la vida de cientos de miles de japoneses. Pero pocas veces se ha retratado los efectos a pie de tierra, comprobando cómo padecieron el lanzamiento de estos artefactos mortíferos sus habitantes. Quién si lo hizo fue Shomei Tomatsu (Nagoya, 1930 - Naga, 2012), cuyas fotografías pueden verse en la Fundación Mapfre en Barcelona.
Sabiendo el impacto que provocan estas imágenes, Tomatsu introduce al visitante en la devastación. Primero fotografía un reloj parado a las 11.02 minutos del 9 de agosto de 1945, hora del impacto de la bomba en Nagasaki. Luego, retrata esculturas de piedra mutiladas por la onda expansiva. Al lado, una botella de cristal derretida por el intenso calor que parece un trozo de animal muerto. También unas plantas de bambú carbonizadas. Y después, comienzan los efectos sobre el ser humano. En los hibakusha, los cientos de miles de personas que, pese a todo, lograron sobrevivir: pieles quemadas, caras desfiguradas, pies que no pueden soportar el peso del cuerpo. No es de extrañar que a muchos de los que ven por primera vez sus fotos se le escapen expresiones de dolor.
Pero Tomatsu da un respiro cuando muestra a Shizuka Urakawa, una joven que ha perdido un ojo por la bomba que mira seria, en 1979, a la cámara. El fotógrafo vuelve 20 años después a fotografiarla y la vemos risueña con sus tres hijas, mientras, con no poco humor negro, se pinta un ojo encima del parche que le cubre su herida vitalicia.

No es de extrañar que a muchos de los que ven por primera vez sus fotos de supervivientes se les escapen expresiones de dolor y alguna lágrima.

Tomatsu, que cogió por primera vez una cámara a sus 20 años de una forma autodidacta, sabía lo que fotografiaba. Sufrió los efectos de la guerra cuando tenía 15 años en su Nagoya natal. Sus primeras fotografías hablan de la pobreza y la devastación y la subsiguiente ocupación estadounidense, con impactantes imágenes del contraste entre los altos y fornidos marines rubios y negros junto a dos japoneses vestidos y maquillados según costumbres ancestrales. También a varias japonesas peinadas con enormes cardados al estilo occidental. “Su trabajo nace de la sombra de la guerra”, explica el comisario de la exposición, el crítico y profesor de la Universidad Politècnica de Valencia, Juan Vicente Aliaga, que no duda en comparar al fotógrafo con Henri Cartier Bresson.
Las 180 fotografías de este auténtico desconocido en Occidente (aunque fue uno de los fundadores de la agencia Vivo en 1959, comparable con Magnum) en la que abundan los contrapicados y encuadres audaces, no se detienen en ese instante trágico y sus años posteriores. Abarcan temas más diversos como las revueltas estudiantiles en el Japón de los años sesenta contra los dirigentes políticos y en protesta por la guerra de Vietnam; la vida cotidiana en el Afganistán de 1963 (en el que puede verse como el burka viene de lejos), o imágenes desinhibidas de sexualidad en un país como Japón, en el que el sexo es tabú. También de las costumbres y tradiciones en extinción que pudo captar en la isla de Okinawa, donde se instaló a vivir Tomatsu después de su primer viaje en 1969 y donde comenzó a trabajar en color.
Otra de las 11 series en las que se ha dividido la muestra está presidida por coloristas y bucólicos cerezos en flor, que Tomatsu entendió como una metáfora de la regeneración de la vida después del frío invierno. También fotografió los residuos plásticos que el mar arroja sobre la playa creando composiciones pseudo artísticas, además de denunciar la contaminación de las industrias durante la reconstrucción de Japón tras la Segunda Guerra Mundial, con imágenes casi abstractas de suelos contaminados, de humos que eliminan en los complejos petroquímicos o cableados que acaban comprimiendo la estructura de un edificio, que él llama "castillo". Bellas, pero tan desgarradoras y melancólicas como las que realizó sobre la destrucción de la guerra provocada también por el hombre.





75 años de mutaciones culturales tras Hiroshima


Imagen del fotolibro 'The Map', de Kikuji Kawada, con textos de Kenzaburo Oe.
Imagen del fotolibro 'The Map', de Kikuji Kawada, con textos de Kenzaburo Oe
75 años de mutaciones culturales tras Hiroshima

La brutal explosión de las bombas atómicas está detrás de trabajos de David Lynch, Kramer, Kubrick, Keiji Nakazawa o J. G. Ballard


Jordi Costa
Madrid, 6 de agosto de 2020

Hace 75 años, la luz cambió de significado, abriendo una nueva era que democratizaría inéditas formas de pesadilla e irradiaría de manera irreversible el paisaje de la cultura. La caída de las bombas atómicas Little Boy y Fat Man sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki los días 6 y 9 de agosto de 1945 marcó el final de la Segunda Guerra Mundial, fundiendo el lenguaje triunfal de la victoria aliada con un debate ético irresoluble.

El árbol que sobrevivió a la bomba de Hiroshima


Ginkgo biloba - Wikipedia, la enciclopedia libre

El árbol que sobrevivió a la bomba de Hiroshima

El 'Ginkgo biloba' ha inspirado a los mejores poetas y su resistencia lo ha convertido en un fósil viviente
Óscar Cusó
6 de junio de 2017

El 6 de agosto de 1945 fue lanzada sobre Hiroshima la primera bomba atómica usada como arma de guerra. En el momento de la explosión —con una temperatura cuarenta veces superior a la del Sol y una radiación de aproximadamente 240 Gy— la ciudad quedó destruida y murieron unas 140.000 personas. En poco menos de un año, a unos pocos kilómetros del hipocentro, brotó un Ginkgo biloba entre las ruinas de un antiguo templo budista. En la remodelación del edificio se mantuvo el árbol que pasó a ser un símbolo de renacimiento y veneración. A sus pies inscribieron una oración: “No más Hiroshima”. Aunque durante mucho tiempo no quedó rastro de vida en la ciudad, algunos Ginkgo biloba (y otras especies) resurgieron entre los escombros y la desolación. Los japoneses apodaron Hibakujumoku a los árboles que sobrevivieron a la bomba atómica.

Hiroshima y Nagasaki / 70 años de efectos secundarios





Imagen tomada el 8 de septiembre de 1945 de lo que quedaba de Hiroshima.Ampliar foto
Imagen tomada el 8 de septiembre de 1945 de lo que quedaba de Hiroshima. AP PHOTO/U.S. AIR FORCE

Hiroshima y Nagasaki, 70 años de efectos secundarios

Los científicos creían que el impacto de la radiación desaparecería en 20 años

Aún hoy aparecen nuevas patologías relacionadas con la bomba atómica


Miguel Ángel Criado
8 de agosto de 2015

44,4 segundos tardó Little Boy en hacer explosión desde que salió de la panza del B-29 Enola Gay. En 30 minutos, el hongo radiactivo sobre Hiroshima empezaba a deshacerse. Pero sus efectos secundarios persisten 70 años después. Miles de supervivientes son atendidos cada año por enfermedades relacionadas con las dos bombas atómicas que EEUU usó contra Japón. Incluso, a medida que envejecen, los conocidos para siempre como hibakusha (los bombardeados, en japonés) desarrollan nuevas enfermedades relacionadas con lo que vivieron aquel agosto de 1945.

La bomba atómica convirtió Hiroshima en arena de playa

hiroshima
Algunos de los materiales vítreos hallados en las playas cercanas a Hiroshima. MARIO WANNIER/ANTHROPOCENE, VOLUME 25

La bomba atómica convirtió Hiroshima en arena de playa

Miles de millones de partículas vítreas de las playas cercanas proceden de la ciudad volatilizada por la explosión


Miguel Angel Criado
14 de mayo de 2019

A las 8.15 del 6 de agosto de 1945 una bomba de 4,4 toneladas y 64 kilos de uranio enriquecido explosionó sobre Hiroshima. Con la potencia destructora de 16.000 toneladas de TNT, Little Boy acabó con la vida de 70.000 personas en un instante y decenas de miles más en las semanas, meses y años posteriores. Arrasó toda la ciudad, volatilizando todo lo que había en un radio de 3,6 kilómetros. ¿Dónde fueron a parar los cristales de las ventanas, las casas, el cemento de los edificios, las calles...? El hallazgo de, quizá miles de millones, de partículas vitrificadas en las costas cercanas, sugiere que los materiales de los que estaba hecha la ciudad japonesa se convirtieron en arena de playa.

Hiroshima 75 años / “Un río de heridos desfigurados llegó a las puertas de mi casa”

Panorámica después de la explosión
Hiroshima después de la explosión

“Un río de heridos desfigurados llegó a las puertas de mi casa”

Han pasado 75 años desde que dos bombas atómicas arrasaran Hiroshima y Nagasaki. Los supervivientes reclaman aprender de la historia ante las amenazas del armamento nuclear


Macarena Vidal Liy
Pekin, 6 de agosto de 2020


La madrugada del 6 de agosto de 1945 pocos habían podido descansar bien en Hiroshima. Las sirenas de alarma antiaérea habían sonado al menos dos veces. La ciudad de 350.000 habitantes, construida sobre una llanura surcada de ríos y cercada en tres lados por montañas, estaba tensa: era la única de gran tamaño, junto con Kioto, que aún no había sido bombardeada por los aviones estadounidenses en los estertores de la Segunda Guerra Mundial. Que lo fuera, temían sus habitantes, era cuestión de tiempo.

lunes, 20 de agosto de 2007

Shomei Tomatsu / El retrato del Japón de la posguerra



El retrato del Japón de la posguerra

La exposición 'La piel de la nación' descubre la fotografía de Shomei Tomatsu


Shomei Tomatsu (Nagoya, 1930) ha sido el fotógrafo más influyente e innovador del Japón de la posguerra. Ha mostrado sus fotografías en numerosas exposiciones y ha publicado una veintena de libros, pero su trabajo, una intensa mirada sobre las gentes y los paisajes de su país marcados por la II Guerra Mundial, apenas se conoce fuera de su Japón natal. La exposición restrospectiva La piel de la nación presenta ahora su trabajo en Bilbao a través de 10 series que constituyen un retrato del Japón de la segunda mitad del siglo XX, desde los vestigios de las viejas tradiciones y los supervivientes de las dos bombas atómicas al prodigioso desarrollo económico y los cambios sociales que impulsó.
La piel de la nación (Aula de Cultura BBK. Elcano 20, Bilbao. Desde mañana y hasta el 3 de octubre) reúne más de 250 imágenes, en su mayoría procedentes de los archivos del propio Tomatsu. Entre ellas figura su imagen más conocida, Nagasaki 11:02, en la que se puede ver un reloj detenido en el momento de la explosión de la bomba atómica sobre esa ciudad el 9 de agosto de 1945. Tomatsu tomó la fotografía en 1962 dentro de un proyecto para plasmar la vida de los supervivientes del ataque nuclear sobre aquella ciudad.


Las diez series de la muestra abarcan los grandes asuntos que Tomatsu ha ido abordando a lo largo de su carrera, como la americanización de Japón o la influencia del glamour de Hollywood, y la larga e intensa transformación de su país. Sus imágenes reflejan desde la huella de la cultura tradicional o la dramática salida de los años de la guerra hasta los cambios que llegaron de la mano de su impresionante desarollo económico y la implantación de nuevas formas de vida. A través de las fotografías se descubre toda esta evolución. Las series fueron realizadas para ser publicadas en revistas ilustradas japonesas, concebidas para ser vistas en un formato secuencial.
El título de la exposición hace una referencia literal y metafórica a las superficies que con frecuencia figuran en las fotografía de Tomatsu. Para el artista, la piel supone una especie de mapa en el que se puede leer la historia de Japón, según explican los comisarios de la muestra, Sandra S. Philips, miembro del Departamento de Fotografía del Museo de Arte Moderno de San Francisco, y Leo Rubinfein, de la Universidad de Nueva York. La obra de Tomatsu destaca por su fascinación por la experiencia inmediata y la pasión por lo tangible. Sin dejar de lado la cara documental, se ha preocupado por evocar en sus fotografías la ansiedad, la pena y la alegría que impregna la vida cotidiana de la nación asiática.
La piel de la nación fue producida por el Museo de Arte Moderno de San Francisco, con la colaboración de la Japan Society de Nueva York, con el objetivo de divulgar el trabajo y la influencia de Tomatsu en la fotografía contemporánea japonesa y en los países occidentales. Tras su presentación en Nueva York, Washington y San Francisco el pasado año, la retrospectiva se ha mostrado también en Suiza, la República Checa e Italia.

Un trabajo desconocido

Tomatsu es reconocido en Japón como uno de los autores que más ha influido en la fotografía de la segunda mitad del siglo, pero "la increible profundidad, variedad e inteligencia de su trabajo es practicamente desconocido fuera de su país", señala Phillips.
Después de estudiar Ingeniería y Economía, Tomatsu comenzó a trabajar en una empresa editora de libros fotográficos de bolsillo. En 1956, se convirtió en fotógrafo independiente, colaborando con los principales semanarios ilustrados japoneses. Fundó entonces junto a otros colegas la agencia Vivo, a través de la que canalizaron su trabajo hacia las grandes revistas de la época. Tomatsu ha compatibilizado la realización de libros y exposiciones con la docencia.

EL PAÍS
GALERÍA







Tokyo exhibit at the MoMA. Tomatsu Shomei. Protest, Tokyo. 1969.



Hibakusha (bomb victim) Tsuyo Kataoka, Nagasaki, 1961