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domingo, 12 de septiembre de 2021

Jean Rhys / El loto





Jean Rhys
BIOGRAFÍA

EL LOTO
Traducción de Enrique Hegewicz


—Dice Garland que es una furcia.
—¡Una furcia! Mi querida Christine, ¿la has visto alguna vez? Al fin y al cabo, hay límites.
—¿Límites? ¿Aquí en Portobello Road? Lo dudo mucho.
—Bobadas —dijo Ronnie—. Está escribiendo una novela. Sí, cariño —abrió los ojos y apuntó hacia abajo las comisuras de sus labios—, sobre una chica a la que seducen...

jueves, 17 de octubre de 2019

Jean Rhys / El día en que quemaron todos los libros



Jean Rhys 
BIOGRAFÍA

El día que quemaron todos los libros

Traducción de Enrique Hegewicz



Mi amigo Eddie era un chico bajito y flaco. Se le veían venas azules en las muñecas y las sienes. La gente decía que estaba tísico, y que no duraría mucho en este mundo. Yo le quería, pero a veces le despreciaba.
Su padre, Mr. Sawyer, era un hombre extraño. No había nadie capaz de adivinar qué podía estar haciendo en nuestra parte del mundo. No era hacendado ni doctor ni abogado ni banquero. Tampoco tenía una tienda. No era maestro ni funcionario del gobierno. No era —ésa era la cuestión— un caballero. Teníamos varios románticos residentes que se habían enamorado de la luna o del Caribe: todos ellos eran unos caballeros y absolutamente distintos de Mr. Sawyer, que carecía por completo de señorío. Además, detestaba la luna y todo lo que tuviera que ver con el Caribe, y no le importaba decirlo.

domingo, 10 de enero de 2016

Jean Rhys / Los tigres son más hermosos


Jean Rhys
BIOGRAFÍA
Los tigres son más hermosos

«Mein Lieb, Mon Cher, My Dear, Amigo», empezaba la carta: 
Me largo. Quería irme desde hace algún tiempo, como indudablemente sabes, pero estaba esperando el momento de tener valor para dar el paso que me expusiera otra vez al frío mundo. No me apetecía una escena de despedida. 
Dejando a un lado muchas otras cosas que es mejor olvidar, no tienes ni idea de lo harto que estoy de todas ésas falsas declaraciones de comunismo, y de todas las falsas declaraciones sobre todo lo demás, si vamos a eso. Todos vosotros sois exactamente iguales, comoquiera que os llaméis a vosotros mismos: Intocables. Os creéis indispensables, y os moriríais de languidez si no tuvierais alguien a quien mirar desde arriba e insultar. Me dio la sensación de que estaba rodeado de un montón de tigres tímidos que esperaban a saltar en cuanto apareciese alguien con algún problema o sin dinero. Pero los tigres son más hermosos, ¿no crees?

Tomaré el autobús de Plymouth. Tengo mis planes.

Vine a Londres cargado de esperanzas, pero todo lo que he sacado ha sido una pierna rota y suficientes abucheos para mis próximos treinta años de vida si llego a vivir tanto, Dios no lo quiera.

No creas que olvidaré tu amabilidad después de mi accidente, cuando tuve que vivir en tu casa y todo eso. Pero assez quiere decir basta.

Me he bebido la leche que había en la nevera. Estaba sediento después de la fiesta de ayer noche, pero si vosotros le llamáis a eso una fiesta yo le llamaría un funeral. Además, ya sabes lo poco que me gusta esa charlatanería (¡Freud! ¡ ¡San Freud!!). De modo que, amigo mío, compóntelas como puedas sin mí.

Adiós. Volveré a escribirte cuando vengan mejores tiempos.



HANS



Había también una posdata:

A ver si hoy escribes un artículo fantástico, pedazo de yegua mansa.


Mr. Severn suspiró. Siempre había sabido que Hans se iría tarde o temprano, pero entonces, ¿por qué aquel sabor en la boca, como si hubiese comido polvo?

Jean Rhys / El ruido del río

Ilustración de Triunfo Arciniegas

Jean Rhys
BIOGRAFÍA
EL RUIDO DEL RIO


La bombilla eléctrica colgaba de un corto cable desde el centro del techo de la habitación, y como no había luz suficiente para leer se tumbaron en la cama y charlaron. El viento nocturno empujaba las cortinas y entraba, suave y húmedo, por la abierta ventana.

—Pero, ¿de qué tienes miedo? ¿A qué te refieres cuando dices miedo?

—Me refiero —dijo ella— a ese mismo miedo que tienes cuando quieres tragar una cosa y no puedes.

—¿Constantemente?

—Casi constantemente.

—Dios mío, qué cosa. Eres idiota.

—Ya lo sé.


Jean Rhys / Que lo llamen Jazz



Jean Rhys
BIOGRAFÍA
Que lo llamen Jazz

Un luminoso domingo por la mañana tengo un bochinche con mi casero de Notting Hill porque me pide un mes de alquiler por adelantao. Me lo dice cuando llevo aquí desde el invierno, pagando cada semana sin falta. No tengo trabajo en ese momento, y si le doy el dinero apenas me queda ná. O sea que me niego. El tipo ya está borracho tan temprano y me insulta: sólo palabras, a mí no me asusta. Pero su mujer es un mal bicho: ahora entra en mi cuarto y dice que tengo que darle el dinero. Cuando le digo que no, le pega una patá a mi maleta, que se abre. Se cae mi mejor vestido, y ella se ríe y le da otra patá. Dice que lo corriente es pagar un mes por adelantao y que si no puedo pagar que me busque otro sitio.

No me vengáis con cuentos sobre Londres. Hay mucha gente en Londres con el corazón como una piedra. Y si te quejas te contestan, «demuéstrelo». Pero, ¿cómo voy a demostrar ná si no hay nadie que lo vea, ningún testigo? Así que hago la maleta y me voy, pienso que es mejor no tener nada que ver con esa mujer. Es muy conchuda, y ni Satanás miente mejor que ella.

Me pongo a caminá hasta un sitio cercano que está abierto y donde podré tomar un café y un bocadillo. Allí empiezo a hablar con un hombre que se sienta a mi mesa. El ya me ha hablao, le conozco, pero no sé su nombre. Al cabo de un rato me pregunta: