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miércoles, 28 de enero de 2026

Lucía Solla Sobral / “No hay un perfil de víctima, cualquiera puede serlo"

 

Entrevista a Lucía Solla

Entrevista a Lucía Solla. David JarDavid

Lucía Solla: "No hay un perfil de víctima, cualquiera puede serlo"

'Comerás flores' es la primera novela de Lucía Solla, un retrato delicado y perturbador sobre el amor tóxico, el silencio y el proceso de hacerse 

Marina Cartagena
26 de febrero de 2026

No suele dictar la norma que una primera novela alcance la repercusión que ha conseguido Lucía Solla Sobral (Marín, 1989) con “Comerás flores”. Cierto es que desde el primer vistazo su llamativa cubierta amarilla y un título tan poderoso como perturbador funcionan casi como una declaración de intenciones. La obra ha cosechado el aplauso tanto del público como de la crítica, y en ella Solla demuestra una admirable capacidad para equilibrar dolor y belleza en una misma página. A través de la relación de amor tóxico entre Marina y Jaime (su pareja, veinte años mayor que ella), la autora despliega una trama que va mucho más allá del vínculo sentimental. En realidad, la novela navega por territorios profundamente reconocibles para un amplio abanico de lectores: la identidad, las amistades, la familia y todo lo que implica el proceso, a veces demasiado duro, de hacernos mayores.

domingo, 25 de enero de 2026

Lucía Solla Sobral / Comerás flores / Reseña




Lucía Solla Sobral
COMERÁS FLORES
El maltrato que no deja marcas

Carolina Isasi
25 de octubre de 2025


El otoño abría camino en la ciudad cuando tomé en mis manos Comerás flores (Libros del Asteroide), la prometedora novela debut de Lucía Solla Sobral. Ya desde la primera página sentí el murmullo de algo cercano: una voz que habla desde el vértigo de querer amar, desde el abandono de un duelo, desde el miedo disfrazado de ternura.

martes, 6 de enero de 2026

Lucía Solla Sobral / Comerás Flores / Fragmento




Lucía Solla Sobral
Comerás flores

FRAGMENTO

El día en el que mi padre murió, hacía sol y yo tenía hambre. Mi padre murió y bajé a Frida a hacer pis. Mi padre muerto y yo lavándome el pelo, eligiendo pendientes, probándome blusas. Ese día tuve que comprar el pan exactamente como cada día, ni muy tostado ni muy crudo, tender la ropa a la vuelta del tanatorio y ponerme los retenedores antes de dormir. Esa noche, vi a mi sobrino llorar y reír. Yo también lloré y reí. No sabíamos qué hacer con tanto dolor en los pulmones. Por las mañanas, me despertaba como si me hubiese quitado un peso de encima. El de la espera constante a la muerte desde la silla para las visitas. Papá había muerto y ya no tenía que esperar a que muriese más. Escuchaba sus zapatillas arrastrándose por el pasillo a la misma hora a la que él se levantaba de madrugada para ir al baño, pero papá ya estaba muerto y sus zapatillas guardadas en el neceser que trajimos de vuelta del hospital. Su teléfono seguía sonando, porque su operador no sabía aún que papá estaba muerto. Al principio, no quisimos dar de baja la línea. No por si volvía, sino porque la muerte es contagiosa y se nos quitaron un poco las ganas de vivir o, al menos, las de continuar con los trámites. A veces, contestaba esas llamadas. Eran de algún conocido despistado que decía: jefe, ¡que hace mucho que no te molesto! Y tenía que decirle que papá había muerto y que sí, que ya fue el funeral y que sí, que llevaba unos meses muy mal y que sí, que era normal que no se hubiese dado cuenta si no lo había visto últimamente por la calle con veinte kilos menos, un bastón y un parche en el ojo. Otras veces, era un amigo con alzhéimer que lo quería invitar a comer lamprea. Algunos días le explicaba que papá ya no estaba y otros le decía que le pasaría el recado. Mamá, aún hoy, cuando se encuentra a alguien que no se ha enterado todavía, se bloquea y se desangra y escarba y se va, porque siente que al decir que papá ha muerto lo está volviendo a matar. No dice muerto. Nunca. Yo tampoco fui capaz hasta muchos meses después. Mientras tanto, dije mi padre no está, se fue, nos dejó, no tengo padre, falleció. No sé si es verdad eso de que no tengo padre, pero sí que tardé mucho en decir que el padre que yo tenía murió.

He venido a hablar de mi libro: Lucía Solla Sobral, autora de 'Comerás flores'

 

Lucía Solla Sobral


He venido a hablar de mi libro: Lucía Solla Sobral, autora de 'Comerás flores'

Creadora y coordinadora de el Club de las Letras Salvajes, en Oviedo, debuta en la ficción con esta novela