Mostrando entradas con la etiqueta Pink Floyd. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pink Floyd. Mostrar todas las entradas

sábado, 19 de octubre de 2019

‘The Pink Floyd / The Wall cumple cuarenta años








Portada del disco 'The Wall'.
Portada del disco 'The Wall'. IAGO CORTÓN

‘The Wall’ cumple cuarenta años

El disco de Pink Floyd, uno de los más populares y con más carga personal, supuso el principio del fin para la banda


4 DE OCTUBRE DE 2019

El 30 de noviembre de 1979 Pink Floyd publicó su undécimo álbum de estudio, The Wall. Resultó ser uno de los más populares, con algunas canciones oscuras y también el inicio del fin de la banda tal y como había sido durante la década de los 70. Roger Waters dejaría el grupo en el 85, tras una de las mejores giras de la banda y muchas desavenencias de por medio. The Wall es la segunda entrega de la Colección Pink Floyd de EL PAÍS, que llega este domingo a los quioscos y está también disponible en la web de Colecciones.

The Dark Side of the Moon / Un álbum para gobernarlos a todos










Primer disco y caja contenedora de la colección 'Pink Floyd'.
Primer disco y caja contenedora de la colección 'Pink Floyd'. ALEX ONCIU


Un álbum para gobernarlos a todos

‘The Dark Side of the Moon’ fue un disco raro en la carrera de Pink Floyd, pero marcó el giro que los llevó a su máxima popularidad


MADRID, 28 de septiembre de 2019

Cuando el álbum The Dark Side of the Moon se publicó en 1973 la banda Pink Floyd ya había cosechado popularidad con Atom Heart Mother o Ummagumma. Sin embargo, su música todavía no se había hecho con mercados como el estadounidense. El extraño álbum ideado por Roger Waters fue un punto de inflexión para el grupo, tanto creativo como de popularidad, y un hito en la historia de la música: se convirtió en uno de los más vendidos de la historia con una estimación de 50 millones de copias. 

Pink Floyd / Música para comunicarse con lo extraterrestre






Gilmour, Waters, Mason y Wright saludan en el Live 8, en 2005.
Gilmour, Waters, Mason y Wright saludan en el Live 8, en 2005. AFP


Música para comunicarse con lo extraterrestre

La colección ‘Pink Floyd’ reúne toda la discografía de la banda que enarboló el ‘rock’ psicodélico


Madrid, 21 de septiembre de 2019

Si un ser cósmico descendiese hoy hasta la Tierra y el ser humano tuviese que comunicarse con él, la primera y mejor opción sería ponerle algún tema de Pink Floyd. Lo primero, porque está claro que su música está compuesta para relacionarse con lo extraterrestre y, lo segundo, porque siendo uno de los grupos más importantes del rock es adecuado que los visitantes intergalácticos vayan conociendo la cultura del planeta.

lunes, 16 de abril de 2018

El incorregible Roger Waters más allá de Pink Floyd

Roger Waters

El incorregible Roger Waters más allá de Pink Floyd

El músico tocará en Barcelona el 13 y 14 de abril y en Madrid el 24 y 25 de mayo




Roger Waters toca el bajo durante un concierto en Auckland, Nueva Zelanda.
Roger Waters toca el bajo durante un concierto en Auckland, Nueva Zelanda. WIREIMAGE

Hablemos de intangibles, de reconocimientos y jerarquías. Roger Waters ingresó en 1996 en esa institución que oficializa los méritos en la música popular: el Rock & Roll Hall of Fame; lo hizo como cofundador de Pink Floyd. Veinte años después, sin embargo, actuaba bajo su nombre en el Desert Trip, el festival californiano que celebraba a las estrellas supervivientes de los 60; allí compartía cartel con The Rolling Stones, Bob Dylan, Paul McCartney, Neil Young y The Who.

Pink Floyd, 1967


Pink Floyd, 1967

La imaginación de Syd Barrett llevó a Pink Floyd hacia una psicodelia juguetona


DIEGO A. MANRIQUE
Madrid 28 MAR 2017 - 13:51 COT

Pink Floyd / When pigs fly


PINK FLOY

When pings fly

¿No es privilegio del opresor salir volando cuando le dé la gana?

Jordi Soler
11 de enero de 2016


Hay un refrán en inglés que se aplica cuando algo tiene pocas posibilidades de suceder: when pigs fly: eso sucederá cuando los cerdos vuelen. Curiosamente uno de los cerdos más famosos de la iconografía del siglo XX es uno que vuela, ese que aparece en el álbum Animals (1977), de Pink Floyd. Aquel famoso ejemplar era un cerdo hinchable, del tamaño de un autocar, que fabricó la empresa Goodyear-zepellin a petición expresa de Roger Waters, el líder del grupo. El concepto general de la fotografía era que el cerdo apareciera flotando encima de la estación eléctrica de Battersea, como lo hemos visto toda la vida en la carátula del disco. ¿Por qué un cerdo? Porque este noble animal era la metáfora, difícilmente original, del opresor capitalista, que sobrevuela su propiedad fuera del alcance de la clase trabajadora. Como en aquellos años no existía el Photoshop, el cerdo tenía que volar de verdad, y para que no escapara lo amarraron a tierra con unas cuerdas. Pero resulta que al final de la sesión ese cerdo monumental soltó amarras y se fue cielo arriba, a sobrevolar plácidamente la ciudad de Londres. ¿No es privilegio del opresor salir volando cuando le dé la gana? Roger Waters había contratado un francotirador para que derribara al cerdo en caso de que escapara, pero el fusilero estaba distraído o se le atascó el arma, y el caso es que el cerdo siguió su plácido rumbo, practicando ese vuelo algodonoso que permite el helio. El cerdo se perdió de vista, pero reapareció 15 minutos más tarde, cuando un piloto que se aproximaba al aeropuerto de Heathrow lo vio volando a unos metros de su DC-9. No solo él lo vio, también los pasajeros, que juraron nunca más volver a pronunciar el absurdo refrán. El cerdo voló y voló hasta que perdió el helio y cayó irreconocible, arrugado como un edredón, en un campo sembrado de trigo.

lunes, 9 de marzo de 2015

Triunfo Arciniegas / El árbol / Homenaje a Pink Floyd




Triunfo Arciniegas
EL ÁRBOL
Homenaje a Pink Floyd



Si el video anterior no funciona, 
por favor, pulse este enlace:










La última vez que Syd Barrett visitó a los Pink Floyd

La última vez que Syd Barrett visitó a los Pink Floyd

Revista Y
8 enero, 2014
Biografía de Syd Barrett
5 de junio de 1975: los miembros de Pink Floyd están en los estudios Abbey Road, escuchandoShine on you crazy diamond. Entonces un hombre gordo, de cabeza y cejas afeitadas, entra en el estudio. Nadie lo reconoce hasta que él dice: «Soy Syd».
Roger Keith Barrett, reconocido como Syd Barret (Cambridge, 6 de enero de 1946 — Cambridge, 7 de julio de 2006).
Roger Keith Barrett, reconocido como Syd Barrett (Cambridge, 6 de enero de 1946 — 7 de julio de 2006).
8 de abril, PNE Park, Vancouver, Canadá. Comienza lo que podríamos llamar a gira de Wish you were here.Durante ese concierto y en los conciertos posteriores se incluye un nuevo tema que enriquecería la escasez de canciones existentes para el nuevo álbum. El tema en cuestión se llama Have a cigar. Ese concierto forma parte del Vancouver 1975. Roger Waters comentaría sobre el tema: «Tiene algo que ver con una persona que sucumbe a la presión de la vida en general y del rock’n´roll en particular…» Con este comentario Roger deja entrever que ahora ellos están siendo víctimas de su propia fama. En cierta forma, Have a cigar puede considerarse la primera canción autobiográfica de Roger, quién continuaría desarrollando álbumes autobiográficos hasta mediados de los 80.

Pink Floyd / Syd Barrett siempre estuvo ahí

De izquierda a derecha, Roger Waters (bajista), Nick Mason (batería), Syd Barrett (guitarra) y Rick Wright (teclista).

Pink Floyd

Syd Barrett siempre estuvo ahí


Una novela indaga en el genio y el enigma del fundador de Pink Floyd, banda que solo lideró en su primer álbum, de la que fue expulsado y en la que dejó una huella enorme



Syd Barrett en 1969. / REDFERNS GEMS
En el Olimpo de los jóvenes ídolos caídos del rock, Syd Barrett ocupa un lugar tan brillante como Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison o Brian Jones, quienes dejaron bonitos cadáveres después de una breve e influyente trayectoria en los años sesenta. La diferencia es que estos murieron a los 27 años, víctimas de los excesos del final de la década prodigiosa, pero Syd Barrett no falleció hasta 2006, cuando tenía 60 años, tras pasar la mayor parte de su vida en un retiro casi monacal en casa de su madre. Barrett fue el fundador de Pink Floyd en 1966, un líder carismático y rompedor. Pero sus compañeros, hartos de sus desvaríos, le despidieron en 1968, con solo 22 años, y abandonó toda vida pública en 1974, aislado por una enfermedad mental que se atribuye al consumo del LSD, entonces en boga, pero cuyas raíces podrían ser anteriores. El misterio en torno a él agigantó su figura.
Una novela del italiano Michele Mari (Milán, 1955) indaga en el Pink Floyd perdido y sostiene la tesis de que Barrett siempre estuvo ahí, que su huella y su imaginario permanecieron en la obra de la banda. Y, menos comprobable, que su sombra persiguió sin tregua al grupo, que el complejo de culpa, casi freudiano, por su caída atormentó a sus compañeros todo este tiempo. Rojo Floyd (que edita en español La Bestia Equilátera) pertenece al género de la biografía novelada, ficción agarrada a la realidad, y es el resultado de una rigurosa investigación sobre el personaje con todas las licencias literarias que hagan falta y unas cuantas más.

jueves, 10 de julio de 2014

Pink Floyd / The endless river


‘The endless river’ será el nuevo disco 

de Pink Floyd para octubre


The Endless River / Um novo álbum com trabalhos inéditos do Pink Floyd


El disco, basado en sesiones de grabación inéditas realizadas en 1994, saldrá en octubre



Actuación de Pink Floyd en el Live 8 London, en Hyde Park, en julio de 2005. / JO HALE (GETTY IMAGES)
Soltó la liebre Polly Sampson, novelista y esposa del guitarrista David Gilmour. Lo hizo el sábado, mediante un tuit donde anunciaba que habrá nuevo álbum de Pink Floyd, que se llamará The endless river y que saldrá en octubre. Lo define como “muy maravilloso” y también como “el canto del cisne de Rick Wright”, en referencia al teclista y miembro fundador del grupo, fallecido en 2008.
La siguiente en irse de la lengua fue Durga McBroom-Hudson, vocalista que ha girado con Gilmour y con Pink Floyd al completo. Confirmaba con una foto que ha intervenido en la elaboración de The endless river. Y que se trata de remanentes del trabajo de 1993, cuando el grupo pasó por media docena de estudios londinenses, elaborando con el productor Bob Ezrin lo que al año siguiente se publicaría como The division bell (precisamente ahora relanzado en una edición de lujo).
Aunque The división bell alcanzaría el número uno en muchas listas de ventas, incluidas las de Gran Bretaña y los Estados Unidos, no resultó un disco suficientemente valorado. Sobre él cayó todo el desprecio del antiguo capataz de Pink Floyd, Roger Waters, que fue invitado a tocar y rechazó la oferta en términos ofensivos. Inevitablemente, algunos de los textos de The division bell pueden ser interpretados como respuestas airadas al antiguo führer de la banda.

Sin embargo, The division bell también aportaba mensajes más positivos. Aunque marcado por el pesimismo que generaron las guerras de la antigua Yugoslavia, servía de catarsis para intentar resolver los traumas de Pink Floyd, que comenzaron con la sustición del visionario Syd Barrett. Su mera existencia evidenció que la banda podía funcionar creativamente, a pesar de la brecha abierta por la espantada de Waters y otros conflictos enquistados, como el despido de Rick Wright, que se reincorporó al grupo con categoria de simple contratado.
Inicialmente, Wright parecía dispuesto a sabotear el proyecto, amargado por su indigna situación laboral, pero finalmente se entusiasmó: cantó en cuatro cortes e incluso firmó a medias con Gilmour “Cluster one”, el tema que abre el disco (un modelo de colaboración que parecía ya no funcionaba desde 1972). Pero tenía lógica la reconciliación: Gilmour estaba fascinado por las fiestas rave y especialmente por el ambient techno, una música heredera de las exploraciones espaciales de la primera encarnación de Pink Floyd; para la aventura ambient, necesitaba imaginativos colchones de teclados que le permitieran desarrollar su guitarra más lírica.
Con el tiempo, Gilmour saciaría esa curiosidad al elaborar todo un disco, Metallic spheres (2010), con The Orb y el productor Youth. Pero se sabía que, durante las sesiones para The división bell, sobre todo en Astoria, el barco-estudio-vivienda de Gilmour, también se trabajó en esa línea “voladora”. De hecho, Nick Mason, el sociable baterista del grupo, hasta bautizó los resultados como The big spliff (literalmente, El gran porro). En su libro, Inside out: a personal history of Pink Floyd (2004), lo describió como “un satélite” que giraba alrededor de The division bell.
Incluso se llegó a plantear el publicarlo así, tal como estaba, como hicieron con las bandas sonoras de More y La vallée, las dos primeras películas del realizador Barbet Schroeder. Sin embargo, los modernos Pink Floyd se han apuntado a esa teoría de la mercadotecnia que insiste en que “menos es más”. Junto a las abundantes actuaciones para la BBC y los númerosos descartes, The big spliff pasó a engrosar el archivo de grabaciones, que se conserva en un almacén secreto con todas las precauciones posibles.
Es ese proyecto inédito lo que ahora ha sido transformado en The endless river. Gilmour y Mason han construido canciones a partir de los fragmentos instrumentales y la citada Polly Sampson ha aportado letras, al igual que hizo en The division bell. Por cierto: el nombre hace referencia a la campana o timbre que, en los parlamentos de tradición inglesa, convoca a una votación. En entrevistas, Gilmour lo explicaba como metáfora del momento en que alguien debe manifestarse sobre una cuestión importante.
La hora de la verdad, diríamos aquí. También para los tres supervivientes de Pink Floyd, cuyos representantes están siendo tanteados ansiosamente por promotores de todo el planeta. Con la resuelta negativa de Robert Plant a embarcarse en una resurrección de Led Zeppelin, no habría cartel más apetitoso que la reaparición de Pink Floyd, especialmente si Roger Waters y David Gilmour hicieran las paces bajo la vieja bandera.
Tras años de litigios e insultos, Waters parece calmado: en contra de lo que esperaba, el público se fue detrás de la marca registrada de Pink Floyd y no atendió demasiado al supuesto cerebro de la banda, hasta que se dedicó a tocar The Wall. Por el contrario, la última gira de Pink Floyd, en 1994, batió récords de taquilla. En recorridos anteriores, habían superado las cifras de U2 o Michael Jackson.
Derrotado en los tribunales, Waters ha ido suavizando sus posturas. En los últimos años, ha coincidido con Gilmour en tres escenarios diferentes, incluyendo la inesperada reaparición de Pink Floyd en el Hyde Park londinense, parte de Live 8, los conciertos organizados por Bob Geldolf como parte de la campaña “Haz que la pobreza pase a la historia”. Una excusa razonable, una causa digna ayudarían a hacer posible esa gira de Pink Floyd que convocaría a millones de fans. Económicamente, ni Gilmour ni Waters necesitan asumir semejante riesgo pero sí sería grato que una trayectoria tan desgarrada tuviera un happy end.


Pink Floyd / The Dark Side of the Moon


Pink Floyd
THE DARK SIDE OF THE MOON
1. Speak to Me (1:30)
2. Breathe (2:49)
3. On the Run (3:30)
4. Time (6:53)
5. The Great Gig in the Sky (4:45)
6. Money (6:30)
7. Us and Them (7:34)
8. Any Colour You Like (3:24)
9. Brain Damage (3:50)
10. Eclipse (1:45)

Hoy se ha publicado la primera tanda de remasters de Pink Floyd dentro de la campaña Why Pink Floyd? y, aunque no hace mucho comenté un disco de la banda, no me he resistido a analizar el disco estrella de esta tanda: The Dark Side of the Moon, la gran obra maestra -que no la única- del cuarteto británico. Se trata de uno de los dos o tres álbumes más famosos e influyentes en la historia de la música popular, uno de los mayores iconos de esta, y a todo el mundo le suena en mayor o menor medida (esa portada, por ejemplo); por lo que no pretendo arrojar sobre él más luz que la que críticos y expertos de todo tipo han aportado desde su publicación en 1973. No obstante, tratándose de una obra fundamental y que se ajusta perfectamente a los contenidos del blog, viene muy bien darle un repaso general para quienes todavía no la conozcan. 

Roger Waters, David Gilmour, Nick Mason y Rick Wright.
The Dark Side of the Moon sigue siendo un relativo misterio a casi cuarenta años de su publicación. A menudo se ha dicho de él que supuso un antes y un después en la música, y estoy bastante de acuerdo.  A mediados de los setenta ya habían salido al mercado algunos álbumes de "art rock" de gran peso, a cargo de gente como Jethro Tull (Aqualung, 1971; Thick as a Brick, 1972) o Genesis (Trespass, 1970; Foxtrot, 1972), y también podemos citar a The Beatles, cuyo Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band (1967) viene a ser considerado el primer gran álbum conceptual de la historia, si bien es un antepasado algo discutible de lo que se hizo en los setenta.

Fotografía interior de una de las ediciones en CD.

Algo tenía The Dark Side que lo hacía distinto, peculiar y muy innovador. Es verdad que con los años la música pop-rock se ha vuelto en general bastante prosaica, monótona, pero no podemos olvidar que en los setenta era el entretenimiento número uno a nivel económico, por encima incluso del cine o la televisión, y el éxito de discos como este tuvo un gran calado a nivel generacional. Hablamos del disco como obra total, como expresión artística máxima de la cultura de masas, y The Dark Side of the Moon fue una revolución técnica y creativa que aupó al rock progresivo a la cresta de la ola de los gustos populares.
Imagen de la contraportada original.

Si bien otros álbumes conceptuales poseían una cualidad algo opaca, como para gente muy preparada, este álbum de Pink Floyd debió resultar francamente accesible para el público medio, cosa sorprendente al venir precisamente de una banda un tanto hermética que había dado a luz obras bastante enrevesadas y psicodélicas. No hay en él suites de rock progresivo tan ampulosas como la de Atom Heart Mother, ni inventos tan arriesgados como el disco de estudio de Ummagumma, aunque la complejidad técnica de The Dark Side of the Moon fue enorme. El grupo y su ingeniero de sonido en los estudios Abbey Road, Alan Parsons (el del posterior Project), se centraron en dos líneas a este respecto: la perfección sonora en cuanto a nitidez del sonido por un lado, y la experimentación con nuevas tecnologías por el otro. The Dark Side es conocido entre otras cosas por lo compleja que fue su grabación, intercalada con giras promocionales, la famosa película-concierto del grupo en Pompeya e incluso una banda sonora editada en LP como Obscured by Clouds, todo ello mezclado con la obsesión habitual por la afinación de los instrumentos y algunas paradas -más de la cuenta- para ver la tele y, supongo, echar un cigarrito de los sabrosos. Tampoco faltarían las discusiones sobre el contenido conceptual del trabajo, que Wright, Mason, Gilmour y sobre todo Waters terminaban convirtiendo en diatribas filosóficas considerables.

Contraportada de una edición en CD.

Lo sorprendente de The Dark Side of the Moon es que, a pesar de todo el trasiego que supuso su gestación tortuosa, funciona como la seda a la hora de entrar por el oído a la primera de cambio. Mientras que esos álbumes conceptuales que comentábamos antes (e incluso obras anteriores de Pink Floyd) eran como hermosos coches clásicos tipo Rolls-Royce, llenos de emblemas cromados y de aspecto imponente, The Dark Side of the Moon resultó ser un deportivo negro y brillante, una bala aerodinámica cuyas únicas filigranas quedaban ocultas bajo el capó, en un motor inimaginablemente complejo. Perfecto.
Y aquí el de Time.

¿Y en qué consiste el álbum? Corto el rollo. The Dark Side of the Moon es un trabajo conceptual sobre la condición humana y sus aspectos más negativos, como son la apatía, la avaricia, la discriminación y la locura. Cada una de las dos caras del vinilo puede entenderse como una composición unificada, con todos los temas enlazados hábilmente unos con otros, y con interludios instrumentales que le dan empaque. ¿Es un álbum vocal con amplios pasajes instrumentales? ¿O se trata realmente de una obra de rock progresivo instrumental con pasajes cantados? Ambas posibilidades pueden ser defendidas con la misma vehemencia y con argumentos a los que asirnos, pero yo opto por la mezcla. Creo que The Dark Side of the Moon es una obra musical sin etiquetas que no contiene estrictamente canciones ni suites instrumentales, sino que utiliza el lenguaje del rock y todas sus posibilidades, desde guitarras y baterías a varios tipos de voces, pasando por sintetizadores de los de entonces y muchísimos sampleados de voces y sonidos (¿música concreta?), poniéndolo todo a un mismo nivel para completar una experiencia musical de unos 45 minutos que se disfruta al escucharla de cabo a rabo sin pausas.

po-pom

Abre el álbum Speak to Me, con un corazón latiendo de un modo parecido al sónar de Echoes. En un instante nos metemos explosivamente en Breathe (in the Air), una pieza de rock más o menos convencional cuyo ambiente melancólico va estableciendo el tono del álbum. On the Run es el primer experimento de gran calado, con el sonido de alguien corriendo y jadeando mezclándose con efectos sonoros sintéticos casi propios de los Tangerine Dream; su final nebuloso concluye con el tic-tac de varios relojes en los que suena el despertador de forma atronadora. Estamos en Time, una de las claves del disco, un tema vocal bastante potente con solos de guitarra antológicos por parte de Gilmour y una introducción instrumental-cósmica que podría ser precedente del siguiente álbum Wish You Were Here y su joya Shine On You Crazy Diamond. La orgásmica The Great Gig in the Sky cuenta con la sensual voz en grito de Clare Torry (que es blanca, pese a lo que pueda parecer) en lo que podría ser, según he leído, una evocación musical de la muerte.

po-pom, po-pom

La segunda cara se abre con el que fue primer single, Money, un tema muy popular que incluye efectos sonoros de cajas registradoras y monedas, y que versa sobre las posibilidades de consumo -que no de plenitud personal- que otorga una buena cartera. Como su nombre sugiere, Us and Them ("Nosotros y ellos"), cumbre del disco para mi gusto y obra de Rick Wright, trata sobre la mala costumbre que tenemos las personas de distinguir entre estos y aquellos, los que son como nosotros y los que no. Aplíquese si se quiere a las clases sociales, las razas, las ideologías, etc. Any Colour You Like, obra casi exclusiva del batería Nick Mason, emplea tanto solos de guitarra muy psicodélicos como efectos electrónicos logrados con el sintetizador EMS VCS 3. El álbum concluye con dos temas que bien podrían haber sido uno solo: Brain Damage y Eclipse. El primero es una descripción musical bastante curiosa de la locura, con carcajadas sonando aquí y allá por gracia del sonido estéreo y en homenaje a Syd Barrett; y el segundo, que lleva el título que se barajó en principio para el álbum, es una especie de himno grandioso y conclusivo que, siento decirlo, para mi gusto concluye el disco de una manera que sabe a poco. Está muy bien, pero podría haber estado un poquillo mejor.

   Portadas de dos ediciones en CD y HDCD.

The Dark Side of the Moon es uno de esos discos que hay que oír por lo menos una vez en la vida. ¿Por qué? Por la cantidad de detalles que oculta en forma de sampleados dispersos por todas partes, por las leyendas que atesora, como su extraña sincronización con algunas escenas de la película El mago de Oz, y sobre todo porque incluso hoy en día sigue siendo un ejemplo apabullante de producción musical y calidad de sonido. La nitidez de las guitarras y baterías es tal que parece que van a salir David Gilmour y Nick Mason de algún túnel secreto tras los muebles de la habitación donde tienes el equipo de música, y esto se implementa con las muchas remasterizaciones que se han llevado a cabo sobre él, algunas incluso en 5.1, que deben ser impresionantes. La edición aparecida hoy, en su formato Experience contiene un segundo CD con el álbum completo grabado en directo en Wembley. Muy buen concierto, aunque es tan fiel al disco que quizá habría sido mejor añadir al pack un compacto con demos o piezas eliminadas, para aportar algo más original. Veremos qué tal está la edición mega-carísima-completísima Immersion, que lleva merchandising de todo tipo para los absolutamente fanáticos. Menos mal que en un par de días se habrá filtrado de lo lindo a la Red.

El Conde
Otras músicas, Otros mundos