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martes, 19 de mayo de 2026

Días de caza 8 / Bogotá, 11 de mayo de 2026

 


DÍAS DE CAZA 8
Bogotá, 11 de mayo de
2026

Ingrid Betancourt / No hay silencio que no termine
San Ignacio de Loyola / Poema heroicos
Luci Gutiérrez / Manual de autodefensa (segundo ejemplar)
Jaime Jaramillo Escobar / Método fácil y rápido para ser poeta
Jorge Lanata / Argentinos
Muriel Barney / La elegancia del Edison
Jaime Mejía Duque / Nueve ensayos literarios
Cuentos de la Calle /  Antología del cuento contemporáneo

***

Daniel Rabanal / Los caminos del jugular
Luis Fernando Charry / La furia de los elementos
Martha Valencia / El aleteo de lo impropio
Gramática de la lengua inglesa para hispanoparlantes
Conozca y hable idiomas a la vez

***

Los mejores relatos de Roald Dahl
Shakespeare / Macbeth
Richard Bach / Ilusiones
Citas célebres

***

Christine Nöstlinger / ¡Qué asco!
Juan Farias / Un cesto lleno de palabras
Tony Ross / Rodolfo y la manzana mágica
Margarita Londoño / La magia del amor
Anita Lobel / El gallo y la gallina van a ser reyes
Raul Krischanitz / El hámster Jaime y la fiesta de cumpleaños
Los animales de la sabana

***

Cliff Wright / Oso y pelota
Mercé Canals / Una historia dd colores
Cuentos de la Media Lunita: El mono caprichoso y otros
Cuentos de la Media Lunita: La zorra y el sapo y otros
Grandes artistas

Días de caza 7 / Bogotá, 9 de mayo de 2026

 


DÍAS DE CAZA 7

Bogotá, 9 de mayo de 2026

Masters of Drawing
Tormod Haugen / Una misión peligrosa
Peter Steinbach / Benni no habla
Sempé / Goscinny / Los recreos del pequeño Nicolás
Peter Härtling / Cuentos de la guerra y otros relatos
Toni Ungerer / Emil

***

Antonina Valentín / Goya
Naipul / Un camino en el mundo
Willem Frederik Hermans / No dormir nunca más
Leonardo Padura / Aquellos estaba deseando ocurrir
Almudena Grandes / Castillos de cartón
Darin Strauss / Más me duele a mí
Hugh Prather / The little book of letting go
Dan Brown / Inferno

***

Rafael Alberti / La arboleda perdida
Pedro Juan Gutiérrez/ El nido de la serpiente
Álvaro Pombo / La fortuna de Matilda Turpin

***

Gianni Rodari / Los enanos de Mantua
Bernardo Atxaga / Memorias de una vaca
Jon Scieszka / Los caballeros de la mesa de la cocina
Juan Muñoz Martín / Fray Perico y su borrico
Isol / Tener un patito es útil

Días de caza 6 / Bogotá, 7 de mayo de 2026

 


Días de caza 6
Bogotá, 7 de mayo de 2026

Gabriel García Márquez / El general en su laberinto
Alberto Salcedo Ramos / De un hombre obligado a levantarse con el pie derecho
Mette Norgaard / El patio feo se va a trabajar
Norma Manea / El té de Proust

***

Álvaro Mutis / La nieve del almirante
Álvaro Mutis / Álbum de Maqroll El Gavillero
Juanita Samper / María Félix, María bonita. María del alma
J.J. Junieles / El amor también es una ciencia

***

Manuel Hidalgo / Otro final
Stevenson / La isla del tesoro
Philipe Lechermeir / Rébecca Dautremer / El diario secreto de Pulgarcito

***

Anónimo / Kamasutra y Ananga Ranga
Anónimo / Lazarillo de Tormes
Sofi Oksanen / Las vacas de Stalin
Sófocles / Edipo rey
Cuentos de fantasmas

***

Pilar Molina Llorente / La visita de la condesa
Carlo Collodi / Las aventuras de Pinocho
Natsiki Kizu / Given
Lucho Rodríguez / Abrazo

jueves, 7 de mayo de 2026

Días de caza 5 / Bogotá, 6 de mayo de 2026

 


DÍAS DE CAZA 5
Bogotá, 6 de mayo de 2026


Christian Mauro / In the Act
John le Carré / una verdad delicada
Elia Kazan / Los asesinos
Gabriel Fonnegra / Gramática Simpática
Opuestos / Opposites
Fernando Ávila / Cómo se escribe
Ivor Culler / El desayuno
Chris van Allsburg / El higo más dulce
Stevenson / Kidnapped
Jaime Manrique / Nuestras vidas son los ríos
El nuevo cuento latinoamericano
Juan Francisco Ferré / El Rey del Juego
The Scriptures
Bécquer / Rimas
Graham Green / Brighton Rock
Vamos a recuperar muebles

***

Einar Turkowski / La montaña
Si ves un monte de espumas y otros poemas
Alfredo Gómez Cerda / El mago del paso del subterráneo
Manual de redacción 

***

Philip Pullman / La materia oscura
Perrault / Roberto Innocenti / La cenicienta
Darin Strauss / Chang y Eng
Ivar Da Coll / Pies para la princesa
Rafael Rivero Oramas / El mundo de Tío Conejo
George Simenon / Tres habitaciones en Manhattan

Días de caza 4 / Bogotá, 3 de mayo de 2026

 


DÍAS DE CAZA 4
Bogotá, 3 de mayo de 2026


Maggie O’ Farrell / La distancia que nos separa
Maya Angelou / Ya sé por qué canta el pájaro enjaulado
Beatrice Alemagna / Mi amor
Oscar Pantoja / Rulfo, una vida gráfica

***

Gisèle Pelicot / Himno a la vida
Bukowski / La enfermedad de escribir
Ariana Harwicz / Perder el juicio
Héctor Abad / Ahora y en la hora
Visitar el Louvre
Patricia Highsmith / Pequeños Cuentos misóginos
Tomás González / Vista del abismo
Ida Vitale / El abc de Byobu

***

Caravaggio
Jim Carrie / Recuerdos y desinformación
Jaime Salinas / Cuando editar era una fiesta
Juan Fernando Merino / Hijos del trueno
Juan Antonio Rosa y Darío Jaramillo / Del ojo a la aguja
Las Mujeres de Obregón (4)
Stevenson / La flecha negra

***
El artista de acrílico y Gouche
Cómo dibujar en perspectiva
Así se dibuja
Así se compone un cuadro
Así se pinta con aerógrafo

Días de caza 3 / 1 de mayo de 2026

 



DÍAS DE CAZA 3
1 de mayo de 2026

Voces que te han cantado

Kamasutra

Leonardo Padura / Agua por todas partes

Alberto Montt / Solo necesito un gato

 Canizalez / Qué miedo la noche, Jaguar

Akimo Yoshida / Banana Fish

David Toscana / El ejército ciego

Pedro Mairal / La uruguaya

Nona Fernández / Marciano

Eudora Welty / Cuentos completos

Taiye Selasi / Lejos de Ghana

Florence Knapp / Los nombres

Hiromi Kawakami / Bajo el ojo del gran pájaro

***

Jon Klassen / Tu bosque

Jon Klassen / Tu isla

Jon Klassen /  La calavera
















Días de caza 2 / Bogotá, 27 de abril de 2026

 




DÍAS DE CAZA 2

Bogotá, 27 de abril de 2026


George Saunders / Cuentos escogidos

David Uclés / La ciudad de las luces muertas

José Zuleta Ortiz / Sol bajo la lluvia

Juan Fernando Merino / Los mares de la Luna

Camila Sosa Villada / El viaje inútil 

Mario Mendoza / Jeco Okano / Satanás

Kate Kirkpatrick  / Convertirse en Beauvoir / Una biografïa

Fernando Aramburu / Patria




Días de caza 1 / Bogotá, 25 de abril de 2026







DÍAS DE CAZA 1
Bogotá, 25 de abril de 2026


Tintin / La Estrella misteriosa

Tintin / Stock de Coque

Tintin / El cangrejo de las pinzas de oro

Tintin / El lago de los tiburones

Tintin / La oreja rota

Tintin / Objetivo: La luna

Tintin en América

Tintín en el Congo

***

Gay Talese / Bartley y yo

Philippe Ollé-Kaorube / Los Escritores vagabundos

Lilian Anolik / Didion y Babitz

Mavis Gallant / Los Cuentos

Patti Smith / Pan de Ángeles

Ariana Harwicz / Matate, amor

***

Davide Cali / Mr Tigre

José Zuleta Ortiz / Mulatos

Luci Gutiérrez/ Manual de auto defensa

Luci Gutiérrez / English is no easy


sábado, 27 de diciembre de 2025

Los mejores libros del siglo XXI

Cormac McCarthy

LOS MEJORES LIBROS DEL SIGLO XXI

En cinco días se cumple el primer cuarto del siglo XXI y son inevitables los balances. Esta es la lista de los mejores libros del siglo en español hasta el momento. De algunos de los mejores, por supuesto. Cada quien hace su propia lista. 

lunes, 29 de septiembre de 2025

Triunfo Arciniegas / La vida




Triunfo Arciniegas 
LA VIDA
30 de septiembre de 2025

Así que aquí estoy desde hace una semana, en una puta lista, en la cama diez de una habitación colectiva, en URGENCIAS, con otros tres, esperando una habitación propia que no va a llegar. Toses, estornudos, lamentos, pedos, mierda, en fin, la miseria de la vida. Hace tres o cuatro días tuve que salir al pasillo a terminar de comer porque el vecino se estaba cagando. Esa misma tarde se llevaron sus 84 frágiles años a la Unidad de Cuidados Intensivos. Esta madrugada salí a respirar al pasillo porque no soportaba la maloliente atmósfera. El nuevo vecino, que llegó por un problema cardíaco y sin interés por lavarse, se está descomponiendo.

Entonces vi que la loca se arrancaba la aguja del brazo y sailpicada con su sangre las iluminadas baldosas del pasillo. 

Mass drogadicta que loca, en realidad, según me explican. Un pantalón rosado, estrecho, que apenas le llega a la rodilla, acentúa su delgadez. Una pieza negra, sostenida por dos cintas cruzadas, comprime sus pechos breves. 

“La comida del hospital es caliente”, grita en el pasillo, mientras roza el arma del vigilante. “La comida de la cárcel es fría”, dice. Y precisa que con esa arma podría matar al que la violó. Habla a toda velocidad y con acento pisa. “Tenemos que hablar”, le dice a uno de los médicos.

Aquí estoy y no es manera digna de enfrentar un mal.

Lleva horas gritando o al menos eso parece, el muchacho que mató a su novia. Iba en su motocicleta, con la novia como pasajera, perdió el control y la muchacha terminó degollada con la valla que protege la vía. Al muchacho, que ahora grita como parturienta, no le pasó nada.

Hace cinco días, en el cuarto de al lado, murió el que estaba en esta cama antes de mi llegada.

Y todo después de cotizar la vida entera, de pagar un millón de pesos mensuales o algo así, durante décadas. Y una vida de trabajo, por supuesto.

Mientras tanto pasa uno con un brazo partido porque estrelló la moto, pasa otro con otra herida y otro riega su sangre en el pasillo donde otros esperan que alguien desocupe una cama en alguna habitación, y otros afuera se mueren por entrar. Llega a la cama de al lado un tipo con cara de malandro que me obliga a encalentar el celular, y al día siguiente, un presidiario, con su respectivo guardia, porque al que no quiere caldo se le dan dos tazas. Otro guardia está en la puerta con sus esposas pulidas. Voy con celular al baño, el único para los cuatro pacientes y los acompañantes. Un imbécil instaló la puerta al revés: con el seguro por fuera. 

Un baño sin ducha. Para lavarse hay que atravesar el pasillo y entrar al cuarto de los traperos y la ropa sucia. Hay una sola ducha para todo el piso, es decir, para los enfermos de los cuartos colectivos y los pasillos. El primer día me acompañó Alejandra, que montó guardia: la puerta no tiene ningún seguro. El segundo día me tocó solo y se me coló una enfermera. Venía dejar más ropa sucia. El tercer día madrugué y tranqué la puerta con dos sillas de ruedas. Ya estaba bajo la ducha cuando alguien empujó la puerta. “Está ocupado”, dije. Me preguntó si estaba solo y me dieron ganas de responderle que andaba de luna de miel. Siguió empujando la puerta pero las sillas resistieron. “Necesito sacar la ropa”, dijo la voz. “Estoy empeloto”, dije. Total, abrevié el baño y volví a al cuarto compartido pensando que estaba en la cárcel y había salvado el honor por poco

Esto no es más que el infierno. 

El personal hace todo lo que puede, con dedicación, pero faltan instrumentos, máquinas, reactivos, y hay que acudir a los laboratorios de otras ciudades. Y los resultados no llegan de un día para otro. Espero los míos.

En fin, el infierno. El infierno de nuestro descontento.

Uno que no está reservado a los que ganan cincuenta millones de pesos mensuales y se roban mucho más que eso. Uno que no está reservado a los que se mueven con diez o veinte camionetas blindadas.

Uno de esos tipos infames, no más uno, nos cuesta tres millones de pesos diarios en comida y ocho millones de pesos por noche de hotel cuando sale a recorrer el mundo con el pretexto de una foto con otro político de mierda o una conferencia de unos minutos. Una puta conferencua que nos llena de vergüenza e indignación.

En fin, la vida sabrosa en el país de la belleza.

¿O no era así?



miércoles, 3 de septiembre de 2025

Triunfo Arciniegas / La corrupción y las burradas de Petro

Triunfo Arciniegas

LA CORRUPCIÓN Y LAS BURRADAS DE PETRO

No puede considerarse un tipo inteligente, como pregonan, si dice y hace tantas burradas. Para empezar, Petro cree que los pobres nos transportamos en burro. Y ni burro tenemos. O el apoyo al dictador Maduro y la negación del cartel de los soles, de donde se desprende el espantoso riesgo de una guerra de tigre y burro amarrado con los Estados Unidos. O los numerosos y corruptos funcionarios de su Gobierno, encabezados por Armando Benedetti.

Nos transportamos en buses, busetas, motos y taxis, y todos funcionan con gasolina. El transporte de los alimentos requiere gasolina. Cuando vamos al médico, nos transportamos en un medio que necesita gasolina y no en el burro que no tenemos. Lo mismo sucede cada día que vamos al trabajo. Verdad de Perogrullo: con el alza del precio de la gasolina sube el transporte. Sube todo, en realidad.

Petro se gasta tres millones de pesos diarios en alimentación cada vez que sale del país, y sale mucho, y ocho millones por noche de hotel. Petro despilfarra cuatrocientos millones de pesos en diez días de viaje. Ningún presidente de Colombia ha viajado tanto. Mueven una cama en Panamá, Francia o China, y Petro organiza un viaje.

Y así es toda su corte. La supuesta primera dama nos cuesta millones a los colombianos. ¿O alguien cree que se sostiene en Europa por sus propios medios?

Su propio hijo Nicolás Petro se robó mil millones de pesos y por ahí anda campante. Es el mismo que hizo campaña con la expresión “plata, no”, enseñado una carreta llena de plátanos, y luego resultó un ladrón más, un corrupto más del Pacto Histérico.

La vicepresidenta Francia Márquez, la inepta, la misma que va y viene en helicóptero, la de los suntuosos viajes a Africa, con novio incluido, la del inútil ministerio de la igualdad, nos ha costado miles de millones de pesos a los colombianos.

Petro sostiene un Gobierno corrupto y despilfarrador.

Petro quiere meter su profunda y corrupta cuchara no sólo en las necesidades de la gente sino en su propia felicidad. Por las dos horas de un concierto nos quiere cobrar diecinueve por ciento de impuesto. Lo mismo por una cena en un restaurante, una entrada a cine, unos tiquetes. Y lo mismo por la administración del edificio: un asunto privado. Si por fin conseguimos apartamento, luego de décadas de calvario, seremos castigados contribuyendo con más impuestos para la corrupción. Y si se nos ocurre venderlo, debemos ceder el treinta por cierto al Gobierno malparido. Y si tenemos la luminosa idea de ahorrar comprando un CDT, igualmente seremos castigados con IVA.

Con razón es un Gobierno de vagos sostenidos con millones de pesos mensuales, de asesinos perdonados, de corruptos que se vuelan a Nicaragua.

¿El descarado impuesto a la cerveza es para los cuatro mil colombianos más ricos? ¿Los pobres beben tequila, mezcal y whisky? Que Petro viaje por Boyacá y otros departamentos, que revise cantinas y restaurantes, para que verifique que están bebiendo los colombianos.

Hace rato Petro le impuso impuesto a las gaseosas y un montón de alimentos, y ahora pretende seguir jodiéndonos. 

No soy borracho, no soy alcohólico, pero considero que este impuesto a la cerveza es un descaro. Un impuesto para que se lo roben quienes disfrutan las mieles del poder.

Petro gana cincuenta millones de pesos mensuales, aparte del despilfarro y de los numerosos privilegios (come gratis y no paga arriendo)  y seguirá con el suntuoso salario cuando deje la presidencia. ¿En qué lo pueden perjudicar estos desmanes? Vivirá en Italia como un rey y le van a valer mierda los millones de colombianos que perjudicó.

3 de septiembre de 2025


domingo, 8 de junio de 2025

Triunfo Arciniegas / Los novios de mi mujer



Triunfo ArciniegasLOS NOVIOS

DE MI MUJER


Mi mujer se quedó preñada otra vez. Dice que es mío. Que esta vez es mío. Será creerle. De todas maneras ninguno de sus novios vendrá a reclamar nada. Van y vienen. Vienen a lo que vienen. Y no precisamente a contemplar el paisaje. Aunque no hemos tenido una guerra, la ciudad se ve como si nos hubieran bombardeado anoche. De los edificios que no se han derrumbado sólo queda el cascarón. Por dentro no hay nada.

Vivimos de los novios de mi mujer. Los noviazgos no duran mucho, pero los novios nunca faltan, gracias a Dios. La verdad, no sé si Dios tenga algo que ver. Creo que Dios nos abandonó. Todavía es bonita mi mujer, con esas tetas grandes y un culo de negra que madre mía. Y esos ojos verdes. Con esos ojos los hipnotiza. Mi mujer sabe para qué tiene lo que tiene.

Los atiende en los hoteles del centro. Cuando las cosas empeoran, los trae a casa y nos ganamos los pesos del alquiler. Una platica extra. Me llevo a los niños a la playa o nos entretenemos con un helado de chocolate en algún parque, y cuando volvemos a casa, hay mercado, una camisa nueva, un juguete.

Tengo camisas de sobra.

“Gretel dijo que nos van a vender”, patalea Hansel. No digo nada, la idea me sorprende. Le echo el ojo a Pulgarcito, que todavía no entiende las cosas y no nos va a extrañar. Es el que menos se me parece, rubio y rosado, como un príncipe. Los mocosos nos han salido de todos los colores, pero ninguno negro. Ninguno mío. Gretel tiene las pecas y el pelo rojo de Elsa. Somos un espectáculo cuando salimos todos. Una caja de lápices de todos los tamaños.

Antes pescaba. Ahora no se puede. Nos meten hasta siete años de cárcel por apropiarnos de los peces del Estado. Todo es del Estado. A Felipe Santacruz le metieron tres años por vender bananos y a José del Carmen dieciocho meses por atreverse a remendar zapatos. Así que no hay nada que hacer. Nos mata el aburrimiento. Algunos se suicidan. Otros enloquecen. Los Castiblanco se comieron al perro. Se emborracharon y lo asaron en el solar. El olor alertó a los vecinos y atrajo a la policía. 

Otros se lanzan al mar con el propósito de llegar a otro país y terminan devorados por los tiburones. Petra, la mujer de Felipe, jura que ese otro país no existe. 

Otros, resignados, vencidos, esperamos que Leonardo nos invite al billar de Agapito. Pasamos la tarde con dos o tres cervezas. Agapito nos tiene paciencia. Sabe que andamos jodidos. Leonardo Trespalacios es el único que puede invitar. Y muy de tarde en tarde porque tiene trabajo. Palacios, sólo en el apellido. Atiende a las señoras. Y a los señores. Nadie se lo reprocha. Todos andamos en el mismo cuento de la miseria. Si no es la mujer, es una hermana o su propia madre. Alguien debe sostener a la familia, al fin y al cabo. Y el Leonardo tiene con qué. Sería un galán de cine en otro país. Cuando no puede demorarse porque lo acosa algún compromiso, nos arroja un paquete de cigarrillos y nos vamos a quemar las horas en el malecón, donde llenamos con humo el vacío de adentro. Cascarones, casas saqueados. Eso somos. Nos agrietamos día tras día. El mar ruge, incansable, va y viene, como los novios de Elsa.

¿Cuántos años por comerse al perro? Los Castiblanco siguen presos. Los está matando el remordimiento. Ya casi no se ven perros en la calle. Ni gatos. Los loros desaparecieron hace rato. Hambre mata remordimientos. Por ahí circula el chiste del zoológico, donde primero pusieron el letrero que prohibía dar de comer a los animales. No conocí esos tiempos. Luego prohibieron comerse la comida de los animales. Al final el letrero decía: Prohibido comerse a los animales. Ya no hay. El único que queda es el marrano del compadre Eudoro, un animalote que no cabe en la migaja de casa. Huele horrible, por supuesto. El compadre dice que Lucerito es su única compañía. Casi lo matan la otra noche que se le entraron los ladrones. A mi compadre. El marrano se defendió a mordiscos. Por poco le arranca un brazo a uno de los malandros. 

La otra noche soñé que mi mujer daba a luz un montón de pájaros. Más contento que marrano estrenando lazo, le pedí prestada la jaula al compadre Eudoro y fui a venderlos al mercado. Qué mierda, había policías hasta detrás de las puertas y tuve que salir volando.

Todavía no se le nota la barriga. Los novios van a escasear en un par de meses. Mi mujer tendrá que hacer una pausa. Me dice que no me preocupe y de pronto pienso que me va a proponer que vendamos uno de los niños. ¿Hansel o Gretel? Con Pulgarcito la veo muy encariñada. Pero no. Confiesa que por ahí tiene unos ahorros. Que con la comadre Petra se va meter a contrabandear gasolina. Le pregunto por Felipe y Elsa dice que le dieron tanto palo en la cárcel que ni puede caminar. Y suelta la bomba: nos van a llegar unos pesos de un novio que se murió hace poco en Ostia y la incluyó en el testamento. 

Me acuerdo bien de ese novio, un italiano alto y flaco, un tal Alberto Moravia. Ya era viejo cuando llegó a la isla. Viejo, cojo y generoso. Una vez me lo encontré en el centro, cerca del malecón, y me invitó a una cerveza. Me miró a los ojos y me dijo: “Gracias”. No le pregunté por qué. Tal vez ya estaba enfermo y sabía que era su último viaje. Le regaló unas monedas a un vagabundo que intentaba vendernos unos ladrillos. Nos dimos la mano y nunca lo volví a ver. 

Ahora mi mujer dice que tendremos una parte de la herencia. “Ya no fui a Roma”, suspira. Le pregunto si tenía tantas ganas de ver al papa. “Tan pendejo”, responde. Y precisa que no vamos a volvernos ricos, pero que será un alivio.

Tal vez prospere el contrabando y Elsa no caiga presa. Ni Petra. Qué miedo, todo puede pasar. Lo más seguro es quién sabe. Todo el puto país es una incertidumbre. En fin, si el cuento de la herencia cuaja, hacemos un viaje a Pinar del Río. Hace siete largos años que mi mujer no ve a su madre. La pobre vieja, que apenas conoce a Gretel, ya no aguanta el trote de venir a visitarnos. Tantos males y tan pocos remedios. Además, como todos saben, para venir a la capital se necesita un permiso que cuesta un ojo de la cara. Y nunca lo dan por más de tres días. Así que la odisea nos toca a nosotros. Primero arreglaremos el techo de la casa y pintaremos las paredes. Con lo que sobre, y la sorpresa del recién nacido, de pronto hacemos el viaje. Si no sobra mucho, tal vez mi mujer me compre otra camisa. 

7 de junio de 2025