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| Ilustración de Triunfo Arciniegas |
martes, 31 de marzo de 2026
Ana María Shua / Octavio, el invasor
viernes, 26 de noviembre de 2021
Patricia Highsmith, según los escritores argentinos / Un paseo por la genial obra de la maestra del suspenso
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Patricia Highsmith, según los escritores argentinos: un paseo por la genial obra de la maestra del suspenso
A cien años de su nacimiento, Claudia Piñeiro, Sergio Olguín, Pablo de Santis y Ana María Shua cuentan por qué esta escritora estadounidense que murió en 1995 es una experta en el arte de crear escenas absurdas, personajes inolvidables y “emborrachar a los lectores”
Carlos Daniel Aleto
19 de enero de 2021
Al cumplirse 100 años del nacimiento de Patricia Highsmith, cuatro escritores argentinos conmemoran a la escritora estadounidense que murió en 1995, reconocida como una de las mejores autoras de ficción de suspenso y con una reputación que fue creciendo junto a su personaje Tom Ripley y a su obra, sobre todo el clásico Extraños en un tren. Luego de que su madre intentara abortarla bebiendo aguarrás, Mary Patricia Plangman nació en Fort Worth, Texas, el 19 de enero de 1921. Sus padres, Jay Bernard Plangman y Mary Coates, se separaron antes de que ella naciera y recién conoció a su padre a los doce años. Fue criada por su abuela materna.
martes, 2 de octubre de 2012
Silvia Hernando / Cuéntame qué cuento leer
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| Chejov y Tolstoi |
Seis grandes cuentistas hispanohablantes dan pistas sobre el género
Merino, Fernández Cubas, Shua, Peri Ross, Hidalgo Bayali y Marsé
Eligen autores que van desde los clásicos a los emergentes, del español a cualquier idioma.
Casa de citas / Cristiana Peri Rossi / Fetichistas
Casa de citas / Cristina Peri Rossi / Las mujeres casadas
Silvia Hernando / Cuéntame qué cuento leer
Cristina Peri Rossi / Julio Cortázar
Cristina Peri Rossi / Cortázar murió de sida
Cristina Peri Rossi / Oración
Cristina Peri Rossi / Amor contrariado
Cristina Peri Rossi / Epitafios
Cristina Peri Rossi / De aquí a la eternidad
Cristina Peri Rossi / Tres poemas
Cristina Peri Rossi / Viacrucis
Cuentos
Cristina Peri Rossi / Lavorare stanca
sábado, 18 de junio de 2011
Ana María Shua / Fenómenos de circo
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| 25 fingers, 2009 Alexandre Guilbeault |
LOS AUTÓMATAS
Son hombres, mujeres y niños excelsos en el arte de fingir la vida. Imitan con tanta perfección los movimientos humanos que sólo su constante repetición los denuncia como muñecos de madera. Su dueño y creador descolla en la perfección de los detalles, como el brillo de la piel, el volumen de la carne. Uno de los hombres tiene un tic; una mujer, con los ojos perdidos, esboza una semisonrisa, como respondiendo a un recuerdo, un chico resfriado se sorbe los mocos.
Pero si son casi perfectos en su imitación de la vida, hay que ver la perfección absoluta con que mueren, la gradual palidez que se apodera de sus mejillas, el abandono inanimado de sus cuerpos, la sorprendente, sorprendente rapidez con que se pudre la madera.
LA POETA ECUYERE
Su número consiste en montar el signo y hacer piruetas acrobáticas sobre la gruesa línea que separa significado de significante. El signo, mucho menos dócil de lo que el público imagina, a veces se encabrita y la voltea de un corcovo. Entonces la ecuyere se lamenta de haber abandonado la gramática y el diccionario para seguir al circo. La aplauden poco.
LA GITANA
EVOLUCIÓN DEL CIRCO
MAGO CON SERRUCHO
Con el serrucho, el mago corta en dos la caja de donde asoman las piernas, los brazos y la cabeza de su partenaire. La cara de la mujer, sonriente al principio, se deforma en una mueca de miedo. En seguida empieza a gritar. Brota la sangre, la mujer aúlla pidiendo socorro y mueve los brazos y las piernas con aparente desesperación mientras la gente aplaude y se ríe. Después sólo se queja débilmente y al fin se calla. En otras épocas el público era más exigente, recuerda el mago: pretendía que la mujer volviera a aparecer intacta. Ahora, en cierto modo, todo es más fácil. Excepto conseguir ayudante, claro.
EL TAMAÑO IMPORTA
En 1832 llegó a México, con un circo, el primer elefante que pisó tierras aztecas. Se llamaba Mogul. Después de su muerte, su carne fue vendida a elaboradores de antojitos y su esqueleto fue exhibido como si hubiera pertenecido a un animal prehistórico. El circo tenía también un pequeño dinosaurio, no más grande que una iguana, pero no llamaba la atención más que por su habilidad para bailar habaneras. Murió en uno de los penosos viajes de pueblo en pueblo, fue enterrado al costado del camino, sin una piedra que señalara su tumba, y nada sabríamos de él si no lo hubiera soñado Monterroso.




