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martes, 13 de junio de 2017

Juan Goytisolo / Premiado por unos, fusilado por todos

Juan Goytisolo

Premiado por unos, fusilado por todos


Federico Utrera
12 de junio de 2017

Siguen aflorando necrológicas y obituarios en todo el mundo por la muerte del escritor Juan Goytisolo. Esto evidencia que a veces el Premio Nobel de la estima literaria lo otorgan los lectores, no los académicos. Aún sobrecogido por el descarnado artículo con que el periodista Francisco Peregil describe su amargo final, no tanto económico como parece desprender el reportaje, sino emocional, existen igualmente otras anécdotas reveladoras que me tocó vivir con él y que afloran su singular personalidad. Justificaba Luis Buñuel su soledad diciendo que para él tres eran multitud y a Juan Goytisolo, que nunca fue un ídolo de masas, le pasaba lo mismo cuando estaba fuera de su tribu marroquí. Haciendo un repaso a la inmensa minoría juanrramoniana que lo admiraba –y que estos días emerge multitud de citas secretas que casan poco con su fama de huraño–, me ha llamado la atención que, como el Cid Campeador, Juan Goytisolo sigue ganando paisajes después de la batalla, incluso muerto. Y sus adversarios, que tanto lo honraban con sus furibundos ataques, no reparan en que ya no puede escribir. Por fortuna, sus escritos son imborrables y aunque las críticas a los enemigos son un regalo que no merecen porque o bien los hace célebres o los hace rectificar, merece la pena contraponer algunas de soslayo.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Fernando Arrabal / La minifalda y los castrados



Fernando Arrabal

La minifalda y los castrados


El País, 17 de mayo de 1989

¡Cuán peliagudo resulta hoy en día distinguir la tenue raya que separa progresistas y reaccionarios! A los que de economía no sabemos de la misa la media cada día se nos hace más cuesta arriba comprender la morrocotudamente sutil gradación gracias a la cual se diferencia al hombre de derechas del de izquierdas a menos que saquen sus carnés de partido. Recientemente mi estupor se empinó hasta el desconcierto conversando con un jugador de ajedrez, dicharachero miembro del Partido Comunista de la URSS. Daba gusto verle tan rumboso y simpaticón. Parecía un hijo de la muñeca Barbie y de monsignoreBerlusconi criado en Disneylandia por hinchas del equipo de polo de la Tricontinental. El sistema económico que propugnaba para la Unión Soviética hubiera asustado por su moderación a la mismísima Margarita Thatcher. A su lado, los Chicago's Boys y su entrenador Milton Friedman hubieran parecido exaltados izquierdosos. Tan pasmado me dejó que le pregunté: "¿Pero realmente es usted miembro del partido comunista?". Me respondió encopetado: "¡Y a mucha honra!". "¿Pero qué pensarían Marx y Lenin de su programa económico?". Sonrió feliz, con su pinta inimitable de modesto perdonavidas: "¡Fueron dos viejos cascarrabias!". No pude soportar ni un minuto más tanta pachorruda arrogancia. Ganas me entraron de pedirles a los supervivientes del comunismo puro y duro, los afganos, que me dejaran ingresar en sus filas a pesar de mi ácrata pasado o por lo menos devorar en su restaurante catalán una olla podrida como el panorama "¡y al rojo vivo, camarada Dimitrov!".Precisamente gracias a los colores se diferenciaban con tacto y primor éstos y aquéllos durante la última dictadura, cuando, por ejemplo, las palabras izquierda y derecha no sólo significaban algo cabal en las comisarías, sino hasta en los diccionarios. María Moliner define, en su suculento dicciona rio, "rojo" como "persona de ideas muy izquierdistas" y dice de "rojillo" que "se aplica al sospechoso de ser adversario del actual régimen". ¡Cuidado! ,,actual régimen" quiere decir aquí franquista. ¡Los hay tan mal pensados!