EE UU revoca la visa de Wole Soyinka, primer africano en ganar el Nobel de Literatura
El escritor nigeriano anuncia que la administración de Trump le cancela su entrada al país: “Para quienes esperan que asista a algún evento, no pierdan su tiempo”
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XAVI AYÉN / KIM MANRESA (Fotos)
Hacer footing junto a Mario Vargas Llosa en el barrio limeño de Miraflores. Ayudar a la esposa de sir Vidia Naipaul a preparar un pastel de zanahoria en la cocina, mientras él vocifera en la habitación de al lado. Tomar el te en la cocina de Svetlana Alexiévich en Minsk. Charlar en la calle con una pandilla de sintecho amigos de Peter Handke en la localidad francesa de Chaville. Asistir a la fiesta de cumpleaños de Dario Fo en Roma, de tres días de duración. Ver a Annie Ernaux hablando con las prostitutas de la calle Robador. O a Jon Fosse entrando en su casa en los jardines reales de Oslo (que ocupa como artista oficial del reino noruego). Visitar junto a Nadine Gordimer la celda donde estuvo preso su amigo Nelson Mandela. Recorrer las calles de Tokio junto a Kenzaburo Oé buscando a toda prisa un emplazamiento para un acto pacifista para el que le denegaron por sorpresa la autorización en el hotel... Son muchos los recuerdos agradables o estimulantes de los veinte años que llevo, junto al fotógrafo Kim Manresa, persiguiendo por el mundo a los premios Nobel de Literatura (hemos cazado a treinta ya). Un trabajo que ahora recoge el volumenPlaneta Nobel, publicado por Libros de Vanguardia y que llega a librerías en los próximos días.
| Wole Soyinka |
BERNA GONZÁLEZ HARBOUR
El Nobel de Literatura de 1986 Wole Soyinka ha tardado casi medio siglo en regresar a la novela y lo hace con una pieza monumental, un fresco nada piadoso de la Nigeria actual que bien puede convertirse en retrato universal de la violencia, el extremismo religioso, el fanatismo, las supersticiones y la utilización del pueblo para fines más ligados a la corrupción que al desarrollo. Crónicas desde el país de la gente más feliz de la Tierra (Alfaguara) es obviamente un título satírico, muy satírico, pero el humor que destila va quedando congelado en la retina a medida que los pastores manipuladores, los políticos usurpadores y las víctimas de una violencia desalmada van desfilando en una historia coral que adquiere unidad de la mano de la aberración.
| Ngugu wa Thiong'o |
Empiezo a sentir una especie de déjà vu, cada vez que se anuncian las apuestas para ganar el Premio Nobel de Literatura, en relación con los posibles nombres que se barajan en general y en particular por parte del continente africano. Si clikais aquí, aquí y aquí vais a entender en seguida el porqué.
La diferencia fundamental está en el orden, en 2010 el primero de los autores africanos con posibilidades era el keniata Ngũgĩ wa Thiong’o y parece que ocurre lo mismo este año. En cambio, en 2013 se le adelantaba la argelina Assia Djebar. El somalí Nuruddin Farah, en cambio, siempre ha estado en un discreto medio. En las apuestas de Ladbrokers para este año (es muy significativo que los posibles ganadores salgan de los resultados que arrojan los apostantes, lo que ahonda en la imagen que el propio premio refleja para muchos) aunque el japonés Haruki Murakami sigue estando el primero, sorprende que el segundo y tercer puesto lo ocupen escritores africanos, podría deberse a algún tipo de filtración, ya que a estas alturas los candidatos, que han sido nominados por miembros de la propia Academia Sueca, profesores de literatura en importantes universidades, sociedades literarias de gran prestigio o los propios autores premiados en ediciones anteriores, se han reducido a 5 nombres.
| Ngugi wa Thiong'o |
Ya lo he dicho en más de una ocasión. Debería de ir a África. En todas partes hay buenos escritores/as, también allí. En marzo de este año murió Chinua Achebe. Ya es tarde para reconocer todo lo que este hombre aportó a la literatura. Como en tantas ocasiones, otro agravio más para este continente. Sólo cuatro escritores africanos han sido galardonados con el premio desde su creación: Wole Soyinka (1986), Naguib Mahfouz (1988), Nadine Gordimer (1991) y JM Coetzee (2005). A veces se añade también a Doris Lessing (2007) quien no nació en África, pero se crió allí y varios de sus libros están basados en este continente.
En las últimas horas las apuestas (no olvidemos que donde hay un premio, hay apuestas) que se están haciendo a través de Landbrokes (una empresa británica dedicada a juegos de azar y apuestas deportivas), van arrojando nombres. Estas apuestas aunque no siempre aciertan, a veces lo hacen, como ocurrió en 2011, cuando el Nobel fue para Tomas Tranströmer. Según Landbrokes, la lista de favoritos la encabeza el japonés Haruki Murakami.
Sin embargo, la Academia sueca suele provocar muchas sorpresas también y, como he dicho, la mayoría de las veces los apostantes no aciertan en el pronóstico. Por eso, no podemos olvidarnos de los nombres africanos que suenan con fuerza en la lista de Landbrokes (son nombres que año tras año aparecen como candidatos al Nobel) y que me sirven de excusa para hablar de ellos ahora en este blog:

♦La argelina Assia Djebar está a 12/1: (en árabe أسيا جبار ) seudónimo literario de Fatema Zohra Imalayen, nació en Cherchell, Argelia en 1936. Su nombre aparece a menudo entre los candidatos al Nobel. Escritora, cineasta y feminista comprometida, ingresó en la Academia Francesa en 2005. Su trayectoria literaria incluye poesía, teatro, drama, narración o ensayo, además de películas de cine. Recibió el prestigioso Premio Internacional Neustadt de Literatura. Entre su obra destacan: Grande es la prisión (1995) y el Cuarteto Argelino en el que la autora recorre la atormentada historia de Argelia y se recorre a sí misma. Mujer comprometida con su país, después de la independencia de Argelia y de trabajar como periodista para un diario del FLN, ejerció de profesora en la universidad de Argelia, hasta que, a causa del golpe de Estado de Bumedián, se vio obligada a abandonar el país

♦El keniata Ngugi wa Thiong’o está a 20/1: Novelista, ensayista, dramaturgo, periodista, editor, conferenciante y profesor universitario, ha desarrollado además una importante labor como activista político y social. La publicación de Petals of Blood (1977), un fresco crítico acerca del régimen poscolonial del país, provocó su encarcelamiento. En prisión decidió abandonar el inglés y escribió en kikuyu, su lengua natal, la novela Caitani Mutharabaini (Diablo en la Cruz) (1982). El acoso político y las dificultades para continuar trabajando en su país motivaron su exilio. Su siguiente novela, Matigari (1986), fue prohibida en Kenia. En 2004, tras la dictadura de Moi, trató de instalarse de nuevo en su tierra, pero fue torturado brutalmente junto con su esposa que fue violada. Su decisión de no volver a escribir en inglés y hacerlo solamente en kikuyu, le ha hecho ganar fieles seguidores en todo el mundo que admiran su firmeza y su compromiso. Entre su obra destaca más reciente destaca El brujo del cuervo.
♦El somalí Nuruddin Farah está a 100/1: Estudió en Chandigarh, India, así como en las universidades de
Londres y Essex. From a Crooked Rib (1970) ha sido reconocida como la primera novela moderna escrita por un hombre centrada en la opresión de las mujeres. Ha escrito varias trilogías, la segunda es quizás la más conocida: Maps (1986), Gifts (1992) y Secrets (1998). Con Eslabones comienza su tercera y más ambiciosa trilogía, a la que pertenecen también Nudos y Crossbones. También es un escritor muy comprometido con su país, de hecho tuvo que exiliarse, sus libros críticos con la dictadura de Mohamed Siad Barre, provocaron su exilio de Somalia del que solo regresó en 1996. Actualmente reside en Ciudad del Cabo y hace periódicas visitas a su país. A nivel literario, sus obras tienen dos grandes protagonistas: la propia Somalia y su proceso de autodestrucción («escribo sobre mi país, para tratar de mantenerlo vivo»), y el papel de la mujer somalí
Dentro de poco se va a conocer al Premio Nobel de Literatura 2013. Nunca he sido amiga de los grandes premios. En sus listas siempre hay dudosas distinciones y tristes omisiones. El Nobel de Literatura va unido, a menudo, a motivos ideológicos, políticos y de oportunidad. Además es un premio que desdeña a las lenguas minoritarias; la mayoría de los ganadores son escritores en lenguas europeas (el top lo tiene el inglés). En cuanto a las mujeres; 12 ganadoras de un total de 112. El mismo Chinua Achebe decía que si bien el Nobel era importante, era un premio europeo, no africano.
Hoy quizás tengamos un Nobel africano, cualquiera de los tres mencionados se lo merece, sé que no se debe de premiar nada más que la pura literatura, pero quiero destacar que en los tres mencionados se une una extraordinaria trayectoria literaria con un gran compromiso personal. Y si no lo ganan da igual, os invito a leer sus obras. Y las de Chinua Achebe.
LITERAFRICAS![]() |
| Wole Soyinka |
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| Jonathan Littell |
Sorpresa en Barcelona. Jonathan Littell (Nueva York, 1967), el escritor estrella de la temporada, autor del éxito Les Bienveillantes (Gallimard, 250.000 ejemplares vendidos en Francia), la tremenda novela protagonizada por un Obersturmbannführer de las SS activo participante en el Holocausto, rompió ayer su voluntario alejamiento de las miradas públicas en Barcelona, donde reside, para acudir a un homenaje a la periodista rusa Ana Poliktóvskaya, asesinada el pasado 7 de octubre en Moscú. Littell concentró miradas y fotografías en el acto y su presencia eclipsó incluso la del venerable Nobel nigeriano Wole Soyinka, que también participaba en el homenaje.
Jonathan Littell, escritor estadounidense que ha escrito su primera obra literaria en francés y ha ganado con ella el premio Goncourt, el pasado día 6, ha optado tras su éxito por rehuir cualquier acto o entrevista, actitud que sólo depone en muy contadas ocasiones en la consideración de que lo que ha de interesar a la gente es su obra no él.
De hecho, ayer fue la primera oportunidad para conocer en persona al esquivo autor. Tuvo lugar en el marco del Salón del Libro de Barcelona, en un acto que no contó con una audiencia muy numerosa. La organización ya había avisado de que Littell se limitaría a hablar de Ana Politkóvskaya y el conflicto checheno, en su calidad de conocedor del tema por sus visitas al país como miembro de una organización humanitaria, y no contestaría preguntas. Así fue.
Con su aire de adolescente de Retorno a Brideshead y cierta pose de languidez airada, el novelista tomo asiento entre los otros protagonistas del homenaje: Soyinka, el escritor de Zimbabwe Chenjerai Hové, el periodista marroquí Ali Lamrabet -tres personajes que han sufrido persecución en sus respectivos países-, y los periodistas catalanes Carles Torner (moderador del acto) y Llibert Ferri. Littell, que sufrió varios ataques de bostezos hasta que llegó su turno de intervenir, se mostró seguro de sí mismo y habló con voz fuerte y clara. Trazó una panorámica del contexto político en que se movía Ana Politkóvskaya en Chechenia y explicó los prolegómenos de la guerra y las dos fases de esta, con prácticamente ninguna referencia personal. "La guerra se volvió muy difícil para los periodistas. El Gobierno ruso planificó un férreo control sobre la información hasta que se hizo imposible trabajar. Sólo era posible hacer visitas guiadas de la mano del ejército. Te llevaban en helicóptero a donde querían y te volvían a traer. El New York Times, por ejemplo, hizo reportajes vergonzosos, ridículos por lo limitado. Había miedo. Se empezó por atacar el eslabón más débil de la información, los corresponsales locales. A un amigo casi lo mataron, luego fueron a por su familia. De manera que cuando Politkóvskaya empezó en 2001 había un vacío.Trabajó en un entorno muy difícil. Cometió el error de nombrar a unos testigos en un juicio y las fuerzas rusas los mataron, a ellos y a sus familias, como escarmiento; eso la asustó mucho". Littell expresó su admiración por la periodista pero no mencionó si la la llegó a conocer. "Ella habló del efecto de la guerra en la sociedad civil, de cómo gangrenaba los fundamentos de la sociedad. Y de cómo luego la policía rusa, al regresar, usaba los mismos métodos en su país que en Chechenia. No luchaba por una idea abstracta, luchaba por el futuro de su país".
Littell consideró que a Politkóvskaya la mataron "no por ser quien era sino seguramente por algo muy concreto, que nunca sabremos". El novelista acabó señalando irónicamente que "lo admirable de Rusia es que es el único lugar en que se toma lo suficientemente en serio a los escritores como para matarlos". Algo que, reflexionó, tiene que ver con el peso de la tradición estalinista. Y acabó pese a todo con un toque de optimismo, citando la célebre frase de Mijail Bulgakov: "Los manuscritos no arden".
El Nobel nigeriano de Literatura Wole Soyinka lanzó ayer en el acto de homenaje a Anna Politkóvskaya la propuesta de que Mijail Gorbachov "lidere el proceso para revelar el misterio de su asesinato". Soyinka, que explicó cómo conoció al ex líder soviético en un encuentro de premios Nobel, consideró a Gorbachov la persona indicada para encabezar el esclarecimiento de un crimen "con métodos de Nerón" que no dudó relacionar con "los aparatos del Estado". Liddell consideró la propuesta de Soyinka muy acertada y recordó que Gorbachov fue presidente de la revista para la que trabajaba Politkóvskaya. De todas formas, recordó que el margen de movimiento de Gorbachov es hoy limitado en Rusia.