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martes, 6 de diciembre de 2016

Carolina López / No ejerzo de viuda de Roberto Bolaño

Lautaro Bolaño, hijo de Roberto Bolaño, y Carolina López, su viuda, este martes en la Feria del Libro de Guadalajara (México), ULISES RUIZ BASURTO

“No ejerzo de viuda de Roberto Bolaño”

Carolina López asiste en la FIL a la presentación de 'El espíritu de la ciencia-ficción', novela inédita del escritor chileno


JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
Guadalajara (México) 30 NOV 2016 - 14:54 CST


Si hay dos escritores de los que se hable sin cesar en la Feria del Libro de Guadalajara esos son Mario Vargas Llosa y Roberto Bolaño. El peruano, homenajeado por sus 80 años, fue omnipresente los tres primeros días. El chileno, fallecido en 2003 a los 50, será el gran ausente durante esta semana dedicada a una literatura, la latinoamericana, que hace tiempo que lo consagró como el penúltimo gran maestro. No hay coloquio en el que no se pronuncie su nombre.

Roberto Bolaño / Desmentido de un posible albacea


Roberto Bolaño

Desmentido de un presunto albacea

El crítico literario Ignacio Echevarría responde al artículo publicado el miércoles en EL PAÍS por Carolina López, viuda del escritor



23 NOV 2016 - 16:52 CST

Me veo en la penosa obligación de desmentir, por la parte que me toca, algunas de las falsedades que Carolina López vuelca en un artículo publicado ayer por este periódico bajo el título La verdad sobre Bolaño.

Carolina López / La verdad sobre Roberto Bolaño

Carolina López y Roberto Bolaño, en 2002.


La verdad sobre Roberto Bolaño

Carolina López, viuda del escritor chileno, rompe su silencio para dar su versión sobre el legado del autor y explicar los motivos que le llevaron a cambiar a los gestores de la obra


CAROLINA LÓPEZ
23 NOV 2016 - 14:03 CST

Mis argumentos son profesionales. Por eso es absurdo que Herralde y Echevarría decidan por despecho quién fue, y desde cuándo, su pareja. Con gran dolor, mis hijos y yo estamos pagando, me temo, las consecuencias de nuestra salida de Anagrama.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Andrew Wylie asegura que la viuda de Bolaño dejó Anagrama por “razones editoriales”

Roberto Bolaño

Andrew Wylie asegura que la viuda de Bolaño dejó Anagrama por “razones editoriales”

El famoso agente literario tacha de "especulación" las fuentes que cifran en medio millón de euros el cambio de editorial

CARLES GELI
Barcelona 6 NOV 2016 - 15:00 COT

El agente estadounidense Andrew Wylie, también conocido en el sector editorial como El Chacal por su dura forma de hacer negocios, ha decidido intervenir en el debate sobre los motivos que llevaron a Carolina López, viuda del escritor chileno Roberto Bolaño, a dejar Anagrama, su editorial de siempre, para publicar en Alfaguara, propiedad de Penguin Random House. Esta última compró en marzo los derechos integrales de la obra del autor de La literatura nazi en América y acaba de acompañar la aparición de El espíritu de la ciencia-ficción, el último de una serie de inéditos publicados tras la muerte del autor, de la reedición de sus dos obras más emblemáticas: Los detectives salvajes y 2666.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Vargas Llosa / La muerte de Aurora Bernárdez

Aurora Bernárdez y Julio Cortázar
Ilustración de Fernando Vicente

Mario Vargas Llosa

La muerte de Aurora

La vi por última vez en el verano del año pasado. Raspaba ya los 93 años y oía con dificultad. Necesitaba tiempo para terminar una biografía de Julio Cortázar, a quien profesó un intenso amor


En diciembre de 1958, un amigo peruano de la Unesco, Alfonso de Silva, me invitó a su casa a cenar, en París. Me sentó junto a un hombre delgado, muy alto y lampiño que, sólo a la hora de la despedida, descubrí era Julio Cortázar. Parecía tan joven que lo creí mi contemporáneo y era 22 años mayor que yo. Su mujer, Aurora Bernárdez, bajita, menuda, tenía unos grandes ojos azules y una sonrisa un poco irónica que mantenía a la gente a distancia.
Nunca he olvidado la impresión que me hizo esa noche la conversación de esa pareja tan dispareja. Parecían haber leído todos los libros, sólo decían cosas inteligentes y había entre ellos una complicidad tal en lo que contaban —se pasaban la palabra como los palitroques dos diestros funámbulos— que, se diría, habían llevado todo aquello ensayado.
En los casi siete años que viví en Francia nos vimos muchas veces, en su casa, en la mía, en los cafés, o en la Unesco, donde ejercíamos como traductores. Nunca dejaron de admirarme la riqueza de sus lecturas, la sutileza de sus observaciones, la sencillez y naturalidad de sus maneras y, también, el modo como tenían organizada su vida para ver las mejores exposiciones, las mejores películas, los mejores conciertos. Era difícil descubrir quién era más inteligente y más culto, cuál de los dos había leído más, mejor y con mayor provecho. Cuidaban su intimidad con encarnizamiento —no perdían nunca el tiempo— y mantenían a raya a quien quisiera invadirla. Yo estuve siempre seguro que Aurora no sólo traducía —lo hacía maravillosamente, del inglés, el francés y el italiano, como atestiguan sus versiones de Faulkner, Durrell, Calvino, Flaubert— sino también escribía, pero que se abstenía de publicar por una decisión heroica: para que hubiera un solo escritor en la familia.