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martes, 6 de septiembre de 2022

Salinger / Hapworth 16, 1924


JD Salinger



J.D. Salinger
Hapworth 16, 1924



Un comentario previo, tan llano y desnudo como es posible: para empezar, mi nombre es Buddy Glass, y muchos años de mi vida, muy posiblemente la totalidad de mis cuarenta y seis años, me he sentido convocado, elaboradamente involucrado, conectado, con la tarea de arrojar alguna luz sobre la corta y reticulada vida y tiempos de mi hermano mayor, Seymour Glass, quien murió, se suicidó, optó por discontinuar su vida, en 1948, cuando tenía treinta y un años.

Salinger / En el bote

Ilustración de Jonny Ruzzo



J.D. Salinger
En el bote



    Era un poco más de las cuatro de la tarde de un veranillo de San Martín. Unas quince o veinte veces, desde el mediodía, Sandra, la criada, se había apartado de la ventana de la cocina que daba al lago, con la boca apretada en un gesto de disgusto. Esta última vez, al apartarse, ataba y desataba distraídamente las cintas de su delantal, aprovechando el escaso juego que le permitía su enorme cintura. Después regresó a la mesa esmaltada y depositó su cuerpo gallardamente uniformado en la silla que estaba frente a la señora Snell. La señora Snell había terminado la limpieza y el planchado y tomaba su habitual taza de té antes de dirigirse a pie por la acera hasta la parada del autobús. La señora Snell tenía el sombrero puesto. Era el mismo e interesante sombrero de fieltro negro que había usado, no sólo durante todo el verano pasado, sino en los últimos tres veranos, pasando por olas monstruosas de calor, transformaciones del sistema de vida, docenas de tablas de planchar y timones de innumerables aspiradoras. Aún tenía dentro la etiqueta de Hattie Carnegie, gastada pero (podríamos decir) invicta.

lunes, 5 de septiembre de 2022

Salinger / El periodo azul de Daumier-Smith

Ilustración de Jonny Ruzzo



J.D. Salinger
EL PERÍODO AZUL DE DAUMIER-SMITH
Traducción de Marcelo Berri

Mi padre y mi madre se divorciaron durante el invierno de 1928, cuando yo tenía ocho años, y mi madre se casó con Bobby Agadganian a fines de esa primavera. Un año más tarde, en el desastre de Wall Street, Bobby perdió todo lo que tenían él y mamá, excepto, al parecer, una varita mágica. De todos modos, prácticamente de la noche a la mañana, Bobby se transformó de difunto comisionista de bolsa y bon vivant incapacitado, en un tasador vivaz, si bien algo falto de conocimientos, de una sociedad norteamericana de galerías y museos de arte independiente. Unas semanas más tarde, a principios de 1930, nuestro terceto algo heterogéneo se trasladó de Nueva York a París, más conveniente para el nuevo comercio de Bobby. Yo tenía a los diez años un carácter frío, por no decir glacial, y tomé la gran mudanza, por lo que recuerdo, sin ninguna clase de traumas. La mudanza de vuelta a Nueva York, nueve años después, a tres meses de la muerte de mi madre, fue lo que me sacudió, y de un modo terrible.

Salinger / Teddy

Ilustración de Jonny Ruzzo


J.D. Salinger
TEDDY



-El día exquisito te lo voy a dar a ti, amiguito, si no te bajas enseguida de esa valija. Y no estoy bromeando -dijo el señor McArdle. Hablaba desde la cama gemela que estaba más lejos del ojo de buey. Furiosamente, con un suspiro que era casi un lamento, se quitó la sábana de los tobillos con un puntapié, como si su cuerpo debilitado y quemado por el sol no tolerara de pronto ni siquiera el peso de la tela. Estaba de espaldas, con nada más que los pantalones de pijama y un cigarrillo encendido en una mano. Tenía la cabeza erguida, lo bastante como para apoyarla en forma incómoda, casi masoquista, contra la base misma del respaldo de la cama. La almohada y el cenicero estaban en el suelo, entre su cama y la de la mujer. Sin levantarse, extendió el brazo derecho desnudo, de un rosa inflamado, y desparramó las cenizas en la dirección general de la mesita de luz.

Salinger / El tío Wiggily en Connecticut

 

Ilustración de Jonny Ruzzo


J.D. Salinger
El tío Wiggily en Connecticut




    Eran casi las tres cuando Mary Jane encontró por fin la casa de Eloise. Le contó a Eloise, quien había salido a la puerta a recibirla, que todo había resultado perfecto, que se había acordado exactamente del camino hasta que dejó la autopista de Merrick. Eloise dijo «Autopista Merritt, nena», y le recordó que en dos oportunidades anteriores ya había encontrado la casa; pero Mary Jane se limitó a gemir algo en forma ambigua, algoreferente a su caja de Kleenex , y corrió otra vez hacia su descapotable. Eloise levantó el cuello de su abrigo de pelo de camello, se puso de espaldas al viento y esperó. Mary Jane volvió en seguida, usando un Kleenex y todavía con aire de estar preocupada, incluso angustiada. Eloise dijo alegremente que se había quemado todo —las mollejas, todo— pero Mary Jane dijo que de todas maneras había comido en el camino. Mientras las dos caminaban hacia la casa, Eloise preguntó a Mary Jane por qué le habían dado el día libre. Mary Jane dijo que no tenía todo el día libre, sino que el señor Weyinburg se había herniado y se había quedado en su casa de Larchmont, y todas las tardes ella debía llevarle la correspondencia y traer alguna que otra carta para despachar. Le preguntó a Eloise:

jueves, 7 de marzo de 2019

J.D. Salinger / Justo antes de la guerra con los esquimales


J.D. Salinger
BIOGRAFÍA
Justo antes de la guerra
con los esquimales



  Durante cinco sábados seguidos, por las mañanas, Ginnie Maddox había jugado al tenis en las pistas del East Side con Selena Graff, compañera suya en la clase de la señorita Basehaar. Ginnie pensaba francamente que Selena era la más boba de toda la clase-en la que abundaban ostensiblemente las bobas de marca mayor-, pero al mismo tiempo no había nadie como Selena para traer continuamente nuevas cajas de pelotas de tenis. Su padre las fabricaba, o algo por el estilo. (Una noche durante la cena, para ilustración de toda la familia Maddox, Ginnie había evocado la visión de una comida en casa de los Graff; la escena suponía un criado perfecto que servía a todos por la izquierda, aunque en lugar de un vaso de jugo de tomate dejaba una lata de pelotas de tenis.) Pero esta historia de dejar a Selena en su casa con un taxi después del tenis y luego cargar-en cada ocasión-con el pago de todo el importe del viaje, era algo que a Ginnie le estaba alterando los nervios. Después de todo, la idea de coger un taxi en lugar del autobús había sido de la propia Selena. Y ese quinto sábado, mientras el taxi arrancaba dirigiéndose hacia el norte por la avenida York, Ginnie dijo de pronto:
  -Oye, Selena...
  -¿Qué? -dijo Selena, ocupada en tantear con una mano el suelo del taxi-. ¡No encuentro la funda de mi raqueta!-se lamentó.

J. D. Salinger / El hombre que ríe

Francis Bacon
J.D. Salinger
BIOGRAFÍA
EL HOMBRE QUE RÍE



En 1928, a los nueve años, yo formaba parte, con todo el espíritu de cuerpo posible, de una organización conocida como el Club de los Comanches. Todos los días de clase, a las tres de la tarde, nuestro Jefe nos recogía, a los veinticinco comanches, a la salida de la escuela número 165, en la calle 109, cerca de Amsterdam Avenue. A empujones y golpes entrábamos en el viejo autobús comercial que el Jefe había transformado. Siempre nos conducía (según los acuerdos económicos establecidos con nuestros padres) al Central Park. El resto de la tarde, si el tiempo lo permitía, lo dedicábamos a jugar al rugby, al fútbol o al béisbol, según la temporada. Cuando llovía, el Jefe nos llevaba invariablemente al Museo de Historia Natural o al Museo Metropolitano de Arte.

domingo, 17 de mayo de 2015

J. D. Salinger / Para Esmé, con amor y sordidez

 

J. D. Salinger

BIOGRAFÍA 

PARA ESMÉ, CON AMOR Y SORDIDEZ


Salinger / For Esmé - With Love and Squalor


Hace poco recibí por vía aérea una invitación para asistir a una boda que se celebrará en Inglaterra el dieciocho de abril. Me hubiera gustado mucho asistir y, al principio, cuando llegó la invitación, pensé que tal vez podría realizar el viaje, por avión, sin reparar en gastos. Pero desde entonces he tratado el asunto bastante detenidamente con mi mujer—una chica muy sensata—y decidimos que no iría; simplemente, había olvidado por completo que mi suegra esperaba ansiosamente el momento de pasar con nosotros la segunda quincena de abril. En realidad, no tengo demasiadas oportunidades de ver a mamá Grencher, y ella cada día es un poco mayor. Tiene cincuenta y ocho años (como ella misma es la primera en confesar).
Pero, de todos modos, donde quiera que esté, no soy de las personas que no mueven un dedo para evitar que fracase una boda. Así que puse manos a la obra e hice algunos reveladores apuntes sobre la novia tal como la conocí hace ya casi seis años. Si estos apuntes le proporcionan al novio, a quien no conozco, uno o dos momentos de malestar, tanto mejor. Aquí nadie intenta complacer a nadie, sino más bien edificar, instruir.
En abril de 1944 yo formaba parte de un grupo de unos reclutas norteamericanos que participaban en un curso de entrenamiento «preinvasión», bastante especializado, bajo la dirección del Servicio de Inteligencia inglés, en Devon, Inglaterra. Cuando me pongo a pensar en el grupo creo que todos éramos bastante singulares, en el sentido de que no había un sólo tipo sociable. Todos éramos por naturaleza escritores de cartas, y cuando nos hablábamos por motivos ajenos al servicio, casi siempre era para pedirle a alguien un poco de tinta que no le hiciera falta. Cuando no estábamos escribiendo cartas o asistiendo a clase, cada uno andaba generalmente en lo suyo. Yo aprovechaba los días buenos para dar vueltas por los alrededores. Cuando llovía buscaba un lugar a cubierto y me ponía a leer algún libro, a veces a pocos pasos de una mesa de ping-pong.

sábado, 16 de mayo de 2015

J. D. Salinger / Boca bonita y verdes mis ojos



J. D. Salinger
SALINGER
BOCA BONITA Y VERDES MIS OJOS



Cuando sonó el teléfono, el hombre canoso le preguntó a la muchacha, con cierta deferencia, si por alguna razón quería que no atendiera. La muchacha le escuchó como desde muy lejos y dio vuelta su cara hacia él, un ojo —el cercano a la luz— bien cerrado, el otro, muy abierto, aunque cínico, grande y tan azul que parecía casi violeta. El hombre canoso le pidió que se apurara, y ella se incorporó, apoyándose sobre su antebrazo derecho, con la rapidez necesaria para que el movimiento no pareciese despreocupado.
Se quitó el pelo de la frente con la mano izquierda y dijo: “Por Dios. No sé. Quiero decir ¿qué te parece?” El hombre canoso dijo que no veía la maldita diferencia entre una cosa y otra, y deslizó la mano izquierda debajo del brazo en el que se apoyaba la muchacha, moviendo los dedos desde el codo hacia arriba hasta alcanzar la cálida superficie de unión con el torso. Buscó el teléfono con su mano derecha. Para no alcanzarlo a ciegas, tuvo que incorporarse un poco más, lo que provocó que atropellara la pantalla del velador con la parte posterior de la cabeza.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Salinger / ¿Cuándo demonios vas a crecer de una vez?


Salinger
Ilustración de Sciammarella

¿Cuándo demonios vas a crecer de una vez?

Con Holden Caulfield millones de personas se han sentido menos solas: 'El guardián entre el centeno' ejerce un poder extraordinario


MARTIN CASARIEGO
18 FEB 2015 - 04:11 COT

"Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia…”. Desde el arranque deEl guardián entre el centeno queda claro que Salinger pretendía situar su narración en la modernidad. Lo que no podía saber es que, bien entrado el siglo XXI, esta novela de aprendizaje iba a mantenerse tan fresca y actual como cuando la publicó en 1951, tanto por la forma en que está escrita como por lo que nos presenta, salvando el detalle de la ausencia de móviles y demás artefactos. Diez años antes, en una carta a una amiga, decía que estaba escribiendo una historia sobre “un chico de instituto durante las vacaciones de Navidad”.
Y sí, es eso. Eso y mucho más, seguramente porque ese chico, Holden Caulfield, es uno de los personajes más entrañables de la literatura universal, que mira y juzga lo que le rodea de una forma original, ácida, tierna a veces. Con algunos datos autobiográficos (unos epidérmicos, otros más profundos: el Holden que desprecia a casi todos, ¿no será ese escritor misántropo que deja de publicar y se aísla, acrecentando su leyenda?), Salinger escribió sobre los adolescentes, su rebeldía, su lucha por encontrar un lugar en el mundo, su miedo a crecer y a la vez su deseo de hacerlo. Porque Caulfield critica a los adultos, falsos, hipócritas o sencillamente imbéciles, mientras que aprecia a los niños, espontáneos, inocentes, generosos. Y por eso, lo que de verdad le gustaría es estar al borde del precipicio, al final del campo de centeno, para vigilar que los niños no caigan por él. Evitar que se hagan mayores. Pero eso es imposible, y de ahí la crisis de Holden.
Observador, sensible, exagerado, sarcástico, curioso (¿dónde irán en invierno los patos de Central Park?), en esos pocos días que dura su aventura, cuando, tras una pelea decide escapar del colegio del que ha sido expulsado y retrasar la vuelta a casa, ese chico de 16 años al que le gustaría aparentar más para que le sirvan las copas sin preguntas y para ser tenido en cuenta por las mujeres, piensa en el sexo, se emborracha, fuma, requiere los servicios de una prostituta, despotrica contra la educación académica, se deprime, dice tacos y abusa de las coletillas. Eso puede explicar que aún en 1980 fuera el libro más prohibido en los institutos de Estados Unidos. Pero el texto es inteligente, original, tiene humor, está lleno de vida y sensibilidad, posee un ritmo perfecto, nunca cae ni en lo cursi ni en lo soez, así que tampoco extraña que, en ese mismo año, fuera el segundo más recomendado.


De la derrota de Holden surge una victoria imperecedera, la de dejarnos uno de los libros más maravillosos que se pueden leer casi a cualquier edad

En esa división entre los profesores que lo prohíben y los que lo recomiendan, estos últimos tienen un argumento difícil de rebatir: aquellos se están convirtiendo en lo que critican, en guardianes entre el centeno que no quieren que sus alumnos maduren. Carl Luce, un conocido mayor que él con el que Holden toma unas copas, le espeta: “¿Cuándo demonios vas a crecer de una vez?”. Y de eso trata este libro, a eso asistimos a lo largo de sus páginas, al abandono definitivo de la infancia, al complicado paso de una edad a otra. Todo, aquí, está en esa frontera: Holden, y la propia novela, publicada para adultos y adoptada por millones de adolescentes y jóvenes. Cada año se venden 250.000 ejemplares. La crítica también lo considera, casi unánimemente, como una de las obras mayores del siglo pasado. Es uno de esos felices y raros casos en los que crítica y público van de la mano a lo largo de décadas.
Holden se rebela contra la educación, contra la autoridad, contra los mayores, contra el inevitable proceso de madurar, cumpliendo muchas de las características de las novelas de iniciación. Su rebelión está condenada a la derrota, pero de ella surge una victoria imperecedera, la de dejarnos uno de los libros más maravillosos que se pueden leer casi a cualquier edad. Ese muchacho que pide y confiesa: “Toma una copa más. Por favor. Tengo una depresión horrible. Me siento muy solo, de verdad”, ha conseguido que millones de personas se sientan menos solas en algún momento de sus vidas. Ese es el extraordinario poder de los libros extraordinarios. Hacia el final, Holden nos da un consejo: “No cuenten nunca nada a nadie. En el momento en el que uno cuenta cualquier cosa, empieza a echar de menos a todo el mundo”. Y al lector le sucederá algo semejante a lo que le sucede al narrador: cuando cierra el libro, empieza a echar de menos a Caulfield. Ya sólo le queda recomendarlo a los jóvenes y no tan jóvenes como si se hubiera publicado ayer.
EL PAÍS



DE OTROS MUNDOS
La venganza de Peggy Salinger
El guardián entre el centeno sigue cautivando después de cincuenta años
La biografía de Salinger escrita por su hija retrata a un iluminado entregado a sí mismo
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Benjamín Prado / Adoptados
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El atronador silencio de Salinger
Salinger demanda al continuador de su novela
El juez da la razón a Salinger en su denuncia por plagio
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Salinger / El aire del New Yorker
Salinger / El miedo a hacerse adulto
Salinger / Adiós al gran enigma de las letras estadounidenses
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El cine cuenta la vida de Salinger
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Salinger / La ternura entre el centeno
Dulce y desconocido señor Salinger
El paulatino viraje al negro de Salinger
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Así comienza / El guardián entre el centeno
Kenneth Slawenski / Salinger podía ser intratable
Salinger / Nueve cartas
Salinger / Las zonas oscuras
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Cinco volúmenes inéditos de Salinger verán la luz a partir de 2015
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Salinger / Bioficción
Tres cuentos inéditos de Salinger, filtrados en internet
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Secretos de los libros únicos de un autor / Treinta eclipses memorables
Salinger / ¿Cuándo demonios vas a crecer de una vez?
Autor de culto / Un secreto de dioses
Salinger / Cómo se engendra un monstruo
Salinger por Salinger
Salinger y otros nueve desconocidos
Oona y Salinger / Dos atractivos personajes
Frédérick Beigdeber / El escritor que odia a los viejos
Salinger / Un joven enamorado





domingo, 6 de julio de 2014

Salinger / Un día perfecto para el pez plátano

 

J.D. Salinger

UN DÍA PERFECTO 

PARA EL PEZ PLÁTANO

Salinger / A Perfect Day for Bananafish


En el hotel había noventa y siete agentes de publicidad neoyorquinos. Como monopolizaban las líneas telefónicas de larga distancia, la chica del 507 tuvo que esperar su llamada desde el mediodía hasta las dos y media de la tarde. Pero no perdió el tiempo. En una revista femenina leyó un artículo titulado «El sexo es divertido o infernal». Lavó su peine y su cepillo. Quitó una mancha de la falda de su traje beige. Corrió un poco el botón de la blusa de Saks. Se arrancó los dos pelos que acababan de salirle en el lunar. Cuando, por fin, la operadora la llamó, estaba sentada en el alféizar de la ventana y casi había terminado de pintarse las uñas de la mano izquierda.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Tres cuentos inéditos de Salinger, filtrados en internet

Jerome David Salinger

Tres cuentos inéditos de JD Salinger, 

filtrados en internet

Las historias son 'El océano lleno de bolas de bolos', 'Paula', y 'El chico del cumpleaños' y se vendían en un libro a través de eBay




La noticia saltó el jueves en la web informativa y agregador de noticias Buzzfeed: tres cuentos que el escritor J.D. Salinger nunca quiso publicar habían llegado a internet, a una página de intercambio de archivos de música, a la que sólo se accede por invitación. La más reciente traición a los deseos del autor de El guardián entre el centeno, que pasó más de cuatro décadas sin querer publicar y defendió ferozmente su privacidad y reclusión, se produce apenas unos meses después del estreno de un documental –y un libro inspirado en él mismo–, que prometía descubrir los secretos mejor guardados del afamado misántropo. La “exclusiva” resultó no ser para tanto. Ahora sin embargo las primeras voces de críticos y expertos, como la del crítico del LA Times David L Ulin, han confirmado que los tres cuentos filtrados son de Salinger.
Los originales de PaulaBirthday Boy (El chico del cumpleaños) y The Ocean Full of Bowling Balls (El océano lleno de bolas de bolera) se encuentran custodiados en los archivos de dos universidades estadounidenses, Princeton y el Centro Harry Ransom de Texas, y sólo pueden ser consultados por investigadores autorizados. Sin embargo, en 1999, más de una década antes de la muerte de su autor en 2010, estos tres relatos quedaron reunidos en una edición ilegal de tan sólo 25 ejemplares, tirados en Londres. Uno de estos libros fue subastado el pasado mes de septiembre en E-bay y se vendió por 27 libras esterlinas. Parece que este es el origen del archivo pdf que ha circulado en la web.
Uno de los tres relatos, The Ocean Full of Bowling Balls fue escrito para la revista Harper’s Bazaar pero Salinger decidió retirarlo antes que fuera publicado. La historia enlaza con la trama deEl guardián entre el centeno la célebre novela de iniciación protagonizada por el adolescente Holden Caufield que catapultó a Salinger a la fama y de la que se han vendido más de 20 millones de ejemplares en todo el mundo. El cuento que ahora ha sido difundido trata sobre el hermano menor de Holden, que en la novela se llama Allie pero que en esta historia adopta el nombre de Kenneth Caufield. En él aparece una carta que Holden escribe a Kenneth mientras éste está en un campamento de verano. Guardado en Princeton, según Reuters, el acuerdo con la universidad establece que el relato no pueda ser publicado hasta el 2060. En 1965 Salinger dejó de publicar su trabajo, aunque nunca dejó de escribir.



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