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miércoles, 5 de febrero de 2025

Las tácticas de supervivencia de Marianne Faithfull

 

La música Marianne Faithfull en su juventud.
La música Marianne Faithfull en su juventud.JACQUES HAILLOT (SYGMA/GETTY IMAGES)


Las tácticas de supervivencia de Marianne Faithfull

La cantante, que aprovechó inteligentemente sus tropiezos para construirse una trayectoria mitológica, se habría sentido abrumada ante tanto kirieleisón



Diego A. Manrique
DIEGO A. MANRIQUE
02 FEB 2025 - 23:34 COT

Veamos... ¿cómo explicarlo sin ofender a nadie? Imposible puntualizar detalles, cuando la muerte aporta ese definitivo halo de santidad, aparte del convencionalismo que ve “mala educación” en señalar inconsistencias en las biografías oficiales. Sospecho que Marianne Faithfull no compartiría esos prejuicios. Tenía la lengua suelta y, en verdad, era tremenda esnob. De visita a Madrid, alojada en una suite de lujo, se indignó al saber que en el mismo hotel, tal vez en la misma habitación, había vivido David Beckham: “¿Beckham, el futbolista? Qué horror. Si hubiera sido Beckett, el dramaturgo…”.

martes, 12 de noviembre de 2024

Las superestrellas no pudieron parar a Trump


Kamala Harris con Beyoncé, el pasado 25 de octubre en Houston (Texas), en un acto de la campaña electoral de la candidata demócrata.
Kamala Harris con Beyoncé, el pasado 25 de octubre en Houston (Texas), en un acto de la campaña electoral de la candidata demócrata.YI-CHIN LEE (GETTY IMAGES)


Las superestrellas no pudieron parar a Trump

Tal vez el ‘fandom’ no siga a pies juntillas los consejos de sus ídolos. O puede que el número de fans sea menor del que nos cuentan los publicistas

sábado, 5 de junio de 2021

Una dominatriz llamada Nancy Sinatra

 



Nancy Sinatra en una imagen de los años sesenta.
Nancy Sinatra en una imagen de los años sesenta.LIGHT IN THE ATTIC


Una dominatriz llamada Nancy Sinatra

La nueva recopilación, ‘Start Walkin’ 1965-1976’, resume la etapa álgida de la hija mayor de Frank Sinatra


Diego A. Manrique
28 de marzo de 2021

Uno de los misterios del pop es su ignorancia del concepto de la inmaculada concepción: puede generar obras magistrales a partir de ingredientes espurios, sin alegar coartadas de autenticidad o una secreta voluntad creativa. Pienso en la discografía de Nancy Sinatra (Nueva Jersey, 80 años), ahora condensada por el sello Light in the Attic en la primorosa colección Start Walkin’ 1965-1976.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

El máximo saqueador de canciones ajenas






Led Zeppelin plagio
El guitarrista Jimmy Page, retratado en 1970. GETTY IMAGES



El máximo saqueador de canciones ajenas

Jimmy Page ensució la carrera de Led Zeppelin con una ristra de plagios extraídos del blues y el folk


Diego A. Manrique
30 de agosto de 2019

Podríamos afirmar que Led Zeppelin dominó el rock de los años setenta. Como los Beatles en la década anterior, Jimmy Page y compañía acumularon popularidad, influencia y ¿respeto? No, falló el tercer ingrediente. Desde el principio, hubo hostilidad entre el grupo y los medios. La arrogancia de Led Zeppelin resultaba antipática y empeoraba por los modos brutales de su mánager, Peter Grant.
La crítica sospechaba que Led Zeppelin era un producto diseñado para satisfacer una demanda, detectada por Jimmy Page en sus viajes por Estados Unidos: desde 1967, el negocio del rock crecía imparable, ocupando emisoras de FM y grandes recintos. Su oferta superaba las expectativas: nadie podía negar la fuerza avasalladora de Led Zeppelin en vivo y en disco.
Pero su concepción no era inmaculada. Hasta el nombre había sido expropiado: fue una ocurrencia de Keith Moon, baterista de The Who, durante un intento de formar un supergrupo. Humor británico: “Esto volará como un zepelín de plomo”. Además, seguía un patrón preexistente: el primer elepé de Led Zeppelin reflejaba el debut del grupo Jeff Beck Group, publicado pocas semanas antes de que entraran en Olympic Studios. Beck exhibía gran inventiva como guitarrista, pero entonces parecía carecer de motivación: contratado para tocar en Woodstock, prefirió no acudir. Y desperdició una banda que incluía a Rod Stewart, Ronnie Wood o Nicky Hopkins. Por lo demás, coincidían las fórmulas: rock apoteósico, blues pesado, chispazos de folk.




LA ESTRELLA TACAÑA


Entre otros asuntos, Jimmy Page: La biografía definitiva, el libro de Chris Salewicz, retrata la asombrosa cicatería del guitarrista. Más allá de anécdotas chuscas, revela que el primer contrato de Led Zeppelin con Atlantic Records evidenciaba quién mandaba allí: la mitad de las regalías iban para Jimmy, mientras el restante 50% se dividía entre sus tres compañeros y su mánager. Page también sabía —y no era conocimiento habitual entre músicos de los años sesenta— que el verdadero filón estaba en los derechos editoriales. Lo había aprendido en Estados Unidos, durante su noviazgo con la compositora Jackie DeShannon y sus charlas con el productor Bert Berns.

Sin embargo, Jimmy Page tenía un vicio: se apuntaba la autoría de todo lo que tocaba. Con el tiempo, derivó en caricatura: el soberbio rock star que se embolsa los derechos correspondientes a empobrecidos bluesmen negros. Page creía que aquellos antecesores no podían reclamar, ya que se habían ido al otro barrio. Se equivocaba: no servía como excusa y todavía vivían Bukka White, Sleepy John Estes, Howlin’ Wolf o Memphis Minnie. No estaban en condiciones de pleitear, pero ese no era el caso de Willie Dixon, uno de los principales artífices del Chicago blues, que advirtió que Whole Lotta Love, el mayor éxito de Led Zeppelin, constituía una versión turbo de su You Need Love, grabada por Muddy Waters.
Dixon demostró que se podía litigar contra el imperial Led Zeppelin y conseguir indemnizaciones millonarias (y aparecer en los créditos de posteriores lanzamientos). Jimmy Page no aprendió la lección: echaría la culpa a su compañero Robert Plant, al que aseguraba haber encargado nuevas letras que no llegó a escribir; de rebote, venía a confesar que no las tenía todas consigo. Tampoco debía de considerarlo algo digno de recompensa: en el primer elepé, el joven Plant no firma nada.




El músico Willie Dixon, en Los Ángeles en 1991.
El músico Willie Dixon, en Los Ángeles en 1991. GETTY IMAGES

Dado que casi todas las grabaciones de estas “canciones inspiradoras” pertenecen al dominio público, abundan los discos con títulos como Las raíces de Led Zeppelin, que recopila hasta veintitantos temas añejos que cayeron en manos de Jimmy Page. Ojo: en la práctica, el hombre también carecía de escrúpulos a la hora de chulear a artistas blancos.
A veces, se trataba de errores: sacó Baby I’m Gonna Leave You de un elepé de Joan Baez, donde figuraba como Tradicional; en realidad, pertenecía a una aficionada de San Francisco, Anne Bredon, que solo a partir de 1990 fue reconocida como coautora (sic). Dazed and Confused era obra del estadounidense Jake Holmes; durante décadas, Page negó conocer ese dato, aunque había tocado la pieza con los Yardbirds, su grupo previo a Led Zeppelin. En 2010, tras un acuerdo extrajudicial, siguió atribuyéndosela, con el añadido de “inspirada por Jake Holmes”.
Aparte de unos dedos prodigiosos, Jimmy Page sabía elegir los modelos a imitar. Para Black Mountain Side se basó en la adaptación de la canción folclórica Black Waterside, realizada por Bert Jansch. No fue el único préstamo tomado del maestro escocés de la guitarra acústica, que pensó en denunciarle y no lo hizo por el alto costo de recurrir a la justicia en el Reino Unido.
En los últimos años, hemos visto mucho alboroto por una querella respecto a la más misteriosa canción de Zeppelin, Stairway to Heaven; supuestamente, su inicio plagia Taurus, un instrumental de Spirit, grupo de culto californiano. El caso todavía sigue coleando, para consternación de Jimmy Page. Y tiene razón: comparado con el resto de sus trucos de alquimia, pudo ser pura casualidad.
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domingo, 21 de julio de 2019

La vida perra de Elza Soares



La vida perra de Elzinha Soares

La histórica cantante brasileña abre este viernes el festival La Mar de Músicas, en Cartagena


DIEGO A. MANRIQUE
Madrid 18 JUL 2019 - 12:59 COT

No es pequeña hazaña lograr que Elza Soares (Rio de Janeiro, 1937) ofrezca en Cartagena uno de los tres conciertos en Europa previstos para el presente verano. Obligada a cantar sentada tras una caída, la sambista plantea un desafío a su público: la coexistencia entre su reluciente repertorio clásico y la música rupturista que ha facturado en el siglo XXI, destacando su condición de mujer negra en un país racista (“sí, escríbalo: Brasil todavía es racista”).

miércoles, 10 de abril de 2019

Los 100 mejores discos de la edad de oro del jazz, en un libro


Los 100 mejores discos de la edad de oro del jazz, en un libro

El volumen incluye textos de Diego Manrique, Jordi Soley e Iker Seisdedos


Jacinto Antón
Barcelona, 9 de abril de 2019






Wayne Shorter.
Wayne Shorter.

“Digámoslo fríamente: este criollo de Nueva Orleans era más temido que querido entre sus colegas. Bechet tenía mal beber, solía olvidar sus compromisos, recurría a la violencia y se comportaba de forma execrable con las mujeres. Sin embargo, nadie dudará de sus dones musicales”. Este suculento comentario de Diego Manrique aparece en la entrada correspondiente a Sidney Bechet plays Sidney Bechet, uno de los discos que figuran en un libro que recoge los 100 mejores de la edad de oro del jazz. La lista que propone Los 100 mejores discos, una introducción al jazz moderno 1953-1962 (Elemental Music Records, 2019) no se limita a la ficha y la información de cada obra, sino que incluye los muy diversos comentarios del propio Manrique, Iker Seisdedos y Jordi Soley, periodistas de acreditados conocimientos musicales los dos primeros, y productor discográfico y antiguo propietario de la tienda barcelonesa Jazz Collectors el tercero.

martes, 2 de abril de 2019

Otis Redding / Aquel gigante de Georgia

Otis Redding


Otis Redding

Aquel gigante de Georgia

Una nueva biografía sitúa a Otis Redding en su contexto político, racial y musical


La verdadera historia de ‘Respect’, la canción escrita por un hombre que Aretha Franklin convirtió en himno feminista

Diego A. Manrique
31 de marzo de 2019



Otis Redding.
Otis Redding. GETTY IMAGES

Más o menos, todos conocemos las circunstancias de la muerte de Otis Redding: víctima de un accidente de aviación, a finales de 1967, justo después de grabar la canción que concretaba su renovación estilística, “Sentado en el muelle de la bahía”. Sin embargo, hay detalles que no encajan. Tenía la envergadura de un guerrero mandinga pero, en realidad, acababa de cumplir los 26 años. Era un padre de familia, con tres hijos, instalados en un rancho de 110 hectáreas. Asombro: había conseguido ese estatus grabando para Stax Records, modesta discográfica de Memphis, y en tiempos de inmensas turbulencias raciales: cuatro meses después, Martin Luther King sería asesinado en el Lorraine Motel, donde solían alojarse los cantantes que acudían a grabar con Stax.

miércoles, 13 de marzo de 2019

La era del linchamiento / Michael Jackson se suma a la nómina de artistas indeseables



Michael Jackson

La era del linchamiento

Michael Jackson se suma a la nómina de artistas indeseables


DIEGO A. MANRIQUE
1 de marzo de 2019

En otros tiempos, había cierta épica en los intentos de regular lo que podíamos leer, ver, escuchar. Los procesos contra El amante de Lady Chatterley, Ulises o —permítanme una referencia generacional— la revista Oz seguían un guion estimulante: fiscales cenutrios contra expertos cultos y elocuentes, con finales reconfortantes en primera o segunda instancia.
Actualmente, impotentes ante Internet, los gobiernos occidentales renuncian a perseguir productos culturales. Han descubierto que las propias productoras o distribuidoras ejercen eficaces labores de censura. Hablamos de censura moral, aunque no se aplique a las obras: se juzga la vida íntima de los creadores. Ni siquiera esperan a que haya una sentencia (Kevin Spacey, Ryan Adams); incluso, desprecian aquellos veredictos en que los artistas fueron declarados inocentes: Woody Allen, R Kelly, Michael Jackson.

domingo, 3 de junio de 2018

‘Fargo’ y los setenta

Fargo
‘Fargo’ y los setenta


DIEGO A. MANRIQUE
3 ENE 2016 - 17:21 COT


Podía haber resultado uno de los grandes discos de 2015. Imaginen: intensas versiones hechas por Jeff Tweedy o White Denim, oscuras canciones añejas que tienen el resplandor del tesoro recién descubierto, Gustav Mahler conviviendo con Jethro Tull…

miércoles, 21 de febrero de 2018

De donde son los cantantes / La impúdica vida de Jonhny Hallyday



La impúdica vida de Johnny Hallyday

Llega 'A toda tralla', la primera biografía española del gigante que dominó el pop francés durante más de medio siglo







El cantante francés Johnny Hallyday, en septiembre de 1960. ROGER VIOLLET/CORDON PRESS
En la madrugada del 5 de diciembre, el donostiarra Felipe Cabrerizo ponía punto final a su biografía de Johnny Hallyday. Antes de apagar el ordenador, echó una mirada a las últimas noticias de France Presse. Le golpearon las tres palabras que iban a despertar al país vecino: “Johnny est mort”. Le despedirían un millón de parisinos, tras una ceremonia a la que acudieron los tres últimos presidentes de la V República. Se le ofreció un lugar en el Panteón de hombres ilustres, entre pensadores y héroes de la resistencia, pero había elegido ser enterrado en San Bartolomé, una isla de ultramar, siguiendo tal vez el ejemplo de Jacques Brel, que reposa en su rincón de Polinesia. De su voluntad de imbricarse en la gran tradición de la chanson francesa hablaremos luego.


Johnny Hallyday - Que Je T'aime

Cabrerizo iniciaba una carrera frenética para poner su recién terminado tomo (Johnny Hallyday. A toda tralla, Expediciones Solares) en los puntos de venta, antes de que se extinguieran los ecos del fallecimiento. En lo que llevamos de siglo, no se ha visto tal conmoción social por la muerte de un cantante, pero estamos ante un fenómeno exclusivamente francés (o francófono, seamos exactos). Johnny cuenta con una enorme bibliografía pero, piensa Cabrerizo, el suyo es el primer libro en otra lengua.
Ciertamente, no encontrarán una figura equivalente en todo el planeta. Un vocalista que no componía, que navegó por todas las modas, que presumía de tipo duro pero triunfó a lo grande con baladas. Excepto por patinazos puntuales, estuvo en la cresta de la ola desde 1960. Su magnetismo creció en vez de disminuir: en las últimas décadas, ofrecía tandas de conciertos en el Palacio de Bercy (19.000 espectadores), el Parque de los Príncipes (50.000) y recintos aún mayores.
Entraba en juego más que la música, evidentemente. Se palpaba la identificación de buena parte de Francia con este divo grandullón que tuvo una infancia de folletín, alejado de sus padres, (mal) educado en el circuito de las variedades, tocado por el rayo del rock & roll gracias a una película de Elvis. Y no olviden la coyuntura: surge en la segunda mitad de los llamados 30 Años Gloriosos, cuando el desarrollo económico borra la pesadilla de las guerras coloniales, el terrorismo en la metrópoli, la amenaza del golpismo militar.
El baby boom se tradujo en una explosión de la cultura juvenil, que en Francia engendró el yeyé. Aunque encuadrado en el movimiento Salut les Copains, Johnny se situaba por encima de aquella tropa gracias a la gravedad de su repertorio y su agilidad para asimilar tendencias: en 1961 ya grababa en Londres con los mejores mercenarios locales, al año siguiente estaba en Nashvile, trabajando en el legendario estudio de Owen Bradley.
Atención: Johnny reforzaba su credibilidad tocando la túnica de estrellas foráneas. Cierto que fichó como telonero a Jimi Hendrix cuando el guitarrista acababa de aterrizar en Londres, puede que sea verdad que “intimó” con la novia de Keith Richards, asegura que el Bob Dylan de 1966 se alojó unos días en su casa de París “pero no me dirigía la palabra cuando nos cruzábamos por los pasillos”. Uno ya se volvía incrédulo cuando aseguraba que Otis Redding quiso grabar con él y se siente un poco de vergüenza ajena cuando alardeaba de topetazos alcohólicos con Janis Joplin o Jim Morrison.
La verdad: Johnny iba de turista por la contracultura. Cuando ocurrieron los disturbios de Mayo del 68, acudió de espectador en su Rolls Royce blanco; espantado ante la violencia, salió pitando hacia la Costa Azul. Más adelante, ya no tendría que fingir. Patrick Eudeline, famoso crítico musical, logró una audiencia informal con su adorado Johnny: le preguntó quién era el artista vivo que más le impresionaba. Se le cayeron los palos del sombrajo cuando le respondió que…Elton John.
No, Hallyday no ejercía de hipster: lo suyo era pillar ideas impactantes, aptas para ser recicladas. Para su estreno de 1998 en el Estadio de France (90.000 personas), quiere representar una famosa escena de Apocalypse now, aquel enjambre de helicópteros en formación de ataque mientras suena la “Cabalgata de las valquirias”; solo le permiten un aparato, que finge depositarle en la cubierta del estadio. En realidad, se trata de un extra; las imágenes de Hallyday descolgándose habían sido previamente grabadas.
El modus operandi de Johnny era comercialmente impecable: cuando se acabó el filón de hacer versiones de hits foráneos, contrató a compositores eficaces -Michel Berger, Jean-Jacques Goldman, Pascal Obispo- que proporcionaban densidad emocional a su personaje. A continuación, montaba espectáculos apabullantes, que enlataba en CD y DVD. Todo se consumía con voracidad.
Franceses de varias generaciones simpatizaban con ese chico de la calle, hecho a sí mismo, insumiso ante las convenciones morales. Para compensar, debía enfatizar sus desdichas. La suya fue una vida al desnudo, prevista para que los medios amplificaran sus amores y divorcios, las broncas callejeras y las estancias en Urgencias, los accidentes automovilísticos y los problemas con la cocaína, las peleas con Hacienda y los conflictos con David (el hijo que tuvo con Sylvie Vartan).
A pesar de semejante carga, los cineastas intuyeron su plasticidad. Hizo memorables papeles en películas de Claude Lelouch. Jean-Luc Godard, Patrice Laconte, Costa-Gavras. Y todo sin renegar de la imagen de rocker, aunque su música derivara hacia el pop convencional. En los últimos tiempos, se acostumbró a despedir sus shows con clásicos imperecederos de la chanson, como “Non, je ne regrette rien” o “Et maintenant”. Por si alguien no se había dado cuenta, recordaba que era hijo de la Piaf, sobrino de Becaud, alumno de Aznavour. Francés hasta la médula.
EL PAÍS



jueves, 24 de agosto de 2017

Diego Manrique / Un año con David Bowie

David Bowie

Un año con David Bowie

Si hubo una constante en la vida de Bowie, esa fue la voluntad de control


DIEGO A. MANRIQUE
8 ENE 2017 - 18:02 COT

Ya podemos proclamar que 2016 ha sido (¡de nuevo!) el año de David Bowie. Se ha reiterado su colosal importancia, como músico, icono de su tiempo y alquimista cultural. Su último lanzamiento, Blackstar, ha conseguido una rara unanimidad, encabezando las listas de final de año tanto de revistas comerciales como en publicaciones esótericas. Del Q al Wire, para entendernos.

sábado, 17 de junio de 2017

The Rolling Stones / Más ruidosos que la guerra

The Rolling Stones

Los Rolling Stones, más ruidosos que la guerra

Se han convertido en otro grupo más, que obedece a incentivos económicos


DIEGO A. MANRIQUE
6 MAR 2016 - 18:04 COT



No iban a ser así. Me refiero a los años finales de los Rolling Stones. Hasta 2005, marcaban orgullosos la diferencia con los grupos que traficaban en nostalgia. Ellos, no: sacaban un disco con canciones frescas –el de ese año fue notable, A Bigger Bang- antes de salir de gira. Había una conexión entre creatividad y explotación de la leyenda.

lunes, 17 de octubre de 2016

Bob Dylan / El esperpento del Nobel


Bob Dylan y Suze Rotolo

Bob DylanEl esperpento del Nobel

Dylan merecía ser premiado. En una categoría que todavía no existe


Diego A. Manrique
16 de octubre de 2016


Dentro de unos años, el Nobel de Literatura de 2016 nos parecerá un chiste, un chiste de relativo ingenio. Tal vez se haya roto la ley del silencio y sepamos cómo los baby boomers de la Academia Sueca lograron convencer a sus compañeros de mayor edad para votar a Bob Dylan: “¿otro whisky, querido maestro?”.