Dorothy Parker
Estuviste perfectamente bien
El joven pálido se acomodó cuidadosamente en la silla y movió la cabeza a un lado para que el tapiz fresco le aliviara la sien y la mejilla.
-Ay, mi amor -dijo-. Ay, ay, ay, mi amor. Ay.
La muchacha de ojos claros, sentada en el sofá erguida y tranquila, le sonrió vivamente.
-¿Ya no te sientes tan bien como ayer? -dijo ella.
-Qué va, estoy muy bien -dijo él-. Estoy flotando. ¿Sabes a qué hora me levanté? A las cuatro de la tarde en punto. Traté de levantarme, pero cada vez que quitaba la cabeza de la almohada se me iba rodando abajo de la cama. La cabeza que traigo puesta no es la mía. Creo que esta era de Walt Whitman. Ay, mi amor. Ay, ay, mi amor.
-Ay, mi amor -dijo-. Ay, ay, ay, mi amor. Ay.
La muchacha de ojos claros, sentada en el sofá erguida y tranquila, le sonrió vivamente.
-¿Ya no te sientes tan bien como ayer? -dijo ella.
-Qué va, estoy muy bien -dijo él-. Estoy flotando. ¿Sabes a qué hora me levanté? A las cuatro de la tarde en punto. Traté de levantarme, pero cada vez que quitaba la cabeza de la almohada se me iba rodando abajo de la cama. La cabeza que traigo puesta no es la mía. Creo que esta era de Walt Whitman. Ay, mi amor. Ay, ay, mi amor.




