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domingo, 8 de noviembre de 2020

Juan Genovés / El sueño interminable



Juan Genovés en su estudio
Madrid, 2017
Foto de Bernardo Pérez

Juan Genovés: el sueño interminable

Hincha sin fisuras del Valencia C. F., al pintor le mantuvo vivo la ingenuidad en la lucha creativa por sus ideas marxistas



Manuel Vicent
15 de mayo de 2020

Conocí a Juan Genovés, fallecido este viernes, ya en Madrid hacia el final de los años sesenta y en la peña de valencianos Tirant lo Blanc a la hora de la cena en el reservado de algún restaurante siempre procuraba sentarme a su lado para hablar, no de marxismo leninismo, sino de aquellos futbolistas del equipo del Valencia que habitaban bajo el aroma de los cromos de nuestra niñez. Eizaguirre, Álvaro, Juan Ramón, Bertolí, Iturraspe, Lelé, Epi, Amadeo, Mundo, Asensi y Gorostiza. A veces para divertirme le planteaba un diabólico dilema: que triunfara la dictadura del proletariado o que ganara el Valencia la liga o incluso la copa del malhadado Generalísimo. No tenía duda. Para Genovés una victoria del Valencia C. F. era similar a la justicia universal y su derrota un severo cataclismo del espíritu. Nació en Valencia en 1930. Su infancia transcurrió en el barrio de Mestalla. Desde su piso situado en una cuarta planta veía la cancha del campo de fútbol y oía las ovaciones de los hinchas.

viernes, 22 de mayo de 2020

Antonio Muñoz Molina / Gente que he conocido

 


juan genoves
Retrato de Juan Genovés, en 2019. JORDI SOCÍAS

Antonio Muñoz Molina

Gente que he conocido

Me gusta preservar el recuerdo de Juan Genovés y Elena Aub, transmitirlo a otros más jóvenes, igual que ellos me trasmitieron a mí sus recuerdos de gente a la que habían conocido



22 de mayo de 2020

Leo en el periódico que ha muerto Juan Genovés y al día siguiente me entero nada más abrirlo de que ha muerto Elena Aub. Un signo de que uno va haciéndose mayor es la frecuencia con que lee necrológicas de gente a la que ha conocido. Durante muchos años yo tuve un trato intermitente y cercano con Elena Aub, más hecho de cartas y luego de correos electrónicos que de encuentros personales. A Juan Genovés le tuve admiración desde mucho antes de conocerlo. El año en que cumplió 80 años me invitaron a escribir el texto para un libro sobre su pintura, y gracias a ese encargo tuve la oportunidad de visitar su casa y su estudio, de verlo trabajar y conversar mucho con él. Los pintores a los que he conocido son extraordinariamente articulados cuando explican su trabajo o cuando reflexionan sobre el arte, o sobre el mundo visual. Hablan con la precisión del que lleva toda la vida dedicado a un oficio. Yo empecé a aprender de verdad sobre arte escuchando a José Guerrero en Granada, a principios de los años ochenta, y fijándome en las cosas que hacía con sus manos grandes y ásperas, fornidas en la vejez, manos de carpintero o de ebanista. También Juan Genovés venía de una familia trabajadora, de la ilustración popular y republicana de Valencia, y ese origen, sellado por la memoria infantil de la guerra, y por el espanto de lo que vino después, marcó su identidad de artista y su conciencia política.

viernes, 15 de mayo de 2020

Muere Juan Genovés, el defensor del arte como abrazo

Juan Genovés y El abrazo


Muere Juan Genovés, el defensor del arte como abrazo

El artista, que falleció en Madrid a dos semanas de cumplir 90 años, es el autor de la obra más simbólica y representativa de la reconciliación española durante la Transición


Angeles García
Madrid, 15 de mayo de 2020

Hay pocas obras de arte capaces de identificarse con el espíritu de una época como El abrazo, pintado por Juan Genovés en 1976. Realizado por encargo de la Junta Democrática, se llegaron a distribuir más de 500.000 ejemplares para exigir la liberación de los presos políticos y es el cuadro que representa en el mundo el espíritu de la Transición española. Genovés murió a la 1.30 del viernes en el hospital de La Zarzuela, donde había sido ingresado unas semana antes por dolencias que nada tenían que ver con el coronavirus y sí con su edad.

El 31 de mayo hubiera cumplido 90 años. Su esposa, Adela Parrondo, sus hijos (Pablo, Silvia y Ana) y sus dos nietos pudieron despedirse de él siguiendo los protocolos de seguridad por la pandemia. Su ayudante desde hace 16 años, Leonardo Villela, cuenta que la víspera de la muerte pidió papel y lápices para dibujar en la cama. En su estudio estuvo trabajando hasta los primeros días de mayo en una pintura de gran formato repleta de esos pequeños personajes que conformaban sus multitudes anónimas siempre presentes en la extensa obra que empezó durante la posguerra en su Valencia natal cuando se integró en colectivos como Los Siete (1949), Parpallós (1956) y Hondo (1960).

Autor de una obra combativa y solidaria, vinculado al Partido Comunista hasta finales de los 70, su salto al ámbito internacional se produjo en 1964 gracias al contrato que suscribió con la galería Marlborough, la misma firma que siguió representándole a lo largo de su vida y con los que deja pendiente una exposición con su obra reciente. Ese año, Genovés participaba junto a otros artistas españoles en la bienal de Venecia. El valenciano aportaba una pintura en la que se veía una multitud en la que se reflejaba el miedo que se vivía en la dictadura. “Yo era un muerto de hambre sin galerista”, contaba en una entrevista con EL PAÍS. “Frank Lloyd, copropietario de Marlborough, me preguntó si quería trabajar para ellos. Me dijo que llevaba a Lucien Freud, Moore, Francis Bacon… Ahora es una galería muy importante. Entonces era la mejor del mundo”.

De ser un artista entregado a la resistencia y de reflejar las calamidades de un tiempo dominado por el miedo al encarcelamiento y las exposiciones clausuradas, pasó a relacionarse y mantener amistad con Marcel Duchamp, Francis Bacon o Mark Rothko. Siempre solidario, no desaprovechó la oportunidad de que numerosos colegas españoles pasaran a formar parte de la cantera de Marlborough. En esa etapa de reconocimiento internacional le llegó el encargo de El abrazo por parte de la Junta Democrática. “Llegaron a imprimirse 500.000 carteles”, recordaba en la misma entrevista, “y no había una casa de gente progresista que no tuviera una reproducción. Ahora está en el Congreso, que es un sitio perfecto porque el cuadro es de todos los españoles, no mío. Y lo tengo tan claro que los derechos de reproducción los cedí a Amnistía Internacional”. El original de El abrazo se expone ahora en el Reina Sofía, y en el Congreso hay una réplica.

Entre obra y obra, Genovés se ocupó de muchos asuntos destinados a defender los derechos de los artistas. Uno de los más conocidos fue la creación de Vegap, la entidad que gestiona los derechos visuales en España. La fundó junto a siete amigos en 1990 y seguía siendo miembro del consejo de administración. En un comunicado difundido ayer la entidad reconocía: “Los artistas visuales tenemos mucho que agradecer a Juan Genovés. Un artista completo, con la auténtica nobleza de quien defiende la dignidad del ser humano ante todo”.

Otro de sus grandes empeños fue el lograr reconocimiento para el mundo de la cultura. Se enfurecía por la inexistencia de una ley de mecenazgo decente y por la desidia estatal ante la importancia del conocimiento: “No se enseña a mirar porque no se quiere que la gente aprenda a pensar. Consideran que Cultura es un objeto decorativo, de lujo, cuando es algo tan necesario como el comer. Nadie hace nada. Hay montones de edificios públicos abandonados que podrían ser usados por los artistas, porque la mayor parte de ellos no tiene ni donde desarrollar su obra. Mi hijo [el fotógrafo Pablo Genovés] decía hace poco que España necesita un Plan Marshall para la cultura. Totalmente de acuerdo”.

Uno de sus últimos actos públicos fue el pasado mes de otoño para presentar Resistencia, un libro editado por La Fábrica en el que se recogen sus obras más políticas y combativas. Allí, junto al historiador Mariano Navarro y el artista Fernando Sánchez Castillo, leyó el prólogo introductor del libro y se quejó de que a la lucha contra la dictadura franquista se le llamara oposición al antiguo régimen, “un necio artilugio lingüístico astuto en componendas y arreglillos para ir tirando dentro de acuerdos tan engañosos como los Pactos de la Moncloa y la Constitución del 78. Bajo la amenaza y el ruido de espadas de los militares sobre nuestras cabezas, se hizo lo que se pudo y poco más”