Mostrando entradas con la etiqueta Paco de Lucía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Paco de Lucía. Mostrar todas las entradas

domingo, 2 de marzo de 2014

José Manuel Gamboa / Paco de Lucía, nuestro último tótem


Paco de Lucía, nuestro último tótem

Llegó siendo un niño a la vanguardia y se ha ido en vanguardia. En el flamenco existe un antes y después del guitarrista




Paco de Lucía, durante un concierto en Fuengirola en 2010. / JON NAZCA (REUTERS)
Llegó siendo un niño a la vanguardia y se nos ha ido en vanguardia. Jamás se conoció en el flamenco un caso semejante, y pocos en la historia del arte. Apenas hace un mes nos había dicho adiós su mentor Félix Grande. Porque, recuérdese, un talento descomunal como el de Paco de Lucía, necesitó en España de voces entregadas a la causa para que los oídos patrios se enterasen de lo que es bueno, cuando ya el mundo lo sabía. Adolescente se fue a hacer camino por el globo y desde entonces fue ciudadano universal y patrimonio de la humanidad.
En el flamenco existe un antes y un después de Paco de Lucía. Es más, existen varios antes y después, porque el genio algecireño le ha dado varias vueltas de tuerca al género. Él tomó una guitarra salerosa pero musicalmente escueta, y la vistió de armonía. Se inspiró en los acordes de la bossa nova para esta primera revolución, que en Fuente y caudal(1973) alcanza su cresta y le acarrea la fama que siempre le agobió.
Inventaba entonces el hit flamenco con la rumba Entre dos aguas.Todos van a su estela. Para llegar a este plazo el infante Paquito había aprendido a tañer siguiendo la escuela del Niño Ricardo, máximo representante de la guitarra flamenca en España, pero en Nueva York conoce a Sabicas, el rey del flamenco planetario, y descubre, como Colón, un nuevo mundo de insólito virtuosismo que hace suyo y lleva a un más allá. Viajando dará con demás conceptos musicales que sabrá incorporar a su lenguaje, haciéndolo más rico pero sin perder nunca su acento andaluz o la idiosincrasia jonda. Es ahora el tiempo del jazz, del Chiquito Corea o McLaughlin, de la formación de su Sextet —guitarras, cante, bajo, vientos, percusión y baile— y del descubrimiento en Perú del cajón.

Acababa de rubricar un disco dedicado a la copla, otra de sus pasiones
Todos a la zaga conforman grupos alternativos y marchan a compás del cajón. Reinventará después, con soniquete estratosférico, el toque por alegrías, por tangos, por tanguillos o por bulerías, en Siroco (1987), y ya nadie tocará a la pretérita manera. Mientras, le cedió su aire flamenco a la música de Manuel de Falla, e interpretará íntegra la partitura delConcierto de Aranjuez; quiero decir, nota a nota, sin saltarse ninguna como es habitual.
Cantaor frustrado que era, tal vez lo más entrañable de su carrera va unido a la de su hermano Camarón. Los dos gaditanos sagitarios coronaron unidos de la mano el pico más alto de la belleza y la perfección flamencas, trayéndose a su terreno un sin fin de admiradores de toda condición y pletóricos de juventud. Como concertista supo Paco lograr para la sonanta, el espacio y la categoría merecidas y, por vez primera, tras su imagen, nació una generación que quiso ser guitarrista antes que cantaor.
Acababa de rubricar un disco a la copla dedicado, otra de sus pasiones confesadas. Es su último regalo, que están envolviendo. Él era nuestro último tótem.
Con todo, les confesaré una cosa: No me lo puedo creer. Todos estamos igual.




Paco de Lucía / Mi hermano mayor


Mi hermano mayor


Muy pocos pueden presumir de su gigantesca estatura humana. 

Haber sido su amigo es el mayor orgullo de mi vida



En estos momentos tan difíciles, queda al menos un consuelo: Paco de Lucía ha muerto muy joven, pero ha vivido tres vidas al menos. Quizá nadie ha tocado más horas la guitarra que él y desde luego muy pocos pueden presumir de su gigantesca estatura humana. Haber sido su amigo es el mayor orgullo de mi vida.
Para mí, Paco empezó siendo un ídolo para convertirse en un maestro y acabar haciendo las veces de un hermano mayor. Era esa persona a la que siempre podías acudir para preguntarle qué era lo más conveniente para tu carrera, porque él había pasado por todas las etapas posibles. De ahí que todos los flamencos hayan amanecido este día tan gris huérfanos del faro que nos indicaba el camino.
Era, muy probablemente, el mejor guitarrista de todos los tiempos. Y todos los intérpretes con los que yo me he cruzado en la vida, de Keith Richards a Pat Metheny, lo han reconocido. Pero no solo eso. Justo es recordar ahora su faceta como el gran productor y compositor del flamenco. Casi todos los elementos que definen el género desde un punto de vista contemporáneo, desde los coros hasta el cajón o ciertos toques y modos de hacer, se los debemos a él.
Quizá eso se deba a que siempre estuvo en contacto con las nuevas generaciones y era el más joven de todos los guitarristas flamencos. Aquellos que asistieron a su investidura como doctor honoris causa por el Berklee College of Music lo recordarán a buen seguro con esa vitalidad contagiosa, que era capaz de hechizar también a leyendas como el pianista Chick Corea.
Recuerdo una anécdota entre ambos que explica bien el magnetismo que era capaz de desplegar Paco: en cierta ocasión Corea le dijo: ‘Paco, salgamos de gira con mi banda y tú tocas. O vamos con tu banda y yo toco. O sino, toca tú y yo bailo’. Chick, como todos los músicos del mundo, se conformaba con cualquier cosa, siempre que fuese tocar con él.
Hoy, llena de tristeza a músicos y aficionados de todo el mundo saber que vivía lleno de proyectos. Había ido a pasar unos meses en La Habana, quería que sus hijos, Antonia y Diego, conocieran aquello. Fue a ver tres veces a Los Van Van, el legendario grupo cubano, y pensaban trabajar juntos en una próxima colaboración. En Cancún estaba porque quería grabar un disco de flamenco.
Desgraciadamente, nunca lo escucharemos.
Javier Limón es músico y productor



Paco de Lucía / Promesa cumplida


Paco de Lucía

Promesa cumplida


Con 13 años, Paco de Lucía me dijo que un día me llamaría para tocar con él. 

Al cabo de de diez años sonó el teléfono de casa



Cuando conocí al maestro Paco de Lucía yo tenía 13 años. Fue después de su concierto en Barcelona, le visité en su camerino y tuve la suerte de tocar mis temas delante de él. Me dijo: “Sigue estudiando mucho la guitarra, cuando seas grande, te llamaré para que me acompañes”.
Y Paco cumplió su palabra. Diez años después sonó el teléfono de mi casa. Paco de Lucía no olvidó su promesa y me llamó para invitarme a entrar en su Trío de Guitarras con José María Bandera. Esa llamada me cambió la vida. Le dio un giro radical.
La vivencia con Paco durante 10 años fue un Master Class constante. Un día estando en un teatro de México, justo antes la función, me comentó: “Mira Juan, esta noche este teatro estará lleno. Pero cuando vine aquí la primera vez hace ya tiempo, solo había cuatro filas de butacas ocupadas. Me entregué todo, todo lo que podía dar de mí. Al año siguiente este mismo teatro se llenó hasta la mitad, y en el tercer año se llenó completamente hasta el día de hoy”. Tengo de Paco un montón de recuerdos bonitos y millones de cosas que aprendí. Esas palabras se quedaron grabadas fuertemente en mi mente. Y con ellas aprendí lo importante que es dar siempre lo mejor de ti.
En la grabación de su disco Concierto de Aranjuez me pidió que transcribiera tres piezas de la Suite Iberia. Viajábamos en coche por Italia durante una gira. Paco conducía y yo iba haciendo transcripciones en un cuaderno. Esa oportunidad fue el embrión de mis proyectos de transcripción y grabación de obras de música clásica para guitarra. Paco en mi recuerdo siempre está sonriendo e irradiando luz. La misma que alumbra en estos momentos las avenidas oscuras de mi alma y de mi corazón. Aún no me puedo creer que él nos haya dejado solos… en un desierto de tristeza. Queridísimo Paco, descansa en paz.
Juan Manuel Cañizares es guitarrista.


Paco de Lucía según Alejandro Sanz

Retrato a contraluz de Paco de Lucía junto a su guitarra en 1994. / CHEMA CONESA

El motivo que me empujó a la música


Alejandro Sanz recuerda su estrecha vinculación familiar 

con el guitarrista flamenco



Paco de Lucía es pura historia de mi vida. No es solo que mi padre y él se conocieran de chicos, no es solo que desde chico el nombre de Paco fuera como hablar de un héroe en Algeciras. Conocí a Paco cuándo en verano visitaba su casa de El Rinconcillo, él y sus hermanos, Pepe y Ramón y también toda la chiquillería que revoloteábamos alrededor de esa familia... tocando la guitarra a todas horas, soñando con un ole que saliera de la boca del maestro dirigido a cualquiera de nosotros. No es solo que Paco fuera la inspiración.. el motivo por el que me dediqué a la música... Es que era el padrino de mi hijo Dylan, que, hoy, cómo son las cosas de la vida, se ha levantado enfermo y triste, incluso sin conocer las desgraciadas noticias que nos iba a traer este ingrato día de febrero.




Me ha dado por pensar, claro, en cómo lo estará pasando la familia y también de qué manera estarán transcurriendo, lentas y dolorosas, las cosas en Algeciras, donde todo el mundo conocía y quería a Paco. Ellos, mi padre y el maestro, se trataron en aquellos años juveniles. Y cundo Paco ya era toda una figura, también pero menos. Luego, con el tiempo, echó a andar mi carrera musical. Él me llamó un buen día, sus hijas querían conocer al inexperto cantante que yo era por aquel entonces, imagínense.
Después, disfruté algún tiempo de una especie de peña inolvidable en Madrid: la Banda del Tío Pringue. Un puñado de amigos de infancia que junto a Pepe de Lucía y el propio Paco me dejaron disfrutar de las noches de los viernes... Quedábamos unos cuantos, nos dábamos unas vueltas por La Latina, nos dejábamos caer por los tablaos y no parábamos de reír y de disfrutar de las cosas de la vida.
Porque a Paco le gustaba entre otras cosas... reírse y en ello invertía mucha de su energía, era profundo pero también era tremendamente generoso con las debilidades de los demás y le quitaba importancia a la solemnidad.
Y así lo recuerdo; en nuestra última conversación mantenida por mensajes de teléfono, epílogo fatal a unos meses en los que nos vimos constantemente, aquí en Madrid o allá en Mallorca, o en México nos reíamos pensando que en Cuba quizá le tenían pinchada la línea. En aquella charla también planeamos una próxima visita a México, que no, ya nunca será.
Podía parecer reservado, pero que nadie se confunda: era una persona genial en el trato. Tal vez no muchos le conocían, pero todos le querían. Músicos y aficionados. Yo creo que eso era porque transpiraba una enorme capacidad intelectual y emocional. Y, créanme, sus generosidades eran de las que cambiaban las cosas. Un empujón suyo podía mover montañas. Recuerdo especialmente una entrevista en EL PAÍS en la que dijo que se sentía más cerca de Alejandro Sanz que de muchos otros músicos. En un tiempo en el que lo más fácil y obvio era la crítica, él estuvo allí el primero con un apoyo que nunca, ni por un momento, retiró.
Por todo lo cual, hoy me siento tan triste como si se hubieran muerto mi padre y mi madre al mismo tiempo. Gracias Paco, comparito... tú te vas.. y nosotros nos quedamos… ya sabes lo que quiero decir.


Rubén Blades / Paco de Lucía, el chiquillo eterno

Rubén Blades y Paco de Lucía

Paco, el chiquillo eterno

En escena desaparecía en su fuego y destreza




Pocas cosas nos estremecen más que la muerte de un ser querido.Sentimos como una patada en el alma, que nos saca de orden y nos disminuye.
Cuando el que se va es un contemporáneo, la conciencia de nuestra mortalidad se afirma, implacable y serena.
Los hombres no aman sin amarse, dijo Camus y por eso nadie muere sin que todos muramos también un poco. Eso lo reconoce todo el que como yo tiene mas pasado que futuro.
No presumo de haber sido un íntimo de Paco. Simplemente fui un cómplice, de los muchos que debe haber acumulado en su insigne carrera musical y foja de vida.
Así compartimos la mirada corroborativa, la incrédula, la solidaria, el silencio cuando lo que había que hacer era callar, la sonrisa simultánea, la risa completamente desnuda, la coincidencia...
Fue en Puerto Rico la última vez que lo vi y hablamos, en una de sus siempre excelentes presentaciones que después me comento no considerar de las mejores. Su genio nunca estuvo conforme con su virtuosismo evidente, y nunca me lució satisfecho, ni con elogios. Decir que era de pocas palabras es ya hablar mucho. En escena daba la impresión de querer desaparecer en el medio de las notas, su fuego y destreza luego atenuados entre tema y tema por una extraordinaria timidez que nunca dejó de sorprenderme.
Una vez, en Hong Kong, lo llegué a ver molesto por lo que consideró una mala actitud de un colega, y su encojonamiento y acción me confirmaron que era un hombre como yo, capaz del enojo. Pero pasado el temporal, desconcertante para quien lo conocía solo experimentando la consideración en su trato y por el brillo de sus ojos de chiquillo eterno, regresaba la mirada y pausa que distinguía al espacio entre sus palabras y transcurríamos a otro tema, sin residuo de relámpago, de trueno, o conflicto.
Nos cagábamos de risa, fumábamos como chimeneas, tomábamos tragos y hablábamos de música durante ese pedazo del camino, periodos de constante viaje, enredo, trabajo, despedidas y encuentros.
Hace unos años acordamos hacer un disco juntos y como siempre ocurre, otras cosas nos distraían constantemente. En marzo planeaba ir a Costa Rica para reunirme con EDITUS, el excelente trío costarricense con el que trabajé los álbumes TIEMPOS y MUNDO, para entregarles los boleros que escogí y pedirles que hicieran las maquetas de los temas y enviárselos a Paco, para que las revisase y estudiase.
El proyecto ha quedado hoy en suspenso. Otra razón para lamentar el creer que el tiempo puede esperar.
Consuela un poco pensar que estaba contento, con su familia, y que no sufrió dolor alguno. Eso espero.
A Gabriela y familia solo les digo que mi afecto por ellos es inextinguible.
Todos sabemos que la muerte es un inconveniente inevitable.
Pero gente como Paco de Lucia debieran de ser excluidos de la lista.
Reciba mi admiración y cariño, Maestro.
Rubén Blades, nacido en 1948 en Panamá, es compositor musical, cantante, actor de cine, ex—candidato a la presidencia de su país y ex–ministro de Turismo. Blades publicó este artículo en su página digital oficial http://www.rubenblades.com/


Inés Santaeulalia / El último día de Paco de Lucía


El último día de Paco de Lucía


La familia se recluye en la guarida del artista frente al Caribe a la espera de que se produzca la repatriación del cuerpo


Este miércoles (26 de febrero) a la playa de Paco de Lucía solo le falta Paco de Lucía. Unos 20 turistas, en su mayoría estadounidenses, toman el sol sobre camas balinesas. Los vecinos del artista, también extranjeros, se bañan en una piscina privada encastrada sobre la arena. No se habían enterado de su muerte y reciben la noticia con cara de extrañeza, como si nunca hubieran sabido que vivían al lado de un mito. En Xpu-há, un lugar del Caribe mexicano a medio camino entre Playa del Carmen y Tulum, nadie repara en los carteles de “no pasar, propiedad privada” que protegen la finca del flamenco, como tampoco ven a Marta Poot, una amiga de la familia, sentada sobre la arena blanca llorando. “No vuelve a nacer otro Paco de Lucía”, dice.
El artista llegó a México el domingo. Venía de Cuba. En los últimos años le gustaba pasar temporadas en la isla. Decía que allí sus hijos, de 13 y ocho años, podían jugar en la calle como lo hacían antes los niños en España. Los que lo vieron dicen que estaba más delgado y que se le notaba un poco de ansiedad. Hacía dos semanas que había dejado de fumar. México era, lo fue hasta el último día, su retiro. En una playa de aguas turquesa construyó un paraíso al que se escapaba de vez en cuando para esconderse de las giras y de los focos. En medio de una espesa vegetación y con una salida directa al mar, el genio de Algeciras apenas abandonaba su casa.
El martes por la tarde Paco citó a su amigo Juan de Anyélica, de 46 años y afincado en México, pero nacido en Madrid y criado en Sevilla. También músico. Juan le llamó desde una pescadería en la que paró por el camino y el artista le pidió que comprara unos boquinetes para cenar. Pensaban pasar juntos otra de muchas noches de trabajo en el estudio. El flamenco tenía algo nuevo en la cabeza.
En Xpu-há el sol empieza a caer poco antes de las seis. Paco aún jugaba el martes a esas horas con su hijo Diego sobre la arena cuando empezó a sentirse mal. Fue con su esposa Gabriela al hospital de Playa del Carmen. Allí ya los esperaba Juan, con los boquinetes frescos en el coche. Paco se agarró a él para entrar y apenas podía hablar. Dice Juan que desde la camilla aún tuvo fuerzas para pedir a gritos un médico. Luego se desmayó. Las labores de reanimación duraron casi una hora, pero el maestro ya se había ido. Tenía 66 años.

El flamenco se refugiaba en la Riviera Maya huyendo de las masas, para desconectar de su otro mundo
La familia del artista se despidió de él en el hospital y desde entonces se han encerrado en su casa. Solo los más íntimos. Juan y su mujer Marta Poot, que aprovechan el atardecer para salir en silencio a ver el mar, Gabriela, la madre de esta y los dos niños. El cuerpo del guitarrista espera cerrado al público en una funeraria de Cancún para ser repatriado a España, que ya prepara los homenajes al último de sus genios muertos.
En la Riviera Maya no son muchos los que conocían a fondo al flamenco, que llevaba desde finales de los 80 visitando la zona, pero huyendo siempre de las masas y detrás de ese afán suyo de encontrar aquí la desconexión de su otro mundo. Su primera casa fue en Playacar, una zona exclusiva pegada a Playa del Carmen. Iván Ebergelyi, entonces gerente de la zona residencial, le ayudó a encontrarla. “La usó mucho, disfrutaba saliendo a pescar y cocinando el pescado con arroz”, cuenta.
En los casi 20 años que veraneó en la vivienda, los turistas y los hoteles se multiplicaron al ritmo que lo hicieron sus cada vez más numerosas visitas a México. Decididos a conservar su independencia, Paco y Gabriela se compraron un terreno más alejado. La casa la construyó un amigo español en 2002 y el artista plantó él mismo toda la vegetación de la finca, que ahora solo deja ver la techumbre de paja típica de la vivienda. Hasta horas antes de morir, el artista estuvo trabajando en el jardín.
Lejos del silencio de la vivienda, a la que no se acerca ni un curioso, los trámites para repatriar el cadáver ocupan desde la madrugada de la muerte al cónsul honorario de España en Cancún, Javier Marañón, sin dormir desde entonces. El único vuelo directo a Madrid sale el viernes y la opción de una escala es complicada. Dice Marañón que la mejor posibilidad es un avión privado que cuesta, según sus cálculos, unos 90.000 dólares. El flamenco tenía un seguro con la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), que se hará cargo del traslado. “Pero ya conoces a los seguros”, apunta el cónsul.
Cuando el cuerpo y la familia lleguen a España, lo que es silencio en México se convertirá en bullicio, tal y como fue en su vida. “Parece tan irreal que creo que en cualquier momento va a aparecer”, dice su amigo Juan a la puerta de su casa.
En Xpu-há anochece por primera vez sin el guitarrista.



Paco de Lucía / Y el invento cuajó

Paco de Lucía según Agust+in Sciammarella


Paco de Lucía

Y el invento cuajó


Jorge Pardo compartió giras, grabaciones, conciertos y juergas por todo el mundo 

como integrante del Paco de Lucía Sextet


    Cuando cumplí mi primer contrato con Paco de Lucía debía de tener unos 18 años. Aterrizamos en Bruselas para el concierto. Era ya tarde, y el taxista, que nos llevaba directamente al teatro, quiso que conociéramos mejor la ciudad. Cuando al fin llegamos Paco estaba a punto de salir al escenario. Se dice que el flamenco es más espontáneo que ensayado. Así que él, consciente o no, no nos había dado demasiadas instrucciones. Ya en el escenario, cuando íbamos a tocar el arreglo de la Danza del fuegode Falla, va y me dice Paco: “¡Solo de flauta!”. Y yo: “¿Cómo?”. Y él: “¡Que toques algo solo!”. Así que en ese momento no me quedó otra que buscarme la vida.
     Antes de aquella noche inolvidable, nos habíamos encontrado en 1979 en los estudios de la Philips en Madrid, donde empezábamos a grabar, con el grupo Dolores, el disco Asa-Nisi-Masa, mientras él ultimaba su homenaje discográfico a Manuel de Falla. Nos invitó a grabar con él laDanza del fuego y La canción del fuego fatuo. Él registró para nosotros un tema titulado ¿Por dónde caminas? Ahí comenzó una relación que se extendió durante años de giras, grabaciones, conciertos y demás juergas.
    Son cientos las anécdotas que se atropellan en mis recuerdos. Paco, a sabiendas de que parte de la tradición flamenca iba a a rechazar el nuevo sonido que surgía, fue fiel a su tiempo y a lo que le tocó vivir. Y aireó por el mundo un concepto diferente del flamenco hasta entonces conocido. Recuerdo otra noche de 20 años después, con Rubem Dantas, Carles Benavent, Joaquín Grilo, Duquende y Ramón de Algeciras. Estábamos en Japón, durante una gira del sexteto. Él dijo que ninguno de los que estábamos allí, ni él mismo, teníamos, dos décadas atrás, la conciencia de estar creando nada tan duradero. Y que tan solo tratábamos de vivir el presente con ilusión y buena energía.
    Pero el invento cuajó. Y disfrutamos de hacer música juntos durante todo ese tiempo, en el que éramos como una verdadera familia. Aunque en estos momentos, obviamente, me tengo que acordar de su familia más cercana, que sufren su más auténtica ausencia.
    La última vez que lo vi fue el pasado diciembre, en su casa de Yucatán, disfrutamos de unas tardes charlando de la música, de los compañeros….
    Comparto con muchos aficionados a la música y al flamenco, además del duelo, que para mí Paco también ha sido un faro que no se extingue con su desaparición de este mundo, aunque yo además lo disfruté como un hermano mayor, también disfruté con su salero especial de su humanidad contradictoria, su pausado inconformismo, su rebeldía conservadora y su imaginación realista.
    Así que: ¡Paco!, sin prisa, mírate a ver un bolito allá donde estés.
    Jorge Pardo es saxofonista y premio al mejor músico de jazz europeo de 2013. Fue miembro del Paco de Lucía Sextet.


    Paco de Lucía y Camarón de la Isla / Una pesadilla de nunca acabar

    Paco de Lucía y Camarón de la Isla
    Foto de Pepe Lamarca

    Paco de Lucía / Camarón de la Isla

    Una pesadilla de nunca acabar

    Las injustas acusaciones por los derechos de autor de Camarón marcaron a Paco de Lucía


      Fue una jornada que quedaría grabada para siempre en su memoria, el principio de una pesadilla que nunca cesó. El guitarrista Paco de Lucía viajó a San Fernando para despedir a su gran amigo, Camarón de la Isla. Habían sido pareja de hecho musical en los inicios, luego sus carreras tomaron diferentes rumbos, aunque volvieron a juntarse en momentos puntuales. De Lucía nunca olvidó a su amigo. En la Venta de Vargas —donde Camarón empezó a cantar de niño— María Picardo, la dueña del local y su segunda madre, esperaba firme. Con ella aguantaba el tipo fumando sin parar su amigo Paco. Allí, en medio del dolor por el entierro de Camarón, en 1992, entre el gentío que abarrotaba las calles, escuchó los primeros insultos de los que creían que se había apoderado de los derechos de los discos de Camarón: “Ahí va el ratero ese”, le espetaron, escupiendo en el suelo. Después, cuando De Lucía portaba el féretro a hombros, arreciaron los insultos. Muchos aprovecharon para crucificarlo. Aquello le ocasionó una depresión y pasó cerca de un año tocado. Pasado el tiempo, el sambenito siguió.
      La bomba la había soltado el propio Camarón en un programa televisivo, semanas antes de su muerte: “Ahora resulta que la obra no es mía. ¡Habré hecho algo por el flamenco! Solo quiero la mitad para mis hijos”. A partir de ahí, los rumores se dispararon. Camarón, que llegó a cobrar tres millones de pesetas por gala, no era autor de esos cantes. Se barajaron cifras astronómicas y se plantearon problemas legales y morales: ¿Camarón fue un intérprete o un creador? Su viuda Dolores Montoya, conocida como Chispa, lo señaló directamente desde los programas del corazón.
      Tras su muerte y a raíz de aquello, los herederos del cantaor suscribieron contratos más ventajosos con las discográficas a medida que crecían las ventas, pero la polémica nunca llegó a cerrarse, alentada sistemáticamente por la viuda. El productor de los nueve primeros álbumes que grabaron juntos era Antonio Sánchez, padre de Paco de Lucía, quien registró algunas letras del cancionero popular. De todos ellos, Camarón percibía su parte como intérprete.
      La polémica para muchos artistas y productores carecía de fundamento pero hubo un momento (habían trascurrido 14 años de su muerte) en que el debate llegó a tal extremo que un grupo de flamencólogos, entre ellos Félix Grande, firmaron un manifiesto de apoyo a De Lucía. “Camarón tenía registradas 27 obras en la SGAE en las que figura su nombre y por las que sus herederos perciben los derechos correspondientes. El resto de las 137 piezas que cantó corresponden a otros autores, tanto de letra como de música, entre quienes figura Francisco Sánchez, conocido como Paco de Lucía, que aparece como autor o coautor en 36 temas”, concluía el manifiesto. Ni eso paró a la viuda, quien hace unos meses volvía a arremeter contra el guitarrista.