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lunes, 13 de mayo de 2024

Toros


 TOROS

“Perdonen si empiezo con una confidencia personal: yo, que soy contrario a los toros, entiendo de toros. Durante años, cuando me recogieron en Zaragoza durante la posguerra, traté casi diariamente con don Celestino Martín, que era el empresario de la plaza. Eso me permitió conocer a los grandes de la época: Jaime Noain, El Estudiante, Rafaelillo, Nicanor Villalta. Me permitió conocer también, a mi pesar, el mundo del toro: las palizas con sacos de arena al animal prisionero para quebrantarlo, los largos ayunos sustituidos poco antes de la fiesta por una comida excesiva para que el toro se sintiera cansado, la técnica de hacerle dar con la capa varias vueltas al ruedo para agotarlo... Si algún lector va a la plaza, le ruego observe el agotamiento del animal y cómo respira. Y eso antes de empezar.

Vi las puyas, las tuve en la mano, las sentí. El que pague por ver cómo a un ser vivo y noble le clavan eso debería pedir perdón a su conciencia y pedir perdón a Dios. ¿Quién es capaz de decir que eso no destroza? ¿Quién es capaz de decir que eso no causa dolor? Pero, claro, el torero, es decir, el artista necesita protegerse. La pica le rompe al toro los músculos del cuello, y a partir de entonces el animal no puede girar la cabeza y sólo logra embestir de frente. Así el famoso sabe por dónde van a pasar los cuernos y arrimarse después como un héroe, manchándose con la sangre del lomo del animal a mayor gloria de su valentía y su arte.

Me di cuenta, en mi ingenuidad de muchacho (los ingenuos ven la verdad), de que el toro era el único inocente que había en la plaza, que sólo buscaba una salida al ruedo del suplicio, tanto que a veces, en su desesperación, se lanzaba al tendido. Lo vi sufrir estocadas y estocadas, porque casi nunca se le mata a la primera, y ha quedado en mi memoria un pobre toro gimiendo en el centro de la plaza, con el estoque a medio clavar, pidiendo una piedad inútil. ¡El animal estaba pidiendo piedad...! Eso ha quedado en la memoria secreta que todos tenemos, mi memoria del llanto.

Y en esa memoria del llanto está el horror de las banderillas negras. A un pobre animal manso le clavaron esas varas con explosivos que le hacían saltar a pedazos la carne. Y la gente pagaba por verlo.

El que acude a la plaza debería hacer uso de ese sentido de la igualdad que todos tenemos y darse cuenta de que va a ver un juego de muerte y tortura con un solo perdedor: el animal. El peligro del toreo, además de inmoral como espectáculo, es efectista, y si no lo fuera, si encima pagáramos para ver morir a un hombre, faltarían manos y leyes para prohibir la fiesta.

Gente docta me dice: te equivocas. Esto es una tradición. Cierto. Pero gente docta me recuerda: teníamos la tradición de quemar vivos a los herejes en la plaza pública, la de ejecutar a garrote ante toda una ciudad, la de la esclavitud, la de la educación a palos. Todas esas tradiciones las hemos ido eliminando a base de leyes, cultura y valores humanos. ¿No habrá una ley para prohibir esa última tortura, por la cual además pagamos?

Perdonen a este viejo periodista que aún sabe mirar a los ojos de un animal y no ha perdido la memoria del llanto.”


Francisco González Ledesma, periodista y escritor

EL PAÍS


jueves, 11 de septiembre de 2014

Rosa Montero / Sangre / El Toro de la Vega


Sangre

Hoy, martes, tal vez mientras usted esté leyendo esto (la carnicería empieza a las once de la mañana), se perpetra, un año más, una de las mayores bestialidades de este país: el Toro de la Vega de Tordesillas. Es una de esas salvajadas repetitivas a las que los energúmenos llaman pomposamente "tradiciones", otorgando a la palabra un carácter sacrosanto. Pero el circo romano también fue una tradición centenaria en nuestro país, y desde luego ha sido de lo más tradicional, durante siglos, el poner a los herejes en la picota. Sólo que, por fortuna, la sociedad ha superado esa barbarie.Sin embargo, y para nuestra vergüenza, todavía existe el Toro de la Vega, una fiesta consistente en que más de cien lanceros acosan al animal por el campo dándole lanzazos, hasta que el pobre bicho, chorreando sangre, acribillado, con la carne hecha piltrafas por las puñaladas presurosas, se derrumba sin fuerzas, momento en que se supone que le dan la puntilla y le cortan los testículos. Esto último a menudo cuando aún está con vida, como han asegurado testigos presenciales. Es una tortura lenta, vociferante y tumultuosa, una sádica diversión de matarifes. Y a este horror sin nombre llevan a los niños para que aprendan.
Esta indecencia lleva celebrándose unos tres siglos, aunque fue prohibida varios años; pero lo más inconcebible es que era ilegal hasta que la Junta de Castilla y León la legitimó en 1999. Lo cual ya me parece el colmo del reaccionarismo y la burricie política. La Asociación Nacional para el Bienestar Animal ha pedido al menos la "humanización de la fiesta", y ha entregado como prueba un documento de 1966 en el que el Ayuntamiento de Tordesillas solicitaba que se permitiera el Toro de la Vega, prometiendo que lo humanizarían y que no herirían ni golpearían al toro de ningún modo. Luego ellos mismos han admitido que la tradición no exige el alanceamiento del animal. Por otra parte, no hay tradición que valga frente a una crueldad tan monstruosa que contraviene toda la legislación vigente (incluido el reglamento taurino), además de la compasión y la cordura. Pobre Toro de la Vega, que tal vez esté siendo torturado en este mismo momento por esas bestias. El día de hoy huele a dolor y sangre, a la España tenebrosa e inmovilista.




DE OTROS MUNDOS



Rosa Montero / Basta ya



Un participante en el torneo arroja una lanza al toro Vulcano.
Foto de Pedro Armestre

Basta ya

Hoy, una vez más, un pobre toro será lenta y sádicamente torturado hasta la muerte en Tordesillas



Basta ya. Hemos llegado, una vez más, a este día emblemático de la brutalidad y la miseria moral. A este martes de septiembre que simboliza todo lo que odio de la sociedad española: su parte oscura, retrógrada, violenta, inculta, primitiva, tribal. Hoy, una vez más, un pobre toro será lenta y sádicamente torturado hasta la muerte en Tordesillas. Quizá en este mismo momento, mientras lees esto, uno de esos cobardes que se autodenominan pomposamente “lanceros” le esté tajando las tripas con una cuchilla.
Basta ya. Año tras año intento apelar a la solidaridad de la gente de bien, que, lo sé, son multitud y ganan por goleada a ese puñado de energúmenos. Incluso en Tordesillas, esa bella ciudad manchada de sangre, hay muchos a quienes asquea esta masacre. Pero se callan. El sábado, en Madrid, hubo la mayor manifestación animalista que se ha celebrado jamás en España (medía más de un kilómetro de largo: qué lamentable el poco reflejo que tuvo en la prensa) y fue contra el Toro de la Vega. Sé que hay otro país y que estos torturadores forman parte de nuestro pasado. Pero ¿hasta cuándo vamos a permitirles celebrar esta orgía de sufrimiento? ¿Hasta cuándo seguirán manchando la reputación de toda España con su ferocidad medieval y obscena?
Basta ya. Esto va dirigido a los políticos. A esa Junta del PP que ampara tal barbaridad. A ese alcalde de Tordesillas del PSOE que comparó el Toro de la Vega con una obra de teatro. Son ellos, los partidos, los verdaderos culpables. Ellos deberían defendernos de estos salvajes. Ellos deberían impedir esta glorificación del sadismo y la violencia (diversos estudios han demostrado la relación entre los maltratadores de animales y los de personas). Reniego de esos políticos cobardes e ineptos que permiten que esta monstruosidad, incomprensible en toda Europa, siga existiendo. Vergüenza y estupor. No nos representan.


1/800 s, f/5.6, 78 mm
Vulcano
Tordesillas, 2013
Vulcano
Tordesillas, 2013
1/180 s, f/5.5, 137 mm
Para sustituir al Toro de la Vega del Puerto de San Lorenzo, inutilizado al romperse uno de los pitones, fue presentado un toro rojo de nombre "Vulcano", algo castaño, criado por Toros Taru, nº 2 nacido en FEB 2.009, armado de aparato, algo astillado del izquierdo, fue recibido con silbidos por una parte de los aficionados presentes.
Tordesillas, 2013

El Toro de la Vega / La polémica arrecia

Pedro Armestre, ante el toro de la Vega que le corneó. / FERNANDO GARCÍA ARÉVALO


La polémica arrecia 

en el alanceo del Toro de la Vega


El fotógrafo de France Presse Pedro Armestre, herido grave de una cornada en la pierna


Por María Sosa Troya, Tordesillas, 17 de septiembre de 2013
Pedro Armestre, fotógrafo de la agencia France Presse, se ha convertido este martes en el involuntario protagonista del torneo del Toro de la Vega tras ser corneado por Vulcano, el astado que fue alanceado hasta la muerte en Tordesillas. El periodista, que no corre peligro, ha sido operado en el hospital Río Ortega de Valladolid tras sufrir un desgarro en la pierna. Este accidente y otros de carácter menor (hasta 11), que hubo de atender la Cruz Roja, han desviado en parte la atención de la polémica que siempre rodea este festejo y que este año ha sido más sonora, quizá, que otras veces. Esta edición se ha topado con una fuerte oposición social. A la multitudinaria marcha en Madrid, a la que asistieron más de 10.000 manifestantes, se suman las 85.000 firmas que el Partido Animalista PACMA ha registrado en el Congreso de los Diputados. Nada ha impedido, sin embargo, que el morlaco, un colorado de 580 kilos, perdiera la vida.
La protesta que cada año precede al día grande de las fiestas de esta localidad de 9.000 habitantes ha ganado fuerza. Además de las manifestaciones contrarias a este medieval festejo, que esta mañana han tenido ajetreados a los agentes del orden, por la tarde otro centenar de personas se ha concentrado en Tordesillas en señal de repulsa. Pero, mientras los contrarios al maltrato animal tildan este festejo de “bárbaro”, el alcalde ha enumerado los contratiempos que han encontrado para celebrarlo: por ejemplo, que las puertas donde encerraban a los toros aparecieron candadas o que la Guardia Civil había retirado tablas de madera con clavos que se habían esparcido por el campo del torneo, ha asegurado. “Me parece lícito que protesten, pero sin poner vidas en peligro”, ha apuntado. Cientos de los que allí se congregan ponen su vida en peligro cada año delante de un toro que acaba perdiendo la propia. Sobre todo ello se alza como una muralla una sola palabra: tradición. Así lo defiende un pueblo que ese día vuelve la cara a quien pregunta demasiado.

El Toro de la Vega, con los lanceros detrás. / CLAUDIO ÁLVAREZ

A la claridad de lo que allí ocurre contribuye el trabajo de los periodistas. Pedro Armestre, que tiene 41 años, es un asiduo de este torneo. Año tras año se juega la vida para captar la mejor instantánea, la fotografía que logre reflejar el enfrentamiento entre el toro y los lanceros. Este martes se encontraba parapetado tras un pino cuando el animal le ha asestado una cornada en la cara interior del muslo derecho. Mientras Vulcano se abalanzaba sobre él, David Rodríguez, un obrero de la construcción en paro, ha ido a por el toro. Le ha asestado dos punzadas que resultaron mortales, aunque, según los tordesillanos, el animal probablemente recibiera “algún que otro pinchazo más”.
La lanza que mató a Vulcano era prestada. El hombre que le ha asestado las dos punzadas mortales decidió inscribirse en el concurso a última hora. Lo mismo le pasó al Toro de la Vega, pero él no lo eligió. Él no era siquiera el morlaco llamado a dar espectáculo, sino otro que, al sufrir una rotura de asta, cambió su suerte por la de Vulcano.

El torneo del toro de la Vega, que se celebra cada año en la localidad vallisoletana de Tordesillas, ha contado este año con alrededor de 40 participantes inscritos.
Foto de Pedro Armestre

A las once en punto de la mañana, el toro ha sido soltado para que emprendiera su último camino, el que le llevaría desde la calle San Antolín hasta —pasado el río Duero— el campo abierto en el que le esperaban impacientes quienes deseaban poder levantar su lanza en señal de victoria. Felices fiestas, se leía en un cartel luminoso al comienzo del recorrido. Al final, miles de espectadores, 50.000 según el alcalde José Antonio González Poncela (PSOE), se congregaban expectantes con el fin de contemplar el torneo.
Las autoridades han modificado este año algunas de las normas del concurso: los participantes tenían que inscribirse con antelación y no podían portar picas, sino las tradicionales lanzas. Son cambios que pretenden, quizá, ablandar el maltrato que tanta fama está dando a la fiesta. Cada vez hay más gente. También en contra.

El Toro de la Vega / El torneo de Tordesillas


Vega
El Toro de la Vega
Tordesillas, España, 2007
Foto de Claudio Alvarez

El Toro de la Vega, 

el torneo de Tordesillas

Por:  17 de septiembre de 2013
Hace ya 34 años que se publicó la primera carta al Director sobre el Toro de la Vega. A finales de septiembre de 1979, José Manuel Rabanal manifestaba su incredulidad por la existencia de fiestas como este torneo que cada año por estas fechas se celebra en Tordesillas (Valladolid) con una amplia participación de sus vecinos. En la carta hacía una descripción de la fiesta: "una multitud desenfrenada mata a estacazos a un toro suelto por el campo". Ha habido muchas más, sobre todo a partir de 2000, y EL PAÍS ha publicado todos los años cartas, siempre con argumentos contrarios a la fiesta, a partir de 2009. Todas las cartas expresan indignación y denuncia de una inaceptable tradición.
Para encontrar testimonios favorables al Toro de la Vega, nada mejor que acudir a la página oficial del Patronato del Toro de la Vega, en la que se pueden encontrar muy sentidas crónicas de los torneos, como esta correspondiente al celebrado en septiembre de 2011: "Anduvo la Vega sólo, en busca de la caballería; entrado en lacañada de Foncastín pasó del trote al paso, se detuvo a la altura de los Viveros y marchó al galope sobre la línea de caballería para romperla, no para atacarla; pronto se abrió ésta, embolsó y lanzó cabalgada a gran velocidad hasta alcanzar, el pinarillo nuevo triangular frontero al de Hilaturas donde el desproporcionado peso le pasó factura, deteniéndose para ser circulado por la caballería. Amagó alguna arrancada sin demasiada convicción y salió del pinarillo al claro que hay entre éste y el Pinar de Hilaturas. Buen terreno, fue hostigado por la caballería hasta llegar el Torneo al camino de zahorra que circunda el campo de fútbol.
Al topar con la tapia se detuvo ya sin fuerza, poniendo vara algún jinete y quedando a punto de arte para los lanceros de a pie. En este lugar fue atacado por el lancero de a pie D. Óscar Bartolomé, quien entrando por el límite izquierdo de la zona muerta de visión trasera, alanceó de atrás hacia delante cuando giró el toro para buscarle y salió por cola limpiamente. El impacto en el vacío delantero izquierdo resultó tan eficaz que el toro se fue de manos.
Parando entre el camino y la tapia, atacó de nuevo el citado lancero entrando casi de cara, escorado a la izquierda y siendo apoyado en una hermosa acción por el peón D. Andoni Abril.

El torneo del toro de la Vega es una fiesta taurina de origen medieval, cuya primera referencia escrita aparece en el año 1534 en el libro de la Cofradía del Santísimo Sacramento de Santiago Apóstol de Tordesillas.
Foto de Claudio Alvarez

Cesaron los alanceamientos y comenzaron los cites del peonaje para que se moviera y doblara, a lo que respondió el toro replegándose y por fin doblando hacia las 11 h. 20 minutos. Llegado el momento de apuntillar, hubo de improvisarse la acción al no aparecer el puntillero profesional contratado para la ocasión, lo que alargó las operaciones y dio ocasión a algunas levantadas en las que resultaron ligeramente heridos dos torneantes.
A las 11 h. 33 m. finalizaba el Torneo en coordenadas UTM 333030/4595130. A modo de anécdota jocosa, citar la acción de cierta activista animalista quien roció con pulverizador de pimienta a los que halló a mano causándoles daños; descubierta, huyó perseguida hacia el vehículo de la Guardia Civil recibiendo por el camino menos de lo que merecía. Protegida por la Benemérita de las justas iras de los torneantes pagó a los guardias su buena acción ... dándoles una rociada!"

Si alguien siente curiosidad, están publicadas las crónicas de los torneos en dicha página web desde 1975.

1/100 s, f/4.3, 55 mm
Vulcano, Tordesillas, 2013

Rosa Montero se ha destacado por su postura beligerante contra esta "repugnante tortura pública". "Hoy, en Tordesillas, un pobre animal está siendo acuchillado lenta y sádicamente. Y yo querría pedir a la gente que no se deje confundir por el guirigay reinante: esta barbarie no tiene nada que ver con las corridas de toros. Mi padre, que fue torero profesional, aborrecía estas brutalidades multitudinarias, estos tormentos. Son unos cobardes, decía él. Ni siquiera los verdaderos taurinos aprueban el Toro de la Vega. Acabemos con esto." Esto lo escribía en 2010, pero ya en 2000 escribió el primer artículo dedicado al tema y no ha faltado ninguno desde entonces a su cita con la denuncia contundente de este espectáculo.
Este año 2013, un grupo de profesores universitarios de España, Colombia y Portugal ha defendido sus valores etnográficos y antropológicos promoviendo en Tordesillas un manifiesto favorable al Toro de la Vega. Miguel Ángel Quintana, profesor de ética periodística de la Universidad Europea Miguel de Cervantes y uno de esos promotores, declaró a Efe que "cada año, los partidos animalistas atacan de forma despidada y sin argumentos, con una manipulación evidente, con imágenes sacadas fuera de contexto, una celebración en la que se ponen de manifiesto los mejores valores de una persona: la valentía, el afán de superación y la inteligencia para superar a un toro».
La web oficial del Ayuntamiento de Tordesillas hace también una defensa del Toro de la Vega como "un exponente más de la tradición taurina de España". Y para mayor escarnio, señala que "el Torneo del Toro de la Vega fue declarado Fiesta de interés turístico de España por Resolución de la Secretaría de Estado de Turismo de 18 de enero de 1980 (BOE de 16 de febrero)."
Acabaremos con el artículo de Rosa Montero publicado en la fecha de celebración del último, hasta hoy, Toro de la Vega. Decía asÍ. "Hoy, ahora mismo, están torturando una vez más a un toro en Tordesillas: salvaje, sádica, lenta y atrozmente. Imagina el terror del animal, su sufrimiento. No es un asunto de derechas ni de izquierdas, sino de simple ética. Ni siquiera es un tema de taurinos contra antitaurinos: a mi padre, que fue torero profesional, le repugnaba. “Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales”, dijo Gandhi. Nos estamos descivilizando. No al Toro de la Vega. No a la barbarie."

Triste noticia / El toreo pasa al Senado como patrimonio cultural español


El toreo pasa al Senado 

como patrimonio cultural español

La Comisión de Cultura del Congreso aprueba el informe sobre la proposición de ley taurina

Ha habido 24 votos a favor, 6 en contra y 14 abstenciones



El diputado del PSOE José Andrés Torres Nora, a su llegada a la reunión de la Comisión de Cultura del Congreso. / ZIPI (EFE)
Por 24 votos a favor, 6 en contra y 14 abstenciones, la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados ha aprobado el informe de la ponencia de la proposición de ley taurina, cuyo texto ha sido modificado sustancialmente por el Grupo Popular y que, a partir de ahora, será debatido en el Senado.
Como era previsible, los populares han rechazado la casi totalidad de las enmiendas al articulado presentadas por los demás grupos, a excepción de dos de Unión del Pueblo Navarro, referidas a la Comisión Consultiva Nacional de Asuntos Taurinos, cuyas decisiones pasarían a ser vinculantes.
La mayoría absoluta del Partido Popular ha permitido que prevalezcan sus criterios, basados, fundamentalmente, en que la "fiesta de los toros" pasa a denominarse "tauromaquia" en la nueva ley, y que "forma parte del patrimonio cultural digno de protección en todo el territorio nacional".
De esta nueva denominación se desprende que "los poderes públicos garantizarán la conservación de la tauromaquia y promoverán su enriquecimiento, de acuerdo con lo previsto en el artículo 46 de la Constitución".
Asimismo, el nuevo texto establece un conjunto de medidas de fomento y protección en el ámbito de la Administración General del Estado.
Entre estas, destaca, en primer lugar, que "garantizará la conservación y promoción de la tauromaquia como patrimonio cultural inmaterial de todos los españoles, así como tutelar el derecho de todos a su conocimiento, acceso y libre ejercicio en sus diferentes manifestaciones".
Para el logro de estos fines, se insta al Gobierno al cumplimiento de las diversas medidas, tales como la aprobación de un plan nacional de fomento y protección de la tauromaquia, y el impulso de los trámites para la solicitud de la inclusión de la tauromaquia en la lista del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad reconocida por la UNESCO.
Aunque los grupos políticos han tenido diferentes oportunidades para exponer sus opiniones sobre la ILP en el largo trámite parlamentario, han vuelto a incidir en sus ya conocidas posturas.
Junto al rechazo frontal de ERC, Compromis y otros integrantes del Grupo Mixto, Toni Cantó, portavoz de UPyD, insistir en el erróneo argumento de las supuestas subvenciones que recibe el espectáculo taurino, y los representantes de Izquierda Plural y CIU lamentaron que sea esta la primera ley que se aprueba en esta legislatura ‘a pesar de la grave situación que atraviesa el conjunto del sector cultural’.
Por su parte, José Torres Mora, del Grupo Socialista, repitió su ya conocido argumento de "no prohibir, no promover", basado en la profunda división que, en su criterio, vive la sociedad entre partidarios y detractores de la fiesta de los toros; y lamentó, asimismo, que el Partido Popular haya cambiado en su totalidad el texto presentado por los promotores de la Iniciativa Legislativa Popular, lo que "creará descontento entre los aficionados a los toros".
El nuevo texto pasa ahora a la Comisión correspondiente del Senado; si la proposición no sufre modificaciones, será publicado en el Boletín Oficial del Estado y entrará en vigor de manera inmediata; en caso contrario, volvería al pleno del Congreso para su discusión y aprobación definitivas.


Nota: El país títula la noticia así: "Los toros pasan al Senado como patrimonio cultural español". Pero no se trata de los toros. Se trata de la tortura y la muerte de los toros: el toreo no es otra cosa. Se trata de perpetuar esta fiesta sangrienta.



DE OTROS MUNDOS


miércoles, 10 de septiembre de 2014

Triunfo Arciniegas / Toros




Triunfo Arciniegas
TOROS

Qué desgracia que un intelectual de la talla de Antonio Caballero defienda un espectáculo sangriento. "Por los derechos de las minorías", titula en Semana, la revista más importante de Colombia, su perorata en defensa de la tauromaquia. Los sicarios también son minoría. Él, tan lúcido, con un chorro de razones, contestaría que los sicarios también tienen derechos. "Y el sicariato en Colombia es parte de la cultura", podría agregar, y no se podría negar que los colombianos nos distinguimos por el oficio de matarnos unos a otros. Caballero también se burlaría de otra frase, que es una verdad de a puño: Ni la tauromaquia es arte ni la antropofagia gastronomía. Él, con su inteligencia suprema, alegaría que si la cosa se prepara bien, si la sazón y los condimentos están a la altura, hasta se pueden escribir libros memorables. 

En tiempos de Hemingway todavía admiraban a los cazadores que derribaban por placer animales majestuosos en las tierras sin dueño del continente africano y hoy ni siquiera le toleran estos sanguinarios desmanes al mismísimo rey, que ahora anda por ahí cojeando, viejo, sin trono y sin reina. Antes los toreros se codeaban con poetas e intelectuales y eran objeto de alabanzas y poemas. Ahora apestan. Para sentir la pestilencia, basta la frase que suelta César Rincón cuando le preguntan cuántos toros ha matado en su vida: "Mi ejercicio no es matar, sino torear y ejecutar la suerte suprema". Y agrega el insigne filósofo colombiano, olvidando que en la "compenetración" el muerto es el toro y no él: "Hacerlo es magia, sobre todo cuando toro y torero logran compenetrarse". 

En todo caso, y para no extraviarme en ironías, el espectáculo del sufrimiento y la muerte de un animal para la diversión y el placer del hombre me parece absolutamente denigrante y cruel.

Triunfo Arciniegas
7 de septiembre de 2014



DE OTROS MUNDOS

Antonio Caballero / Por los derechos de las minorías






Antonio Caballero
Por los derechos de las minorías
Semana, 6 de septiembre de 2014


El matador César Rincón ha terciado en la polémica.
En su carrera tuvo grandes tardes en Bogotá

La controversia por la plaza de toros de Santamaría parece zanjada tras la sentencia de la Corte Constitucional, pero nada garantiza que el alcalde la cumpla.


Este torero, para citar una frase de Hemingway,
tiene la fiereza de un perro sobre un león muerto.

La Corte Constitucional puso punto final al abuso del alcalde Gustavo Petro contra los aficionados a los toros, ordenándole reabrir la plaza de Santamaría de Bogotá para dar corridas en un plazo máximo de seis meses. ¿Punto final? Eso no es tan fácil tratándose de Petro, que ya apeló, y no tardará en encadenarse al balcón del Palacio Liévano para echar peroratas demagógicas sobre su amor a la vida, mientras pasa el tiempo, mientras gana tiempo. El fallo de la Corte, favorable a la tutela presentada hace dos años por Felipe Negret y la Corporación Taurina, arrendatarios de la plaza, entra en el largo vía crucis de apelaciones y dilaciones que suelen tener en Colombia todas las decisiones jurídicas. Petro es un virtuoso consumado en argucias procedimentales. 
Ahora se aferra, para empezar, a dos recursos. Uno es la necesidad de que la plaza sea reforzada estructuralmente para darle la sismorresistencia que no tiene, como no la tiene ningún monumento histórico de Bogotá, empezando por el mismo Palacio Liévano desde cuyo balcón el alcalde corre el riesgo de desnucarse si en medio de una perorata demagógica lo sorprende un terremoto. Según un estudio del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural que costó 900 millones de pesos, “el alto nivel de vulnerabilidad sísmica” que presenta la plaza hace que los permisos para hacer obras se le hayan pedido al Ministerio de Cultura, cuya Dirección de Patrimonio deberá dar un concepto en diez días. Las obras mismas, calcula el IDPC, tomarán dos años. Pero la Corte, que ya conoce las mañas del señor alcalde, dio un plazo de seis meses para que se reanuden las corridas, y explicitó en su fallo que el Distrito “debe abstenerse de adelantar cualquier tipo de actuación administrativa que obstruya, impida o dilate su restablecimiento como recinto del espectáculo taurino en Bogotá”. El otro recurso está en un proyecto de acuerdo presentado al Concejo de la ciudad, por el cual se busca –como en el caso del famoso ‘articulito’ de la reelección presidencial de Álvaro Uribe –cambiar “una palabrita” en el numeral 7 del artículo 2 del Acuerdo 4 de 1978, que le ordena al Instituto Distrital para la Recreación  y el Deporte (IDRD) administrar la plaza “fomentando la presentación de espectáculos taurinos y culturales”. Se propone omitir del texto la palabra ‘taurinos’, y asunto arreglado. La plaza podrá volver a su efímera vocación petrista de patinaje en hielo y recitales de poesía, a los cuales no iba nadie. 
Hay un tercer recurso: los derechos de los animales. El fallo sobre la preservación de la cultura taurina contradice, según sus críticos, otras dos sentencias de la misma Corte Constitucional: la c-666 (y no puedo menos que señalar que el 666 es el número de la bestia apocalíptica del evangelio de San Juan), y la c-889 de 2012 (nada ominoso ahí), que establecen la “protección animal” y eliminan la exhibición de animales en espectáculos circenses. 
El de los derechos de los animales es un concepto relativamente nuevo, sentimentalmente atractivo pero jurídicamente bastante absurdo. Se puede hablar de los deberes que hacia los animales tenemos los seres humanos, pero no de los derechos que puedan tener ellos: la idea misma de derecho implica conciencia, de la cual carecen. “La culpa es de Walt Disney– refunfuñaba la otra tarde un viejo aficionado después de visitar a los novilleros en huelga de hambre frente a la Santamaría–, que puso a los animales a hablar como si fueran personas”. Y los niños, hoy jóvenes adultos, educados en la televisión con Walt Disney y Plaza Sésamo, se han convertido en animalistas, y por consiguiente en antitaurinos. Pues no parecen darse cuenta de que el único animal tratado con respeto por el hombre, casi como un igual, es el toro de lidia. No el ganado de carne que comemos, ni las pulgas que nos comen. ¿Hermana pulga? No se le ha oído decir eso ni a San Francisco de Asís. 
Pero la ternura disneyana trasladada al ámbito del despotismo burocrático, como lo hace el alcalde Gustavo Petro, se lleva por delante otros derechos: los de las minorías (en este caso las minorías aficionadas a la fiesta brava),  arrasados por el sentimentalismo de las mayorías. Señalaba un jurista que las Cortes Constitucionales se inventaron para defender a las minorías de la tiranía de las mayorías.
Pues es exactamente eso lo que está en juego en esto de la prohibición de las corridas de toros. O de su no propiciación, en la retorcida retórica de Gustavo Petro, que en su opinión lo autoriza, en tanto que “dueño” de la plaza, a no alquilárselo a quien no le dé la gana.  En este caso, a quienes pretenden usarla para dar toros, pese a que la misma Corte ha especificado varias veces que el objeto de la plaza de toros, como su nombre lo indica, es dar toros; y que la misma Corte “ha avalado la regulación legal de estas actividades (los espectáculos taurinos), contenida en la Ley 916 de 2004, en cuanto tradición cultural de la Nación, susceptible de ser reconocida por el Estado”.
Los aficionados a los toros en Bogotá no pasamos de unos cuantos millares de personas: somos los que llamamos las 15.000 localidades de la Santamaría (las caras y las baratas, las de sombra y las de sol), más las dos o tres mil más que se quedan por fuera en las grandes tardes de “no hay billetes”. Somos, pues, una pequeña minoría. Pero la democracia, en la que se supone que vivimos aquí y gracias a la cual Gustavo Petro ha podido conservar en contra de la arbitrariedad del procurador su cargo de alcalde de Bogotá, consiste en el respeto a los derechos de las minorías, y no únicamente en el gobierno de las mayorías.
A las cuales lo que les gusta es prohibir. No solo en el mundo islámico, como lo caricaturizan los medios: sino aquí. Acabamos de ver la clausura de una exposición en un museo porque unos católicos la consideraron impía y pidieron su prohibición. Hemos visto la furia desatada del procurador Alejandro Ordóñez contra la sentencia de la Corte que permitió la adopción de un bebé por una pareja homosexual. La prohibición de las corridas de toros forma parte del fenómeno prohibicionista de todo lo que no sea mayoritario, como ha sido el caso del consumo de drogas, y forma parte también del ánimo general de incitación a la violencia. En estos días hemos visto a los antitaurinos militantes fanáticos, frenéticos –y por añadidura desocupados– agresivos y soeces, desencadenados en las redes sociales contra los magistrados de la Corte y, por supuesto, contra los aficionados a los toros: asesinos, los llaman, sádicos, enfermos mentales.
Son ellos quienes, como el propio alcalde Petro que los encabeza, acusan a los pacíficos aficionados a los toros de incitación a la violencia.  El propio alcalde, por su origen rojaspinillista (M-19: “Con el pueblo, con las armas, con María Eugenia al poder”), debería saber que a diferencia de lo que ocurre a menudo en los estadios de fútbol, la única vez que ha habido aquí violencia en una plaza de toros fue aquella en la que el dictador mandó a sus detectives del SIC a que apalearan en las graderías de la plaza a los aficionados que en la corrida del domingo anterior habían abucheado a su hija María Eugenia, la futura “capitana del pueblo”. Tal vez de aquel abucheo le viene a Petro, de manera inconsciente, su animadversión por la afición a los toros.
Porque se opone a ese prohibicionismo demagógico, a esa generación de un “estado de opinión” que se considera forma superior del Estado de derecho, a ese arrasamiento de las minorías por las mayorías exacerbadas de odio y de ignorancia, la defensa de las corridas de toros se condensa en el grito que la otra tarde, ante la plaza, en torno a los novilleros en huelga de hambre para reclamar su derecho al trabajo, lanzaban los aficionados: ¡Libertad!
Nota: Aseguró Gustavo Petro hace 15 días cuando recibió en su despacho de la Alcaldía a esos mismos novilleros en huelga que él prefería retirarse de su cargo antes que permitir que en Bogotá volvieran a celebrarse corridas de toros. Creo que la ciudad entera agradecería que cumpliera su palabra.