El presidente Gustavo Petro ha decidido montar un nuevo espectáculo para distraer a los colombianos de la realidad de sus bolsillos. En una jugada que raya en lo absurdo, el mandatario anunció que la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) perseguirá a las empresas que suban sus precios tras el aumento del salario mínimo. Lo que Petro parece olvidar o quiere que nosotros olvidemos es que fue su propio gobierno el que le puso una lápida a la economía subiendo la gasolina a niveles históricos y forzando un aumento de nóminas que, por lógica simple, se tiene que traducir en el costo de los servicios y los pasajes.
Es el mundo al revés: el mismo que sube los costos de producción ahora pretende actuar como el "salvador" de los consumidores, amenazando con investigaciones a quienes intentan nivelar sus cuentas para no irse a la quiebra. Petro invita a los ciudadanos a denunciar "alzas irracionales", pero la pregunta es: ¿Dónde denunciamos el alza irracional de los combustibles que él mismo autorizó? Mientras economistas serios como Javier Mejía advierten que la inflación se está saliendo de control, la respuesta del Gobierno no es austeridad, sino persecución.
Al final, la estrategia es clara: tirar la piedra y esconder la mano. Suben el sueldo para quedar bien en la foto, pero cuando el pan, el transporte y el arriendo suben para poder pagar ese nuevo sueldo, la culpa es de los "empresarios malvados". Los colombianos no son tontos y saben que el dinero no rinde más porque se imprima más papel, sino porque la economía se maneja con coherencia, algo que en este gobierno brilla por su ausencia.
LA LENGUA CARIBE

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