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domingo, 18 de junio de 2023

Esteban Carlos Mejía / Cormac McCarthy





Esteban Carlos Mejía
CORMAC McCARTHY

El martes pasado en Santa Fe, Nuevo México, a la muy venerable edad de 89 años, descansó en paz mi profeta de profetas. Mítico. Pedregoso. Inigualable. Él, luz de agosto, sobre quien alguna vez Los Angeles Times dijera, no sin marrulla: “Cormac McCarthy is too tough to die. / Cormac McCarthy es demasiado duro para morir”.

jueves, 1 de junio de 2023

Esteban Carlos Mejía / Morir de amor



 

Esteban Carlos Mejía

Morir de amor

19 de mayo de 2023


Mi amiga Isabel Barragán está tendida bocarriba bronceándose sobre una reposera junto a la piscina de su casa en El Poblado. Toples. Tanga como una seda dental. ¿No te parece que mi cuerpo es una grosería?, dice de repente y me señala la exquisita simetría de su figura. ¿Y tu marido?, pregunto antes de contestar. Está en la finca.

El esposo, Laureano, o sea, Nano, acá entre nos, es ganadero de nueva generación. ¿Mafioso? No. Estudió Zootecnia en Luisiana y sólo le importan las vaquitas: estabulación, inseminación artificial, engorde placentero. Bueno, a Isabel también la quiere…

Bajo el quitasol en donde encubro mi bochorno corporal hay una mesa de plástico con bebidas y mecato. También un libro: tiene una portada tan perturbadora como la misma Isabel. Se llama Muertas de amor, Tusquets Editores, y es la más reciente publicación de un autor con nombre y estilo de ganador, Triunfo Arciniegas. Ya lo leí, exclama Isabel y se reacomoda en la playera.

Son 22 cuentos o relatos, escritos o reescritos hace dos o tres décadas, una colección de ordalías de amor y deseo, hambre o sed de lujuria, dice sin vacilación. Y añade: Están narrados con una combinación de preciosismo y meticulosidad en la que sobresalen la inteligencia, el humor, el desparpajo y un erotismo abrasador, exquisito, perenne o, a la vez, fugaz. ¡Guau!, digo, descrestado con Isabel.

Emocionada, ella se incorpora y yo, gloria a Dios, disfruto su esplendor. No hace caso a mi avariciosa mirada de enamorado. Cada texto es mejor que el anterior, dice mientras se esparce bloqueador solar sobre los senos pluscuamperfectos. Cierto, balbuceo. Vuelvo a tragar saliva y digo no sin arrojo: Amoríos de jovencitas que se desviven por perder el virgo con hombres ya maduros, canas arriba, ganas abajo. El entierro de un payaso con una parranda descomunal en la que los dolientes olvidan el cajón con el muerto por andar bebiendo, tirando pólvora o follando. Crímenes de mujeres encoñadas que no vacilan en disparar cuatro, cinco o seis balazos contra sus amantes o examantes para librarse del despecho, la angustia del dolor o la pena del abandono.

Ahora la que dice ¡guau! es Isabel. Las historias transcurren entre Málaga y Pamplona, en los Santanderes, por carreteras tortuosas, páramos desolados o pueblitos viejos aún con el encanto del tren, y ríos o bosques para esconderse y descubrir la esclavitud del sexo.

Isabel va desgranando apartes del libro. Memorias del viaje de un niño con su padre herrero, ternuras reprimidas o desfogadas sin alardes, tirantes relaciones entre hombres de 40 años y muchachitas de 19, Melissa Walter, “semen y lágrimas”, “tristes animales del deseo”, látigos para “rugir de dicha”, “la muerte quema los recuerdos”, un listado de mujeres digno de Bukowski, boda y suicidio de un escritor paisa, el excelso delantal excelso.

No sin esfuerzo logro desentenderme de Isabel. Estas Muertas de amor es otro librazo de Arciniegas, Triunfo, pienso. Desde la reposera, Isabel me alcanza a leer la mente. ¡Mero golazo!, exclama y dichosa se voltea y voltea bajo la resolana.

Rabito: “De pronto se me ocurrió decirle:

—Tengo un conejo que quiero que veas.

Lo llevé de la mano al fondo del solar, más allá de la casa del perro que se nos murió de viejo, detrás del durazno. Me quité los calzones y me subí el vestido.

—Haz lo que quieras —dije”.

Triunfo Arciniegas. “Altagracia”, en Muertas de amor. Tusquets Editores, abril de 2023.

EL ESPECTADOR



miércoles, 7 de septiembre de 2022

Esteban Carlos Mejía / Vivir para escribir... en secreto



Vivir para escribir… en secreto

Esteban Carlos Mejía
29 de febrero de 2020

Casi te mueres, pendejo, solloza mi amiga Isabel Barragán, roja de ira. Fue sin querer queriendo, me defiendo. ¡Cómo no, moñito!, se emborrasca aún más. ¡Huérfano abominable!, y luego suelta un sartal de improperios al estilacho de Vicky Dávila mientras abre su bolso Louis Vuitton y saca un librote, 600 páginas o más: Lo que fue presente, en Alfaguara, noviembre de 2019.

viernes, 19 de marzo de 2021

Héctor Abad / ¿Un mimado del establecimiento?



Héctor Abad
¿Un mimado del establecimiento?
Esteban Carlos Mejía
18 de julio de 2020

A poco de la primera edición de El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince, en noviembre de 2005, escribí para el suplemento “Generación”, de El Colombiano, una ya olvidada reseña, en la que decía, palabra más, palabra menos, que ese libro no se leía, sino que se lloraba.

domingo, 16 de febrero de 2020

Esteban Carlos Mejía / ¿Cuántas vidas tienen las malas yerbas?

Esteban Carlos Mejía
Bogotá, 2016
Fotografía de Triunfo Arciniegas

YERBABUENA Y CORAZÓN DISCRETO

Esteban Carlos Mejía ¿Cuántas vidas tienen las malas yerbas?


Medellín, 15 de febrero de 2020

No había vuelto a escribir porque casi me muero. Una mañana, a principios de enero, desperté con las piernas hinchadas como un par de tarros de galletas. A regañadientes, consulté al médico. Al auscultarme oyó… un soplo en el corazón. Dos o tres días después (soy procrastinador emérito), escaldado por la angustia de mi familia, fui a urgencias de la Clínica Cardio VID, antes Clínica Cardiovascular Santa María, un faro en la oscuridad.

domingo, 7 de abril de 2019

Esteban Carlos Mejía / Aléjate, animal, que me salpica tu veneno



Esteban Carlos Mejía

Aléjate, animal, que me salpica 

tu veneno

“A mí me fascinó la maliciosa desenvoltura 
con que hombres y mujeres se devoran, 
se besan, se desnudan, se follan y se van”

El Espectador
6 de abril de 2019

Apenas van a ser las seis de la mañana y estoy aquí, tiritando, en el cruce de la Transversal Intermedia con la Loma del Escobero, en Envigado. “Estoy loco de la cabeza”, pienso con resignación. Pero al verla llegar, jadeante y sudorosita en pinta de atleta, se me desboca el corazón: sus largas y hermosas piernas perfiladas por la luz del amanecer, el cuerpazo de modelo treintañera, los ojos verdes como las hojas de guadua, su “párvula boca que siendo tan niña me enseñó a pecar…”. “¡A este paso me voy a volver poeta en Twitter!”, me río de mí mismo. Isabel Barragán, cogollito de ensueño, me muestra el cronómetro. No hago caso a las cifras. Le doy un tarrito con Gatorade y una toalla blanca, con sus iniciales en un borde, IBL. “El morral, Mejía”, me pide, ya sin resoplar. Lo abre y, como siempre, saca un libro. “Por los dioses más antiguos, Marduk o Moloch Baal, a esta mamacita le gusta más leer que follar”, me aterrorizo en silencio.

El libro es Dulce animal de compañía, de Triunfo Arciniegas, en Alfaguara, marzo, 2019. “Es una novela para adultos”, dice. Arrugo la frente. “Por si no sabías, Triunfo es el escritor de literatura infantil más famoso de Colombia”. “Umjú”. “Y ahora, después de más de 40 años, ¡42!, de concepción, escritura, reescritura, tormentos y regodeos entre Monteadentro y Cuatrovientos, acaba de publicar su primera obra para grandes”. Hojeo el libro, menos de 250 páginas, y le recibo la toalla. “Y es una novela erótica, erotiquísima, como te gustan a vos, Mejillón”. “Umjú”, repito, aún tiritando. “A mí me fascinó la maliciosa desenvoltura con que hombres y mujeres se devoran, se besan, se desnudan, se follan y se van”, dice ella. “Los hombres son muchachos, recién paridos del servicio militar, y las mujeres son muchachas, putas o vírgenes”. Me escandalizo: o finjo que me escandalizo. “Todo pasa en Pamplona, Norte de Santander, y en Málaga, Santander, el pueblito de donde es la familia de Tutina de Santos, imagínate”.
Isabel se niega a hablar de la trama: tenemos un pacto antispoilers. En cambio, suelta una retahíla: “El páramo, los frailejones, los toros, las cabras, los pozos en el río, los puteaderos, Sabines, Neruda, Idea Vilariño, la niebla, los perros callejeros, los sueños con insectos, las retretas en el parque, la luna ciega o torpe o curiosa, la lejanía, el temblor del deseo en los zaguanes o debajo de unas escalas, los conejos, el caballo blanco con su cola de estrellas, los borrachos, el loco Peralta, la loca Irene, los suicidas y Renata, siempre Renata”. “¿Cómo fue?”, digo. “Es una lista inconclusa de lo que me enganchó en este dulce animal. El lenguaje fluye del lirismo posmacondiano a la (c)rudeza de la sempiterna lujuria. Una poética vertical. Una lascivia burbujeante, casi directa, sin ascos”. “Se nota que te agarró”, digo mientras le empaco los útiles en el morral. “Muchísimo”. Le suelto un dato: “Al Triunfo también le va bien fotografiando mujeres desnudas”. “¿Sí?”. “¿Te interesa o qué?”. Ni lo duda un segundo. “Yo soy mujer de un solo hombre”, y la muy canalla me pica un ojo, no sin perfidia.



Rabito: “He venido por ti, Renata. Me persigue tu olor, me despierta tu olor, me socava y se ramifica dentro de mí. Me sale por la boca, untado de palabras. Déjame olerte, saborearte, mordisquearte toda. Déjame dormir junto a tu olor, Renata. Déjame revolcarme como un perro en el pozo de tu olor, Renata”. 
Triunfo Arciniegas. Dulce animal de compañía.
EL ESPECTADOR




domingo, 31 de diciembre de 2017

Esteban Carlos Mejía / La cofradía del santo reproche




Esteban Carlos Mejía

La cofradía del santo reproche

29 Dic 2017 - 9:00 PM

Hace lustros, cuando casi todos éramos chiquitos, Jean Paul Sartre cinceló una frase lapidaria, un legítimo epitafio: “Somos el infierno de los otros”. ¿Quieren comprobarlo? Métanse a Twitter o lean los comentarios de los lectores en los foros de periódicos y revistas. El abismo más abismal.

sábado, 20 de agosto de 2016

Poemas de Orlando Gallo

El lugar del deseo
Medellín, 2015
Fotografía de Triunfo Arciniegas
POEMAS DE ORLANDO GALLO
Selección de Esteban Carlos Mejía


Cuatro réplicas a Ernesto Cardenal

1a.

Saber que me has querido
como me has querido
o por lo menos como yo creo que me has querido
es mejor
que haber buscado a alguien que me quisiera más
y haberla encontrado
sin entenderlo
o sin creerlo.

O no haberla encontrado
definitivamente.

2a.

Tal vez había alguna mujer más linda que tú
en el Metro.

Tal vez descendió en otra estación,
o en la misma que yo,
por otras escaleras
y no pude percibir del todo su rostro
en el reflejo de las ventanas
y ese cabello agitándose por la prisa.

¿O eras tú la más bella
y tu ruta la más perdurable
y apenas ahora me doy cuenta?


sábado, 4 de junio de 2016

Esteban Carlos Mejía / Yo colonizo, tú me expropias


Esteban Carlos Mejía

Yo colonizo, tú me expropias…

El Espectador
3 de junio de 2016

Cuando yo era chiquito le oí decir a un antropólogo que la colonización antioqueña solo había dejado putas y maricas en Caldas, Risaralda y Quindío, esa comarca que los grecoquimbayas aún llaman con melancolía el Viejo Caldas.

sábado, 7 de mayo de 2016

Esteban Carlos Mejía / Las perversidades de Triunfo Arciniegas

El lobo y Triunfo Arciniegas
Ilustración de Mateo Rivano


Las perversidades 

de Triunfo Arciniegas


Esteban Carlos Mejía
El clima anda voluble en Medellín: la calima de marzo, las lluvias mil de abril, los aguaceros de la Santa Cruz en mayo: bocanadas de fuego o frío horrible de 20°, la 
eterna primavera de siempre.
Por Esteban Carlos Mejía
El Espectador, 6 de mayo de 2016

Mi amiga Isabel Barragán no cambia, eso sí, bonita, embriagadora, luminosa. Nos vemos en el café de Otraparte, la casafinca del filósofo Fernando González, en Envigado. Está de rechupete, las feministas (trasnochadas o frescas) perdonen mi desfachatez. Tiene un vestido de lazos, púrpura, medias bosque, cocacolos azul rey, todo de la nueva colección de Bendita Seas.
“Te traje un regalo de la Feria del Libro en Bogotá”, dice. “Un libro infantil…”. Pego un brinco: “¿Estás embarazada o qué?” “¡Mejía! ¡Cómo se te ocurre! Yo soy horra, como algunas yeguas de Nano”. Nano es Laureano, su marido, ganadero de nueva generación. “¿Horra?”. Sonríe, no sin picardía: “Sí, nunca quedo preñada”. Me pasa el traído, Caperucita Roja y otras historias perversas, de Triunfo Arciniegas, con ilustraciones de Mateo Rivano, colección El barco de vapor, de ediciones SM.


“Son 11 parodias o invenciones felices de cuentos casi siempre infelices”, explica Isabel. “Estimulan la imaginación y aguzan la inteligencia. Están escritos para lectores no literales, juguetones, libertarios.” Mientras habla voy hojeando el libro. “Con su literatura, Triunfo se inventa otro mundo, un mundo hermoso, pues es creyente fervoroso de la belleza como razón para vivir”.
“Ajá, como yo”, digo. Isabel arruga los ojos, escéptica. “Él es o parece todo un picaflor”, agrega. “De ahí su inclinación por la perversidad y la tergiversación de la realidad. Por ejemplo, en el cuento que da título al libro, el lobo feroz es una criatura honesta, ingenua, tierna, y Caperucita Roja es una chica depravada, perniciosa, cruel, desalmada. Y así… Los tres cerditos son más astutos que el lobo, y más brutales. Las princesas de sangre azul, negras o bizcas, son habilísimas para entenderse con pulgas y piojos”.
Ilustración de Mateo Rivano

Isabel me muestra El sapo que comía princesas: “Es un alegato contra el adulterio y la infidelidad. El señor de la barba azul se mete con obras y autores clásicos, El gato con botas, Blanca Nieves y los siete enanitos, Pulgarcito, Caperucita Roja, uno de los hermanos Grimm, encarnado en un cerdito, y Charles Perrault, transfigurado en un gato. Triunfo no le hace concesiones a lo políticamente correcto, tan de moda hoy en día”.
Abro los ojos, como si me fueran a echar gotas. Isabel mira para los lados: “Voy a decir algo que te va a escandalizar. Guardando las proporciones, este libro de Triunfo Arciniegas es y será como El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry: les gusta a los niños, pero les gustará más a los grandes, o sea, a los adultos, como tú y yo. Porque todos somos niños mayores de ocho años mientras no demostremos lo contrario”. Suspiro dos o tres veces. Isabel, triunfal, concluye: “Triunfo, a lo Henry James, le dio otra vuelta de tuerca a la escritura de cuentos infantiles. ¡Salud y larga vida!”.



sábado, 26 de septiembre de 2015

Esteban Carlos Mejía / Pablo Montoya, un ejemplo a seguir

Pablo Montoya
Medellín, 2015
Fotografía de Triunfo Arciniegas

Esteban Carlos Mejía

Pablo Montoya, ejemplo a seguir

Esteban Carlos Mejía
LA FERIA DEL LIBRO DE BOGOTÁ ES un portento, a veces sin cabeza. La Fiesta del Libro en Medellín es desenfadada.


El Espectador
28 de agosto de 2015

Ulibro, la feria del libro de Bucaramanga, busca ser la menos provinciana de todas. En 2015 llegó a su decimotercera versión, siempe organizada por la Universidad Autónoma de Bucaramanga, UNAB.
¿Por qué digo que es la menos provinciana? Por su apertura mental y democrática. En los últimos años ha traído a tres Nobel (Rigoberta Menchú, Óscar Arias y J. M. Coetzee) y a un Nobel alternativo (Manfred Max-Neef). Y a Savater, Monsiváis, Bastenier, entre otros. Este año invitaron a Ángela Patricia Janiot, la exreina de belleza que prefirió volverse periodista y no muñequita de farándula, y a Miguel Litín, director de cine chileno, cuya mítica película El chacal de Nahueltoro, de 1969, aún estremece mis neuronas con la brutalidad de la historia, la transparencia del relato y la contundencia de las imágenes en blanco y negro, desabrochadas y antihollywoodescas.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Pablo Montoya / Escritorazo

Pablo Montoya
Medellín, 2015
Fotografía de Triunfo Arciniegas
Pablo Montoya, escritorazo


Esteban Carlos Mejía
Si escribir es un arte, ¿cuál vendría siendo su ecuación? Habrá una por cada escritor, supongo. La mía es fácil de enunciar y difícil de practicar. E = t + o. Escribir = talento + oficio.
Por: Esteban Carlos Mejía

¿Talento? Unos más, otros menos, casi todos somos capaces de narrar las cosas de la vida. ¿Oficio? Oficio es escribir y tachar, reescribir y borrar, escribir y reescribir, leer y releer, percibir y no juzgar y sintetizar, y volver a escribir sin prisa y sin pausa hasta que la vaina quede como debe quedar. A Pablo Montoya (Barrancabermeja, 1963), ganador del Premio Rómulo Gallegos 2015, la ecuación le queda chiquita pues le sobran talento y oficio.

Esteban Carlos Mejía / Los tiempos paralelos de Haruki Murakami


Esteban Carlos Mejía

Los tiempos paralelos de Haruki Murakami

El Espectador
14 de agosto de 2015

Esteban Carlos Mejía
¿Qué hay en un nombre? ¿Qué oculta o qué disimula? ¿Qué revela o qué descubre? Si por casualidad ustedes han leído 1Q84, del escritor japonés Haruki Murakami, tales interrogantes les sonarán conocidos. ¿Qué significa su exótico título? ¿Qué sugiere? ¿Es acaso un juego de palabras? ¿Un sudoku? ¿Ciencia ficción? ¿Una alegoría de momentos ya vividos en el pasado pero escondidos en el presente? ¿Una epopeya posmoderna? ¿Novela policíaca?


sábado, 31 de mayo de 2014

Esteban Carlos Mejía / Ni Santos ni Zuluaga



Ni Santos ni Zuluaga: ¡oposición!

Esteban Carlos Mejía
A mi juicio, los candidatos más ejemplares de la izquierda en Colombia han sido Jaime Piedrahíta Cardona y Carlos Gaviria Díaz.
Por Esteban Carlos Mejía
El Espectador, 31 de mayo de 2014

Piedrahíta Cardona fue candidato del Frente por la Unidad del Pueblo en 1978, cuando ganó Turbay Ayala. Sacó 27.059 votos. ¿Una bicoca o una hazaña? Venía de la Alianza Nacional Popular, Anapo, del general Rojas Pinilla, y migró a la izquierda por convicción. Sin tregua atacó al imperialismo, fase superior del capitalismo, y sus estructuras semifeudales. Honesto y valiente, jamás se humilló ante los poderosos ni se afligió por su magra votación. Era (¡es!) consecuente con sus ideales. Paradigma de oposición.