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sábado, 6 de marzo de 2021

Aixa de la Cruz / Cambiar de idea / Tatuajes y cicatrices


Aixa de la Cruz

Tatuajes y cicatrices

Aixa de la Cruz se confiesa en ‘Cambiar de idea’, el drama privado de una mujer que ha tolerado la injusticia, la desigualdad y el eufemismo sin combatirlos suficientemente


ANNA CABALLÉ
18 de marzo de 2019

En pocas semanas el nombre de Aixa de la Cruz, una joven escritora bilbaína de la que yo nada sabía, está sobre mi mesa de trabajo por dos razones. La primera, por firmar el epílogo de la novela de Iván Repila El aliado (su nombre aparece en la cubierta del libro), y la segunda, por ser la autora de un audaz texto autobiográfico, Cambiar de idea. En ambos, el feminismo y de manera muy especial la relación de las mujeres con la violencia constituyen temas centrales y se hace obvio que forman parte de las preocupaciones de sus autores. En El aliado, dicha preocupación se resuelve en forma de fábula y especu­lando sobre una guerra de sexos real, conducida por las mujeres hasta sus últimas consecuencias (tipo El club de la lucha) gracias al sacrificio de un hombre. En Cambiar de idea la perspectiva es otra muy distinta, pero ambos libros están escritos en clave generacional, donde una sinceridad mordaz, es decir, desposeída de cualquier misticismo, parece haberse instalado en la mente de la mayoría de los jóvenes autores.

viernes, 3 de julio de 2020

Aixa de la Cruz / Bilbao, la ciudad inventada

Una persona camina bajo la escultura de Louise Bourgeois 'Mamá',
en las inmediaciones del Museo Guggenheim de Bilbao.
27 de abril de 2020
 


PASEOS LITERARIOS 

Pasear sin rumbo fijo es un ejercicio que durante siete semanas ha estado prohibido. Autores como H. D. Thoreau, Walter Benjamin, Guy Debord o Rebecca Solnit sostienen que es una forma de pensar.


Bilbao, la ciudad inventada

Aixa de la Cruz
1 de mayo de 2020






Creo que no aprendí a pasear hasta que me embaracé. Antes solo corría. Calentaba articulaciones bajo el puente del Arriaga y emprendía ruta por la ribera de Abando, feliz de acelerar los fotogramas del Bilbao de las postales y a empujones con los turistas que se apelotonaban frente al Guggenheim. Buscaba las rutas mejor asfaltadas; solo eso. Ahora que he bajado la velocidad y camino atenta al paisaje, mi recorrido empieza allí donde terminaba mi entrenamiento, a los pies del puente Euskalduna, en la explanada que pertenecía a los antiguos astilleros y que ahora marca la frontera entre el paisaje urbano embellecido y el paisaje urbano en obras. No soy la única treintañera que siente predilección por esta zona. Somos muchos los que guardamos una imagen idealizada de ese Bilbao industrial y naviero, siempre turbio de xirimiri, del que tanto nos han hablado nuestros padres pero que jamás llegamos a padecer, y venimos hasta aquí en busca de sus ecos.

viernes, 11 de enero de 2019

Aixa de la Cruz / Sabina Urraca / Felices aquellas

Anne Sexton en casa

CASAS DE ESCRITORES

“FELICES AQUELLAS…”: ESCAPAR DEL RUIDO PARA ESCRIBIR MEJOR, CON AIXA DE LA CRUZ Y SABINA URRACA

La cuestión le ha importado a —digamos “casi” — todo aquel que ha querido afirmarse como escritor: retirarse o no para escribir más y mejor. Ante el persistente sentimiento de culpa por dejarse distraer, y no producir esa tirada de páginas que hagan merecer el apelativo, los escritores tomaron un día el hábito del monje —laborar, callar— como aspiración;  y desde entonces no han dejado de mirar hacia allí. Y digo monje, pero es un anhelo precristiano: todos sabemos que el mito lo inventaron Horacio y Marcial, la crisis entre querer estar en Roma y enterarse de todo o marcharse a la finca de las afueras, en compañía de los cipreses. Por eso he bautizado como felices a las dos escritoras con las que he conversado, Aixa de la Cruz (Bilbao, 1988) y Sabina Urraca (San Sebastián, 1984), por el “Beatus ille/feliz aquel” con que Horacio hurgaba en la herida de escritor demasiado apegado a la urbe. De la Cruz y Urraca han encarnado el motivo, al menos por unos meses —bastantes ya, eso les da toda credibilidad— del Beatus Ille, y se han marchado, una al campo, a una casa sin agua corriente ni calefacción; otra a un lugar donde no conoce a nadie. ¿No es terrorífico? ¿No fantaseamos con ello todos los días? Por otro lado, ¿no lo hemos hecho ya todas, aunque sea durante un fin de semana; no seríamos capaces de hacerlo el mes que viene? Sí. Como digo, éste es casi un dilema cotidiano para todo escritor. Pero lo que importa es que, de Horacio a acá, no se ha resuelto. No sabemos si es lo que debemos hacer; si, como queremos creer, existe una solución a nuestra resistencia a la escritura, una resistencia que no sabemos explicarnos: ¿Por la qué odiamos tanto?  “I hate to write”, que dijo Anna Quindlen en su artículo The agony of writing. O más bien “Odio escribir, me gusta haber escrito”, que decía Dorothy Parker. Y queremos que algo cure este rechazo incomprensible a nuestro, por otro lado, único asidero, último hilo de convicción y amor duradero.

jueves, 10 de enero de 2019

‘La generación’ / La historia del último ‘boom’ de la literatura española

Cristina Morales, Lucía Baskaran y Aixa de la Cruz, retratadas esta semana en Barcelona, San Sebastián y Valencia 


‘La generación’: historia del último ‘boom’ de la literatura española

Una ola de autores nacidos en los ochenta y noventa, con una arrolladora presencia de mujeres y una prosa impulsada por la reflexión sobre el género, invade las librerías


Antonio J. Rodríguez
5 de enero de 2019

De Lectura fácil (Anagrama), que obtuvo el último Premio Herralde de Novela, se cuenta que antes del reconocimiento su destino fue otro. El libro lo contrató un gran grupo editorial, que nunca lo publicó tras la negativa de su autora a admitir ciertos cambios. Cristina Morales (Granada, 1985) no desmiente el hecho, pero admite que una serie de condicionamientos legales le impiden profundizar en esta historia. “Hay un problema general de censura”, dice, “es una censura por parte de mercado editorial hacia ciertos temas, y una censura a posteriori, la de jueces y fiscales. El primer obstáculo de un escritor es el propio código penal”.