Victoria
La peor noche de mi vida no fue aquella en la que borracho como una cuba me caí por las escaleras de aquel bar y me rompí la nariz. Tampoco aquella en que Patricia, una de mis novias, se cansó de mí y me ignoró como si yo ya no estuviera allí, como si de repente me hubiera convertido en El Increíble Hombre Vitrina. Ni siquiera aquella en que unos rapados nazis me dieron tal somanta de palos que me mandaron al hospital.