Yasmina Khadra
EL ATENTADO
II
Ignoro cuántas personas han pasado por mi mesa de operaciones. Cada vez que acababa con una, los batientes de la puerta del quirófano se abrían para dejar pasar otra camilla. Algunas intervenciones no han durado mucho, pero otras me han dejado agotado. Tengo calambres por todas partes y un hormigueo en las articulaciones. Hubo ratos en que la vista se me enturbiaba y me sentía mareado. Sólo cuando un pequeño estuvo a punto de morírseme, creí razonable ceder mi puesto a un sustituto. En cuanto a Kim, se le han quedado entre las manos tres pacientes, uno tras otro, como si un sortilegio se entretuviera haciendo añicos sus esfuerzos. Salió de la sala 5 maldiciéndose. Creo que subió a su despacho a llorar a lágrima viva.