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miércoles, 3 de enero de 2018

Charlotte Gainsbourg: / “No tengo el talento de mi padre ni la belleza de mi madre”




Charlotte Gainsbourg: “No tengo el talento de mi padre ni la belleza de mi madre”


28 DIC 2017 - 18:00 COT

Desde niña cada uno de sus pasos ha sido comparado en términos genéticos. Hija de Jane Birkin y Serge Gainsbourg, semidioses de la cultura francesa, la actriz y cantante edita un nuevo disco y confiesa: “No tengo el talento de mi padre ni la belleza de mi madre”.

MIRARLA ES observar las aguas calmas de un lago bajo el que uno adivina una gran agitación y conflicto. La definición es de su madre, Jane Birkin, y resulta imposible igualarla en poesía y precisión. Charlotte Gainsbourg es una atalaya que amenaza con derrumbarse, una silueta de bailarina clásica con las cuatro extremidades en huelga, un icono de lo chic vestido con camiseta de algodón y tejanos desgastados. Sonríe con esmero, pero no logra disimular la negritud de su ser, como un personaje de las hermanas Brontë trasplantado al corazón de Saint-Germain-des-Prés. La cita es en el bar de un lujoso hotel parisiense, a solo un par de esquinas de la casa donde creció. La mítica morada en la Rue de Verneuil en la que vivió su padre, ese Zeus de la melodía llamado Serge Gainsbourg, hasta su muerte en 1991, se ha convertido en lugar de peregrinaje para sus innumerables fans. La fachada está cubierta de abundantes pintadas. La más impresionante reproduce los rostros de sus progenitores a escala gigante, como lo haría la propaganda de un régimen autoritario. Junto a ellos, esta actriz y cantante de 46 años conforma lo más parecido a una familia real que pueda tener esta nación tan orgullosamente republicana.

martes, 27 de junio de 2017

Serge Gainsbourg / El canalla definitivo


Serge Gainsbourg
EL CANALLA DEFINITIVO



Cuando se cumplen 25 años de su muerte, una biografía rescata el artista virtuoso y el personaje trágico y decadente.


Joana Rei
7 de enero de 2016


A Serge Gainsbourg uno se lo imagina en un tugurio parisino, con una copa en la mano y un cigarrillo encendido en la otra. Así, siempre. Estaría solo, apoyado en la barra o sentado en la mesa más escondida del bar, con esa mirada de artista atormentado entre volutas de humo y una irresistible nariz. “Era un personaje trágico, solitario, noctámbulo, adicto al alcohol y al tabaco, con una vida de excesos y que vivió en constante frustración. Pero, por encima de todo, era un magnífico compositor, una de las figuras fundamentales de la música francesa del siglo XX”, explica Felipe Cabrerizo, autor de la biografía del artista Gainsbourg: Elefantes Rosas (Expediciones Polares), que sale a la venta el año que se cumplen 25 años de su muerte.

lunes, 26 de junio de 2017

Serge Gainsbourg / Jane Birkin / Je suis venu te dire

Jane BIRKIN 
Je Suis Venu Te Dire Que Je M'En Vais

  Serge Gainsbourg

BIOGRAFÍA

Jane Birkin 

Je suis venu te dire...

15 octubre, 2008



"Je suis venu te dire que je m’en vais"

Esta frase, sublime e inequívoca, es el titulo de una canción que escribió y cantó Serge Gainsbourg, canalla de profesión y genio de la provocación.

“He venido a decirte que me voy” es la cosa más sencilla y más difícil que una persona puede decir a otra… Si todos lo hiciéramos cantando como Serge, quizás las cosas no serían tan tristes, aunque en esta canción, se pueden oír de fondo y de coro los llantos ahogados de la preciosa Jane Birkin. Bueno, tampoco era para tanto. En otra canción, anterior a esta, mientras Serge cantaba, Jane se moría de gusto simulando un orgasmo.
Jane Birkin


En esta vida perra que nos ha tocado, no hay nada seguro. Y después, esta la muerte, segurísima ella. Y, hasta que se demuestre lo contrario, luego no hay nada.

En el amor que nos toca, pasa algo parecido. El amor nace, se muere y después no hay nada. Punto final. Fin de la historia. Que te vaya bonito.
Jane Birkin


Por nuestra condición y por miedo, no nos gusta la muerte, no queremos hablar de ella, no nos gusta pensar en ella y maldita sea, no queremos morir.

Tampoco nos gusta separarnos, divorciarnos, cortar el rollo o simplemente dejar señal de vida. Pero si hay que morir, también hay que dejar que el amor se muera.

Para volver a la canción y a su historia, se han amado, han dejado de quererse y se despiden. Corto, claro y limpio.

Jane Birkin y Serge Gainsbourg



LA MÚSICA DE GAINSBOURG

La música de Gainsbourg ha sido frecuentemente analizada y reutilizada por otros artistas, tanto franceses, por ejemplo MC Solaar en Nouveau Western, como internacionales, como Massive Attack en su Karmacoma (Portishead experience) o Jennifer Charles, de Elysian Fields, que retoma Les Amours Perdues, en un álbum de versiones de Gainsbourg). El álbum « Monsieur Gainsbourg revisited » aparecido en marzo de 2006, reagrupa 14 adaptaciones inglesas realizadas por Boris Bergman y notablemente interpretadas por Franz Ferdinand, Portishead, Jarvis Cocker, Kid Loco, Gonzales, Feist y Tricky, entre otros. Tanto es así que, incluso, mantiene concomitancias con cantautores españoles como Aute.
Por otro lado, Serge Gainsbourg ha impreso su marca en sus textos. Con un estilo poético, no duda a producir rimas complejas (Comment te dire adieu). Ávido de los juegos de palabras, utiliza a menudo el doble sentido. Las alusiones eróticas son más frecuentes cuanto más avanza su carrera. Algunas de sus canciones se recuerdan por su carácter provocador, como las alusiones a la felación en Les Sucettes, que provocaban la conmoción en la boca de una France Gall de apenas dieciocho años. Más tarde, Gall dirá que no entendió el doble sentido del texto hasta años después de haberla cantado.  Más tarde será Jane Birkin simulando un orgasmo en Je t'aime, moi non plus, gran hit mundial. Gainsbourg flirtea con el tabú del incesto en compañía de su hija, la frágil Charlotte Gainsbourg: durante los 80, acompaña a su padre en el dúo Lemon Incest, evocador título que suscitará numerosas críticas. Gainsbarre llegará a la cumbre de la provocación erótica con el gran éxito Love on the beat: auténtico poema pornográfico, cuyo fondo sonoro está constituido por los gritos orgásmicos de Bambou, grabados sin que ella lo supiera. La orquestación está bañada de un funk frío y los coros llenan la pieza de unas voces andróginas y conmovedoras.
WIKIPEDIA 


DE OTROS MUNDOS




Serge Gainsbourg y sus amigas


Serge Gainsbourg y Brigitte Bardot


Serge Gainsbourg y sus amigas

Las reediciones nos recuerdan que la obra del francés es un pozo sin fondo


DIEGO A. MANRIQUE

21 ABR 2016 - 03:26 COT
Ya saben que, coincidiendo con los 25 años de su muerte, se ha publicado la primera biografía española sobre el músico y cineasta francés: la excelente Gainsbourg: elefantes rosas (Expediciones Polares), de Felipe Cabrerizo. En su país, ha salido una avalancha de libros y recopilaciones discográficas que nos invitan a explorar su obra de nuevo, con ojos frescos.

sábado, 4 de febrero de 2017

Lou Doillon / Las mujeres tenemos que ir con mucho cuidado


Lou Doillon: “Las mujeres tenemos que ir con mucho cuidado para no perder terreno”


La hija menor de Jane Birkin creció a la sombra de su familia. Tras intentar ser modelo y actriz, ahora triunfa en la música.




ÁLEX VICENTE Y NIRAVE (REALIZACIÓN)
11 DE JULIO DE 2015
Creció en una familia donde las mujeres estaban destinadas a convertirse en musas silenciosas. Pero Lou Doillon salió rebelde. «He luchado contra eso toda mi vida», asegura. Siempre a la sombra de sus padres, el cineasta Jacques Doillon y la actriz y cantante Jane Birkin, y de su hermanastra, Charlotte Gainsbourg –hija de Serge, a quien Doillon llamaba «Papá 2»–, llegó un día en el que decidió buscarse un oficio que le permitiera brillar con luz propia. Probó suerte como actriz y modelo, antes de reconvertirse en cantante de éxito con Places, un primer disco de folk-pop que se convirtió en uno de los fenómenos del año pasado en Francia. A sus 33 años, Doillon prepara ahora su reválida con un nuevo álbum que publicará en octubre.


¿Qué podemos esperar de este segundo disco?
Está siendo un proceso complicado. Intento mantenerme fiel a un sonido depurado. Me gustaría que sonara como si lo estuviera tocando sola en mi cocina. Lo va a producir Taylor Kirk, de la banda canadiense Timber Timbre. Es un hombre muy tozudo, así que lo nuestro es como una pelea de bueyes. No sé por qué me hago esto, pero siempre acabo rodeada de machos. Cuando les apetece un café o un té, te lo piden instintivamente. En cambio, cuando se trata de encontrar una solución técnica o un problema de producción, te hacen bastante menos caso.
¿Le van las relaciones difíciles?
¡Eso es justo lo que dice mi novio! Según él, odio la docilidad y creo que tiene razón. El primer disco funcionó muy bien, así que me hicieron bastantes propuestas, pero tuve que irme al Canadá más profundo a trabajar con 15 tipos que nunca habían oído hablar de mí [risas]. Supongo que todo se explica porque no crecí entre personas amables y educadas.


¿A qué se refiere?
Mi padre no es un hombre amable, como tampoco lo fue Serge. Vengo de una familia de bordes, donde a las mujeres solo se les dejaba ser musas, sin derecho a la palabra. Yo también empecé siendo modelo y actriz, pero no tardé en entender que ese papel no me satisfacía. Nunca me he resignado a eso. Me he peleado con los hombres de mi familia hasta casi llegar a las manos. Pero al mismo tiempo, odio a las chicas que se toman por chicos. Yo soy una mujer, pero con los suficientes cojones para plantarles cara.


Su madre fue una musa que sí consiguió liberarse. ¿Es un modelo a seguir?
Es interesante que diga eso… Cuando uno piensa en Jane Birkin o en Françoise Hardy, las considera mujeres liberadas. En realidad, no lo eran, solo lo hacían ver. Hardy dice que sin Jacques Dutronc no hubiera sido nada en la vida y mi madre, que se lo debe todo a Serge Gainsbourg. Y, en ambos casos, es falso. Diría que mi generación es la primera realmente liberada. Soy la primera que puede echar a un tío a la calle, porque tengo un sueldo propio, una casa a mi nombre y el derecho a criar sola a mi hijo. Mi madre, en cambio, podía enviar a paseo a Serge, pero el patrón que determinaba sus relaciones era de sumisión. Las mujeres tenemos que ir con mucho cuidado para no perder terreno. Por eso, cuando veo a Nicki Minaj y Kim Kardashian, me escandalizo. Me digo que mi abuela luchó por algo más que el derecho a lucir un tanga.
¿Cómo explica este fenómeno?
Es una especie de síndrome de Estocolmo. Como los chicos ya no nos pegan en el culo, nos lo hacemos nosotras mismas. Como nadie nos llama «zorra», nos lo llamamos entre nosotras. Cuando veo a Beyoncé cantando desnuda bajo la ducha suplicando que su novio borracho se la tire, me digo: «Asistimos a una catástrofe». Y encima los demás me responden que no he entendido nada, que ella es una feminista de verdad porque en sus conciertos ha colocado un cartel enorme que dice eso. Es peligroso creer que eso es cool. No deja de ser una mujer que canta canciones escritas por hombres y que responden a una fantasía masculina. Me molesta que la gente se lo tome a la ligera. Hoy todo el mundo es tan cínico e irónico…


¿Usted no lo es?
Tengo sentido del humor, pero el cinismo es un ácido que lo destruye todo. Cuando Patti Smith canta People Have the Power, me emociona por su falta de cinismo.




Su música tampoco es cínica.
Claro que no. La gente paga 20 euros y contrata a una niñera para venir a verme. Lo mínimo que puedo hacer es ser honesta con ellos.
¿Cómo vivió el éxito de su primer disco?
Me protegí diciéndome que no funcionaría. Encontrar un público amplio y las buenas críticas me emocionaron. Pero la vida es curiosa: justo cuando empezaba a sentir cierta satisfacción, mi hermana Kate [Barry, fotógrafa de éxito] se mató. Me centré buscando la parte universal de esa experiencia. Me dije que eso le sucedía a miles de personas en el mundo, que no tenía nada de excepcional. No puedes quedarte en tu rincón lamentándote y repitiéndote que tu hermana se ha matado y que nadie ha sufrido tanto como tú. Para mi madre y mi hermana fue difícil comprenderlo, pero yo solo sé reaccionar así.



¿Cómo fue crecer con cuatro hermanastras y dos padres distintos? En aquella época, ¿esa diferencia respecto a la mayoría de las familias le fue difícil de aceptar?
Hubo un poco de todo, momentos de alegría y de dolor [sonríe]. De muy pequeña comprendí que la única forma de ser feliz en esta familia era no juzgar y aceptar que el amor podía tomar muchas formas. Mi madre besaba a Serge en el backstage de sus conciertos y se decían ante mis propios ojos que no deberían haberse separado. Crecí con adultos de sentimientos muy cambiantes. De hecho, toda la filmografía de mi padre habla de eso. Te quiero, pero dentro de dos minutos te querré menos, en una hora no sabré qué hacer contigo y mañana, tras haberte dicho que te largues, entenderé que eres el amor de mi vida. Puede sonar algo excesivo, pero me parece más realista que esos telefilmes estadounidenses donde los personajes se dicen: «Te querré siempre».

¿Le molesta su imagen pública?
La gente tiene una imagen errónea. Suelen creer que soy millonaria, desagradable, frívola y más o menos drogadicta [risas]. Durante una época, se decía que me tatué el nombre de mi hijo [Marlowe, quien hoy tiene 13 años] para no olvidarme de él cuando me despertaba totalmente ida en cualquier rave. Yo fui mucho más rock’n’roll que eso: tuve un hijo a los 19 años. En lugar de tomar cocaína en el Montana [club frecuentado por las celebridades de París], me subía a un tren con mi hijo sin billete y nos íbamos a visitar la casa de Rimbaud.
¿Qué relación tiene con su físico?
Durante mucho tiempo no me gusté. Hasta hace poco, cuando me veía en una foto, me sorprendía no parecerme a Laetitia Casta [risas]. Sin embargo, he aprendido a llevarlo mejor y a confiar en los demás.


¿Qué importancia tiene la moda en su vida?
La moda siempre me trató con amabilidad, no como el cine. Tuve la suerte de que me fotografiara Bruce Weber a los 17 años. Esta industria creyó en mí antes que nadie. Solo siento respeto y gratitud. Gracias a ella, tengo una casa y he criado a mi hijo.
Se diría que le interesa menos que en otras épocas…
La he dejado algo de lado, pero porque sería contraproducente respecto a la música. Me gustaría hacer portadas en bañador y a la vez un disco, pero la gente no lo entiende. Sé que no debería importarme lo que opinen los demás, pero no quiero convertirme en un kamikaze, como mi padre.
¿No le gustan sus películas?
Al revés, me parecen geniales, pero incomprensibles en un mundo que solo consume comida para bebés. La gente prefiere esa propaganda de la felicidad, del amor duradero y del embarazo feliz. Toda esa propaganda sobre el supuesto bienestar está pensada para hacerte más frágil y así obligarte a consumir más.


viernes, 15 de mayo de 2015

Lulu Gainsbourg / El último del clan


Lulu Gainsbourg


Lulu, el último del clan

El más joven de la saga vive entre el peso de la herencia y la figura del mito transgresor de su padre. Lulu Gainsbourg publica su segundo disco consciente de que su apellido le expone a críticas feroces


CARLES GÁMEZ
Valencia 15 MAY 2015 - 17:45 COT


Cuando tenía dos años Lulu Gainsbourgsubió por primera vez a un escenario en compañía de su padre Serge Gainsbourg. Era 1991 cuando la gran sala de los conciertos musicales de París, Le Zenith, acogía al músico dos años antes de morir; un Gainsbourgaplaudido y celebrado por un público donde se mezclaban varias generaciones. Él era el gran mito transgresor de la canción francesa en todos sus frentes. Gracias al vídeo y a YouTube Lulu Gainsbourg ha podido memorizar aquel momento de su infancia que casi siempre, en un momento u otro, aparece en todas las entrevistas que atiende. Ahora, a punto de cumplirse los 25 años de la desaparición del músico, Lulu Gainsbourg desembarca con su segundo trabajo discográfico, un proyecto musical de factura íntima y autoría propia. Y siempre con el peso de haber crecido con la ausencia de un padre que se ha convertido en objeto de culto.


“Llevar este apellido no resulta fácil, te puedes ver expuesto a las críticas más feroces, pero tampoco los juzgo, solo puedo decir que desde los cuatro años estoy delante de un piano, he trabajado duro y no me he rendido. Para mí la música es toda mi vida y espero que este disco ayude a verme como músico”, ha contado.
Último vástago de la saga familiar del músico francés, Lulu Gainsbourg –como anteriormente otros miembros del clan– ha tenido que realizar el aprendizaje a marchas forzadas que supone llevar su apellido, más aun si encima optas por la carrera musical. Y aprender que el nombre también se puede convertir en un estigma. Su madre, Caroline von Paulus, alias Bambú, una joven de exótica belleza escapada de una infancia miserable y dura, es la encargada de curar las heridas del corazón de Gainsbourg después de su dolorosa separación de Jane Birkin. Bambú será también la compañera del músico que escandaliza con sus apariciones en los platós televisivos en sus últimos años de vida. En su eterno papel de pigmalión Gainsbourg patrocina su debut musical aunque con poco éxito. Como momento memorable quedan los gritos orgásmicos de Bambú en el tema Love On the Beat (1984), una secuela de Je t’aime... moi non plus a ritmo de música disco.





Criado por su madre al margen de los focos mediáticos, el pequeño Lulu (1986, París) lleva una vida nómada entre París, Nueva York, Los Ángeles y Londres, la ciudad donde actualmente reside. Con una formación académica que incluye estudios en el conservatorio y en la prestigiosa escuela de música BerkleeCollege de Boston. A diferencia de su hermana de padre Charlotte, su entrada en la escena artística se haría esperar. Un álbum tributo a su padre, FromGainsbourg To Lulu (Mercury/Universal, 2011), acompañado de colaboraciones de alto y lujoso voltaje –Marianne Faithfull, Iggy Pop, Vanessa Paradis, RufusWainwright, Johnny Depp– y hasta un remake de aquel dúo que en su momento hizo su padre con Brigitte Bardot, Bonnie and Clyde, ahora revisitado ni más ni menos que con la actriz Scarlett Johansson. En el proyecto quedaban fuera por problemas de agenda nombres como Leonard Cohen o Bono para un álbum con voluntad de universalizar la herencia melódica de un músico que había hecho alguna cosa más que componer Je t’aime... moi non plus, publicada en 1969.








Serge Gainsbourg con Jane Birkin.ampliar foto
Serge Gainsbourg con Jane Birkin.


De la universalidad de la figura de su padre, Lulu Gainsbourg ya había tenido algunas pruebas significativas, como cuando el legendario bajista del grupo de James Brown, Bootsy Collins, se arrodilló ante él al saber que era su hijo. Como a su amigo Sean Lennon, le ha tocado aprender a gestionar ser el heredero de uno de los mayores legados musicales de Francia. Ahora, después de aquel primer disco homenaje, publica su segundo álbum, Lady Luck(Universal France), un proyecto personal y canciones de su propia cosecha donde mezcla géneros y atmósferas musicales con elegancia. Un trabajo en el que tampoco faltan colaboraciones singulares, como la de la actriz AnneHathaway –como a su padre, le gusta hacer cantar a las estrellas– o la diseñadora Ara Starck. Entre las secuencias más emotivas del disco, la baladaMoushka dedicada a su madre, de resonancias muy gainsbourianas; Destiny, un texto con destinatario paterno, o esa pieza instrumental llamada Lily Rose, en honor de la hija de Johnny Depp y Vanessa Paradis.
Poco amante de los excesos –en su currículo no aparecen ni alcohol, ni tabaco ni drogas, referencias imprescindibles en la iconografía gainsbouriana, el artista vuelve a enseñar sus cartas musicales, como la imagen que ilustra la portada del disco obra del fotógrafo Jean Baptiste Mondino, una afortunada dama que hubiera complacido los gustos eróticos de su padre.
Cuando todavía no está enterrado en el pasado el suicidio de Kate Barry, hija de Jane Birkin y del compositor John Barry, datado en diciembre de 2013, la saga Gainsbourg no deja de engrandecerse a la sombra del padre, de sus canciones convertidas en clásicos y de sus escándalos transformados en hitos. Un cuadro familiar que ha contado con Jane Birkin como administradora principal del legado, continuado por Charlotte Gainsbourg dedicada al cine y la música, que anuncia un próximo álbum con canciones en francés –idioma al que hasta ahora se resistía– como tributo paterno. Su hermana Lou Doillon, durante muchos años el patito feo del clan, debutó en 2012 con el álbum Places (con el actor, compositor y productor francés Étienne Daho como padrino). Y, finalmente, Lulu Gainsbourg, que vuelve a poner a prueba ese importante reto que supone llamarse Gainsbourg.