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sábado, 20 de septiembre de 2025

Carolyn Cassady / La pieza indispensable


La portada de 'Fuera de la carretera'.

Carolyn Cassady, la pieza indispensable para entender la carnicería sentimental que suponía acercarse a cualquier escritor maldito

‘Fuera de la carretera’ son unas memorias que exploran las sombras de convivir entre el pequeño grupo de escritores inmaduros de la generación beat

miércoles, 16 de julio de 2025

La historia silenciada de Carolyn Cassady, mucho más que la mujer de Neal Cassady y la amante de Kerouac


El libro que relata la la vida e historia amorosa de Carolyn Cassady.

El libro que relata la la vida e historia amorosa de Carolyn Cassady.

"Inicié un largo viaje en dirección opuesta a todo lo que había conocido": la historia silenciada de Carolyn Cassady, mucho más que la mujer de Neal Cassady y la amante de Kerouac


Eduardo Bravo
5 de julio de 2025


Cuando en 2012, Walter Salles estrenó On the road, la adaptación cinematográfica de la novela de Jack KerouacCarolyn Cassady no quiso verla. Ni siquiera tenía curiosidad por saber cómo Kirsten Dunst había interpretado a Camille, papel inspirado en su propia vida. La razón para ese rechazo había que buscarlo tres décadas atrás. Concretamente en 1980, cuando John Byrum rodó Generación perdida: los primeros beatniks. Si bien su título original era Heart Beat, el mismo que un breve libro de memorias que Carolyn Cassady había publicado en 1976, la cinta de Byrum daba una imagen distorsionada y burlesca de la relación que Carolyn había mantenido con el escritor —interpretado por John Heard— y el que fuera su esposo, Neal Cassady, encarnado por Nick Nolte.

martes, 12 de diciembre de 2023

Juguemos a Guillermo Tell (I)

Willam Burroughs (DP)
William Burroughs (DP)

Juguemos a Guillermo Tell (I)



Juan Tallón
1 de enero de 2014


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Es jueves. Es 6 de septiembre. Es 1951. El apartamento de Burroughs, en la calle Orizaba 210, huele a droga, sudor viejo y comida. Las cucarachas corren pegadas a la pared. No es la limpieza la clase de virtud que le quita el sueño a William. Hay un pasaje en El almuerzo desnudo, referido a esos días en los que solo le importa pincharse cada dos horas, en el que confiesa que «hacía un año que no me bañaba ni me cambiaba de ropa, ni me la quitaba más que para meterme una aguja cada hora en aquella carne fibrosa […]. Nunca limpié el polvo de la habitación. Las cajas de ampollas vacías y la basura llegaban hasta el techo […]. No hacía absolutamente nada. Podía pasarme ocho horas mirándome la punta del zapato». Cuando algún amigo acude a visitarlo, él sigue sentado. Mucho se teme que si ese amigo «se hubiese muerto en el sitio, yo hubiese seguido allí sentado mirándome el zapato y esperando para revisarle los bolsillos». El aire del interior parece estancado, moribundo, como si las termitas lo royesen por dentro. Los niños corren de un lado a otro. A media tarde, William y Joan se preparan con tequila para visitar a John Haely, en la calle Monterrey 122. Haely es uno de los muchos americanos que residen en la colonia Roma, en Ciudad de México. Regenta el bar Bounty, en el mismo edificio donde vive. William, o Bill, como le llaman todos, queda en pasarse por su casa porque hay otro estadounidense, conocido de Haely, interesado en comprar su pistola. William necesita dinero. No es que el dinero sea más importante que su pistola, claro, pero le permitirá comprar droga, que es más importante que todo.

domingo, 27 de noviembre de 2022

Juan Goytisolo / Tánger, Burroughs y la ‘beat generation’


 

Tánger, Burroughs y la ‘beat generation’

La atracción de lo vedado es un ingrediente esencial del mito tangerino creado en por el cine y la literatura. El Estatuto Internacional de la ciudad brindaba a los creadores la posibilidad de una vida más libre y auténtica


Juan Goytisolo
4 de julio de 2014

En su excelente ensayo titulado Librerías,el novelista Jorge Carrión traza la historia de las que fueron un faro cultural en el siglo que dejamos atrás en las cinco partes del mundo. Como no podía ser menos en sus páginas figura en buen lugar la Librairie des Colonnes de Tánger con el círculo de escritores y artistas que la frecuentaron en la época de su Estatuto Internacional y los años subsiguientes a la independencia de Marruecos: el capítulo que le dedica da buena cuenta de la imantación que ejerció en ellos. Recuerdo que la primera vez que puse los pies en la ciudad me detuve a contemplar su escaparate con un incentivo muestrario de la mejor literatura en francés y en inglés pero también de algunas obras en castellano publicadas no en España sino fuera de ella: las de la editorial Ruedo Ibérico cuya difusión estaba prohibida en la Península.

lunes, 8 de enero de 2018

Jack Kerouac / Diarios / 1948 - 1949





N. del T: En 1998, Douglas Brinkley publicó un artículo en la revista The New Yorker acerca de los diarios que Jack Kerouac había llevado desde los catorce años hasta su muerte, en 1969. El mismo artículo incluía entradas del período 1948-1949, cuando Kerouac acababa de volver a New York luego de un viaje por todo el país (el mismo viaje que sería el argumento de On The Road) y enfrentaba la publicación de su primera novela, The Town and The CityEsas mismas entradas son las que publicamos a continuación. (Nota del traductor.)

domingo, 28 de junio de 2015

Fernando Savater / Americanos inquietos

James Salter

Americanos inquietos

FERNANDO SAVATER 8 JUN 2010


Con motivo del fallecimiento de Dennis Hopper -que a fin de cuentas no ha muerto de cirrosis o sobredosis, sino de cáncer de próstata como usted o como yo- es buen momento para recordar al easy rider original de la narración americana, Jack Kerouac. El original de En la carretera,ahora rescatado en buena traducción as usual de Jesús Zulaika por Anagrama, fue mecanografiado como un párrafo único de una extensión equivalente a 400 páginas en un larguísimo rollo continuo de papel ajustado al carro de la máquina (muchos años después Juan Benet hizo algo parecido en Una meditación). Esta versión no disfraza los verdaderos nombres de los protagonistas -Neal Cassady, Allen Ginsberg, William Borroughs, etcétera...- ni alivia con puntos y aparte el vértigo rítmico del relato, como en el texto oficial que se editó. Lo leí -lo leímos- hace más de 30 años y ahora volvemos a encontrarlo todo, pero mejor: la agobiante celeridad del vagabundeo, la fascinación por el príncipe que más destroza y menos retiene, las largas veladas incómodas y borrachas, la inquietud del deseo que casi nunca se remansa en goce, las chicas que se desvanecen con los demás, los chicos que se descuelgan, la vida como pasmo y perdición.


Jack Kerouac


A mí me parece haber estado también hace años en la carretera, al modo de Jack Kerouac
También Anagrama publica como complemento Kerouac en la carretera,una gavilla de ensayos de Howard Cunnell y otros que procuran ilustrar aspectos de ese libro clásico del pasado siglo -quizá aún más en lo vital que en lo meramente literario- así como aspectos históricos y biográficos de la generación beat en que se encuadra. Sin dudar de su interés para los más fanáticos del autor y sus amigos, a mí me resulta más significativo como complemento otro libro autobiográfico de un coetáneo: Quemar los días (Salamandra), de James Salter, que nació tres años después de Kerouac y publicó estas especialísimas memorias en 1997, cuando el beat llevaba ya casi 30 muerto.
En Quemar los días Salter recuerda fugazmente a Kerouac como un ex alumno que venía ocasionalmente para reforzar en los partidos importantes el equipo de fútbol americano de su colegio en Riverdale, "fornido y veloz, paticorto, parecía una especie de matón. Para recibir una pelota se echaba atrás y una vez la tenía salía disparado como una flecha". La sorpresa fue que el aguerrido jugador también mandaba de vez en cuando relatos literarios a la revista colegial... Salter no habló nunca con él, le admiraba de lejos. La trayectoria biográfica que cuenta en Quemar los días es mucho menos localista que la de Kerouac y evidentemente menos autodestructiva: termina asegurando "su gran deseo de seguir viviendo" y por el momento lo consigue, ya con 85 años. Su relato es cándido y lírico, aventurero, rico en batallas aéreas sobre los cielos de Corea y de fascinación por Europa: Francia, Inglaterra, Italia... Se cruza con muchos hombres más o menos conocidos (también Dennis Hopper aparece un instante, aunque para mal) y con aún más mujeres, a las que visita y rememora con envidiable entusiasmo carnal. Otro tipo de inquietud, menos obsesiva que la de losbeat y literariamente más lograda, aunque quizá menos intensa y emocionante.
A pesar de la enorme distancia en el tiempo y el espacio, a mí me parece haber estado también hace muchos años en la carretera, al modo de Jack Kerouac. Siento mucha más desazón que nostalgia al rememorarlo. Fue casi una pesadilla, pero necesaria: la vacuna contra cualquier solemnidad de lo respetable. No el alocamiento previo a convertirse en persona de provecho, sino el entrenamiento para no llegar a serlo jamás. Nadie nunca me quitará de la cabeza ese concepto anticuado y probablemente estéril de que en ello, y en lograr sobrevivir a ello, consiste el encanto aciago de la juventud.