


La última gran proeza de Henry Marsh —el primer neurocirujano británico que operó un tumor cerebral con anestesia local— ha sido terminar de construirle una casa de muñecas a su nieta. A él, que entrenó la precisión con más de 15.000 cerebros en más de 40 años de convivencia en los quirófanos, le tardó un año levantar una fortaleza de madera, de tres pisos, con un puente levadizo de tinte medieval. Acabados por los que fue recompensado con un abrazo cálido y sostenido de la pequeña.