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lunes, 8 de diciembre de 2025

El señor Beethoven, de Paul Griffiths




El señor Beethoven,
de Paul Griffiths
(Henningham Family Press, mayo de 2020)

Revisado por Jon Day

Los novelistas históricos son más parásitos que la mayoría de los escritores de ficción. Sus historias se basan en hechos comprobados, aprovechando y explotando las lagunas del registro histórico. En este sentido, escribir ficción histórica es similar a interpretar música. Ambas actividades dependen de equilibrar la fidelidad a las fuentes con la creación de adornos. Una interpretación demasiado libre podría llevarte a ser acusado de ignorar los hechos o de desviarte de la partitura; una interpretación demasiado limitada podría llevarte a escribir una biografía en lugar de ficción, reproduciendo mecánicamente una pieza musical en lugar de interpretarla.

domingo, 22 de noviembre de 2020

Quince obras maestras de la cultura que fueron masacradas en su momento

Edgar Allan Poe

Quince obras maestras de la cultura que fueron masacradas en su momento

Discos, pinturas, películas o libros que hoy son piezas fundamentales fueron en origen maltratadas por los críticos e ignoradas por el público. Esta es la historia de algunas de ellas

Eduardo Bravo
5 de diciembre de 2019

Al entierro de Edgar Allan Poe (Boston, 1809- Baltimore, 1849) asistieron siete personas. Murió sin un centavo y sin que nadie reconociera su talento. Y eso que trabajó a destajo publicando sus poemas y sus cuentos en revistas y editoriales que le pagaban una miseria. La historia de la cultura está llena de artistas y obras incomprendidas que años más tarde obtuvieron todo el reconocimiento. Para algunos fue tarde (habían muerto); con otros, sin embargo, se hizo justicia en vida.
Estos son algunos casos...

lunes, 6 de febrero de 2017

John Berger / Beverly, madre y esposa


John Berger

Beverly, madre y esposa

El escritor John Berger y su hijo, el pintor Yves Berger, han elaborado un para para plasmar la evocación del otro pilar fundamental de su familia, Beverly Bancroft, fallecida hace dos años.





Rondó para piano, en Do mayor, Op. 51 Nº 1
 "Moderato e grazioso"
Ludwig van Beethoven

Habían pasado cuatro semanas desde la muerte de su mujer, Beverly Bancroft, cuando una noche John Berger (Londres, 1926) se sentó, en medio de la soledad de su casa, a escuchar el Rondó número 2 para piano (op.51), de Beethoven. “Durante casi nueve minutos, por lo menos, fuiste ese rondó, o ese rondó se convirtió en ti. Contenía tu levedad, tu persistencia, tus cejas arqueadas, tu ternura”, escribe Berger en Rondó para Beverly (Alfaguara), un pequeño gran libro, realizado en complicidad con su hijo, el pintor Yves Berger, quien ilustra la mayor parte de esta cincuentena de páginas, en donde ambos comparten, además, algunas fotos del álbum familiar: el estudio de Beverly, marido y mujer en la nieve (imagen tomada por Jean Mohr en 1976) y la casa de ambos en Quincy, en los Alpes franceses.

martes, 9 de abril de 2013

Antonio Muñoz Molina / Entre Wagner y Proust

foton
Marcel Proust
Paris, 1892

Entre Wagner y Proust

ANTONIO MUÑOZ MOLINA
9 ABR 2013 - 00:31 CET
En la historia de las relaciones entre la literatura, la música y las nuevas tecnologías, éste es mi episodio preferido: encerrado en su piso de París, tal vez acostado en la cama, rodeado de almohadones, envuelto en ropas de abrigo, Marcel Proust escucha por teléfono la transmisión de una ópera. Sabemos que escuchó así el Pélleas et Melissande de Debussy; también fragmentos diversos de Wagner, entre ellos un acto entero de Los maestros cantores. Marcel Proust, entusiasta de todos y cada uno de los inventos más modernos de su tiempo, el teléfono, el aeroplano, el automóvil, se había suscrito a una novedad reciente que permitía asistir a la ópera, al teatro o a un concierto sin necesidad de moverse de casa, y que a pesar de su éxito se ha borrado de nuestra memoria tecnológica, aunque tenía un nombre muy prometedor: el teatrófono. En una carta a un amigo Proust confesaba que se había vuelto adicto a ese aparato, como quien se vuelve adicto a su iPhone. Bien es verdad que todavía más que escuchar la música en el teatrófono le gustaba tener a los propios músicos en casa. Así es como en algún invierno de la Gran Guerra, en su casa sin calefacción y con las luces apagadas en prevención de las bombas de los zepelines alemanes, pagó espléndidamente a los miembros del cuarteto Rosé para que vinieran a tocar para él los cuartetos últimos de Beethoven.