Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos de Dorothy Parker. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos de Dorothy Parker. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de julio de 2016

Dorothy Parker / Estuviste perfectamente bien


Dorothy Parker

Estuviste perfectamente bien





El joven pálido se acomodó cuidadosamente en la silla y movió la cabeza a un lado para que el tapiz fresco le aliviara la sien y la mejilla.

-Ay, mi amor -dijo-. Ay, ay, ay, mi amor. Ay.

La muchacha de ojos claros, sentada en el sofá erguida y tranquila, le sonrió vivamente.

-¿Ya no te sientes tan bien como ayer? -dijo ella.

-Qué va, estoy muy bien -dijo él-. Estoy flotando. ¿Sabes a qué hora me levanté? A las cuatro de la tarde en punto. Traté de levantarme, pero cada vez que quitaba la cabeza de la almohada se me iba rodando abajo de la cama. La cabeza que traigo puesta no es la mía. Creo que esta era de Walt Whitman. Ay, mi amor. Ay, ay, mi amor.

Dorothy Parker / Mañana tengo un día horrible


Dorothy Parker
Biografía

Mañana tengo un día horrible



La mujer del abrigo con manchas de leopardo y el hombre con la bufanda de color azul genciana se deslizaron por el pasillo oscuro, rodeado de mesas, del bar clandestino.


—Siéntate en cualquier sitio que veas libre —dijo él—. Es sólo un minuto. Aquí hay una mesa, esta sirve, ¿no?



—Oh, sí —dijo ella—. Sirve perfectamente.



Se sentaron. Un hombre bajo y fornido con la camisa arremangada apareció junto a la mesa y esbozó una sonrisa amplia y amistosa.


Dorothy Parker / Una llamada telefónica


Dorothy Parker
Biografía
UNA LLAMADA TELEFÓNICA
Traducción de J.A. Ascencio
Por favor, Dios, que me llame ahora. Diosito querido, que ya me hable. No volveré a pedirte nada, de veras que no. No es mucho pedir. Para ti sería tan poquito, Dios, una cosita, una pequeñez. Únicamente que me llame ahora. Por favor, Dios, por favor, por favor.
Si no estuviera pensando en eso, a lo mejor sonaría el teléfono. A veces sucede. Si pudiera pensar en otra cosa; si pudiera pensar en algo diferente; tal vez si contara hasta quinientos de cinco en cinco, en ese momento timbraría. Contaré despacito. No haré trampa. Y si suena cuando llegue a trescientos, no voy a detenerme, no contestaré hasta llegar a quinientos. Cinco, diez, quince, veinte, veinticinco, treinta, treinta y cinco, cuarenta, cuarenta y cinco, cincuenta… ay, por favor suena. ¡Por favor!