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martes, 12 de septiembre de 2017

Guillermo Altares / La banalidad del mal en la ficción



La banalidad del mal en la ficción


Guillermo Altares
27 de octubre de 2007

El tratamiento del exterminio en obras de creación ha despertado enormes polémicas desde la serie Holocausto hasta La vida es bella y Las benévolas.
Elie Wiesel, superviviente de Auschwitz, premio Nobel de la Paz y autor de impresionantes testimonios -como La noche- que arrastran al lector a los confines del mal y de la muerte, escribió sobre la Shoah: "Todavía no hemos conseguido abordar ese tema. Se queda fuera de todo entendimiento, de toda percepción. Podemos comunicar algunos retazos, algunos fragmentos; pero no la experiencia. Lo que hemos vivido nadie lo conocerá, nadie lo comprenderá". Wiesel, como muchos otros supervivientes, ha dicho muchas veces que la ficción no podía ni siquiera acercarse a la esencia de la catástrofe de los judíos de Europa, como la definió Raul Hilberg. 

viernes, 8 de abril de 2016

El rostro de Elie Wiesel

Elie Wiesel




El rostro de Wiesel

RICARDO MORENO
Estocolmo 11 DIC 1986


Un Elie Wiesel cuyo rostro no puede borrar las huellas de los sufrimientos padecidos en una época de su vida recibió ayer en un aula de la universidad de Oslo el Premio Nobel de la Paz correspondiente a este año. Egin Aarvik, presidente del comité Nobel del Parlamento noruego, que por decisión testamentaria de Nobel discierne este premio, aludió en el momento de la entrega a la personalidad del escritor y a su permanente lucha en defensa de los derechos humanos. El laureado anunció que una parte del dinero que le corresponde lo destinará a la creación de un fondo para la defensa de los derechos humanos en el mundo. Uno de los primeros proyectos que piensa poner en práctica es la organización de una conferencia sobre el odio en el mundo y sus consecuencias. Otro de sus proyectos es la organización de un encuentro de filósofos, investigadores y psicólogos, en Hiroshima, para debatir las enseñanzas que para la humanidad se desprenden de la terrible experiencia vivida por esa ciudad tras ser arrasada por un bombardeo nuclear norteamericano en 1945. Este proyecto se enmarca en sus trabajos en favor del control del armamentismo. Wiesel declaró también que espera mantener próximamente un encuentro con Mijail Gorbachov para tratar la situación de los judíos en la Unión Soviética.

La presencia del escritor judío en Oslo y sus contactos con los medios de comunicación sirvieron para que la situación en Oriente Próximo y, en particular, el problema palestino, figurara en las conversaciones. Algo que no pareció complacer a Wiesel, quien dijo que tenía la sensación de que se le preguntaba sobre ello por su condición de judío y que no le habían hecho las mismas preguntas a otros laureados con el Premio de la Paz, como Desmond Tutu y Lech Walessa.

Al parecer, existe un cierto conflicto entre el hombre que declara su profunda identificación con las raíces y tradiciones judías y la posición que debe adoptar ante la política del Estado de Israel en la cuestión palestina. El comité noruego de apoyo al pueblo palestino planteó preferentemente este problema. Por un lado, Wiesel destaca que nunca defiende la muerte, pero establece una diferencia entre lo que él llama el terrorismo y los bombardeos de Israel y agrega que, a su entender, la única solución pacífica para el problema palestino pasa por la renuncia de éste a la utilización de lo que califica de terrorismo y de los lazos de dicho pueblo con la Organización para la Liberación de Palestina.

Wiesel ha condenado, sin embargo, la intervención de Israel en el conflicto del Líbano y ha declarado que las masacres de los campos de prisioneros palestinos de Sabra y Chatila en 1982 las recuerda como uno de los períodos más amargos de su vida. "Por primera vez", dijo, "me sentí desesperado al comprobar que eran soldados judíos los que habían cometido la masacre". A pesar de las, para Wiesel, pocas perspectivas opitimistas para el mundo, el Nobel de la Paz manifiesta su esperanza de que habrá un mañana mejor para la humanidad y se declara dispuesto a aportar sus mayores esfuerzos para que así sea.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de diciembre de 1986



Mario Muchnik / Elie Wiesel, sobreviviente

Elie Wiesel

Mario Muchnik

Elie Wiesel, sobreviviente


En febrero de 1983, el ministro socialista Jack Lang había convocado a los intelectuales de todo el mundo en París para que participaran en una conferencia cuyo cometido debía ser el de trazar las grandes líneas de su política cultural de gobierno. Mera coincidencia que en el mismo hotel en el que se alojaban algunas lumbreras mundiales, pero por asuntos distintos, me encontrara yo. Mera y grata coincidencia que me encontrara con Susan Sontag saliendo de un ascensor. Mera y emocionante coincidencia que Susan me dijera que en el bar del hotel, en ese mismo momento, un autor mío, Elie Wiesel, estaba tomando una copa.Había editado La noche, el alba, el día, de Wiesel, en 1975, confieso que un tanto a regañadientes. Y no por no ser entusiasta de esta breve trilogía de novelas, sino porque en ese entonces mi línea editorial no pasaba por la narrativa, sino por el ensayo. Fue mi padre, Jacobo Muchnik, quien me presionó para que hiciera una excepción, alegando que las reglas están para que existan las excepciones -que son lo que interesa- Lo edité, y lo hice saltándome a la torera una clara advertencia de lo que entonces eran vestigios de una censura franquista a la que no le hizo ninguna gracia una frase del libro que dice: "A Dios le gusta acostarse con chiquillas de 12 años" (página 258 de mi edición). El ejemplar ya impreso me volvió de Madrid con esta frase tachada con tinta roja y sin ningún comentario. Un silencio administrativo que daba voces.

Elie Wiesel / La memoria de un testigo

Elie Wiesel

Elie Wiesel


La memoria de un testigo

EL PAÍS
Madrid 15 OCT 1986


Elie Wiesel
"Éste es un día muy importante para mí. Los recuerdos me invaden", dijo Elie Wiesel al conocer la noticia de que había sido premiado con el Nobel de la Paz. Los recuerdos serían, con toda seguridad, tan negros como la noche que un día prometió no olvidar: su primera noche en el campo de concentración de Auschwitz, donde vio morir a su padre y a una de sus hermanas. "No olvidaré jamás aquella noche, que ha transformado mi vida en una única larga noche... No olvidaré jamás los rostros de los niños cuyos cuerpos vi convertidos en coronas de humo bajo el silencioso cielo azul", escribió años más tarde. Wiesel se considera un experto en el recuerdo, tanto en la memoria propia como en la labor de refrescar la de los demás. "Después de todo yo he dedicado mi vida a una cierta causa, la causa de la memoria, la causa del recuerdo, y ahora tengo la impresión de que tendré una mejor ocasión para decir las mismas cosas, pero a un mucho mayor número de gente", ha declarado al agradecer el premio.

sábado, 16 de diciembre de 2000

Elie Wiesel / He perdido todas mis batallas

Elie Wiesel

Elie Wiesel
"He perdido todas mis batallas"

CARLOS GARCÍA SANTA CECILIA
Madrid 16 DIC 1996

"Los 40 libros que he publicado tienen un mismo tema, la memoria; incluso he escrito sobre la enfermedad de Alzheimer", declara el periodista, escritor y premio Nobel de la Paz Elie Wiesel, sobreviviente de los campos de concentración de Buchenwald y Auschwitz, en el que murió casi toda su familia. A sus 58 años, Wiesel ha consagrado su vida a la defensa de los derechos humanos, y muy especialmente a conservar la memoria del pueblo judío, su pueblo. Esta tarde dictará una conferencia en el Club de Debate de la Universidad Complutense: La urgencia de recordar. ¿Qué hacer el día que se sale de un campo de concentración como el de Auschwitz o Buchenwald? Algunos se dedicaron a perseguir nazis de por vida, como Simon Weisenthal; otros elaboraron la idea de la culpa del superviviente, como Primo Levi, con quien Wiesel estuvo en Auschwitz, y otros se imbuyeron en la lucha política, como Jorge Semprún, gran amigo del premio Nobel y compañero de Buchenwald. Wiesel se dedicó a escribir: "Nunca ha habido una generación a la que obsesionara tanto la memoria como la nuestra, pero creo que es el patrimonio que debemos dejar a nuestros hijos".