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martes, 26 de noviembre de 2024

Boris Izaguirre / Una inmigración feliz

 

Boris Izaguirre, colaborador en ‘Inmigración con otros ojos’, el número de noviembre de la revista ‘TintaLibre’

Boris Izaguirre, colaborador en ‘Inmigración con otros ojos’, el número de noviembre de la revista ‘TintaLibre’


Una inmigración feliz

La desnuda crónica de una inmigración mezclada de huida y afirmación es el relato íntimo que ofrece el escritor Boris Izaguirre con origen en su Caracas natal y perdido y destino en su Madrid triunfal

Boris Izaguirre
BORIS IZAGUIRRE
23 NOV 2024 - 23:30 COT

No escapé de Venezuela amenazado o perseguido. Simplemente, sentía que mi país de origen no era el futuro. Una intuición egocéntrica me sirvió de impulso para conseguir alejarme de allí. Sucedió en febrero de 1992, exactamente en la madrugada del 4 de febrero, la fecha del primer golpe de estado de Hugo Chávez contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez. La asonada militar se inició a las doce de la medianoche cuando yo regresaba de una juerga con amigos. Después de fumar un porro de fin de fiesta, empezamos a ver asombrados a paracaidistas descendiendo sobre la autopista del este de la ciudad, pusimos “raining men” en el cd. ¡Claro que pensamos que la marihuana hacía efecto! Más que temer por la democracia, luchamos por evitar que nos detuvieran por consumir sustancias ilegales. No fue hasta el amanecer que nos dimos cuenta de que el colocón era bastante mayor. Mi madre apareció, con su vaporosa ropa de cama, advirtiéndonos: “Ustedes no saben lo que es un golpe de Estado. Y este es uno, de verdad”, soltó con toda la autoridad de su edad y atuendo. Mis padres sobrevivieron a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, abatida en 1958 por una revuelta popular. Yo había nacido y crecido en democracia.

sábado, 2 de mayo de 2020

Boris Izaguirre / Retrato de familia




El retrato de la familia real, de Antonio López.
El retrato de la familia real, de Antonio López.  GETTY IMAGES


Retrato de familia

Mientras doña Sofía admiraba el cuadro de Antonio López, en Miami aparecía Corinna, que burbujea como si fuera 'champagne' que se convierte en mujer


BORIS IZAGUIRRE
5 DIC 2014 - 18:09 COT
Ante la visión del retrato de la Familia de Juan Carlos I, una obra de arte por fin completada por Antonio López después de 20 años de gestación, el Rey emérito bromeó con los periodistas, revelando que en un principio no le había gustado nada. Tras dos décadas de creación con los consiguientes cambios efectuados por el pintor, empezó a gustarle más. Doña Sofía fue más simple y la calificó de una verdadera obra de arte. Y realmente acertó: sin estar presentes todos los elementos, personas, incidentes que transformaron ese retrato, en el resultado todos nos damos cuenta de que 20 años dan para mucho.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Boris Izaguirre / Mi noche con Kevin Spacey


Kevin Spacey



Mi noche con Kevin Spacey

El armario es un sitio cruel al que te empujan la educación mala y la religión



BORIS IZAGUIRRE
3 NOV 2017 - 18:05 COT

Ayer soñé que regresaba de Bruselas y me preguntaban sobre Puigdemont. Ahora que por fin ha empezado a descender la adrenalina catalana, me he propuesto agregar un poquito de verdad: no me atrae ni me conviene lo ilegal.
Una de las cosas que siempre le agradeceré a la ley de matrimonio igualitario es que de un plumazo colocó dentro de la legalidad a una minoría marginada, incluso perseguida, como la comunidad LGTB. Esa condición ilegal obligó a que existieran armarios donde se escondían muchas personas. Como Kevin Spacey. Se le acusa ahora de haber cometido abuso a un actor, entonces menor de edad, en 1986. Es una situación fea. Y también se le señala por usar su salida del armario para contrarrestar esta acusación. Todo muy mal. El armario es un sitio atroz. Solo te enseña a mentir. Además, suele ocurrir que te obligan a permanecer allí dentro, empresas, familias, amigos. O una industria tan poderosa como Hollywood. A Kevin Spacey le habría fastidiado mucho la carrera el reconocerse gay porque Hollywood es una industria tan machista como determinante: respaldaremos tu talento y te daremos una gran carrera a cambio de no quebrantar una regla, la sexualidad admitida, la visible, es la heterosexual. Tanto es así que, por ejemplo, en 2006 la Academia se negó a darle el Oscar a mejor película a Brokeback Mountain porque era una historia gay de vaqueros. Tardó 11 años en enmendar esa actitud al premiar a Moonlight, una película sobre homosexualidad y marginalidad en el Miami de los ochenta. Hollywood se empeña en ignorar las minorías, acallarlas o, en el caso de actores con sexualidad diferente, como Spacey, obligarles a mentir sobre su naturaleza para ver cómo su éxito crece y la cadena de rumores también aumenta hasta el oprobio.


Las alegaciones de acoso ya se han extendido desde los productores a los actores. Se propaga. ¿Hasta dónde llegará? Al caso Spacey se suma ahora la acusación de una asistenta de producción hacia Dustin Hoffman, otro oscarizado e importante actor. Más allá de apilar acusaciones de acoso, todos los señalados son personalidades con fuertes nexos con el Partido Demócrata. Incluso Spacey interpreta a un presidente de Estados Unidos que, sin parecerse a Donald Trump, no deja de manipular y de evidenciar que el poder es algo totalmente inescrupuloso. La quinta temporada de House of Cards era casi calcada a la realidad de una manera inquietante, sobre todo en la trama rusa. No se trata de negar responsabilidades, solo me resulta curioso que los implicados se han mofado o actuado en contra del actual presidente de Estados Unidos. Quizás por eso, mientras disfrutaba del desfile de Halloween en Lincoln Road, en Miami, un espectador latino me tomó del brazo: “Usted no se meta con Trump, que no tiene sentido del humor”.
Kevin Spacey visitó Madrid varias veces y tras el estreno de un montaje conjunto entre el Teatro Español y el Old Vic, la venerable institución que entonces dirigía, coincidimos en una fiesta en el Cock, el mítico bar madrileño que ha entretenido al franquismo, la movida y todo lo que somos. Spacey buscaba no llamar la atención, participando en pequeñas conversaciones con una actitud discreta. También con discreción, un genial director de cine nos explicó que ese adjetivo es una etiqueta que pesa como una losa en la vida de los gais armarizados, “los discretos”. En un momento dado, el acompañante de Spacey, un treintañero mucho menos discreto, se lanzó a improvisar unas bulerías en una de las mesas. “Se armó el guirigay”, soltó alguien, y Spacey me tomó del brazo y me pidió que bajara a su amigo. El joven continuó con su danza golpeando unas castañuelas que le habían regalado e invitando a que me uniera. Estuve a punto, pero el propio Spacey se acercó mucho y dijo, con voz de Otelo: “Suficiente, nos vamos”. Apenas se fueron todo el mundo empezó a cuchichear. “Tanta discreción pero ¡menudo novio!”. Confirmé que no me gustaría una vida así. Conteniendo lo evidente para que en un simple castañeo todo se haga trizas.
El armario es un sitio cruel al que te empujan la educación mala y la religión. No es legal pero es un sistema para poder crecer profesionalmente. Y obtener así esa forma de independencia que ahora llaman conquistar tus sueños. Hasta que estos se vuelven pesadillas.



sábado, 8 de julio de 2017

Corín Tellado / Palabras de despedida

Corín Tellado
Poster de T.A.

Corín Tellado

Palabras de despedida


BORIS IZAGUIRRE
12 ABR 2009


En una ocasión se publicó que después de Cervantes, Corín Tellado era la autora más leída en español. Mario Vargas Llosa le dedicó palabras de respeto hacia su obra y la expansión que de nuestro idioma habría conseguido esa prolífica obra. La conocí en Oviedo, durante una entrevista para el programa La Ventana. Llegó acompañada de familiares, pequeña estatura pero imponente presencia; un abrigo de pieles, unos ojos incisivos, un acento de otra época, un andar de Agatha Christie y una sombra rodeándola: esa sensación de que a pesar de ser el nombre más asociado a la escritura que generaciones y generaciones de latinoamericanos hemos conocido, el mundo literario siempre levantó murallas para impedirle acceso.

sábado, 2 de abril de 2016

Boris Izaguirre / El cumpleaños de Vargas Llosa


Mario Vargas Llosa sopla las velas, el día de su cumpleaños. CARLOS ROSILLO

EL CUMPLEAÑOS 

DE VARGAS LLOSA

La corbata por fuera

Álvaro Vargas en su alocución mencionó a su madre, Patricia, y la sala entera se quedó en silencio. No se oía ni un tenedor. Fue un gesto para acaparar la atención y sembrar un poco de paz en una situación siempre imprevisible


BORIS IZAGUIRRE
1 ABR 2016 - 17:00 COT



Definitivamente, me siento mejor desde que acudí a la cena de cumpleaños de Mario Vargas Llosa. Mientras escuchaba su discurso me dejaba llevar por su fascinante idioma y su repaso a unos 80 años que han enhebrado a Latinoamérica con Europa, y confirmaba que Vargas Llosa es irrepetible y que por eso era irrepetible participar de esa celebración. Vargas Llosa recordó la importancia de Proust, Cervantes y Shakespeare para el goce de la literatura. Señaló como Castro y Chávez terminaron convirtiendo sus revoluciones en fracasos económicos y aniquilando libertades democráticas. Y reconoció con complicidad que la felicidad llega a sus 80 años con nombre y apellido: Isabel Preysler.

martes, 11 de junio de 2013

Boris Izaguirre / Carla Bruni cogió la maleta


Carla cogió su maleta

Bruni tiene que desalojar su palacio, el Elíseo, a toda mecha este fin de semana. Doña Carmen Polo abandonó El Pardo tres meses después de la muerte del caudillo, su esposo, batiendo todos los récords de permanencia 'post mortem'

Por Boris Izaguirre, El País, 12 de mayo de 2012


Una imagen difícilmente repetible: Letizia Ortiz y Carla Bruni, juntas en La Zarzuela en 2009. / PEDRO ARMESTRE (AFP)

En Europa las cosas se repiten. Como ya lo explicara Milan Kundera, no vivimos una vida propia, sino que repetimos una ajena. Por eso resulta curioso que Sarkozy se descabalgara de la escena política coincidiendo con un nuevo aniversario de la muerte de Napoleón. Durante un tiempo, los dos hombres fueron comparables, más que nada por sus estaturas y por su afán de influir más allá de sus fronteras naturales. Pero es que Francia es toda ella influencia, con el triunfo de Hollande el domingo pasado crece la idea de que la nación vecina es el equivalente de Estados Unidos en el Viejo Continente. Influye, determina, perfuma y, desde luego, siempre se adelanta. Ahora que pareciera que la crisis lo devora todo, Francia se erige como la primera que se planta ante el furor caníbal de la austeridad. Lo ha hecho otras veces, fue la primera nación en separar Estado e Iglesia, ¡qué moderna! Y la primera en cortar por lo sano una corona despilfarradora, ¡qué atrevida!
La victoria de Hollande coincide con la derrota de RAto y la incertidumbre sobre la banca y Banka. Todo encaja, Rato y Sarkozy hacen maletas al mismo tiempo mientras el morbo del encuentro de Rato y su sucesor, Goirigolzarri, solo es comparable al de Belén Esteban y María José Campanario en el pasado concierto de Isabel Pantoja. Sarkozy, siempre gestual, abandona la política como las divas del ballet o el canto dedicando la última etapa de sus carreras a grandes despedidas. Rato ha dicho poco, y su rostro no parece reflejarlo todo. Está en ese momento en que prefiere que otros hablen por él. ¿Pero quién? A Mariano no le gusta explicarse, y los ministros están boquiabiertos y sin habla. Mientras, ya ni en su partido se le recuerda como aquel gran líder que no pudo ser. Rato ha hecho primero su papelón en el FMI, antes que este reaccionara ante la crisis, y ahora remata sin reflotar Bankia. Se marcha, eso sí, con todo su sueldo anual en el bolsillo o ingresado en Bankia, junto a los ahorros de Florentino y de Rubalcaba, que muy ufano aseguró que no pensaba moverlos de allí. Lo de Bankia es la peor noticia que Draghi pudo dar a Rajoy en la reunión de Barcelona la semana pasada. Le llenó la cabeza de cajas de ahorros y ladrillos. Y, claro: ¿por dónde se coge una caja intoxicada?
Pues como la guitarra y la maleta de Carla Bruni: por las asas.  Esa María Antonieta contemporánea con melena y jeans, que tiene que desalojar su palacio, el Elíseo, a toda mecha este fin de semana, pues nada: ¡carretera y manta! Y ¡con la música a otra parte! Eso sí, con la cabeza sobre los hombros. Los señores Hollande se mudan allí el martes. ¡Qué prisas! Así que es verdad que no hay tiempo para nada. “Me voy con lo puesto”, susurró al coger la guitarra, a la niña y al perro, “pero no sé si dejar algo, por si acaso vuelvo…”, pensó.
Después del magnicidio de Kennedy, a su viuda, Jackie, le dieron tres semanas para dejar la Casa Blanca. Eran otros tiempos, hoy una semana es el plazo límite. Muchos vieron aquello como un gesto cruel, pero al parecer los desalojos de los domicilios presidenciales son así, tan inflexibles como las leyes de Merkel. Unas amigas pudientes consiguieron para Jackie una coqueta casa en el barrio de Georgetown, donde la viuda, según sus biógrafos, se dio a los tranquilizantes y la desesperación hasta que su cuñado Robert Kennedy la socorrió. En España tenemos el caso de la viuda de Franco, doña Carmen, que abandonó El Pardo tres meses después de la muerte del caudillo, su esposo, batiendo todos los récords de permanencia post mortem. No le hacía ninguna gracia cambiar de casa, y casi se entiende, porque en España vemos las mudanzas como algo largo, agobiante y que necesita tiempo, seas el inquilino que seas.
Resulta muy francés que los nuevos vecinos del Elíseo no sean matrimonio. Valerie y François son divorciados y han evitado casarse entre ellos. Saben que el matrimonio, como la política, también está sometido a un hervor terrible, aunque vivas en una república. Mientras, nuestros Reyes, que cumplen 50 años de cocción el lunes, deciden no celebrarlo sin importarles que se hable de ello, de esta negación a celebrar la fecha. Los comentaristas políticos, porque el Rey es jefe de Estado, dicen que no se puede celebrar un matrimonio que vive distanciado. Otros sugieren que el amor flaquea en ese matrimonio. Pero eso es confundir matrimonio con amor. Tienen que ver, pero no significan lo mismo. El matrimonio es una labor, un proyecto, como Bankia, y por eso se considera un triunfo prolongarlo, de la manera que sea. El amor es un hechizo, un disparo, como la felicidad. Por eso no parece tan buena la idea de no celebrar, siquiera con una tortilla o una ensalada griega, los 50 años de vida en común de la pareja más visible del país. Porque su matrimonio representa también a todos los matrimonios, incluso con los que no estén muy de acuerdo. Dar portazo a su celebración permite que la foto de los Reyes juntos tenga el mismo valor que un bono de banco malo. Como convertirla en un ladrillo, en una caja o en una maleta.

http://elpais.com/elpais/2012/05/11/gente/1336749394_255800.html



Carla Bruni vuelve a ejercer de modelo

La ex primera dama francesa ha realizado una sesión de fotos para una marca de accesorios de Bluetooth


Por Mábel Galaz / Madrid, 15 de noviembre de 2012


Cartel publicitario de Parrot en que aparece Carla Bruni.


Carla Bruni ha recuperado su trabajo de modelo. Menos de un año después de abandonar el Palacio del Elíseo, la ex primera dama de Francia ha posado para la campaña publicitaria de Parrot, en concreto para promocionar sus nuevos auriculares. Bruni aparece con los cascos alrededor de su cuello. Son unos Parrot Zik modelo Bluetooth, el último producto de la marca fundada por Henri Seydoux, diseñado por el prestigioso Philippe Starck.
Bruni parece que ha accedido a volver a posar ante la cámara ya que Parrot colabora con la Fundación Carla Bruni-Sarkozy, que pretende acercar "la música clásica a los más desfavorecidos que viven aislados de la cultura ". Esta organización tiene muchas actividades solidarias. Su trayectoria fue objeto de investigación durante la última campaña electoral
La revista Marianne publicó que la entidad creada por Bruni cobró 2,7 millones de euros de dinero público del Fondo Mundial contra el Sida sin cumplir los requisitos legales, y afirmó que parte de esos fondos llegaron hasta las empresas del músico y empresario Julien Civange, amigo de Bruni y asesor de la fundación y que según la revista tiene despacho propio en el Elíseo. Bruni desmintió haber cometido ningún acto ilegítimo y calificó la información de inexacta y engañosa. Explicó que su fundación “jamás ha recibido dinero público”, y añadió que, contra lo afirmado por la revista, la entidad desarrolla una actividad normal y tiene cuenta bancaria, contabilidad propia y existencia jurídica real.

La ex primera dama también ha vuelto esta semana a la música con un dúo con Macias Se trata de una canción que forma parte del disco "Venez tous mes amis", en el que versiona con artistas invitados los éxitos logrados en sus 50 años de carrera. El disco saldrá a la venta el próximo 3 de diciembre.
Cuatro años después de su último álbum, Comme si de rien n'était, Bruni volvió a los estudios de grabación el pasado verano para cerrar esta colaboración, y a finales de septiembre apareció en el plató de Hier encore, de la cadena France 2, para cantar un tema de Charles Trénet y otro de Georges Brassens.

http://elpais.com/elpais/2012/11/15/gente/1352977768_454161.html

lunes, 6 de febrero de 2012

Boris Izaguirre / Hay Festival 2012

Boris Izaguirre

LITERATURA Y FARÁNDULA
CRÓNICA LIGHT


Boris Izaguirre presenta una crónica de su paso por el Hay Festival 2012

Cartagena de Indias

El Tiempo
3 de febrero de 2012

Una picante crónica del escritor hispano-venezolano que estuvo muy activo en edición del festival.


Es terrible que un escritor caribeño no conozca Cartagena de Indias. Porque significa que no estamos educados para aceptarnos, para sentirnos cómodos y felices en nuestro universo de colores, emociones, mezclas permanentes. Como escritor y como latinoamericano he estado a la deriva porque no he conocido antes este lugar que tiene de todo. Un mucho de Sevilla, pero con todo un océano dentro que deleita la mirada y termina por acercar a ese Miami que siempre termina por identificarnos. Pero gracias a la sofisticación intelectual y social del Hay Festival, Cartagena ha sido para mí como un Hampton literario. Los Hamptons son una serie de enclaves híper elitistas en la costa este de Estados Unidos, a media hora de Manhattan, donde se reúnen aristócratas con tecnócratas, celebridades con delincuentes financieros, escritores de best sellers con los dueños de sus casas editoras. En Cartagena, al menos durante el Hay Festival, pasa un poco de eso, pero con todo el calor, sudor y color del trópico.
         El centro neurálgico es el Hotel Santa Clara. En una misma tarde puedes pasar de observar cómo Nélida Piñón y el actor Diego Luna se maravillan de conocerse, a ver a Silvia y Carlos Fuentes deslumbrar a fans y fotógrafos antes de recibir al Presidente de la República en su casa de Cartagena. Nélida es profundamente coqueta y seductora, mira a través de sus ojos con la agudeza de la escritora, pero también con la picardía de una estrella de un vodevil. Sabe qué decirle a cada persona en todo momento. "Eres luz", le comunica a Diego Luna, que toma sus manos en las de él y le devuelve el cumplido con una adorable sonrisa. Dos monstruos juntos, dos seductores disfrutando la mutua seducción. Alrededor de ellos se mueven fans disfrazados de lectores, periodistas vestidos como estrellas y estrellas sociales deseosas de tenerles en cualquiera de las fiestas que se reproducen sin aviso en toda la ciudad.
          Para los escritores que venimos de España, descubrir Colombia, a través de Cartagena, en estos momentos de desdibujamiento del "sueño español", es particularmente irónico. Antes veníamos con aires de superioridad, ahora insistimos en parecer inversores, solo que provenientes de un país sin dinero. Durante muchos años, Colombia y demás países de Latinoamérica vinieron a buscar trabajo en la España nueva rica. Muchos de esos colombianos han regresado para no dejarse tragar por el pavoroso desempleo en España. Incluso, alguno ha quedado primer finalista del exitoso programa televisivo Yo me llamo interpretando a Nino Bravo, un cantante español que lleva mas de 40 años muerto. En Cartagena, muchos escritores en el Hay no se atreven a hacer estos paralelismos, no es lo suficientemente intelectual. Pero es una verdad: en la Colombia de hoy renace un español de los años 70 y los españoles en crisis creen redescubrir el Dorado.
          Parte de esa atmósfera de prosperidad es también la etérea cadencia de nuestros movimientos en el Santa Clara, degustando ceviches con Nélida y Sergio Ramírez, o desayunando bajo un sol mañanero y ardiente con Javier Moreno en el patio del hotel. "Esta es la ciudad más linda de España", confiesa el director del diario El País, mientras voy narrándole la escandalosa noticia del árbitro Óscar Julián Ruiz, denunciado por acoso sexual por otro árbitro, Mauricio Sánchez. "Cuando la vi en la televisión", le explico a Moreno, "pensé que ponían esta noticia para darme la bienvenida".
          La intervención homofóbica de otro árbitro, señalando la homosexualidad como una "enfermedad extendida en el mundo del arbitraje colombiano", no hace más que convertirme este escándalo entre caballeros, que pertenecen a uno de los bastiones más intocables del machismo, en todo un símbolo de la prosperidad que atraviesa Colombia. Cuando la gente se fascina por un escándalo que airea intimidades es porque no está preocupada ni por la economía ni por la política. Durante los años que fuimos ricos en España fue cuando más programas de escándalos y chismes se produjeron en su televisión. Hablar de los demás significa que has subido en la escala social. Que puedes atravesar los muros de la ciudad colonial en Cartagena e ir de fiesta en fiesta, almuerzo en almuerzo y, ojalá, de alcoba en alcoba.
          Eso prácticamente es lo que hice en el Hay en esta primera visita. Impulsado por mis dos conferencias, una junto a la divinísima Carmen Posadas y Roberto Pombo, lo primero que percibí era que encabezamos uno de los carteles más "gomelos" del festival. Mientras Carmen y yo firmábamos nuestros respectivos libros, una de las asistentes daba órdenes a su chofer para que la buscara en la "puerta, no en la calle, del Claustro de Santo Domingo. Yo no espero en la calle, espero en la puerta", sentenciaba ante su celular. Carmen y yo no paramos de firmar, ni siquiera cuando la misma dama le preguntó sobre su edad. A veces ser gomelo confiere una autoridad para todo. Que en realidad es altamente fascinante. Estoy seguro de que buena parte de nuestra audiencia disfrutó de nuestro discurso sobre el mestizaje y el chic, dos de las características que han marcado nuestras existencias en España. Pero también sostengo que lo que más les gustaba era que muchas veces hemos salido en Hola.
           No me equivocaba, al día siguiente era recibido en la fiesta del matrimonio Eder; impecables, Anna y Henry, como si Venezuela al fin hubiera encontrado el antídoto al vociferante repertorio chavista. La señora Eder me enseñó su casa con parsimonia y afecto. "Normalmente este es territorio de chinchorros, una colección bellísima, pero ahora los he quitado para recibirles". De pronto hablamos del azúcar, entendiendo que es parte del negocio familiar. "El azúcar es maravillosa. Y engloba todas las culturas.
            Nosotros somos de origen canadiense, un país que no necesariamente se asocia al azúcar. Pero es que hay importantes plantaciones de azúcar en Suecia, sí, a escasos kilómetros de Estocolmo". Pensé que esa era también una de las magias del Hay Festival: descubrir que hay azúcar en el corazón de Escandinavia. De la casa de los Eder, con las buganvilias más maravillosas que jamás haya visto, divinamente colgando por encima de las cabezas de Diego Luna y de Marcos Giralt y del presidente Belisario Betancur, salí caminando hacia el restaurante donde Planeta agasajaba a sus autores.
           Debo confesar que siento una poderosa atracción hacia Juan Esteban Constaín, por su juventud, porque es pelirrojo y porque siempre está dispuestoa a reírse de todo. Por supuesto que hablamos de los árbitros, pero lo que de verdad nos enganchó era indagar cómo el Hay Festival es en realidad un encuentro para que los escritores se sientan millonarios. Uno puede disfrutar de conversaciones cada vez más amplias, mezclando a la perfección banalidad, información y descaro y luego escucharnos cómo convertimos todo eso en conferencias.
          Rafael Osterling, el bellísimo cocinero peruano, que sería el intérprete perfecto para Alfredo, mi cocinero de ficción en Dos monstruos juntos, porque tiene esa virilidad moderna que gusta a ellas y a nosotros. Y ese aspecto que lo convierte en el mejor de sus platos. Pero la revelación de la comida fue Jaime Espinal. Con Jaime me trasladé a través de las calles más congestionadas de la ciudad amurallada, repletas de gente, animales, ventas de todo tipo, ruido, sol, librerías y restaurantes con las cocinas prácticamente en las aceras. El escenario que Jaime debe atesorar en su cerebro. Juntos llegamos a 'Hollywood', la inaudita playa de Cartagena. "Es la playa más fea del mundo, pero también la más divertida", matizó una amiga española. Kike Sarasola, que nos esperaba allí, terminó de describirla. "Puedes comprarte un apartamento en Miami, un collar de cuentas para un surfista, una metralleta usada y un coctel de camarones sin moverte de la toalla". Nunca había visto olas más negras y tal variedad de bañistas. No solo en físico, color de ojos y pelo, sino en género humano. Heteros con homos y trans, conservadores, liberales, monárquicos y republicanos. "Por eso la llaman 'Hollywood', mi niño", explicó Jaime. "Porque no tiene nada que ver con Hollywood".
          Como en el Hay todo es trasiego, Kike nos llevó a su casa otra vez detrás de los muros. Para Jaime y para mí era la oportunidad de ver una de esas casas de superricos. Pedro, el mayordomo de Kike, se convirtió en nuestra "nueva persona favorita". Discreto, eficiente, sonriente, va enseñándote la casa y sus patios y habitaciones. Hasta que subes a uno de los tejados donde te deja solo para que asistas de nuevo al verdadero espectáculo: las sinuosas formas de los edificios bajo el cielo azul y delante del mar y sus olas. Las copas de los árboles cargadas de frutos, flores y animales. Cúpulas de iglesias mezcladas con el mármol de las fachadas, esos colores sevillanos, o de Siena defendiéndose del salitre y la música caribeña. Los anuncios de locutorios y centros de narcóticos anónimos.
           Esa noche, Kike iba a hacer de las suyas: una visita a la casa de su amiga Chiqui, que es una colección de jardines sucesivos con las especies más increíbles de vegetación. Cena con poquísima comida en Don Juan, el restaurante chic de la ciudad. Nada de alimentos, pero muchísimo vino blanco, fotos de casas con 1.200 metros cuadrados de jardín y saludos incesantes a mujeres divinas y a Carlos Vives, la leyenda del vallenato. Salí a la calle para ir a otra fiesta en la librería Ágora. Y allí me esperaba Janne Teller, la autora de la indispensable Nada. Teller es una danesa altísima y hermosa. Y seguramente sea la nueva Isak Dinesen. "Me han dicho que en dos días te has aprendido la ciudad", me dijo durante el coctel en Ágora. Otro momento cumbre en el Hay, conoceer a una persona que te hace sentir mejor ser humano.
          Teller posee elegancia, en su voz, su trato, su andar. Juntos recorrimos el corto pero fantástico espacio entre la librería y el Santa Clara, con las flores de una boda reciente expuestas a las puertas de la iglesia, los turistas americanos bailando cumbias como si fueran salsa. Unos caballeros musculosos ojeándonos como si fuéramos una pareja flexible. Pescadores ofreciendo tiburones en la noche cerrada. Helados caseros vendidos por una mujer enorme con ropa minúscula. Janne y yo decidimos no hablar. Porque lo habríamos hecho sobre literatura, cuando sabíamos que estábamos delante de lo que nunca sabríamos describir.

Boris Izaguirre
Especial para EL TIEMPO




domingo, 13 de enero de 2008

Boris Izaguirre / Un retrato de Juan José Millás




SOMBRAS A MILLÁS

Un retrato de Juan José Millás

Por Boris Izaguirre




Han sido pareja de premio durante la gira de promoción de sus obras. Juan José Millás, ganador del Planeta 2007 con 'El mundo', y Boris Izaguirre, finalista con 'Villa Diamante', han compartido firmas, confidencias y 'sombras'


El País
13 de enero de 2008
Al Premio Planeta lo rodean sombras, leyendas urbanas y todo tipo de envidias. Se dice que está apalabrado, al estilo de las designaciones de candidatos presidenciables. Que un ejército de editores colabora con sus ganadores. Y, lo más aterrador, que genera parejas de hecho que normalmente terminan enfrentadas al final de la gira nacional de treinta días que acompaña el premio.
Como finalista de la edición de este año, no pienso aclarar ni desmitificar ninguna de estas leyendas. Y aunque el ganador, Juan José Millás, sea archiconocido por los brillantes proyectos sombra que publicó en esta revista -reportajes en los que el escritor se convertía en la sombra de una persona durante un periodo de tiempo-, mi andadura junto a él por un país preelectoral, dividido y pletórico en su nuevo riquismo, ha arrojado más luz y gozo que ninguno de los otros matrimonios planetarios, sin duda. Sólo que, una vez concluida la travesía, Millás sigue siendo el mismo misterio, ingenuo y sabio al mismo tiempo; un escritor que gana el premio más mediático de la lengua española y lo comparte con una vedette.
Conocí a Juan José Millás en una carretera, al principio del año 2000. Íbamos a un bolo de La ventana. Así llamamos a las emisiones en directo del programa radiofónico del que ambos somos colaboradores. Tocaba Teruel, ese lugar que muchas veces no existe, y viajábamos en un coche alquilado a través de carreteras con paisaje lunar. Íbamos en silencio hasta que el chófer decidió parar en uno de esos restaurantes herederos de El planeta de los simios. Entramos, y Millás los comparó con un western posnuclear, y yo sonreí ante la metáfora al tiempo que me reconocía cohibido. Los escritores, cuando viajan juntos, prefieren el silencio porque en realidad están pensando en una frase mortal, perfecta, que sintetice su pensamiento y genialidad.
Uno de esos camareros atrapados en el tiempo miró en mi dirección y musitó dos palabras: Crónicas marcianas. Y lo que había sido un paraje desolador se pobló de personas, señoras con acentos aragoneses, valencianos, andaluces y hasta canarios; sombreros, alguna ruana de color y servilletas de papel acompañadas de bolígrafos. Millás observaba más que atónito, sublimado por esa inesperada agitación. Y, en el deseo de construir otra metáfora sintetizadora, espeté:
-Juanjo, la fama es vulgar.
Una secreta admiración ha crecido en mí desde entonces hasta la noche del fallo del Planeta. Avancé en la cavernosa sala repleta de ojos hasta divisar a Millás en una mesa claramente ganadora. Fui a abrazarle y de inmediato recibí la embriaguez de su colonia, envolvente, paternal. Cuando se alejó para verme la cara, los dos sabíamos quiénes seríamos a partir de esa noche, pero yo quise ver más y vi a un caballero meticulosamente vestido. La camisa de rayas oscuras perfectamente planchada, ningún pelo fuera de sitio en su rostro, los ojos taladrantes pero jamás torturadores. Y el silencio, su mejor abrigo.
Al día siguiente, los dos nos enfrentábamos a los medios de comunicación. Y a la sensación de, en sus palabras, "ser un marciano para el otro". Ésa parecía ser una clave perfecta para lo que se avecinaba. De nuevo, la pulcritud de su aspecto resultaba fascinante. ¿Cómo conseguía que sus camisas estuvieran tan bien planchadas en un viaje? "Me gusta tomarme las cosas con mucha tranquilidad. Me despierto siempre muy temprano. Escribo de madrugada, cuando todo está quieto y puedo trabajar solo. Escribo hasta las ocho, cuando se despierta el resto de mi casa; entonces leo la prensa y hago vida familiar. Y regreso, casi siempre a corregir, hasta el mediodía. Camino una hora todos los días, por un parque cerca de mi casa. Me gusta el cambio de las estaciones. Soy metódico". Esa última palabra se convierte en un mantra. Y siembra otras claves para el resto de la gira. "No vamos a ser escritores que se avergüenzan de su éxito y de ganar un premio como éste, quejándose de una gira interminable, de viajar en primera y a buenos hoteles y de cenar siempre bien. No, vamos a disfrutarlo. No seremos quejicas del éxito", me atrevo a decir, sentado a su lado. "Somos Batman y Robin". La fiesta acaba de empezar.
La primera parada de la gira es Santiago de Compostela y llego tarde al aeropuerto. El avión despega desde la pista satélite de la interminable T-4 de Barajas. Llevo líquidos en mi equipaje y me arriesgo a perderlos. Milagrosamente, consigo subir a bordo. Y Millás ya está sentado, nada de sudor, una nueva camisa impecablemente planchada, su abrigo de cuero negro colgado por un azafato feliz. "Apuras demasiado el tiempo", dice, "¿sales ganando?". No tengo respuesta, le veo como ese profesor universitario que te enfrenta contigo mismo y te hace ver que llevas demasiados accesorios, peso innecesarios.
Hablamos del proceso de escribir. "Corregir es lo más difícil", explica. "Lo he contado muchas veces, pero una vez me devolvieron un artículo porque era muy largo. Empecé a quitar cosas y me gustaba el resultado. Al final lo quité todo, lo escribí más corto y quedó perfecto. Eso te lo da el periodismo, sin duda. Un artículo obligatoriamente ha de ser exacto, ni una palabra más ni una menos. Un concepto claro". El azafato se emociona de vernos y se abraza a mí con una efusividad que divierte a Millás. "La prueba de que este país ha cambiado", dice, "es estar junto a un hombre que habla repetidamente de su marido y todos lo asumimos como si siempre hubiera sido así".
Durante el viaje, volvemos a nuestros temas comunes. Sarkozy es uno de ellos. "Mi teoría es que es bipolar y vive todo como si fuera un subidón. Los bipolares", explica Millás, "evaden continuamente el bajón. Si te fijas en las acciones de este hombre, todo es dinámico, grandioso. Rescata azafatas en África, se divorcia, se marcha a Eurodisney con Carla Bruni, lucha por liberar a Ingrid Betancourt. Se comporta como un superhéroe, para evitar enfrentarse a ese instante en que no pueda sostener estar arriba". Otro tema recurrente es mi fascinación por los ricos. Están desprotegidos, no tienen amigos verdaderos, le explico. Millás mira el paisaje gallego y dice: "Ahora, discúlpame, voy a dar una cabezadita".
En Santiago salimos a pasear por sus calles vacías la noche de un domingo de noviembre. "Los domingos, sea donde sea, son terribles y tristes", sentencia. Yo viví en Santiago apenas llegué a España, conocí en estas calles a mi marido y dejé la ciudad, como a Caracas, con un regusto de frustración y amor. Delante de la catedral me dijo que ésta es como una montaña persecutoria: vayas donde vayas en Santiago, te sigue, te señala, te domina. "Una noche, mi marido me dijo: '¡Sácame de aquí!', y yo me di cuenta de que ésa era la frase de nuestro amor. Sácame de aquí, llévame al mundo, déjame crecer", le digo entre lágrimas, sacudido por el camino recorrido. Y Millás me toma por los hombros, conmovido ante mi desequilibrio. De nuevo su colonia recorre el silencio.
Mis amigos, que son sus lectores, me acribillan a preguntas. ¿Cómo es? ¿Serio? ¿Honoris causa? ¿Aburrido? Mi obsesión es que terminaré la gira sin descifrarlo.
En una de las ruedas de prensa, Millás me dice al oído: "Es curioso cómo los periodistas de cultura jamás se emocionan. Vas a una rueda de prensa después de un partido de fútbol y todo son gritos, imprecaciones, movimiento. Llegas aquí y están todos en silencio como si estuvieran en una clase de anatomía. Sólo hablas tú, y vas pensando que ellos en realidad desean estar en tu sitio, ser ellos los merecedores del premio". Al cabo de media hora, lo que ha sido un secreto se verbaliza en su voz, y los periodistas se quedan atónitos. El más valiente se excusa diciendo que la convocatoria es muy tempranera, pero Millás, el caballero metódico, el padre bien abrigado y de hablar reposado, ha dejado claro su punto de vista.
Unos días antes, en un estudio de Telemadrid, la presentadora nos preguntó qué nos parecía estar allí, y Millás soltó: "A la entrada he visto una pancarta que pone 'aquí se manipula la información'. ¿Es verdad?". Lo pregunta sin perder su adorable frenillo y de nuevo me admiro de ir a su lado. El espeso silencio se cierne, su pregunta no es tal. Es una declaración de principios.
En Barcelona, en una escala de la gira, cenamos con Gemma Nierga y su esposo, Antonio. Los Planeta también conyugados. Lo llamamos "la cena de los esposos". Millás está divertido: "Desde que voy con Boris, no dejo de ver gays en todas partes. Ayer mismo, en un estudio de cocinas, el chico que las mostraba iba vestido con unos pantalones bajos, un flequillo tapándole media cara, siempre sonriente, y yo me dije: 'Vaya, qué gay tan moderno'. Al cabo de un rato empezó a hablarme de su novia". Todo el mundo ríe, y él también. "Es que, de verdad", agrega, "el cambio de este país es asombroso".
Mientras Millás decide el vino -un proceso metódico, estudiado y certero-, Gemma me cuenta cómo su hijo Pau, de dos años, ha reconocido a Millás de inmediato porque hace un año el escritor le regaló un zoológico de madera. "Cada animal venía envuelto en un papel diferente", cuenta Gemma. Imagino a Millás envolviendo las cebras y los leones, y me doy cuenta de que de niño nunca recibió un presente tan esmerado.
Isabel, la esposa de Millás, es una mujer tan inquietante como él, un ojo que no cesa de analizar. En la cena hablamos de nuestro tema favorito, los medios de comunicación. "Que una novela te ofrezca escapismo", expone Isabel, "es lo correcto. Imaginas mundos, te solazas en ellos, pero sabes que están encerrados entre tú y las páginas. Cuando la televisión empieza a jugar con la realidad, como sucede en los realities, la manipulación, la tergiversación puede acarrear serios problemas de identidad al espectador. Y a los que fabrican ese tipo de programas". En uno de esos programas, Svetlana, una chica rusa, iba a protagonizar una reconciliación con su novio español que terminó en su asesinato en la trágica intimidad de su hogar. Lejos de ser retirado de la programación, el espacio vio su audiencia incrementarse en los días posteriores a la noticia. Millás se enciende contra la televisión. "Es intolerable porque ha creado un mundo intolerante, castigador, señalando permanentemente lo que califica de malo, oprobioso, o que no puede ser aceptado de ninguna manera, cuando al mostrarlo lo está convirtiendo en fuente de alimentación. Hipócrita, despiadada. La televisión no puede continuar volviendo freaks a todo lo que le da la gana. No somos normales, pero tampoco monstruos. Somos, escogemos. La televisión cada vez más nos impide escoger". Millás me mira, su plato limpio, las manos sobre la mesa, su pulcritud es como la de un obispo o la de un estadista comprometido. "Con el premio has dicho que pasas a ser el escritor y no el hombre mediático. Aprovéchalo. Tú mismo lo dices, la televisión te escoge a ti, nunca al revés. Aprovecha tu tique de salida".
La gira se nos ha convertido en un viaje iniciático hacia nosotros mismos. Cosas mías se instalan en el discurso de Millás y anhelo incorporar la meticulosidad, ese bisturí preciso, en mi vida. En Valencia recorremos la ciudad hasta dar con la plaza Redonda. "En uno de mis viajes me perdí y aparecí aquí. Con sus tiendas de hilos, mantequerías, esta forma redonda, un solaz curioso, inquieto, ruidoso en medio de la ciudad". En efecto, es un sitio propio de la imaginación de un escritor. Y la constatación de esas dos Españas, la triste y pobre de su infancia y la nueva rica y poderosa de la actualidad. Entre nosotros se ha creado un mundo extraño, cosas en común, separadas por océanos y edades. Acudimos juntos a ver Blade Runner, en mi opinión la película que mejor puede unirnos. "Porque es realmente una película moderna, invencible al tiempo", concluye Millás. Siempre cariñoso, solos en la sala de cine, Millás lo agradece: "Es el mejor regalo de Navidad". En varias ocasiones Millás nos ha definido como "felipista, yo, y Boris, más bien de la generación de Zapatero. Hemos sido muy despreciativos hacia la de Boris y Zapatero. Los vemos como niñatos que nunca han luchado por nada, lo han tenido todo menos discurso. Cuando en realidad, en silencio, poco a poco, han ido construyendo ese discurso". Millás no termina la frase, no sabemos si lo hemos hecho con acierto.
Hacemos una firma juntos en Madrid. En la de Vigo nos recibieron como si fuéramos estrellas de rock. Amigos maliciosos se jactan de que para Millás todos estos recibimientos serán cosa nueva, pero su comportamiento es de nuevo encantador. Comentamos cosas entre nosotros, conversamos con nuestros lectores. Millás me mira siempre como si yo fuera el experto mundano, y él, un caballero encantado de aprender. La historia de Pigmalión al revés. "Con Boris he aprendido a quitarme prejuicios". ¿Y cuáles eran? "Me asombra cómo gestionas tu éxito y tu relación con la fama", informa.
Millás disfruta de la buena mesa. Se aproxima a Alba, Lola o Laura, las maravillosas chicas Planeta en cualquiera de las ciudades de la gira, y dice: "Hoy vamos a cenar muy bien". Y ordena. En Santiago organiza un festín que incluye nécoras, percebes, almejas, pulpo y un primero de pescado para todos. Y, como siempre, su selección del vino, albariño, es inmejorable. También recuerda incidentes de su larga carrera como escritor. "Cuando empecé a publicar, era imposible que una novela lineal fuera considerada digna. Todo era experimentación. Y a veces la experimentación jugaba malas pasadas a sus autores. Uno de ellos ganó un prestigioso premio con una novela que era toda sin puntos ni comas. Enviaron un avance de la misma para publicarlo en El País Semanal, y el corrector de EL PAÍS, ante aquel texto sin puntos ni comas los colocó. Una vez impresa la revista, alguien se dio cuenta de que la razón de ser de ese texto era la ausencia de puntos y comas. Demasiado tarde, no podían corregir la corrección. Lo bueno de todo esto es que el texto, claro, había quedado infinitamente mejor". Tras las risas, intuyo el mensaje de Millás: un escritor es un ser libre, que debe atravesar distintos infiernos y premios, para volver siempre a la novela lineal.
La última ciudad es Zaragoza. Antes de separarnos tengo ganas de decirle que su libro me ha obligado a enfrentarme con una parcela de mi vida que descubro totalmente abandonada en el fondo de un lejano, oscuro armario. Mi propia infancia. Y que la revelación me ha conmovido, sacudido, destrozado. "La columna vertebral de toda existencia es la infancia", dice. "Allí se gestan todos los elementos del resto de tu vida. Es aterrador revisarla, o aceptar que ella vuelva a ti el día más inesperado. Lo hace, tenlo por seguro, vuelve, te enfrenta, te machaca. Y se va para volver otra vez".
En Zaragoza se hacen las fotos de este reportaje. Salimos en medio de un viento inclemente a una gasolinera cercana. Volvemos de regreso al Planeta de los Simios. Todas las parejas terminan, la nuestra no iba a ser distinta. El fotógrafo se fija en mis zapatos rojos y pide que los coloque más en primer plano. "Y aquí es cuando todo esto se convierte en un reportaje de moda", exclama Millás. Entonces hago la pregunta final: ¿un escritor debe crearse una vida para contarla luego, o simplemente escribir? Millás reposa sus ojos abrumados por el sol. "Se puede empezar así, viviendo algo que luego pueda darte una buena novela. Pero a partir de ahí, escribir es lo único que tienes".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de enero de 2008
EL PAÍS