DÍAS DE CAZA 8
Bogotá, 11 de mayo de 2026
Voces que te han cantado
Kamasutra
Leonardo Padura / Agua por todas partes
Alberto Montt / Solo necesito un gato
Canizalez / Qué miedo la noche, Jaguar
Akimo Yoshida / Banana Fish
David Toscana / El ejército ciego
Pedro Mairal / La uruguaya
Nona Fernández / Marciano
Eudora Welty / Cuentos completos
Taiye Selasi / Lejos de Ghana
Florence Knapp / Los nombres
Hiromi Kawakami / Bajo el ojo del gran pájaro
***
Jon Klassen / Tu bosque
Jon Klassen / Tu isla
Jon Klassen / La calavera
DÍAS DE CAZA 2
Bogotá, 27 de abril de 2026
George Saunders / Cuentos escogidos
David Uclés / La ciudad de las luces muertas
José Zuleta Ortiz / Sol bajo la lluvia
Juan Fernando Merino / Los mares de la Luna
Camila Sosa Villada / El viaje inútil
Mario Mendoza / Jeco Okano / Satanás
Kate Kirkpatrick / Convertirse en Beauvoir / Una biografïa
Fernando Aramburu / Patria
Tintin / La Estrella misteriosa
Tintin / Stock de Coque
Tintin / El cangrejo de las pinzas de oro
Tintin / El lago de los tiburones
Tintin / La oreja rota
Tintin / Objetivo: La luna
Tintin en América
Tintín en el Congo
***
Gay Talese / Bartley y yo
Philippe Ollé-Kaorube / Los Escritores vagabundos
Lilian Anolik / Didion y Babitz
Mavis Gallant / Los Cuentos
Patti Smith / Pan de Ángeles
Ariana Harwicz / Matate, amor
***
Davide Cali / Mr Tigre
José Zuleta Ortiz / Mulatos
Luci Gutiérrez/ Manual de auto defensa
Luci Gutiérrez / English is no easy
https://youtu.be/IZgxkCl41aA?si=hcE7tLWR_8U4rdip
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| Cormac McCarthy |
LOS MEJORES LIBROS DEL SIGLO XXI
En cinco días se cumple el primer cuarto del siglo XXI y son inevitables los balances. Esta es la lista de los mejores libros del siglo en español hasta el momento. De algunos de los mejores, por supuesto. Cada quien hace su propia lista.
Así que aquí estoy desde hace una semana, en una puta lista, en la cama diez de una habitación colectiva, en URGENCIAS, con otros tres, esperando una habitación propia que no va a llegar. Toses, estornudos, lamentos, pedos, mierda, en fin, la miseria de la vida. Hace tres o cuatro días tuve que salir al pasillo a terminar de comer porque el vecino se estaba cagando. Esa misma tarde se llevaron sus 84 frágiles años a la Unidad de Cuidados Intensivos. Esta madrugada salí a respirar al pasillo porque no soportaba la maloliente atmósfera. El nuevo vecino, que llegó por un problema cardíaco y sin interés por lavarse, se está descomponiendo.
Entonces vi que la loca se arrancaba la aguja del brazo y sailpicada con su sangre las iluminadas baldosas del pasillo.
Mass drogadicta que loca, en realidad, según me explican. Un pantalón rosado, estrecho, que apenas le llega a la rodilla, acentúa su delgadez. Una pieza negra, sostenida por dos cintas cruzadas, comprime sus pechos breves.
“La comida del hospital es caliente”, grita en el pasillo, mientras roza el arma del vigilante. “La comida de la cárcel es fría”, dice. Y precisa que con esa arma podría matar al que la violó. Habla a toda velocidad y con acento pisa. “Tenemos que hablar”, le dice a uno de los médicos.
Aquí estoy y no es manera digna de enfrentar un mal.
Lleva horas gritando o al menos eso parece, el muchacho que mató a su novia. Iba en su motocicleta, con la novia como pasajera, perdió el control y la muchacha terminó degollada con la valla que protege la vía. Al muchacho, que ahora grita como parturienta, no le pasó nada.
Hace cinco días, en el cuarto de al lado, murió el que estaba en esta cama antes de mi llegada.
Y todo después de cotizar la vida entera, de pagar un millón de pesos mensuales o algo así, durante décadas. Y una vida de trabajo, por supuesto.
Mientras tanto pasa uno con un brazo partido porque estrelló la moto, pasa otro con otra herida y otro riega su sangre en el pasillo donde otros esperan que alguien desocupe una cama en alguna habitación, y otros afuera se mueren por entrar. Llega a la cama de al lado un tipo con cara de malandro que me obliga a encalentar el celular, y al día siguiente, un presidiario, con su respectivo guardia, porque al que no quiere caldo se le dan dos tazas. Otro guardia está en la puerta con sus esposas pulidas. Voy con celular al baño, el único para los cuatro pacientes y los acompañantes. Un imbécil instaló la puerta al revés: con el seguro por fuera.
Un baño sin ducha. Para lavarse hay que atravesar el pasillo y entrar al cuarto de los traperos y la ropa sucia. Hay una sola ducha para todo el piso, es decir, para los enfermos de los cuartos colectivos y los pasillos. El primer día me acompañó Alejandra, que montó guardia: la puerta no tiene ningún seguro. El segundo día me tocó solo y se me coló una enfermera. Venía dejar más ropa sucia. El tercer día madrugué y tranqué la puerta con dos sillas de ruedas. Ya estaba bajo la ducha cuando alguien empujó la puerta. “Está ocupado”, dije. Me preguntó si estaba solo y me dieron ganas de responderle que andaba de luna de miel. Siguió empujando la puerta pero las sillas resistieron. “Necesito sacar la ropa”, dijo la voz. “Estoy empeloto”, dije. Total, abrevié el baño y volví a al cuarto compartido pensando que estaba en la cárcel y había salvado el honor por poco
Esto no es más que el infierno.
El personal hace todo lo que puede, con dedicación, pero faltan instrumentos, máquinas, reactivos, y hay que acudir a los laboratorios de otras ciudades. Y los resultados no llegan de un día para otro. Espero los míos.
En fin, el infierno. El infierno de nuestro descontento.
Uno que no está reservado a los que ganan cincuenta millones de pesos mensuales y se roban mucho más que eso. Uno que no está reservado a los que se mueven con diez o veinte camionetas blindadas.
Uno de esos tipos infames, no más uno, nos cuesta tres millones de pesos diarios en comida y ocho millones de pesos por noche de hotel cuando sale a recorrer el mundo con el pretexto de una foto con otro político de mierda o una conferencia de unos minutos. Una puta conferencua que nos llena de vergüenza e indignación.
En fin, la vida sabrosa en el país de la belleza.
¿O no era así?
Triunfo Arciniegas
LA CORRUPCIÓN Y LAS BURRADAS DE PETRO
No puede considerarse un tipo inteligente, como pregonan, si dice y hace tantas burradas. Para empezar, Petro cree que los pobres nos transportamos en burro. Y ni burro tenemos. O el apoyo al dictador Maduro y la negación del cartel de los soles, de donde se desprende el espantoso riesgo de una guerra de tigre y burro amarrado con los Estados Unidos. O los numerosos y corruptos funcionarios de su Gobierno, encabezados por Armando Benedetti.
Nos transportamos en buses, busetas, motos y taxis, y todos funcionan con gasolina. El transporte de los alimentos requiere gasolina. Cuando vamos al médico, nos transportamos en un medio que necesita gasolina y no en el burro que no tenemos. Lo mismo sucede cada día que vamos al trabajo. Verdad de Perogrullo: con el alza del precio de la gasolina sube el transporte. Sube todo, en realidad.
Petro se gasta tres millones de pesos diarios en alimentación cada vez que sale del país, y sale mucho, y ocho millones por noche de hotel. Petro despilfarra cuatrocientos millones de pesos en diez días de viaje. Ningún presidente de Colombia ha viajado tanto. Mueven una cama en Panamá, Francia o China, y Petro organiza un viaje.
Y así es toda su corte. La supuesta primera dama nos cuesta millones a los colombianos. ¿O alguien cree que se sostiene en Europa por sus propios medios?
Su propio hijo Nicolás Petro se robó mil millones de pesos y por ahí anda campante. Es el mismo que hizo campaña con la expresión “plata, no”, enseñado una carreta llena de plátanos, y luego resultó un ladrón más, un corrupto más del Pacto Histérico.
La vicepresidenta Francia Márquez, la inepta, la misma que va y viene en helicóptero, la de los suntuosos viajes a Africa, con novio incluido, la del inútil ministerio de la igualdad, nos ha costado miles de millones de pesos a los colombianos.
Petro sostiene un Gobierno corrupto y despilfarrador.
Petro quiere meter su profunda y corrupta cuchara no sólo en las necesidades de la gente sino en su propia felicidad. Por las dos horas de un concierto nos quiere cobrar diecinueve por ciento de impuesto. Lo mismo por una cena en un restaurante, una entrada a cine, unos tiquetes. Y lo mismo por la administración del edificio: un asunto privado. Si por fin conseguimos apartamento, luego de décadas de calvario, seremos castigados contribuyendo con más impuestos para la corrupción. Y si se nos ocurre venderlo, debemos ceder el treinta por cierto al Gobierno malparido. Y si tenemos la luminosa idea de ahorrar comprando un CDT, igualmente seremos castigados con IVA.
Con razón es un Gobierno de vagos sostenidos con millones de pesos mensuales, de asesinos perdonados, de corruptos que se vuelan a Nicaragua.
¿El descarado impuesto a la cerveza es para los cuatro mil colombianos más ricos? ¿Los pobres beben tequila, mezcal y whisky? Que Petro viaje por Boyacá y otros departamentos, que revise cantinas y restaurantes, para que verifique que están bebiendo los colombianos.
Hace rato Petro le impuso impuesto a las gaseosas y un montón de alimentos, y ahora pretende seguir jodiéndonos.
No soy borracho, no soy alcohólico, pero considero que este impuesto a la cerveza es un descaro. Un impuesto para que se lo roben quienes disfrutan las mieles del poder.
Petro gana cincuenta millones de pesos mensuales, aparte del despilfarro y de los numerosos privilegios (come gratis y no paga arriendo) y seguirá con el suntuoso salario cuando deje la presidencia. ¿En qué lo pueden perjudicar estos desmanes? Vivirá en Italia como un rey y le van a valer mierda los millones de colombianos que perjudicó.
3 de septiembre de 2025